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El INEGI acaba de dar a conocer una serie de Matrices de Contabilidad Social (MCS) que van de 2012 a 2018. Se trata de un trabajo de estadística experimental desarrollado por su área de investigación. Es la primera vez que el Instituto reporta matrices de este tipo; eso explica, en parte, por qué pocas personas en México tienen nociones sobre qué son y para qué sirven. En contraste, mucha más gente está al tanto de las cuentas nacionales y, por lo tanto, les será relativamente sencillo entender y adoptar las MCS. Esencialmente, las Matrices de Contabilidad Social son una recopilación de casi la totalidad de la información de las cuentas nacionales, dispuesta en formato matricial (igual número de renglones que de columnas) y articulada, bajo ciertos supuestos, con información de “carácter social”. La información social incorporada en las MCS incluye la apertura del sector institucional de los hogares para reportar la distribución del ingreso por deciles de hogares que estima la Encuesta Nacional de Ingresos de los Hogares (ENIGH); incluye, además, la remuneración a distintos tipos de factor trabajo, conforme a lo reportado por el proyecto KLEMS del INEGI dedicado a la contabilidad del crecimiento económico y la medición de la productividad.

Ilustración: Estelí Meza

Estas matrices permiten considerar al sistema económico en su conjunto, lo que resulta particularmente útil. Para cierto nivel de detalle del clasificador empleado, representan la totalidad de las actividades económicas y de los sectores institucionales que componen la economía, lo que permite hacer evidentes las interdependencias sistémicas que los vinculan. En estas relaciones se hace patente la consistencia que subyace al armado de las distintas cuentas nacionales y, de manera muy clara, se muestra la circularidad de los flujos de oferta y demanda que dan vida al aparato económico y hacen viable la permanente reproducción de nuestra sociedad.

Desde las MCS es posible mapear qué se produce, quiénes lo producen y a quiénes se destina;  la forma en que se asigna el pago al capital y al trabajo, y la manera en que se canalizan estos pagos para conformar la distribución del ingreso y el gasto de los hogares. También muestran la magnitud y dirección de los flujos que permiten la financiación y el gasto del sector público, la conformación del ahorro, la inversión para la formación de capital y la manera en la que la economía se articula con el sector externo.

Las MCS son una especie de maqueta de la economía: concentran y articulan todo el poder informativo de las cuentas nacionales; al hacerlo, no sólo permiten tener una representación muy precisa de la estructura económica del país, sino que también son una herramienta para el análisis de causas y efectos en esta economía. En efecto, las MCS son una suerte de laboratorio estadístico  que muestra los engranajes que conectan cada elemento del aparato económico con el resto; bajo ciertos supuestos, permiten explorar las consecuencias que algún choque en una parte específica del sistema podría tener en su conjunto hasta lograr un nuevo equilibrio. Gracias a estas características, las MCS son un instrumento útil para evaluar los efectos directos e indirectos de políticas públicas específicas, como incrementos a los salarios mínimos, imposición de aranceles o restricciones al comercio exterior, cambios en determinados impuestos, variaciones en el monto o destino del gasto público, etcétera. También ayudan a evaluar las consecuencias de choques exógenos como pandemias, terremotos, inundaciones, tsunamis, huracanes, eventos geopolíticos, imposición de medidas proteccionistas de socios comerciales y similares. Cuando son correctamente utilizadas, las MCS permiten evaluar los impactos que cada uno de estos eventos tiene en el agregado del aparato económico y trascender el ámbito de los sectores y su producción para reportar los efectos en términos de distribución del ingreso de los hogares e incluso en la pobreza. 

Pensemos, a manera de ejemplo, que la economía recibe un choque de demanda que incrementa significativamente las exportaciones de hortalizas —digamos, como consecuencia de una sequía en California. Eso sería suficiente para garantizar algunos encabezados de periódicos locales. Pero para la MCS la historia no terminaría ahí, porque los productores de hortalizas necesitarían mayor utilización de trabajo y capital y más insumos para producir, empacar y transportar sus productos; por su parte, los productores de semillas, los de fertilizantes, los de aperos agrícolas, los productores de empaques y embalajes y los transportistas requerirán de más trabajadores, créditos, capital e insumos para aumentar su producción, y así sucesivamente a lo largo de la cadena de producción y distribución de hortalizas. Esto inicia un proceso recursivo que involucra en mayor o menor medida al conjunto de la economía con consecuencias que van mucho más allá del incremento exógeno original de la demanda por hortalizas; es decir, genera efectos de segundo, tercero, cuarto —y así hasta el enésimo orden— derivados de las concatenaciones entre las distintas actividades económicas y sectores institucionales. Es una lógica muy similar a la de las  Matrices de Insumo-Producto (MIP); pero, dado que la MIP es apenas uno de los muchos elementos que integran una MCS, en este caso el alcance es mucho mayor.

Las nuevas MCS del INEGI reportan datos anuales para el periodo 2012 a 2018. Cada una de ellas está integrada por un total de 388 cuentas (filas y columnas), que incluyen al sector externo. A su interior encontramos información sobre bienes y servicios (171 productos); producción (76 industrias); valor agregado (18 categorías de remuneraciones de asalariados, además de cifras de excedente bruto de operación e impuestos netos a la producción); asignación primaria del ingreso (en 12 subsectores institucionales y 10 deciles de hogares); distribución secundaria del ingreso (en 17 subsectores institucionales y 10 deciles de hogares); utilización del ingreso disponible (en 12 subsectores institucionales y 10 deciles de hogares); formación bruta de capital fijo (en 18 subsectores institucionales), y cuentas financieras (con 26 instrumentos). 

En el proceso de elaboración de las MCS se integra el conjunto de la información de las cuentas nacionales, destacando especialmente la proveniente de los Cuadros de Oferta y Utilización (COU) y las Cuentas por Sectores Institucionales. Asimismo, se requiere de matrices de insumo-producto para cada año en consideración. Algunos de estos elementos, como los COU detallados que reportan explícitamente las relaciones intersectoriales, sólo son producidos por las estadísticas oficiales del Sistema de Cuentas Nacionales de México (SCNM) cada que hay un cambio de año base —normalmente cada cinco años—, por lo que fue necesario usar procesos iterativos de estimación (tipo RAS) para generar cuadros completos a lo largo de toda la serie. En lo que toca a las MIP, que también se producen con relación a cada nuevo año base —la más reciente referida a 2013—, se hizo un ejercicio similar para contar con matrices para cada año. Las MCS sin la apertura a detalle del sector institucional de los hogares se conocen como Matrices de Contabilidad Nacional (MCN), y resumen los principales elementos de información del SCNM. Como paso previo para llegar a las MCS se construyeron MCN, por lo que, al igual que las Cuentas Nacionales, no incorporan los aspectos sociales de la economía. Este proceso permitió generar productos estadísticos adicionales que tienen valor por sí mismos y que acompañan a las MCS. Incluso, la longitud de la serie para estos resultados complementarios es mayor que la de las MCS. Entonces, además de las siete MCS anuales de 2012 a 2018, se publica la siguiente serie de cuadros y matrices anuales para el periodo 2003-2018:

  • Cuadros de Oferta y Utilización Estimados anuales 2003-2018, con 258 industrias y 260 productos. Se incluyen las tablas de transacciones domésticas y de importaciones. Las tablas se presentan a precios básicos. También se incluyen otras tablas (que incluyen impuestos netos sobre los productos, márgenes de comercio, transporte e importaciones) que permiten expresar los cuadros a precios de comprador. Se presentan 256 cuadros. 
  • Matrices de Insumo-Producto Estimadas anuales 2003-2018, con 258 industrias y 260 productos (192 matrices). 
  • Matrices de Contabilidad Nacional anuales 2003-2018, con tres niveles de desagregación (80 matrices). 

En total, se trata de un conjunto de 535 tablas y matrices por medio de las cuales se podrá dar nuevos giros y alcances al uso de la información de las cuentas nacionales que produce el INEGI; al mismo tiempo, se dota a los usuarios de herramientas estadísticas que les permiten hacer análisis a profundidad de la economía mexicana, vista desde un enfoque estructural y sistémico. Por la naturaleza, longitud de la serie, detalle y alcances de la información que se reporta, se trata de un ejercicio sin precedente en México.

Sin duda, las nuevas MCS —y el conjunto de tablas que las acompañan— derivarán en una diversidad de usos. Los usuarios más especializados podrán ampliarlas, adaptarlas, modificarlas, conectarlas con otras matrices y vectores asociados a las más diversas temáticas; o bien, usarlas como insumo para desarrollar modelos aún más sofisticados. Otros usuarios podrán explotarlas de manera directa como apoyo para abordar problemas de investigación específicos de estática comparativa. Algunos más serán usuarios indirectos, que consultarán los resultados que produzcan los especialistas en modelos de equilibrio general. Con certeza se generarán aplicaciones específicas orientadas a temas particulares, ya sean fiscales, distributivos, de pobreza, de análisis de cadenas productivas, de impactos al medio ambiente, o de alguno entre los muchos otros temas posibles. Además, el INEGI desarrollará algunas aplicaciones específicas que  gradualmente pondrá a disposición de los usuarios de la información.

La primera de estas aplicaciones desarrolladas por el INEGI —que acompaña la salida de las MCS y el resto de las matrices y cuadros asociados— es la desagregación del Indicador Oportuno de la Actividad Económica (IOAE) del tercer mes de cada trimestre. El IOAE permite conocer con cinco semanas de anticipación, respecto de los cálculos oficiales, el intervalo de valores dentro del que muy probablemente se ubicará la cifra del cambio del IGAE con relación al mismo mes del año anterior. Por lo tanto, su vinculación con las MCS ofrece un panorama de cómo se distribuirán esos cambios a nivel agregado entre cada una de las 86 actividades económicas consideradas. De igual manera, esta aplicación posibilita atisbar los probables cambios en el empleo formal según el tipo de actividad económica, y también según el tamaño de las unidades económicas.  Adicionalmente, se presentan indicadores del probable impacto de las variaciones de la actividad económica del país en su desagregación por entidad federativa.

Este ejercicio muestra una de las numerosas aplicaciones posibles de las MCS.  Y, dado que traduce las variaciones macroeconómicas señaladas por el IOAE en un conjunto de indicadores mesoeconómicos mucho más detallados apenas una semana después de su publicación, va mucho más allá —todo esto un mes antes de que aparezcan los datos de la IGAE. Este trabajo de estadísticas experimentales busca ganar valioso tiempo con una pérdida mínima en materia de precisión para reportar con gran detalle la coyuntura económica del país. 

Las MCS, los Cuadros de Oferta y Utilización Estimados, las Matrices de Insumo Producto Estimadas y las Matrices de Contabilidad Nacional que se están dando a conocer, buscan volver más accesibles las cuentas nacionales y promover su uso detallado entre un amplio número de usuarios potenciales que ahora podrán explotar todo su poder analítico de manera más sencilla y eficaz. Ello facilitará el diagnóstico y diseño de políticas y la toma de decisiones con base en información sólida. Entre más personas utilicen a fondo la información de las cuentas nacionales del INEGI, mayor será el valor de la información que el Instituto genera: la información de calidad se valora cuando se usa. Un mayor y mejor uso de la información del INEGI es también una palanca para el desarrollo del país: el objetivo es entender mejor nuestra realidad para mejorarla a través de acciones bien encaminadas.

Como instrumento estadístico, las MCS están en sintonía con el movimiento para medir el desempeño económico, el bienestar y el progreso de las sociedades “más allá del PIB”. Este enfoque fue adoptado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) hace más de tres lustros, y se expresa en el reporte de la Comisión conocida popularmente como “Stiglitz-Sen-Fitoussi”; en esta misma tendencia se encuentran los reportes del Grupo de Alto Nivel para la Medición del Desempeño Económico y el Bienestar Social que sostienen que el progreso verdadero es multidimensional, sostenible y tiene a los hogares y las personas como objetivo final.  En este contexto, la parte “social” de las MCS tiene especial sentido, puesto que permite recuperar, entre otros, los impactos de las consecuencias de políticas económicas tienen sobre distintos grupos sociales y a lo largo de la distribución del ingreso. Es decir, se atiende a los aspectos distributivos del crecimiento económico y al impacto de los fenómenos económicos sobre las personas. Así, no es casual que instituciones como el Banco Mundial hayan desarrollado Matrices de Contabilidad Social para evaluar impactos en relación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Al requerir congruencia del conjunto de las cuentas y de información de encuestas y otras fuentes, las MCS también sirven como una prueba de consistencia al interior del sistema de cuentas nacionales, y de la congruencia de éste con otras fuentes con las que se articula para incorporar la parte social de las matrices. Por ejemplo, es sabido que los ingresos de los hogares que reportan las ENIGH resultan bastante menores que aquellos presentados en la cuenta del Sector Institucional de los Hogares del SCNM. En este sentido, la integración de ambas fuentes en las MCS alerta sobre las inconsistencias y obliga a resolverlas mediante correcciones a las cifras de la ENIGH. En el caso particular de las MCS que reporta el INEGI, este ajuste se hace mediante un proceso recursivo de balanceos que incorpora simultáneamente al ingreso —por fuentes— y al gasto —por rubros específicos— en un proceso de reconstrucción de la información de la encuesta que garantiza su armonización en términos de niveles con la información del SCNM. Cabe señalar que esta es una vía de ajuste entre ambas fuentes similar a la propuesta por Oscar Altimir en 1987, pero bastante más sofisticada; lejos de enfocarse exclusivamente en los ingresos, cuida que se genere un balance simultáneo tanto por el lado del ingreso, como por el lado del gasto. Con ello, las nuevas MCS del INEGI hacen un aporte metodológico a la solución de la discrepancia entre la ENIGH y las Cuentas Nacionales que, si bien no pretende ser la última palabra al respecto (dado que existen muchas y muy valiosas rutas de aproximación al problema), sí es un punto de referencia para la comunidad de investigadores especializados en el tema. En su calidad de estadísticas experimentales, las MCS ofrecen alternativas de solución a problemas metodológicos que aún no están plenamente resueltos; con ello, aportan y provocan para profundizar esas líneas de investigación, especialmente en la medida en que las alternativas que surjan puedan articularse con las MCS.

Si bien la publicación de las MCS es una práctica estadística establecida desde hace muchos años en oficinas nacionales de estadística de algunos otros países —por ejemplo, las de Holanda e Indonesia—, así como por múltiples bancos centrales y organismos internacionales, y por supuesto en la academia, constituyen una novedad en sus estimaciones desde el INEGI. La incorporación de las MCS a la oferta de información del INEGI como estadísticas experimentales abre nuevos horizontes para el uso de la información de las cuentas nacionales de México y del resto de las fuentes con que se vinculen. En México existe una pequeña pero sólida comunidad de especialistas en MCS, quienes seguramente podrán ser los primeros en adoptar las que ahora ofrece el INEGI para adaptarlas a sus necesidades de investigación, posiblemente transformándolas y conectándolas con otras matrices o fuentes de información que ellos y ellas consideren convenientes. 

Esperamos también que estas matrices generen nuevos adeptos a su uso, y que de esos usos deriven aplicaciones a problemas específicos que se sumen a las que hasta el momento se han generado. Con ello, el INEGI también estará poniendo su grano de arena para que el estudio de la economía y la sociedad del país desde enfoques de equilibrio general cobre nuevos bríos. El desarrollo —dentro y fuera del INEGI— de Modelos de Equilibrio General Computable que se construya sobre la base de estas nuevas MCS no sólo añadirá valor a la información estadística generada por el INEGI y otras unidades del Sistema Nacional de Información Estadística y Geográfica; también será instrumental en la transformación positiva de nuestra realidad a través de un su entendimiento con el soporte de datos sólidos y científicamente fundamentados.

 

Julio A. Santaella
Presidente del INEGI.

Gerardo Leyva
Director general adjunto de Investigación del INEGI.