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Ofrecemos un fragmento de Pandenomics: una introducción a la historia económica de las grandes pandemias (UNAM / Malpaís Ediciones, 2020). En este libro, prologado por Branko Milanovic, Diego Castañeda Garza presenta un recorrido por los efectos económicos, políticos, militares y sociales de las pandemias desde las plagas romanas hasta el covid-19.


En el periódico se leen anuncios recomendado extremar la higiene personal, evitar aglomeraciones. Se reporta la escasez de algunos insumos como mascarillas, se leen denuncias sobre comerciantes lucrando al especular con los precios del desinfectante de mayor uso. Personas ofreciendo remedios caseros y productos milagro y las estadísticas recientes sobre contagiados y fallecidos. En esas páginas también se puede leer sobre los debates entre políticos, gobernadores y el gobierno federal sobre si cerrar la frontera y los principales medios de transporte.

Esto que parece tan familiar y que bien podría leerse en las páginas de cualquier diario durante los últimos seis meses, es en realidad lo que se leía en el diario El Demócrata en 1918. El presidente era Venustiano Carranza y la crisis era la pandemia de influenza. La historia no se repite pero a veces rima.

Con el tiempo las sociedades cambian en muchos aspectos, pero en algunos son sorprendentemente constantes, este es uno de esos casos. La tecnología ha cambiado, la ciencia médica se encuentra a años luz de distancia y, a pesar de ello, frente a un patógeno desconocido, nuestras mejores herramientas siguen siendo aquellas que se usaron en la Edad Media: la distancia y la higiene. Versa el dicho de un sabio historiador que toda la historia debe movilizarse si hemos de entender el presente. Hay lecciones que aún hace falta aprender de la epidemia de influenza de 1918 a 1920 para hacer frente a la crisis de hoy.

En 1918 y 1919 el mundo era muy distinto. Se encontraba saliendo de la Primera Guerra Mundial y en camino a Versalles, Rusia vivía el caos revolucionario y en México la Revolución Mexicana continuaba, aunque su etapa más violenta comenzaba a quedar atrás. La llamada por los historiadores económicos primera globalización de 1820-19131 había terminado abruptamente. El mundo no estaba tan conectado como una década atrás. No obstante, la ausencia de la globalización no fue un obstáculo para la influenza, en México llamada “peste roja”.

A velocidad de barcos y trenes se abrió paso por todo el mundo. Aunque famosamente se le conoce como la “gripe española”, en realidad por lo que se sabe, comenzó en Estados Unidos2 y desde ahí se expandió3 por Europa con la Primera Guerra Mundial y la participación de tropas estadounidenses en el conflicto. El apodo de “gripe española” se debe a que los diarios españoles, a diferencia de los de Estados Unidos y los países beligerantes en Europa, ponían atención a la pandemia y no sólo al conflicto armado, y cubrían la mortalidad de la enfermedad que azotaba a Europa y al mundo. En México, se cree que quizá llegó por los puertos de Veracruz o Tampico, ya que estos eran puertos de gran actividad con Estados Unidos y Europa y estaban en gran uso por el Ejército Constitucionalista para su abastecimiento. De manera alternativa, se especula que pudo entrar en tren por la frontera con Texas en Ciudad Juárez, uno de los puntos importantes de abastecimiento de la División del Norte. Con seguridad podemos afirmar que tal como en las pandemias del pasado, los vehículos de su expansión fueron el comercio y la guerra.

En Estados Unidos se estima que la influenza mató entre 627 000 personas y 850 0004 en las tres oleadas que se registraron entre 1918 y 1919. En México, con las pocas estadísticas con las que contamos en el archivo histórico de salubridad, se muestra que en 1918 la influenza tuvo un primer pico en la primavera, luego regresó en el otoño e invierno del mismo año y finalmente un año después, en 1920. Las estimaciones que se conocen ponen el número de muertos entre 300  y 600 000,5 la prensa reportaba entre 1000 y 2000 muertes diarias en el país. En ciudades como Chihuahua se calculaba doscientas muertes diarias y en la Ciudad de México los diarios reportaban cien muertos por día.6 La enfermedad, en todo el mundo, era especialmente peligrosa para los jóvenes entre los quince y los cuarenta años, una gran diferencia con nuestra pandemia actual que afecta mucho más a los adultos mayores.

En todo el mundo se calcula mató entre 50 y 100 millones de personas. En números absolutos, es posiblemente la pandemia que en una sola aparición ha cobrado más vidas, aunque en el agregado la muerte negra y la viruela siguen ocupando los primeros lugares. Como apuntan,7 el hecho de que esta pandemia coincidiera con la Primera Guerra Mundial hace que sus efectos sean muy difíciles de distinguir en los países beligerantes,8 tanto en el aspecto económico como en los efectos en mortalidad y salud.

Por los datos que conocemos, en los capítulos pasados hemos pasado casi todo el tiempo discutiendo casos europeos, en esta ocasión la mira la pondremos en América, en México y Estados Unidos. La epidemia de influenza tomó a México en un momento complicado, con una población mal nutrida por casi una década de conflicto armado y el impacto del llamado año del hambre9 y de la epidemia de tifoidea10 de 1915. Sabemos por el trabajo de Barker11 y su hipótesis de los orígenes fetales, que los daños que un feto sufre durante la gestación como la hambruna, los efectos en nutrición neta de las enfermedades infecciosas y demás tienen efectos negativos en la salud a lo largo de la vida de las personas.12 En pocas palabras, después de casi una década de conflicto armado con la Revolución Mexicana, la pandemia de influenza encontró en México una población vulnerable y un Estado debilitado y en reconstrucción.

La influenza de 1918 se volvió un reto para la capacidad del gobierno. Un año antes, en 1917, se introdujo el derecho a la salud y su acceso universal en la Constitución. La epidemia era una oportunidad para demostrar si era o no letra muerta. El gobierno de Carranza nombró como cabeza del Consejo Superior de Salud Pública al doctor José María Rodríguez, quien fue uno de los arquitectos de la introducción de la salud universal a la Constitución.13 Desde esta posición implementó una serie de brigadas sanitarias que llevaban por el país las directrices del gobierno sobre reuniones públicas, movilidad en trenes y campañas de educación centradas en la higiene. Canceló los trenes entre ciudades, cerró teatros y negocios, estableció la prohibición de escupir en la vía pública y en los vagones de tren, prohibición que muchos simplemente ignoraron. En un periodo de inestabilidad política, los gobiernos de los Estados y el de Carranza entraron en conflicto, la Revolución por sí misma tenía al país en desorden y sin mucho dinero, estos conflictos dificultaron aún más la aplicación de medidas.

A la luz de lo que conocemos no es descabellado pensar, de hecho es lo más seguro, que la situación del país, su falta de unidad política, lo vulnerable de su población, una economía y finanzas públicas débiles, contribuyeron a hacer de México uno de los países más golpeados por la pandemia en la región. Por su parte, en Estados Unidos la pérdida de vidas fue en una escala similar y las medidas implementadas también lo fueron, la vieja medida de las cuarentenas, el cierre de iglesias, restaurantes, escuelas y lugares públicos.14 Ciudades como Philadelphia o Pittsburgh que pusieron cuarentenas poco estrictas y posteriormente las levantaron de forma prematura tuvieron los peores niveles de mortalidad en nuestro vecino del Norte. De esta experiencia podemos ver el origen de uno de los temores en nuestra actual situación: levantar demasiado pronto las cuarentenas, intentar reactivar muy rápido las actividades económicas puede tener resultados funestos.

Pasado un siglo de distancia, es curioso que, a pesar de ser dos de los países con mayor mortalidad en la región, tanto en Estados Unidos como en México la historia recuerde la influenza como la gran tragedia que fue, ni en la mortalidad ni en lo económico. La razón más que evidente es que la Revolución Mexicana en México y la Primera Guerra Mundial en Estados Unidos se llevaron toda la atención. En un periodo en que la existencia de enfermedades infecciosas, como el polio, el cólera, la tifoidea aún era común, la pérdida de vidas por estos patógenos era algo cotidiano, la incertidumbre sobre la vida y la muerte a causa de esta clase de enfermedades y de males que hoy nos parecen de poca gravedad era algo que las sociedades descontaban. Finalmente, que los efectos económicos en ambos países fueron transitorios. ¿O no?

Como señalan Benmelech y Frydman15 y Garrett, en Estados Unidos el impacto directo más fuerte ocurrió en el sector servicios, pero no fue muy costoso. La economía de guerra por la Primera Guerra Mundial absorbía una parte substancial de la fuerza laboral. La economista e historiadora económica Christina Romer16 piensa que el PIB en 1919 llegó a crecer 1 %, algo que choca fuertemente con lo que vemos hoy en Estados Unidos y en el mundo. Para el caso de México, por la escasez de datos es imposible estimar el impacto de salud o el económico de las medidas de distanciamiento social en la evolución de la epidemia.

Sabemos que en otros países donde se implementaron de forma más agresiva las medidas de distanciamiento social e higiene, el impacto en pérdida de vidas fue menor. Sobre el costo económico de la pandemia y sus disrupciones en la economía, como decía antes, tampoco podemos decir mucho: que ocurriera al mismo tiempo que la Revolución y que se tengan tan pocos datos hace virtualmente imposible hacer una estimación puntual.

No obstante, dicho impacto debió ser grande. Por sí mismo la pérdida de vidas pudo igualar a las de la Revolución; en conjunto, la mezcla de la Revolución y la pandemia trajo un costo demográfico enorme.17 Aunque no podemos atribuirlo de forma exclusiva a la influenza, la pérdida severa de población no llevó a un incremento del salario real como se esperaría en el mundo malthusiano. Los salarios reales cayeron 20 % en 1918 y 192018 y la desigualdad aproximada, como la razón entre el PIB per cápita y el salario real, aumentó en 33 %.19 Si complementamos estos estimados con la evidencia  antropométrica20 observamos una pérdida significativa de estatura en la población que nació en esos años, una señal inequívoca, sin bien multifactorial, del deterioro en la calidad de vida.

Aunque en el caso de Estados Unidos la evidencia apunta a un daño transitorio y en el de México hace falta información, podemos usar evidencia sobre los efectos de largo plazo en la salud y estatus socioeconómico de las personas para inferir efectos potenciales. Existe evidencia en países donde ha sido posible estudiar a detalle los impactos económicos y demográficos, como Estados Unidos21 y Suecia,22 que muestran que la gripe española tuvo un impacto de largo plazo en la salud, en los ingresos de las personas y en las generaciones nacidas en la pandemia. En Estados Unidos la evidencia sugiere que la cohorte nacida en 1919 tuvo menores ingresos, menor escolaridad y peor salud durante su vida. Producto de condiciones adversas causadas por la influenza al momento de la gestación. En Suecia, la evidencia apunta a que, si bien los efectos socioeconómicos, por ejemplo en el empleo, fueron menores a lo largo de la vida de aquellos nacidos en 1919, los efectos de salud sí existieron: mayor probabilidad de padecimiento de enfermedades, un ligero aumento en la hospitalización al superar los cincuenta años y una ligera disminución en la expectativa de vida. Todo esto apunta a que como consecuencia de la pandemia de influenza, en México probablemente pagamos un costo en salud y productividad, aunque no lo podemos estimar.

Ya que esta pandemia es lo más parecida a la que sacude nuestras vidas este 2020 y también la más cercana en el tiempo, vale la pena dar una pequeña vuelta al presente y comparar esos impactos con los que se pronostican hoy. Al 1 de agosto de 2020, las predicciones de la caída en el PIB para Estados Unidos para todo el año lo ponen entre un 48 %. Para México entre un 8 % y 10 %.23 Las estimaciones se mueven en rangos muy grandes, pero cada vez existe un consenso más grande que apunta hacia la parte alta del rango. Para el caso de México, el impacto en estándares de vida puede ser muy significativo: enviar a cerca de 10 millones de personas o incluso más a una situación de pobreza e incrementar la desigualdad de ingresos medida por el coeficiente de Gini en 5 %.24

 La pérdida de vidas hoy, comparada con las de 1918 a 1920, probablemente será menor en México, en Estados Unidos quizá iguale a la de un siglo atrás.25 Hoy en teoría somos sociedades mejor preparadas para enfrentar estos retos y la enfermedad parece ser menos mortal. No obstante, por muchas razones pareciera que estamos menos preparados de lo que debimos estar. Por su lado, los efectos económicos del gran encerrón hoy sí son con toda claridad mucho más fuertes y, aunque pueden ser transitorios, existe la posibilidad de que no lo sean.

Quizá tal como con la pandemia de influenza, los impactos reales de la pandemia no los reconozcamos hasta mucho tiempo en el futuro y se manifiesten, del lado económico, en un daño en la estructura laboral y en el deterioro de las habilidades de las personas que pierdan su empleo y, en el lado de la salud, en morbilidades que aún desconocemos.

Cuando pensamos en nuestra situación económica actual, el comparativo que muchas personas hacen de forma automática es con la Gran Depresión de 1929. Este comparativo es natural, después de todo, nuestra crisis actual en el mundo es la más grande desde aquella y en México no veíamos la posibilidad de caídas tan abruptas desde 1932 cuando la economía se contrajo en 17 %.26 Pero más allá de esas similitudes, para México, el comparativo más apropiado es quizá el periodo de la Revolución Mexicana. La crisis económica que México sufrió durante la Revolución y durante los años de la influenza también giró alrededor de un choque dual de oferta y demanda. La producción de sectores completos se detuvo, no se destruyó pero permaneció ociosa. De 1911 a 1915 la capacidad de producción de la industria acerera y cementera cayó en 82 %, luego se recuperó gradualmente hasta 1920, cuando cayó otro 13 %. Esa caída en la utilización es lo más parecido al cierre total de industrias que vemos hoy en día.

Reexaminar lo ocurrido en México con la pandemia de influenza de 1918 a 1920 a la luz de nuestro presente nos da claridad en aspectos que deberían ser obvios. Para enfrentar de forma exitosa una pandemia o cualquier crisis de carácter nacional, se necesita unidad nacional, poner pausa a los conflictos políticos internos para tener coordinación, evitar señales confusas y que el Estado pueda hacer lo que sea necesario hacer. Nos enseña que se requiere construir un Estado sólido, en particular, fiscalmente sólido que pueda enfrentar los costos sanitarios, pero también hacer frente a los costos económicos. Es falsa la disyuntiva entre sacrificar los ingresos de las personas y salvar sus vidas, un Estado sólido debería poder hacer ambas.

También nos enseña que no se debe cantar victoria muy temprano, el ejemplo de Philadelphia y Pittsburgh son llamadas de atención claras sobre el costo de relajar las medidas de salud pública antes de tiempo, y que quizá hay costos de salud y económicos en forma de morbilidades y daños a la estructura ocupacional que no estamos viendo, pero que podemos descubrir con el paso de los años. Otro asunto tal vez obvio, pero que vale la pena recordar, es que el mundo ha cambiado mucho en los últimos cien años: la vida hoy nos importa más porque tenemos muchos más lujos como sociedad, tenemos el privilegio de preocuparnos más porque menos personas viven al día que hace cien años. Esto no debe motivarnos a adoptar una visión de la historia color rosa, pero sí para apreciar las profundas transformaciones que pueden tener las sociedades en un corto periodo de tiempo como es un siglo.

México lleva al menos un siglo intentando aprender estas lecciones, implementando soluciones a medias tintas. La crisis que hoy enfrentamos es un llamado a que hagamos lo que es necesario hacer y por fin construyamos un país que esté siempre listo para enfrentar las crisis que con seguridad el futuro traerá. En un mundo globalizado como el nuestro las pandemias deben ser consideradas un riesgo permanente y con potencial de ser existencial, necesitamos volvernos un país más fuerte y corregir nuestros problemas estructurales para poder manejar estos riesgos de mejor manera.

 

Diego Castañeda
Economista por la Universidad de Londres. Historiador económico por la Universidad de Lund.


1 Williamson y O’Rourke, op. cit.

2 Garret, T. A. (2007). Economic Effects of the 1918 Influenza Pandemic Implications for a Modern-day Pandemic.

3 La propagación de la influenza en el continente europeo se le suele atribuir a los soldados enviados desde el estado de Kansas en Estados Unidos y que desembarcaron en Francia. Se cree que hasta un 20 % de los soldados embarcados desde Estados Unidos pudieron perecer en el trayecto a Francia.

4 Clay, C., Lewis, J. y Servernini, E. (2018). “Pollution, Infectious Disease, and Mortality: Evidence from the 1918 Spanish Influenza Pandemic”. The Journal of Economic History.

5 Alexander, R. M. (2019). “The Spanish Flu And The Sanitary Dictatorship: Mexico’s Response to the 1918 Influenza Pandemic”. The Americas.

6 Márquez Morfin, L. y Molinar del Villar, A. (2010). “El otoño de 1918: las repercusiones de la pandemia de gripe en la ciudad de México”. Desacatos.

7 Helgetz, J. y Bengtsson, T. (2019). “The Long-Lasting Influenza: The Impact of Fetal Stress During the 1918 Influenza Pandemic on Socioeconomic Attainment and Health in Sweden, 1968-2012”. Demography.

8 La razón de que sea difícil distinguir el efecto para los países beligerantes es que la elevada mortalidad en los campos de batalla y las condiciones naturalmente caóticas de la guerra introducen ruido en los datos.

9 El año 1915 es conocido como el año del hambre, en especial en la Ciudad de México. El abandono del campo conforme campesinos y jornaleros se sumaban a las filas de los ejércitos revolucionarios y el estricto control de los trenes para movilizar tropas en los principales frentes de batalla del conflicto produjeron una fuerte escasez de alimentos en distintas partes del país, la Ciudad de México fue una de las más afectadas.

10 Molina del Villar, A. (2015). “El tifo en la Ciudad de México en tiempos de la Revolución Mexicana, 1913-1916”. En Historia Mexicana, vol. 64, no. 3.

11 Barker, D. J. (2004). “The developmental origins of adult disease”. Journal of the American College of Nutrition.

12 Ver Almond, D. (2006). “Is the 1918 influenza pandemic over? Longterm effects of in utero influenza exposure in the post-1940 U. S. population ”. Journal of Political Economy; Helgetz, J. y Bengtsson, T., op. cit.; Quaranta, L. (2013). Scarred for life. How conditions in early life affect socioeconomic status, reproduction and mortality in southern Sweden, 1813-1968.

13 Alexander, R. M. (2019). “The Spanish Flu And The Sanitary Dictatorship: Mexico’s Response to the 1918 Influenza Pandemic”. The Americas.

14 Garret, op. cit.

15 Benmelech, E. y Frydman, C. (2020). The 1918 influenza did not kill the US economy.

16 Romer, C. (1988), “World War I and the Postwar Depression: A Reinterpretation based on Alternative Estimates of GNP”. Journal of Monetary Economics.

17 El demógrafo Robert McCaa incluso llega a estimar que el costo demográfico incluyendo muertos, desplazados y no nacidos de la mezcla de la Revolución Mexicana y la pandemia de influenza pudo llegar a 2 millones de personas. Ver “Missing Millions: The Demographic Costs of the Mexican Revolution”. Mexican Studies / Estudios Mexicanos.

18 Challú, A., y Gómez Galvarriato, A. (2014). “Mexico’s Real Wages In The Age Of The Great Divergence, 1730-1930”. Revista de Historia Económica, Journal of Iberian and Latin American Economic History.

19  Bleynat, I., Challú, A. y Segal, P. (2017). Inequality, Living Standards And Growth: Two Centuries Of Economic Development In Mexico.

20 López Alonso, M. (2015). Estar a la altura: Una historia de los niveles de vida en México, 1850-1950.

21 Almond, op. cit.

22 Helgertz y Bengtsson, op. cit.

23 Fondo Monetario internacional (2020). Actualización de las perspectivas de la economía mundial, junio 2020.

24 Bárcena, A. (2020). Enfrentar los efectos cada vez mayores del Covid-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones.

25 No obstante, es posible argumentar que incluso si en números absolutos se llegaran a asemejar a la pérdida de vidas de 1918-1920, para que fuera una tragedia de igual dimensión tendría que ser un número sustancialmente mayor, ver el apéndice al final de este capítulo.

26 Bolt, J., Inklaar, R., de Jong, H. y van Zanden, J. L. (2018). “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development”. Maddison Project Working paper 10.

 

5 comentarios en “La peste roja

  1. Es muy poco lo que se conoce de la llamada gripe española, en todo caso lo que parece quedar claro es que se trató del la primera pandemia global merced a los modernos medios de transportes masivos y a la primera guerra mundial con la transportación de las tropas. Hasta donde sé del virus se sabe nada.

    • La “gripe española” no fue la primera pandemia mundial. Los conquistadores introdujeron la viruela y costo la vida de millones de indígenas
      .

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