A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

Ayer murió el poeta polaco Adam Zagajewski. Eso leo no bien abro El País de hoy (marzo 22, 2021), aquí en Chicago, donde él solía pasar semestres como profesor. Aquí nos conocimos, aquí se queda en sus amigos su impagable sonrisa e ironía, su sabiduría y generosidad. Era una dama, como decía mi abuelo de los hombres cabales. ¡Y le aprendí tanto! Nos encontramos en casa de un amigo en común, David Nirenberg, y después no sé qué lo llevó a tenerme por compañero de caminatas. Su verdadera segunda lengua era el francés –se exilió en París en 1982 y regresó a Cracovia en el 2002–, pero en inglés no perdía chispa ni lucidez. Caminar con él, por ratos, era ver como veía él, esa constante captura de la cotidianidad anodina cual mecha de una imaginación nutrida de tragedia, ironía, sensualidad, filosofía y humor –eso que puede leerse en Mano invisible o en Another Beauty. Hablaba muy bien del polaco de Xavier Farré, uno de sus traductores al español y al catalán. Farré tradujo así el reencuentro de Adam con Cracovia:

Vaig tornar a la ciutat
en la qual vaig ser un nen
i un jove i un vell de trenta anys.
La ciutat em va rebre indiferent
i als carrers els megàfons murmuraven:
¿no sents l’estrèpit de les flames?
Vés-te’n.
Busca en un altre lloc.
Busca.
Busca la veritable pàtria.

No sé si la encontró. Había nacido en 1945, pero la guerra, la tragedia, estaba siempre en él. También la esperanza. Creo que fue feliz en Cracovia. Me habló de males de corazón y, antes de la pandemia, quedamos en encontrarnos allá o en Barcelona. Nunca será.

Fotografía: Frankie Fouganthin bajo licencia de Creative Commons

Acantilado ha traducido gran parte de su obra, pero nunca se tradujo ese libro que me obsequió y que fue el tema de varias conversas: Polish Writers on Writing (2007), un verdadero Vademécum para entrar con pie firme en la literatura polaca; son los extractos que Adam anotó y seleccionó de grandísimos escritores polacos que fijaron la vista en la pluma, en el oficio de escritor: Bruno Schulz, Czeslaw Milosz, Witold Gombrowicz, Wislawa Szymborska, Józef Czapski o, entre otros, Zhigniew Herbert (“Metamorfosis hasta las fuentes de la historia/ del paraíso de la infancia perdido en una gota de agua”). Cada autor nos dio para cafetear y caminar. Enseñaba a los alumnos del Committee on Social Thought, pero varios profesores fuimos sus alumnos. Me quedará siempre esa lectura de poemas que organizamos aquí: Ida Vitale, Enrique Fierro y Adam. Tres voces poéticas indispensables. Dos se me han ido. Adiós Adam. Me deja frío tu muerte. Amabas a Rilke y con él dejo tu sonrisa a buen recaudo:

“Der Tod ist gross.
Wir sind die Seinen
lachenden Munds.”
(La muerte es inmensa/ a ella pertenecemos/ a la de la boca sonriente)

 

Mauricio Tenorio Trillo
Profesor de Historia Samuel N. Harper en la Universidad de Chicago; profesor asociado en el CIDE. Sus más recientes libros son: A flor de pie y Clio’s Laws: On History and Language.

 

4 comentarios en “Adam Zagajewski (1945-2021)

  1. Encontré un texto en prosa del autor, debió ser en Letras Libres, desaforunadamente apenas si fue un vistazo el que le dediqué, pero me deslumbró su prosa: es la descripción de una tormenta habitual que en cierta época del año suele abatirse sobre París. Me hizo pensar en un marinero de tierra y me remitió inevitablemente a Melville.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.