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Ser feminista es una tarea que nunca termina. Cada día descubres algo nuevo de tu experiencia de vida que está relacionado con el sistema patriarcal. Lo personal es político y esto no ha sido excepción durante la pandemia: la jornada laboral remunerada, el trabajo del hogar que nunca termina, mi menstruación y un espacio de reflexión desde casa han marcado mi activismo feminista durante la pandemia.

Ilustración: Estelí Meza

Aceptar mi privilegio al ser de las pocas mujeres que no han perdido el empleo a causa de la pandemia (pues el sector donde trabajo no ha sido el más afectado) y, más aún, ser de las pocas personas que pueden trabajar de manera remunerada a la distancia me ha llevado a pensar en la interseccionalidad. Soy una mujer de tez blanca que vive en Ciudad de México y pertenece al último decil de ingresos: mi manera de analizar el mundo está sesgada.

Partir de ello es necesario si quiero comprender genuinamente otras realidades de niñas, adolescentes y mujeres en México. Incluso en el interior de mi hogar. Estar más tiempo en casa me permitió darme cuenta de lo difícil que es redistribuir el trabajo del hogar entre diferentes integrantes, según sus edades. El diálogo con mi madre y hermana ha sido un reto.

La relación con mi menstruación ha sido otro de los parteaguas en esta pandemia: la menstruación no tiene confinamientos, y yo he podido gestionar mi menstruación de manera cómoda desde casa. Esta reflexión me llevó, de la mano con otras compañeras, a fundar Menstruación Digna México.

Hablar, escuchar y leer sobre algo que sucede en el cuerpo durante casi 35 años es fascinante y urgente. No todas las niñas, adolescentes, mujeres y otras personas menstruantes se encuentran en la misma posición que yo; por lo que tratar de visibilizar cómo la menstruación se ha vuelto un factor de desigualdad es algo de lo que sigo aprendiendo. Volver la menstruación un tema de asunto público es menester.

Afortunadamente, el trabajar desde casa también me ha permitido utilizar el tiempo que antes pasaba en el transporte público para leer más sobre feminismos; generar espacios de aprendizaje en torno a la Plataforma de Acción de Beijing; y compartir ese conocimiento en mi lugar de trabajo para generar una agenda de género.

No pude irme a hacer un posgrado fuera del país, pero eso tampoco me detuvo de estudiar. Estoy aprendiendo a relacionar al medio ambiente con el género.

Finalmente, la eterna cuarentena me ha permitido propiciar un mayor autocuidado, tan necesario en una ciudad que te arrastra en su movimiento y no te da oportunidad de parar un momento. El amor propio también es revolucionario. Esto ha traído consigo una valoración diferente de mis seres queridos, la falta de contacto físico me ha hecho reflexionar sobre lo importante que es encontrar múltiples maneras de expresar el cariño a la distancia; también he tenido la suerte de encontrar (en tan difíciles circunstancias y contra toda probabilidad: en plena pandemia) una pareja que me apoya y motiva.

En suma, en mi caso, el feminismo durante la pandemia me ha permitido una mayor introspección y seguir tejiendo redes de apoyo entre nosotras. Cada día estoy más convencida de que la autonomía, en todo el espectro de la palabra, es el objetivo por el cual luchar para todas las mujeres.

 

Aranxa Sánchez
Economista por la UNAM. Es integrante de Democracia Deliberada y cofundadora de Menstruación Digna México.