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El 2020 es, sin lugar a duda, un año que marcó la historia económica del planeta. Incluye la segunda recesión global desde 1870,1 una en la que más del 90 % de los países entra de forma simultánea. Es también la primera recesión en siglo y medio que no es producto de un desbalance en la economía global (aunque quizá sí de uno ecológico y social2): una provocada de manera intencional para salvar vidas. En varios sentidos, es producto del experimento de acción colectiva más gran de que se ha intentado, el de la inmovilización masiva, el de los grandes confinamientos.

Ilustración: Víctor Solís

En cuanto a su profundidad, es apenas la cuarta recesión más grande en esos 150 años, más o menos de magnitud semejante a la de 1914, pero muy por detrás de las de 1929-1930 y 1945. México, una pequeña economía abierta, no podía ser ajena a esta crisis. A través del comercio internacional, del turismo, de los choques de oferta y demanda que ocurrieron en todas partes del mundo, el efecto se haría sentir. Así pues, ¿cómo le fue a la economía mexicana en este escenario?

El impacto en México no fue inmediato. Cuando se detectaron los primeros casos en China en diciembre de 2019 y se tomaron medidas extremas en Asia durante enero y febrero de 2020, la mayor parte del mundo se imaginaba un escenario semejante al de la epidemia de SARS de 2002, algo contenido en unos pocos países. Para esos momentos, la economía mexicana ya estaba en desaceleración, pero no como consecuencia del covid-19. México entró a la pandemia en la parte descendente de su ciclo económico, en plena desaceleración desde 2017.

Cuando México toma las primeras medidas hacia mediados de marzo y comienza la Jornada Nacional de Sana Distancia a finales del mismo mes, los efectos de la pandemia empiezan a ser visibles. La respuesta natural a una epidemia de esta naturaleza es la cuarentena y la distancia social; sin embargo, los confinamientos producen choques de oferta y de demanda en la economía. La decisión de cerrar centros de trabajo causa un choque en la oferta de bienes y servicios; además, el desempleo o subempleo asociado al mismo presentan una pérdida de ingresos que a su vez produce un choque de demanda. La combinación de ambos impactos, sumados a los que se transmiten desde el exterior a través de los reducidos flujos de turistas, pero también de comercio, incrementan el efecto. Como saldo final, la economía mexicana tuvo una contracción de 8.5 %, la más grande desde los años de la Gran Depresión.

Por sí misma, una contracción de esta magnitud nos pinta un balance negativo, pero quedarnos sólo en la cifra de crecimiento sería minimizar las verdaderas consecuencias de la pandemia, sería invisibilizar las tragedias y los costos de mediano y largo plazo en nuestra economía. Una contracción de 8.5 % es una mala situación, pero en menor o mayor medida es una situación común para las mayores economías del mundo. No son los saldos macroeconómicos generales los que son el mejor indicador de lo que le pasó a nuestra economía; uno mejor es la recuperación y los saldos del empleo perdido, pobreza, desigualdad y de los costos de largo plazo que aún son inciertos. En estas cuestiones es donde debemos centrar nuestro análisis.

 

Las enfermedades infecciosas siempre tienen efectos distributivos,3 el estatus socioeconómico de las personas es un mediador4 entre quién vive y quién muere. El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) estima que tendremos entre 6 y 10 millones5 de nuevas personas en pobreza. Como señala Diego Vázquez,6 estas cifras probablemente subestiman la verdadera magnitud del problema, ya que son millones de personas las que han salido del mercado laboral. Las estimaciones internacionales, como las de Eduardo Ortiz Juárez7 y coautores, sugieren que el estimado del Coneval podría ser el mejor de los casos y que por lo menos veremos un retroceso de una década en este indicador.

La pobreza y la desigualdad van de la mano. Reportes como el del aumento de los niveles de pobreza laboral8 de 38.5 % a 44.5 % al tercer trimestre de 2020 se verán reflejados en una peor distribución del ingreso. La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) anticipa que para México la desigualdad podría crecer en un 5 %.9 Un incremento de 5 % podría parecer menor, dada la magnitud de la pandemia, pero no lo es. En términos del coeficiente de GINI es equivalente a un aumento de poco más de 2 puntos; de materializarse sería un retroceso de quince años, incluso si fuera un aumento menor es un paso hacia atrás.

Estos aumentos en pobreza y desigualdad inquietan. En el corto plazo, porque la pandemia aún no termina y hemos observado a través de la historia que son las personas más vulnerables las que enfrentan el mayor riesgo de perder todo lo que poseen: su vida. Estas personas, más del 70 % de ellas, habitan en zonas urbanas, donde existe mayor potencial de transmisión de la enfermedad. Pero en el mediano y largo plazo es aún más preocupante. Como señala Jack Goldstone,10 cuando se combinan pérdidas fuertes en estándares de vida e incrementos importantes en la desigualdad con conflictos políticos latentes, el resultado es una fuente casi permanente de inestabilidad política.

 

El empleo está estrechamente relacionado con la pobreza, la desigualdad y el crecimiento, pero merece un apartado en sí mismo. De acuerdo con cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el saldo final de la pérdida de empleos formales en el año fue de unos 648 000. No obstante, esta cifra no representa la totalidad de empleos, es necesario considerar aquéllos que son informales. De acuerdo con la encuesta de Inegi, la ECOVID-IE 2020,11 entre el 7.8 % y 5.9 % de las empresas reportaron recibir algún tipo de apoyo durante la pandemia y esto se tradujo durante el año en la desaparición de más de 2.8 millones de puestos de trabajo.

Tras el final del confinamiento y la introducción de semáforos regionales, algunos de esos empleos se recuperaron. Pero es importante pensar en cómo son esos empleos y cuáles permanecen perdidos. De acuerdo con el reporte regional de octubre 202012 del Fondo Monetario Internacional (FMI), los empleos informales tienen un mayor riesgo de desaparecer. Durante el confinamiento estiman que México tenía 6 millones de empleos en riesgo entre los que son autoempleados, 8 millones entre las pymes y 4 millo nes entre empresas grandes. Aunque al final no se perderán esas cantidades, muchos autoempleados siguen fuera del mercado laboral, otros tantos trabajan, pero lo hacen menos de lo que desearían en una situación de subempleo.

El teletrabajo, parte importante de la inmovilización para reducir contagios, sólo era una opción para el trabajo altamente calificado. Luis Ángel Monroy-Gómez-Franco13 estima que en México el 77 % de los empleos no pueden hacerse desde casa. Son las personas en empleos precarios, como los reparti dores, las mujeres, los informales, quienes sufren las peores consecuencias.

En otro trabajo, Monroy-Gómez-Franco14 encuentra que las mujeres han sufrido de manera desproporcionada los efectos de la pandemia en el mercado laboral. El 65 % de los empleos perdidos por mujeres estaban en el sector servicios y esto se relaciona con la necesidad de hacer labores de cuidados en su hogar. Este retroceso de la participación femenina en el mercado laboral al igual que en la pobreza y la desigualdad nos señala una pérdida de más de una década.

 

Al conocer la historia de las pandemias y los impactos económicos que suelen desprenderse de ellas podemos anticipar que los efectos se extenderán más allá del tiempo que dure la actual. Las enfermedades infecciosas suelen generar efectos persistentes en la productividad de las sociedades por sus secuelas o morbilidades. Por poner un ejemplo: en el caso del covid-19 está bien documentado que existen secuelas de largo plazo, como daños en los pulmones y en otros órganos con efec tos debilitantes para las personas. Quienes sufran estas secuelas probablemente tendrán vidas menos productivas, visitarán con más frecuencia al médico y requerirán tratamientos que representan costos adicionales para los servicios de salud. Sabemos que las generaciones nacidas en años de pandemia pueden tener menores ingresos durante su ciclo de vida, menor rendimiento educativo y reducciones en su calidad de vida o incluso en la expectativa de ésta.15

La educación es otro de esos elementos que tienen un impacto todavía incierto. Fue una buena decisión cerrar las escuelas para disminuir los riesgos de contagio, pero sus efectos pueden redundar en una menor acumulación de capital humano. Las diferencias de aprovechamiento que pueden surgir entre los estudiantes de las mismas generaciones contribuirán al ensanchamiento de las brechas educativas que, a su vez, alimentan las brechas sociales.

Todos estos costos son inciertos no porque no sepamos que existen, sino porque sólo podremos tener una idea precisa de su magnitud con el paso del tiempo. El impacto de largo plazo en productividad por las secuelas de la enfermedad o el efecto de las deficiencias educativas por el cierre de escuelas se va a notar con los años, conforme los jóvenes, ya sea por sufrir debido a algún daño durante su periodo de gestación, por padecer comorbilidades por las secuelas o por perder un año escolar, sean menos productivos. Un menor número de mujeres trabajan do disminuirá la capacidad de crecimiento. En el caso del covid-19, parafraseando a Zhou Enlai cuando alguien le preguntaba sobre los efectos de la Revolución francesa, es demasiado pronto para saber.

 

El balance del año 2020 es negativo. Es un año que nos costó una década o incluso más en términos de desarrollo. Pero vale preguntarnos cómo pensar esta catástrofe. José Antonio Ocampo,16 en una relevante publicación sobre América Latina, encuentra algo curioso en esta crisis: en términos del impacto del sector externo, las economías latinoamericanas no han tenido la peor crisis de su historia. Las exportaciones se recuperaron rápido, las remesas han crecido, no se ha registrado una crisis financiera. Al mismo tiempo, en cuanto a sus costos sociales, es una de las más grandes.

¿Cómo reconciliar esta dualidad? Ocampo argumenta que es producto de dos fallas. La primera es el manejo de la pandemia: permitir que la enfermedad se saliera de control provocó una disrupción económica mayor a la necesaria; en ese sentido, no hay una disyuntiva entre salud y economía, salvar vidas es salvar la economía porque las personas son la economía. Como Angus Deaton y Leonard Schaeffer17 explican, perder menos vidas se tradujo en mayor crecimiento. La segunda causa, explica Ocampo, es la herencia de debilidad fiscal de los países. Los altos niveles de endeudamiento terminaron por volverse una restricción al momento de comprometer recursos para atender la emergencia.

En el caso de México podemos ver claramente las dos fallas. México en 2020 entregó apoyos para la economía de alrededor de 1.5 puntos del PIB, muy poco. Esto explica por qué más del 90 % de las empresas reportó no recibir apoyos. Al mismo tiempo, sin ofrecer apoyos para que las personas en la economía informal pudieran inmovilizarse, se multiplicó el impacto negativo, pues ocurrieron más contagios de los que se hubieran dado con menor movilidad. La combinación de estos dos efectos explica el impacto en pobreza, desigualdad y empleo que repasamos arriba. No gastar lo suficiente, la austeridad, es un error en una recesión normal; un error aún más grave, sin duda, en una recesión que se da en medio de una pandemia.

Pero esto sólo es la mitad de la explicación. Siguiendo la lógica de Ocampo, estábamos limitados desde un inicio. El mal manejo de las finanzas públicas durante la última década y la debilidad fiscal del país limitaron lo que se podía hacer. El gobierno pudo gastar probablemente un par de puntos del PIB más sin muchas dificultades, pero no mucho más que eso. La mala reacción económica frente a la emergencia y la herencia de poco espacio fiscal de gobiernos anteriores, del deterioro del Estado, son las causas necesarias y suficientes de lo que vivimos.

El 2020 ha sido un año para los libros de historia: el retroceso en nuestros objetivos de desarrollo y sobre todo la pérdida de vidas lo marcarán como un año negro. El balance es negativo, nuestra tarea ahora es procurar una recuperación rápida, evitar que un mal año se vuelva una nueva década perdida. No tenemos tiempo que perder para recuperar el tiempo ya perdido.

 

Diego Castañeda
Economista por la Universidad de Londres. Historiador económico por la Universidad de Lund.


1 Bolt, J.; Inklaar, R.; De Jong, H., y Van Zanden, J. L. “Rebasing ‘Maddison’: new income comparisons and the shape of long-run economic development”, Maddison Project Working paper 10, 2018.

2 Los virus zoonóticos como el SARS-CoV-2 representan un peligro mayor conforme las sociedades humanas y sus procesos de producción penetran más y más en zonas naturales que son reservorios de patógenos.

3 Alfani, G., y Cohn., S. “How do large-scale pandemics affect inequality?”, Economic Observatory, 2021.

4 Phelan, J. C.; Link, B. G., y Tehranifar, P. “Social conditions as fundamental causes of health inequalities: theory, evidence, and policy implications”, Journal of Health and Social Behavior, vol. 51, 2010, pp. S28-S40.

5 Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social. Evaluación de la Política Social Covid-19, 2020.

6 Vázquez, D. “Poverty and Pandemics in Mexico”, Agenda for International Development, 2020.

7 Ortiz-Juárez, E.; Summer, A., y Hoy, C. “Estimates of the impact of COVID-19 on global poverty”, WIDER Working Paper 2020/43.

8 Coneval. Índice de la Tendencia Laboral de la Pobreza.

9 Cepal. Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones, 2020.

10 Schar School of Policy and Government. “Q&A with Jack Goldstone: Revolutions, regime changes and the political implications of Covid-19”, 28 de mayo de 2020.

11   Inegi. ECOVID-IE 2020.

12 IMF. Regional Economic Outlook for Western Hemisphere, octubre, 2020.

13 Monroy-Gómez-Franco, L. ¿Quién puede trabajar desde casa? Evidencia desde México. Documento de trabajo 06/2020, Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), 2020.

14 Monroy-Gómez-Franco, L. The COVID-19 Pandemic and Female Employment. Evidence from Mexico, mimeo, 2021.

15 Castañeda Garza, D. Pandenomics. Una introducción a la historia económica de las grandes pandemias, Malpaís/UNAM, 2021.

16 Ocampo, J. A. The dramatic Latin American crisis. Development Matter, OECD, 2020.

17 Deaton, A., y Schaeffer, L. D. COVID-19 and global income inequality, mimeo, 2021.

 

3 comentarios en “2020: el año que nos costó diez

  1. Muy buen análisis, nuevos datos que la carroña de la derecha habrá de utilizar. Este texto es un ejemplo de cómo se puede utilizar la economía para denostar a un gobierno que hace todos los esfeurzos por sacarnos precisamente de esta miseria de ochenta millones de mexicanos en extrema pobreza, pero no habla de quienes la provocaron y nos han llevado al borde de esta enorme crisis, ni a dónde han ido a parar las grandes riquezas expropiadas a México con la complicidad de políticos y empresarios desde hace más de 40 años de mal gobierno y pésimas políticas públicas. Este artículo es lo que podría llamarse análisis de sesgo para seguir buscando culpables en el presente porque el pasado ya no existe, nunca existió. Felicidades, sigan trabajando para denostar a las 4ta T. Y no esperen su cuchupo porque eso, afortudanamente, ya se terminó.

  2. No existen dudas sobre la catástrofe que se nos vino encima, en efecto es histörica y estará en los libros de texto como el descubrimiento de América o la Conquista, etc. Lo que llama la atención es el empecinamiento en negar la realidad por parte del Gobierno Federal como si la realidad se pudiera construir con silencio y omisiones y palabrería vacua. Cualquier lector medianamente curioso se enteró en tiempo real de la aparición de la Pandemia en China y de lo que podría suceder. No, la 4 T ni remotamente estuvo a la altura del gigantesco desafĺo que nos arrasó. La 4T es un desastre colosal en todos los frentes, es una historia que tendrá que formar parte de la memoria nacional como una dura lección con la esperanza de que algo así no se repita. Ni modo: O. Paz lo dijo: pronto llegará el desencanto por la democracia.