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En 1834 Balzac había llegado a la mitad del camino de nuestra vida: tenía 35 años, como el peregrino de aquella Comedia que tomará por modelo de la suya. Pero, en 1834, la Comedia humana aún era otra cosa, ni se llamaba así.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco

En una carta de ese año a madame Hanska, la condesa polaca que mantuvo correspondencia con él bajo el seudónimo de la Extranjera y que será su esposa en 1850, Balzac define el plan de su “obra gigantesca”, que preveía terminar en 1838. El título era Estudios sociales y constaba de tres partes: Estudios de costumbres, Estudios filosóficos y Estudios analíticos. La primera representaba los efectos sociales “sin omitir nada”, un inventario escrupuloso y un diagnóstico crudo del mundo real: “No serán hechos imaginarios, será lo que pasa por doquiera”. La segunda parte estudiaría las causas, las condiciones de la existencia; después de la descripción, vendría el juicio. En los Estudios analíticos, tras los efectos y las causas, se buscarían los principios, de tal manera que “el hombre, la sociedad, la humanidad serán descritos, juzgados, analizados sin repeticiones”. El proyecto guardaba una pasión descomunal y el deseo de competir (a la par) con el registro civil y con La divina comedia había de convertirse en un programa. En las primeras páginas de La muchacha de los ojos de oro, tercera parte de la Historia de los trece, compuesta entre 1834 y 35, Balzac alude a los círculos del infierno de París, hasta entregar al lector una obstinada declaración de fe: “Llegamos al tercer círculo de este infierno que tal vez un día tenga a su Dante”. Sin embargo, hay que esperar hasta 1840 para que los Estudios sociales adopten el título de Comedia humana.

Volvamos a la mitad del camino de la vida de Balzac para entender su lúcida intuición. Cuando escribió la carta a madame Hanska, el 26 de octubre de 1834, Balzac estaba trabajando en Papá Goriot. En principio la trama se desarrollaba en 1824 y hasta la hoja 43 del manuscrito el protagonista se llamaba Eugène de Massiac. Luego algo se rompió en el plan de la novela y comenzó a urdirse el esqueleto de la Comedia humana. Balzac transformó al inédito Eugène de Massiac en el conocido Eugène de Rastignac, personaje de La piel de zapa, su primera novela de éxito publicada en 1831. Ahí la acción se coloca en 1830 y Rastignac es un dandi avisado y malicioso. En cambio, el Rastignac de Papá Goriot es un estudiante primerizo, recién llegado a la capital y ansioso de abrirse camino en la sociedad. Tocamos el punto: Balzac extiende el alcance del personaje, y de la novela, recorriendo la acción entre 1819 y 1820 para crear un historial, el expediente abierto de un individuo in fieri, su aprendizaje, y señalar las causas, naturales y sociales, que vuelven a un joven ambicioso en un hombre corrupto. Con una mirada retrospectiva de larga promesa hacia el futuro, Balzac expone la biografía del personaje a la intemperie del presente, a la ocasión de cruzar otras novelas y por ende la mente del lector, que cambia, crece y reconoce el mundo en compañía del sujeto y rival de su atención. El tiempo histórico, al desplazar unos años su cronología, le confiere mayor vitalidad a la misma idea de personaje literario y de novela. La trama de la obra publicada cinco años antes sucede diez años después. Papá Goriot termina con el reto que Eugène de Rastignac, desde las alturas del Père-Lachaise, lanza a la sociedad: en diez años será el que ya conocimos y ahora palpamos, con pulso fisiológico y la memoria de su evolución, sus causas y principios.

El inmenso edificio de la Comedia humana estriba en el andamio elástico y continuo de la vida de sus héroes. Una vez medido el eco, o la sombra, o bien la perspectiva de su hallazgo, Balzac echa mano del procedimiento: en la primera edición de Papá Goriot los personajes que derivan de novelas anteriores eran 23; en las ediciones sucesivas, que solía corregir y revisar, llegan a 50.

Consciente del arbitrio, Balzac lo manifiesta. En 1839, en el prefacio de Una hija de Eva, alude al sistemático retorno de los personajes y a la cronología revuelta como un posible defecto capital. No obstante, afirma, “quizá un día este defecto sea considerado una virtud” y con mañosa perspicacia agrega: “Sólo la historia del pasado se puede narrar cronológicamente; ese sistema no aplica a un presente que siempre está en camino. El autor tiene frente a sí, como modelo, el siglo XIX, un modelo que se mueve continuamente y es difícil que se quede en su lugar. El autor espera el año 1840 para terminar el relato de aventuras cuyo epílogo necesita añejar tres años”. Cazar la realidad, al acecho de la historia que acontece, tan opaca y huidiza, crispada, incierta y que recela y borra sus andanzas, sus pausas y paradojas: esto es la Comedia de Balzac, que en casi cien libros, entre novelas y relatos, traza el atlas de un naturalista que ha indagado el sistema orgánico de un cuerpo vasto como un siglo y profundo como un infierno, y nos encara con su enérgica adhesión al devenir de la experiencia humana.

En 2020 se cumplieron doscientos años del drama de Goriot. La narrativa viral de hoy, ¿sabrá recorrer con precisión su propio tiempo, contraerlo y voltearlo, dilatarlo, para describir y juzgar su actualidad?

 

Marco Perilli
Editor y escritor. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores.

 

Un comentario en “Balzac, hacia la Comedia humana

  1. Lo que llamamos “la actualidad” no es sino la consecuencia de muchos pasados que no sólo son los de la biografía, sino los de la cultura de los tiempos que le antecedieron a los personajes. El plan original de lo que se convirtió en la Comedia Humana es algo que actualmente podemos denominar “la subjetividad” y que muestra las costuras culturales diseñadas antes del tiempo en que viven los protagonistas. “Somos lo que somos” pero eso nace de las experiencias individuales, sociales y culturales que son el resultado del pasado y que se anudan en el presente con el nombre de biografía