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La salud abarca muchos rubros. Filosofía, medicina, sociología, antropología, literatura y, entre otros, pintura. Incluye diversos avatares por una obviedad no siempre obvia: trata de la existencia. Mayor longevidad y calidad de vida, mejores oportunidades de socializar y habitar en comunidad son vicisitudes relacionadas con salud.

Ilustración: Sergio Bordón

Todas las definiciones sobre salud son incompletas, inadecuadas o inexactas. No son los encargados de explicar el concepto quienes no delimitan con precisión la idea, es el concepto el responsable de su complejidad. Las entradas del Diccionario de la lengua española son inadecuadas. Comparto dos: 1. Estado en el que el ser orgánico ejerce normalmente todas sus funciones. 2. Conjunto de las condiciones físicas en que se encuentra un organismo en un momento determinado. La de la multicitada Conferencia Internacional de Atención Primaria de la Salud reunida en Alma-Ata en 1978 y que, para muchos, sigue vigente, tampoco convence: “[…] la salud es un estado completo de bienestar físico, mental y social, y no sólo la ausencia de enfermedad…”. Inadecuado, al hablar de definiciones, desdeñar la etimología. Sanus, sano, proviene del griego e incluye dos conceptos: intacto o bien conservado, e infalible o seguro. Releo las ideas previas: estar, o ser sano, es un estado transitorio.

Las definiciones imprecisas reflejan la inmensa complejidad del tema. No es para menos: la salud es una situación personal que varía con el correr del tiempo, multifacética, proteica. El bienestar físico difiere entre ricos y pobres. Los primeros tienen la suerte de ceñirse, sin haberlo leído, al concepto de René Leriche (1879-1955), eminente cirujano francés: “La salud es la vida en el silencio de los órganos”. El bienestar, asociado con frecuencia a la capacidad económica, permite, casi siempre —sin contar con algunos imponderables, inter alia, como tumores malignos o enfermedades genéticas—, vivir mejor, sentirse sano. Para los pobres y muy pobres salud se vincula, no exagero, a la supervivencia, en ocasiones cuasicotidiana, a la posibilidad de comer, contar con agua potable y no enfermar. La idea de tener o no salud cambia con el tiempo: no es lo mismo la percepción corporal a los treinta años que a los ochenta. Menudo brete explicar el “universo salud”. De ahí sus implicaciones sociales, económicas, filosóficas.

Kant (1724-1804) siempre ilustra. En la tercera sección de La disputa de las facultades (1798) cavila sobre la salud y tras señalar que “nos hallamos en condiciones engorrosas”, escribe, “uno puede sentirse sano, es decir, juzgar según su sensación de bienestar vital, pero jamás puede saber que está sano… La ausencia de la sensación (de estar enfermo) no permite al hombre asegurar que está sano de otro modo que diciendo estar bien en apariencia. La idea de Kant, aparentemente simple, apunta en el blanco: la salud es un concepto ajeno al área del saber, difícil de enmarcar y, sobre todo, personal.

Las reflexiones kantianas, certeras, me remiten a un vieja máxima médica conocida por (casi) todos los galenos: “No hay enfermedades, hay enfermos”, es decir, ante la patología cada individuo responde y se comporta diferente, algunos mejoran, otros curan, y, ante el mismo evento, hay quienes mueren. La suma de las reflexiones previas invita, cuestiona: ¿es la salud un concepto científico? La pregunta es compleja. No admite una respuesta unívoca. Y no la admite porque personas similares, i. e., edad, genética, condición socioeconómica, historial de enfermedades previas, responden diferente al evento patológico. Médicos avezados repiten con frecuencia, “la medicina no es una ciencia, es un arte”.

Al lado de Georges Canguilhem (1904-1995), médico y filósofo brillante, intento concluir. En Escritos sobre la medicina (traducido al español en 2004) escribe: “[…] Starling, inventor del término hormona, publicó en 1912 Principles of Human Physiology cuyo índice final no contiene la palabra health. De igual modo, la palabra francesa santé, ‘salud’, no figura en el índice de la Physiologie de Kayser. En cambio, los índices de ambos tratados contienen: homeostasis, regulación, estrés. ¿Debe verse aquí un argumento para negarle al concepto de salud la condición de científico”. Aclaro: homeostasis, regulación y estrés son términos asociados con salud.

De nuevo intento concluir. No lo hago. Invito más bien a reflexionar. Salud es un concepto (casi) imposible de definir. No es imprescindible hacerlo. En cambio, es interesante reflexionar en el tema y encontrar un concepto propio, una idea adecuada para cada modus vivendi.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Integrante del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.

 

2 comentarios en “Salud: preguntas y más preguntas

  1. Excelente como siempre Dr Kraus. Muchas personas no comprenden las complejidades que usted enuncia y a veces exigen resultados exactos y certezas que el arte de la medicina no puede en ocasiones proporcionar. Gracias.

  2. Gracias Jorge,
    Aprecio mucho tu comentario. En efecto, en muchas ocasiones es imposible responder con precisión a las preguntas de las enfermos. El problema es cuando los familiares no entiende que de cuando en cuando es imposible responder con un cien por ciento de certezas.
    Saludos,
    Arnoldo