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Escribo con la certeza de lo que aquí planteo no tiene ninguna posibilidad de que se escuche por los políticos del México de hoy. Menos por los que están en el poder.

A continuación propongo un modelo de discurso político que pienso es el que necesita una sociedad como la nuestra sobre todo en este momento de su historia.

El nuevo discurso político debe asumir que se tiene como receptores a personas inteligentes capaces de construir su propia visión de lo que sucede en su entorno y en el mundo.

Lo anterior destierra el discursos que trata como niños o tontos a las audiencias y se articula en la lógica de engañar y manipular a quien escucha. 

La persuasión, que persigue todo discurso político, ocurre por la vía de los argumentos, los datos y por decir bien lo que se expone. No a partir de explotar las emociones más primitivas. Se apela a la razón.

El esfuerzo de quien pronuncia el discursos es que la audiencia eleve sus niveles de conocimiento y conciencia. Asume su condición de pedagogo. No de demagogo manipulador.  

Y también se propone que quien escucha se haga de nueva información y comprenda la complejidad de la realidad. Que entienda conceptualmente los problemas a los que se hace referencia. 

Que la audiencia avance en su pensamiento y en sus posiciones, pero sin recurrir a falsas simplificaciones. La complejidad debe ser explicada de manera didáctica.  

Ilustración: Jonathan Rosas

El político debe hacer evidentes sus posiciones conceptuales e ideológicas. Y puede, hay que analizar cada situación, plantear sus críticas a la oposición, pero sin descalificar e insultar. 

Se gana el debate con ideas y argumentos y no con insultos, que siempre esconden la capacidad de razonar y la carencia de recurso, para debatir.   

En el marco de las ideas anteriores el discurso político que se necesita tendría la siguiente estructura:

1. Referencia a la historia del tema que se trata. Esto, para ubicar lo que ha sucedido antes y así hacer la conexión con el presente. El mundo no inicio ahora y la realidad que se vive siempre tiene antecedentes. 

2. Desarrollo del problema al que se hace referencia. Explicar en qué consiste, cuál es su dimensión, qué implicaciones tiene para la sociedad si no se resuelve. 

3. Fundamentar lo que se está hablando. Razonar conceptualmente en qué se sustenta la decisión y el camino que se ha tomado. Dar cuenta de la racionalidad política de la acción.

4. De los hechos de los que se habla ofrecer datos duros. Proporcionar información precisa y veraz. Nunca recurrir a la mentira o la manipulación de los datos. Las audiencias merecen la verdad.

5. Compromiso personal. Quien dice el discurso se compromete con lo que expone. Ofrecer su valoración sobre la problemática o las situaciones a las que se enfrenta. Argumenta sus razones para actuar de esa y no otra manera.

6. Propuesta de solución al problema. Una vez que se han desarrollado los puntos anteriores se ofrece la propuesta de solución a la problemática. Es la conclusión de la argumentación constituida con lo elementos a los que se ha hecho referencia.

Esta estructura de seis partes debe articularse en una redacción fresca y atractiva. No es un texto académico sino uno que está dirigido a la las distintas audiencias según sea el caso. Tiene que emocionar. Su propósito es persuadir en el marco y cumplimiento de una ética pública que informa con transparencia y veracidad. 

Sé que esta propuesta será calificada, en el mejor de los casos, de idealista. Soy consciente que ahora los manuales de construcción del discurso dice otra cosa. Estos parten de una caracterización de las audiencias que pueden tener razón pero que me niego a aceptar. 

La propuesta que aquí hago surge en buena medida del análisis de los discursos del primer ministro sueco Olof Palme (Estocolmo, 30 de enero de 1927 – Estocolmo, 28 de febrero de 1986).

Durante 10 años fue primer ministro de Suecia en dos etapas: de 1969 a 1976, y de nuevo de 1982 hasta su asesinato en una calle de Estocolmo. En esos años  construyó y dijo discursos propios de un gran estadista. 

En los discursos, a más de los elementos a los que hecho referencia, siempre dijo abiertamente cuál era su opción política, para el caso la socialdemocracia, y expuso la concepción y propuestas de su partido, pero sin ideologizar.      

La estructura y la forma de la narrativa de los discursos políticos de Palme considero que siguen siendo vigentes en la era de las redes sociales. 

Siempre asume que las audiencias son inteligentes y pueden razonar. Nunca está presente el intento de manipulación. Para persuadir ofrece datos e información y siempre apela a la razón. La forma de su discurso es atractiva e inteligente.

 

Rubén Aguilar Valenzuela

 

Un comentario en “El discurso político que nunca voy a oír

  1. El estadista que usted propone haría uso de la innata capacidad humana de explorar, confrontar y deducir. Suena bien, pero es algo ideal.
    Llevada al extremo, terminaría en un gobierno de Científicos. De eso ya hay películas.
    Si algo intuyen los políticos de toda época y toda ralea, es que eso no les conviene.
    El IQ promedio de un buen políticos esta arriba de 120, pero siempre está por debajo del IQ de los buenos científicos.
    La solución la traerán, muy pronto, las máquinas. Gobernar es mucho más fácil que desentrañar la naturaleza.

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