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El sistema eléctrico es tal vez uno de los sistemas más complejos cuyo control está a cargo del Estado. La operación del sistema y su planeación deben ser quirúrgicas. Un proyecto de generación de electricidad desde que se plantea hasta que inicia construcción suele llevar al menos dos años, concluir un proyecto puede llevar cuatro. Tal vez los proyectos solares permitan una ejecución más rápida, pero el resto de los proyectos tienen un proceso de maduración largo.

Entonces, las decisiones, permisos o proyectos que se aprueben hoy, en 2020, entregarán energía si bien va en 2023-2024. ¿Por qué sucede esto? Porque desde que se plantea un proyecto se tiene que obtener, por lo menos:

1. Permiso de generación, que da la Comisión Reguladora de Energía. Por cierto, tiene por lo menos desde mayo sin otorgar permisos de generación.

2. Estudio y acuerdo de interconexión, que se realiza con el Centro Nacional de Control de Energía.

3. Manifestación de Impacto Ambiental, (MIA) que se realiza con la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

4. Evaluación de Impacto Social, (EVIS) que se hace mediante la Secretaría de Energía. Por cierto, desde marzo pasado no recibe trámites.

Para cada uno de estos se requieren estudios que llevan meses.

Entonces, si se ofrece un proyecto ahora, ya sea público o privado, desarrollado conforme a derecho se llevará mucho tiempo en que entregue un solo watt a la red.

Ahora, un país que crezca económicamente requerirá cada vez más energía. México NO es la excepción y crecía, al menos antes de la pandemia, a un ritmo de 3 % y hasta 5 % en horarios de máxima demanda.

Cuando en una región eléctrica no hay suficiente energía para satisfacer la demanda, ya sea porque no se genera ahí lo suficiente o no llega por lineas de transmisión desde otra región, simplemente hay un apagón. Para satisfacer esa demanda de electricidad hay que ir incrementando la oferta de energía. De no satisfacerse la cantidad de energía disponible, habrá que ir programando apagones regionales o de plano habría apagones totales.

Ilustración: Víctor Solís

Pero hay más: no existe garantía de que la base de generación actual se mantendrá en el tiempo. Incluso los generadores “firmes” cómo se usa llamarles a los de combustibles, van teniendo el desgaste propio del uso y del paso del tiempo y cada vez requieren mayor mantenimiento, por lo que no están disponibles para generar en algún momento. De no hacerse además esos mantenimientos, la degradación del equipo puede llegar al grado de inutilizarlo de forma prematura.

Además hay que mencionar que mientras envejecen los equipos, estos mantenimientos de los que hablo van encareciendo la energía, pues los costos de mantenimiento, cada vez mayores, mas costosos y más frecuentes, se tienen que reflejar en el costo de generación, que es el ingreso que tiene cada generadora.

Este gobierno ha optado por echar a andar buena parte de este equipo e invertir una cantidad impresionante, que bien pudo invertir en nuevos proyectos, pero esa es otra historia.

México tiene actualmente, de forma legal, dos mecanismos para ir incrementando la capacidad instalada de generación de energía: primero, las subastas de energía eléctrica, organizadas por el Centro Nacional de Control de Energía y en las que el suministrador de servicios básicos (digamos que el vendedor minorista de energía, el que la vende a los hogares y pequeños y medianos usuarios) compra la energía para asegurarse así que sea barata.

Segundo, el mercado eléctrico. En el mercado eléctrico llegan generadores que ofrecen energía y suministradores que compran esa energía y la venden al usuario final. A este mercado sólo pueden acceder los grandes consumidores, cuya demanda de energía es mayor a un megawatt.

El gran problema es que este gobierno primero frenó las subastas y ahora, con pretexto de la pandemia, ha ido frenando permisos de generación. Además, con otras formas (estudios de interconexión, MIA, EVIS) han frenado proyectos que están en desarrollo. Y esto estamos hablando de proyectos que podría entrar en operación en 2022 o 2023 y por tanto considerados como energía probable de estar disponible en esos años. Y no hay algo que las sustituya de parte de CFE.

Los problemas serán tres.

1. Si se recupera la demanda de electricidad en los próximos meses y sigue creciendo la demanda como históricamente era, NO habrá forma de satisfacer la demanda en dos años. O sea, habrá apagones MUY probablemente, ya sea generales o parciales.

2. Si no se recupera la demanda, podrá satisfacerse la demanda de energía, pero el costo de la energía tiende a crecer, al irse encareciendo la operación y mantenimiento de la base de generación existente, principalmente de CFE.

3. La tercera será consecuencia de los dos anteriores.

¿Quien invertirá en un país que no satisface sus necesidades energéticas o donde no tienes garantía de tener la energía para tu proceso productivo? Y si consideramos que los países que le compiten a México están regresando de la pandemia con ánimos renovados por un regreso verde, causando el crecimiento de renovables, lo que baja el costo energético, México irá perdiendo competitividad frente a sus competidores.

Las medidas de freno de CRE y Sener las pagaremos los ciudadanos, incluso antes de que termine el sexenio.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

Un comentario en “¿Apagones marca 4T?

  1. Será natural que empiecen los apagones cuando tiene mas de dos años paralizada la inversión en red y nuevas centrales, los proyectos que pretende CFE no estarán listos hasta dentro de 3 ó 4 años, mientras nos quedaremos “colgando” de un hilo, seguramente cuando empiecen los apagones, se culpará a la reforma energética, a los gobiernos pasados, a los privados, al neoliberalismo, etc. y será la oportunidad para la contra reforma tan anhelada por la 4T.