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Una de las premisas con las que este gobierno ha conducido la política del sector eléctrico es que el actual marco jurídico busca desaparecer a la Comisión Federal de Electricidad y que ahora evitará eso. Para “rescatar” a la CFE hizo el ilegal e inconstitucional memorándum.

La premisa es falsa. Tan sólo reservar transmisión y distribución para operación exclusiva del Estado garantiza la existencia de CFE mientras la naturaleza física de la electricidad no cambie. O sea, mientras no encontremos otras formas más económicas y seguras de garantizar la electricidad en todos los sitios que se usa, CFE tiene la vida garantizada con el marco jurídico vigente.

Pero vale la pena preguntar ¿Qué significa para este gobierno “rescatar” a la CFE?

Si esto significa regresar a un monopolio, no se puede ni tiene sentido hacerlo. Sería carísimo para el Estado mexicano y limitaría el desarrollo del país. No tiene sentido y la Constitución prevé algo muy distinto, poniendo no a una empresa sino al pueblo como el beneficiario. Y ahí, donde se trata de beneficiar al pueblo, los monopolios no tienen sentido alguno.

Si “rescatar” a la CFE se trata de que tenga más participación en el mercado eléctrico ¡claro que su puede hacer sin cambiar la ley o la Constitución!

Para eso requiere actuar como una empresa que genere valor, desarrollar proyectos de generación con tecnología nueva, según las necesidades de sus clientes, energía cada vez más barata, incluso salir al mercado a buscar y comprar proyectos en desarrollo o asociarse con privados, para disminuir riesgos, capacitar a sus trabajadores, capitalizarse, entre otros.

Ilustración: Víctor Solís

Ahora, el hecho de que sea una empresa del Estado ¿es necesariamente un obstáculo para generar valor? En absoluto no. De hecho en el mundo hay ejemplos de empresas publicas exitosas. Hay empresas públicas francesas e italianas que operan en México, con muchísimo éxito, pero que a diferencia de CFE tienen estructuras de empresa privada, con gobernanza corporativa, transparencia, que buscan ser más eficientes y generar valor y rentabilidad con sus proyectos.

Así, la empresa genera valor para su dueño (el Estado y por lo tanto el pueblo) y al mismo tiempo generan beneficios a los usuarios al ofrecer servicios competitivos.

Entonces vale la pena preguntar, en los sectores en competencia ¿puede ser exitoso CFE? Sin duda. Para empezar, toda la hidroeléctrica que tiene CFE deberá se usará por décadas. Con la inversión adecuada y si el cambio climático no la impacta de forma grosera, podrían ser siglos. La hidroeléctrica es infraestructura de alto costo e impacto, que debe irse modernizando y así mantendrá a CFE generando por mucho tiempo. Su bajo costo relativo también garantiza que en el largo plazo se siga usando. Si consideramos que la reserva de combustóleo o carbón son caros y al condicionarse su operación forzosa por días se incrementa de forma constante el costo de operación, es innegable que la hidroeléctrica tendrá larga vida.

Pero mantener o traer del retiro generadoras viejas o poco eficientes sólo porque son suyas, saca del mercado a CFE, genera gastos que ninguna empresa que busque generar valor soportaría, pero que esta, por ser propiedad de un gobierno, lo hace más por razones políticas aunque fuera cualquier lógica económica.

Si además de eso la empresa en lugar de gobierno corporativo tiene un gobierno monolítico que le ocasiona cada vez más costos a la empresa para cumplir compromisos políticos, el futuro de CFE se vuelve incierto o se encarece, en detrimento del pueblo.

Es curioso además que la actual dirección de CFE invierta dinero en traer plantas en retiro, con altos costos de operación, costos de combustibles y poco eficientes en comparación con una planta nueva, mientras abandona generadores eólicos que pueden funcionar sin costos de generación. Ese abandono causó, por ejemplo, que en el periodo julio 2019 a julio 2020, CFE haya generado el 40 por ciento mejor energía eólica que lo que generó en el mismo periodo pero de 2018-2019. Con esas decisiones, no se puede rescatar a la CFE.

La apuesta de “rescatar” a la CFE desde el Estado debería ser hacerlo de forma que sea útil al mexicano, al pueblo que demanda empleo, energía barata y limpia, no cambiar las reglas para darle vida artificial a una empresa afectando el resto de los sectores productivos, la salud de los mexicanos, manteniendo al país en el atraso tecnológico y afectando la competitividad del país, con lo que espanta la inversión y el empleo.

¿Puede ser CFE una empresa de clase mundial? Sí, pero el primer paso es hacerla una empresa, no una oficina de gobierno que busca capturar rentas de los ciudadanos y mantener clientelas políticas.

Sólo alejando a CFE de la grilla se puede empezar a rescatarla y hacerle, al mismo tiempo, útil al pueblo bueno, no un monopolio viejo, pesado y caro.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.