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De los casi 45 millones de usuarios de energía eléctrica en el país, sólo unos 4.32 millones son usuarios que pagan el total de lo que cuesta tener electricidad en su casa o negocio. El resto, 40 millones, son los hogares mexicanos que pagamos sólo una fracción de lo que cuesta llevar la energía.

Ilustración: Víctor Solís

Lo que usted paga por energía eléctrica en su casa, oficina, negocio, donde sea, es una suma de costos que van desde generar la electricidad, transportarla, distribuirla, el propio hecho de venderla, cobrarla y lo que cuesta administrativamente todo esto. Pero si está en su casa y paga menos de 2000 pesos mensuales, usted sólo paga una fracción de lo que cuesta. El resto, lo absorbe la Comisión Federal de Electricidad en pérdidas o se lo da el gobierno federal en transferencias en efectivo (que se pagan con los impuestos de todos).

A pesar de que deberíamos tener una tarifa distinta, el gobierno anterior y el actual, a través de la secretaría de Hacienda, han decidido congelar las tarifas domésticas por una razón social o electoral, como lo quiera ver. Hubo un sólo cambio en este sexenio: al inicio decidieron que esas tarifas se fueran actualizando con la inflación.

Pero entonces, si CFE tiene una tarifa subsidiada, ajena a los costos reales y no toda la diferencia entre costos y facturación se cubre con transferencias del gobierno, ¿qué le conviene a CFE (y a la misma secretaría de Hacienda)? Parece obvio: reducir los costos.

Pero reducir los costos tiene muchas implicaciones, más si está en un mercado abierto como el mexicano y peor si tienes la visión estatista en la cabeza.

A usted y a mí nos puede parecer lógico que si nos resulta más barato comprar algo que hacerlo nosotros mismos, pues lo compramos. Así pasa con las tortillas, con la leche, con casi cualquier producto o servicio. Y cada uno de nosotros se especializa en lo que puede hacer mejor, al menor costo, comprando el resto de los bienes y servicios a otras personas (la especialización, vamos).
Ahora: bajo la lógica de proteger al usuario doméstico y a CFE de energía de la volatilidad del mercado eléctrico, se crearon las subastas de energía eléctrica de largo plazo.

¿De qué se trataba? Fácil: armar un concurso, a ver quién te da la energía más barata por los siguientes 20 años y a ese se la compras. El experimento salió muy bien y no es de extrañarse, pues sucede igual que en todo el mundo. Invento de gobiernos de izquierda en Sudamérica, por cierto.

Cada año se fueron comprometiendo empresas a construir nuevos parques de generación que agregaron 2500 MW de capacidad al sistema.

¿Quién ha sido el beneficiario? La Comisión Federal de Electricidad, Suministradora de Servicios Básicos en primer lugar, y en segundo todos los contribuyentes que pagamos impuestos que son destinados a subsidiar. ¿Por qué?  La cosa está así: CFE recibe un máximo por pago de energía de los usuarios como usted y yo, además del dinero que le da de subsidio el gobierno. No hay más y con eso hay que pagar todo. Si los costos de llevar la energía a los hogares y comercios es mayor que lo que recibe de pagos, las pérdidas son mayores, entonces hay que disminuir costos, pérdidas o pagarlas y complicar la situación financiera de la empresa.

Pero al consumirse energía más barata de las subastas, se desplaza energía cara. Entonces el pago por energía inyectada a la red disminuye ¿Qué tanto? Con datos oficiales de la Comisión Reguladora de Energía, podemos ver que el costo de generación promedio de CFE en julio pasado fue de 1 280 pesos por cada MWh, mientras que el de privados de subastas fue de 385 pesos por cada MW. Podríamos decir que por cada MWh que CFE dejó de generar con las generadoras de CFE para comprar a privados, se ahorró unos 895 pesos. Si consideramos que los proyectos de las subastas entregaron en ese mismo mes 1 554 164 MWh, CFE se ahorró con las subastas sólo en julio 1 390 millones de pesos. Esto NO es lineal, pues hay algunos costos asociados que no estamos evaluando aquí, pero nos da una idea de lo que las subastas y generación privada le dio de beneficios a CFE.

Al año, si todos los meses fueran como julio (esto para fines didácticos, ya que existen diferencias de consumo en función del calor o frio de las distintas estaciones), CFE se ahorraría 16 691 millones de pesos. Otra vez, menos pérdidas y/o menos transferencias fiscales.

En ese mismo periodo, CFE y sus generadoras y Productores independientes de energía entregaron unos 19 523 095 MWh, unas doce veces lo que entregaron privados.

Entonces, imagine que este gobierno en 2018 no hubiera parado las subastas de energía eléctrica de largo plazo y hubiera concluido la 2018, que estaba a punto de concluirse, realizado la 2019 y la 2020, con lo que la capacidad instalada producto de las subastas se duplicara al final del sexenio.

Eso significaría que en 2024, CFE se podría ahorrar unos 33,382 pesos anuales sólo en costos de generación. Eso significa la mitad de los 70 000 millones de pesos que se destinaron a subsidio eléctrico en 2020 en el Presupuesto de Egresos de le Federación.

Eso es generar verdaderos ahorros, no el austericidio.

Estas ventajas se darían para CFE si se quiere ser pragmático y beneficiar a la empresa. El problema es que recibir más energía de privados rompe con el dogma de este gobierno. Y cuando se gobierna con un dogma, se gobierna para el dogma, y se rechaza todo lo que no apoye al dogma, aunque como usuarios y empresa sea conveniente. Y eso ahora significará también incrementar el costo de la electricidad. Al fin que usted y yo pagamos.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

Un comentario en “Las subastas y la CFE, la gran beneficiaria

  1. Que impotencia se siente como ciudadano el no poder hacer nada por cambiar esas prácticas de gobierno y no es solo de esta administración, siempre ha sido y será lo mismo mientras que el pueblo les dé su voto ellos te toman en cuenta y pasan las elecciones y deja de importarles