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Hace dos semanas publiqué en este mismo espacio un texto explicando el memorándum dado a conocer el pasado 22 de julio por el presidente, y que parece el inicio de la elaboración de la propuesta de contrarreforma energética.

Aunque se tocaron algunos números, vale la pena profundizar en ello y cuál sería el impacto.

Explico el origen de los números. Primero, las subastas, que es lo más fácil de medir, aportaban unos 2 500 megawatts de capacidad de generación nueva cada año, que se traducen en unos 3000 millones de dólares de inversión anual. Estas inversiones se tradujeron además en costo más bajos de energía, que benefician principalmente a la Comisión Federal de Electricidad y a la hacienda pública al disminuir o evitar incremento en perdidas y/o subsidios, pues recordemos que las tarifas eléctricas se han mantenido.

Pero no es lo único. El mercado eléctrico y el modelo de autoabastecimiento también generaron inversiones. Las inversiones totales de los autoabastecimientos fueron por unos 9000 millones de dólares, mientras que los proyectos realizados para el Mercado Eléctrico Mayorista aportan entre 1000 y 1 500 millones de dólares anuales. Entonces, sin contar el autoabastecimiento, por ser producto de la aplicación de leyes que ya no están vigentes, podríamos hablar de que el sector eléctrico sólo en generación recibió unos 4000 millones de dólares anuales, de forma conservadora.

El presidente dice que se debe mantener un equilibrio de 54-46 en porcentajes de generación pública (CFE) y privada. No hay ninguna base teórica para imponer ese número, sino que parece ser la proporción de aportaciones públicas-privadas de electricidad a la red que había cuando tomó posesión. Este porcentaje es ya distinto, con mayores aportaciones privadas y con beneficio a CFE al disponer de energía más barata.

Ilustración: Víctor Solís

Pero, ¿qué pasaría si se modifica la constitución y se implanta el modelo del presidente? Que poco más de la mitad de la inversión total la debería hacer el Estado. Eso significa, de ya, inversiones anuales por unos 1 890 millones de dólares o 43 470 millones de pesos al tipo de cambio de 22.33 pesos por dólar.

El número para CFE es fácil de calcular. Es poco menos de la tercera parte de lo que perdió en el primer semestre de este año (121 000 millones de pesos) y poco menos que los 50 000 millones que recibió por subsidio el año pasado.

Ahora, en términos de gobierno ¿a qué más equivalen estos 43 470 millones de pesos? Porque consideremos que es dinero que el gobierno deberá invertir anualmente en CFE y tomarlos del presupuesto. Esa cifra equivale, en este año 152 % el presupuesto de los institutos nacionales de salud, al 93 % por ciento del presupuesto de la Universidad Nacional Autónoma de México o al 90 % del presupuesto de la secretaría de Energía en 2020.

Pues esta inversión será la que se necesite, por lo menos, si se quiere satisfacer la demanda de energía y probablemente mantener el crecimiento económico de México. Si se pronostica un crecimiento anual de la demanda de 3 % y hasta 5 % en las horas pico, no invertir para satisfacerla significa que en algún momento tendremos apagones.

Ahora: ¿A qué parte del presupuesto le quieren quitar para mantener esa inversión? Y, si no habrá inversión, los privados tampoco podrán invertir.

Pero supongamos que dejan de invertir en salud, educación, seguridad, campo y lo invierten en CFE: no habrá garantía de bajas de precios. ¿Por qué? El modelo que se eligió con la reforma de 2013 y 2014 fue de competencia. Los precios bajos de las subastas de energía eléctrica de largo plazo no fueron casualidad, sino el resultado de un proceso en el que muchas empresas buscaron venderle energía a CFE y para eso tenían que ofrecer el producto (energía) al precio más bajo.

El problema de los monopolios, como el que quiere de vuelta el presidente, con garantía del 54 % de la generación, es que no tendrá incentivos para competir ni bajar precios.

Actualmente las generadoras deben competir por entregar los costos más bajos y que por esos costos la red les reciba la energía (sean despachadas). El cambio que propone el presidente haría que cualquier generador de CFE entregue primero, sea cual sea su costo y el pago esté garantizado. Siendo así, ¿para qué procuro bajar costos? Si además el ciudadano paga con su factura o sus impuestos. Y no sólo eso: al despachar lo que sea que tenga CFE, se despacharán las unidades de generación más viejas, ineficientes, caras y contaminantes.

El problema es que el presidente pone al centro de su proyecto energético a CFE y a Pemex, no al ciudadano. Su contacto con el exterior (nulo de facto) y haber crecido personal y políticamente en el seno del nacionalismo revolucionario, no le permiten ver que la reforma genera estructuras más convenientes al ciudadano. Sigue viendo al país como en medio de la guerra fría, donde la única forma de lograr energía de forma segura para el país parecía ser que el Estado hiciera todo por si mismo.

Y esta decisión, de volver al monopolio, será decenas de miles de veces más cara que cualquier inaceptable y corrupta bolsa de billetes; y lo pagaremos los ciudadanos.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

3 comentarios en “El sector eléctrico según AMLO (II)

  1. – Muy buen articulo el de Victor, y a partir del parrafo # 15, tal y como lo expone, existe una gran similitud –con Pemex– y su modelo no funcional del todo. Con lo que llegamos al meollo del asunto central, o de que nos sirve el Gabinete y sus integrantes, cuando de opinar y encontrar otras medidas se trate, para hacer entender al No. 1, que solo nos llevara al precipio (tambien) esto de lo que el propone.

    • La visión estatista de una empresa choca con él libre comercio y el avance tecnológico, mientras que la primera tiene justificación el bien del pueblo, la segunda se basa en ser productiva y exitosa, siempre buscando la innovación, las economías cerradas terminan asfixiadas y en el olvido, sus maquinarias se oxidan y hacen más caros los servicios.