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La semana pasada en este mismo espacio hablaba de las limitaciones y ventajas que tienen los generadores hidroeléctricos.

Ahora es necesario explicar por qué y cómo se les debe usar en un mercado eléctrico.

Recordemos los dos criterios que rigen la operación del mercado eléctrico: confiabilidad y eficiencia económica. Están por ley y al mismo tiempo. Bajo esos principios, el Centro Nacional de Control de Energía va agregando la energía de acuerdo con el precio que ofertan los generadores, primero los más baratos y luego los más caros mientras el sistema requiere más, hasta satisfacer la demanda. La eólica y la solar, de inicio, tienen costo cero. Son “receptores de precio” y el pago que reciben es en realidad el equivalente al costo con el que conviven. Si entregan al mismo tiempo que un ciclo combinado o central térmica, reciben el mismo pago por unidad de energía que los otros dos. Eso les pasa a todos los generadores más baratos, de cualquier tipo.

Pero hay algunos generadores que, aunque sean caros, tienen que operar de forma preventiva para asegurar que el sistema tenga la energía suficiente siempre. Es lo que se conoce como “must run”. Si sólo consideramos que la hidroeléctrica puede ser muy barata, debería de recibirse al inicio siempre ¿cierto?

Pues no, por lo siguiente: a diferencia de otras renovables que no se pueden controlar, ésta sí. Puedes hacerla generar de día o de noche, siempre que tengas agua y puedas “turbinar”.

Entonces, en lugar de despachar la energía al inicio, la “guardas” y pones a generar cuando no haya solar o eólica suficiente, por ejemplo. En lugar de poner a quemar carbón a alguna termoeléctrica, haces girar el generador de una hidroeléctrica.

Por eso las generadoras hidroeléctricas funcionan en horarios “punta” cuando requiere más energía el sistema y el resto de las opciones son mucho más caras. Así, le das al sistema energía limpia y barata cuando se necesita y “desplazas” al generador caro.

Eso puede hacer creer a algunos que se está desaprovechando o desplazando la hidroeléctrica al no usarla de forma constante, pero en realidad estás usándola de forma inteligente, sobre todo cuando es un bien escaso y localizado, como en México.

Ilustración: Kathia Recio

Pongamos un ejemplo de por qué vale la pena administrarla y no meterla como la energía más barata siempre.

Si en un momento dado pusiéramos a trabajar al mismo tiempo a todas las hidroeléctricas del país, el sistema recibiría 12.6 GW. O sea, 12.6 GW que otros generadores no generarían. Si lo pones cuando hay sol, desplazarías a la solar que tiene costo cero. Si se inyecta a las 23 horas, la hidroeléctrica evitaría la entrada en operación de las plantas más caras del sistema, como termoeléctricas de combustóleo o diésel, bajando entonces el costo de la energía en la red.

Entonces, ¿qué le conviene al sistema? Administrar la energía potencial de las hidroeléctricas y ponerlas a generar para desplazar a una termoeléctrica, no a solar, eólica ni a un ciclo combinado.

Además, hay una complicación, al no ser tan abundante y generalizado en México, tienen un problema parecido al de la eólica: no puedes poner una hidroeléctrica en cualquier sitio y requieres transmisión. Sin embargo, al igual que la eólica y solar, para tener un sistema eléctrico confiable, se debe reforzar la transmisión.

Hay países que por su tamaño y la abundancia de su recurso hidroeléctrico generan básicamente con agua, como Colombia o Costa Rica, que generan el 68 y 73.48 % de su energía con hidroeléctrica, respectivamente.

México, a diferencia de Costa Rica, tiene un territorio muy sensible a las temporadas de lluvias y sequía, así que, ¿qué pasa si durante los meses de lluvias aprovechas el agua abundante y al llegar la temporada seca ya no tienes tanta como podrías ofrecer si la hubieses guardado? Probablemente te encontrarías con que el sistema eléctrico estaría en condiciones de recibir esa generación que no puedes ofertar y perderías la oportunidad de recibir ingresos que ahora serían mayores a los que percibiste mientras tenías abundancia. A esto se le conoce como costo de oportunidad y es una variable importante para la operación hídrica.

Por otro lado, el beneficio de los propietarios de las hidroeléctricas será mayor si gastan el agua en sus embalses durante las horas con mayor demanda, pues el precio de la electricidad será mayor al que habrá en las horas con menor consumo.

Por eso, la conclusión es: bienvenida y qué bueno que haya más hidroeléctrica, pero NO es la solución para que México cumpla con sus acuerdos internacionales en la lucha contra el cambio climático.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.