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El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) define la pobreza extrema por ingresos como el “referente monetario que permite identificar a la población que, aun al hacer uso de todo su ingreso en la compra de alimentos, no puede adquirir lo indispensable para tener una nutrición adecuada”.  En el ámbito urbano el Coneval establece dicho referente en 1 637.07 pesos por persona al mes para mayo de 2020, es decir, se requeriría un ingreso de unos 55 pesos diarios por persona para adquirir los alimentos necesarios para una alimentación adecuada. Esta definición difiere de la de pobreza extrema pues esta última suma a la pobreza extrema por ingreso la presencia de al menos tres carencias sociales (educación, vivienda, servicios en la vivienda, seguridad social y alimentación). Con estas definiciones, y con base en la encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares (ENIGH) de 2018, la última disponible, la pobreza extrema por ingresos caracterizaba a 21 millones de personas mientras que la pobreza extrema multidimensional afectaba “solo” a 9.3 millones.

Como es obvio, las personas cuyo ingreso se encuentra por debajo de ese límite que los clasifica como en situación de “pobreza extrema por ingresos” difícilmente pueden dedicar la totalidad de ese magro ingreso a la adquisición de alimentos ya que deben afrontar otros gastos en materia de vestido, calzado, vivienda, transporte y un largo etcétera, de suerte que su gasto efectivo en alimentación estará lejos de esos 55 pesos diarios, lo que implica serios problemas de malnutrición y el deterioro de la salud que inevitablemente la acompañan.

El hecho de que, en “condiciones normales” 21 millones de personas se encuentren en esta situación sin que ello se considere una emergencia nacional habla muy mal de nosotros como sociedad. Todo indica que, hoy, el problema se ha exacerbado al extremo; el colapso económico provocado por la pandemia de covid-19 y las medidas sanitarias necesarias para contenerlo ha conducido a que el número total de ocupaciones en el país se haya reducido en 12.1 millones tan solo entre marzo y abril (de acuerdo con la ETOE del INEGI), esto es, hay 12.1 millones de personas que han perdido su fuente de ingreso y muchas de ellas, sin duda, han ingresado a las filas de la pobreza extrema por ingresos y por tanto enfrentan dificultades para alimentarse adecuadamente.

De cara a esta realidad, el Programa Universitario de Estudios del Desarrollo, se planteó la pregunta de en qué medida han caído los ingresos de los hogares y en qué medida ha aumentado la pobreza extrema por ingreso. Más que una cuestión académica, las respuestas a estas preguntas constituyen el insumo básico para preguntarnos cuál sería el costo de garantizar que toda persona alcanzara un ingreso suficiente para cubrir, al menos, el costo de la canasta alimentaria, los 55 pesos diarios señalados antes.

Responder a estas interrogantes implica conocer el ingreso de los hogares y su distribución antes y después de la irrupción de la pandemia y enfrenta el problema de que la información más reciente al respecto con la que se cuenta es la de la ENIGH correspondiente a 2018 lo que parece condenar el análisis a buscar soluciones de carácter general, es decir, a imputar una caída uniforme en el ingreso a todos los hogares o bien imponer una distribución de la caída exógenamente, de manera aleatoria o con base en supuestos. Sobre la base de una estimación general, el Coneval concluye que ha habido un aumento de 10 millones de personas en situación de pobreza extrema por ingreso.

Ilustración: Víctor Solís

En el PUED se puso en práctica un método alternativo que busca capturar también el impacto del cambio en la distribución del ingreso entre los hogares y las personas. Curtis Huffman y Héctor Nájera bajo la coordinación de Fernando Cortés se dieron a la tarea de producir una estimación lo más robusta posible, en el menor tiempo posible, que capturara estos efectos.

La predicción del cambio de los ingresos laborales se basó en las técnicas propuestas recientemente por la literatura de estimación de pobreza y desigualdad de áreas pequeñas (Rao y Molina, 2015). Este campo de la estadística social se encuentra en la frontera de la modelación de datos de pobreza y busca hacer el mejor uso de la información disponible —llevando, vía modelación, los datos de una encuesta a otra fuente— para estimar indirectamente la prevalencia de pobreza en escenarios de alta incertidumbre y falta de datos.1 Echando mano de los microdatos de la ENIGH 2018, de la Encuesta Nacional de Empleo (ENOE) del primer trimestre y de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) de mayo de 2020, se tomaron las características comunes en las tres fuentes (sexo, edad, sector de empleo —21 sectores SCIAN, Sistema de Clasificación Industria de América del Norte—, acceso a seguridad social y entidad federativa) para modelar el ingreso de febrero, el momento previo a la irrupción de la pandemia, y el de mayo que registra el primer y, probablemente más fuerte, impacto del cese de actividades no esenciales y el confinamiento.

El universo de personas considerado no fue solo el de los ocupados que perciben un ingreso ya que era necesario tomar en cuenta la pérdida total de ingresos de quienes, de manera atípica, salieron de la fuerza de trabajo (puesto que no estaban buscando activamente un trabajo) para ingresar a la Población Económicamente no Activa pero que, sin embargo, se encontraban en disponibilidad de trabajar al momento del levantamiento.

Como es sabido, el ingreso corriente de las personas se compone de su ingreso laboral (en torno a 67 % del total), de la renta de la propiedad y la vivienda —imputada— (en torno a 17 % del ingreso total en promedio) y de las transferencias (fundamentalmente del Estado y del exterior en la forma de remesas) que representan alrededor del 15 % del ingreso total. El ejercicio realizado se centra en el ingreso laboral que representa la mayor parte del ingreso que es el que más resintió, sin duda, el efecto de la recesión económica y supone que las otras dos fuentes se mantienen constantes a sus niveles de 2018 hasta mayo de 2020.2

Los resultados del ejercicio para el nivel y distribución del ingreso corriente total de las personas en febrero y mayo de 2020 se muestran gráficamente en la figura 1. El eje vertical mide el número de personas que percibe cada nivel de ingreso que es medido, a su vez, en el eje horizontal; el desplazamiento a la izquierda de la curva obedece a la reducción generalizada de los ingresos de los hogares y el cambio de su forma indica que el número de personas en los tramos más bajos de la distribución del ingreso aumentó considerablemente.

Figura 1. Ingreso corriente total per cápita (pesos por mes)

La diferencia entre las dos curvas, a la izquierda de línea que marca el límite de la pobreza extrema por ingresos, representa el aumento en el número de personas que se encuentran en esa situación entre febrero y mayo. En el cuadro 1 se presentan estos resultados cuantitativamente. Como se puede apreciar ahí, el impacto de la crisis ha sido devastador:

Cuadro 1. Evolución estimada de la pobreza extrema por ingresos

 

Población en condición de pobreza extrema por ingreso

Número de personas en condición de pobreza extrema por ingreso

Agosto, 2018

17 %

21 millones

Febrero, 2020

17 %

22 millones

Mayo, 2020

30 %

38 millones

Fuente: estimaciones propias con datos de la ENIGH 2018, ENOE, primer trimestre de 2020 y ETOE segundo trimestre de 2020.

El porcentaje de la población cuyo ingreso no alcanza a cubrir la canasta alimentaria aumentó 12 puntos en un lapso de dos meses y el aumento absoluto de personas en esta situación alcanzó 16 millones. La situación de cada persona, por supuesto, es distinta; mientras algunos se encuentran muy lejos del límite establecido otras pueden estar muy cerca. El análisis realizado permite establecer la brecha de ingreso de cada persona en la muestra: la distancia promedio entre el ingreso total de las personas en pobreza extrema por ingreso y el necesario para cubrir el costo de la canasta es de 480 pesos por persona, es decir el 29 % de los 1 637 pesos que costaba la canasta alimentaria por persona en mayo. Cabe hacer notar que estas estimaciones se refieren al ingreso total de las personas, es decir, incluyen las transferencias —del Estado y del exterior— y por tanto sugieren que las acciones de emergencia, tales como el adelanto y ampliación de algunos programas sociales, han sido insuficientes para detener el avance de la pobreza extrema por ingresos.

Es muy probable que algunas personas hayan recurrido a sus ahorros para compensar la caída de los ingresos y que otros se hayan endeudado para sobrevivir en el corto plazo (seguramente a través de canales informales); sin embargo, un choque de la magnitud descrita en sus ingresos coloca a millones de personas en una situación en la que su alimentación es insuficiente para mantener la salud. Estamos ante una verdadera emergencia nacional de la que no han cobrado cabal conciencia la opinión pública, las fuerzas políticas y los poderes de la unión. Enfrentar esta emergencia requiere reconocer la gravedad de la situación, requiere asignar recursos económicos, y requiere capacidad administrativa por parte del Estado para diseñar y operar los mecanismos de implementación de las políticas que permitan contenerla. Los resultados del ejercicio realizado por el equipo de investigación de la pobreza del PUED dan sustento empírico a los diversos llamados hechos desde la academia, desde el congreso y desde la opinión pública en torno a la urgente necesidad de apoyar a la población afectada por la depresión de la actividad económica.

Estos resultados, además, permiten cuantificar el monto de los recursos necesarios para lidiar con el síntoma más grave de la crisis, es decir, el de la falta de ingresos para adquirir el mínimo de alimentos necesarios que enfrentan alrededor de 3 de cada 10 personas. El cuadro 2 muestra el tamaño del gasto que se requiere para garantizar que ningún mexicano esté en riesgo de padecer hambre; como ahí se puede apreciar, se trata de montos que se antojan menores y perfectamente manejables, sobre todo en vista de la magnitud del problema que se enfrenta.

Estimamos que erradicar la pobreza extrema por ingresos implicaría un costo del orden de 18 900 millones de pesos mensuales, 226 800 millones al año. Esto representa el 3.2 % del presupuesto de egresos 2020 y menos de un punto porcentual del PIB. Un programa de emergencia por seis meses, por la mitad de los montos mencionados, debería poder encajar en las finanzas públicas de este año, y el resto del programa puede incluirse en el presupuesto para 2021. La modalidad de financiamiento y la duración del mismo debe formar parte de las discusiones, pero la urgencia de un programa de esta naturaleza debería ser evidente en sí misma. Conviene recordar, además, que un gasto de esta naturaleza, en la medida en que se convierte en demanda agregada contribuiría a paliar la caída libre en la que parece estar inmersa la economía mexicana.

Desde luego los problemas de instrumentación de un programa como el que se propone son muy considerables, sobretodo porque suponen montos diferentes para distintos grupos de población y su aplicación seguramente no estará exenta de errores. Sin embargo, dichos problemas no son insuperables. Se puede pensar en la integración de un padrón universal de beneficiarios unificando los padrones de los distintos programas sociales existentes; se pueden y deben aprovechar los padrones de programas anteriores como Progresa y los que se usaban para operar el desaparecido Seguro Popular. O bien, se pueden ensayar caminos alternativos, desde esquemas de autoadscripción hasta programas de empleo temporal para realizar pequeñas obras indispensables en municipios y alcaldías. Lo único que es inadmisible es permanecer impasibles ante el grotesco espectáculo de una masa creciente de personas acercándose a una situación próxima al hambre.

Cuadro 2. Estimación del costo de eliminar la pobreza extrema por ingreso en México

Número de persona en pobreza extrema por ingresos

Costo de erradicar la pobreza extrema por ingreso, mensual (millones de pesos)

Costo de erradicar la pobreza extrema por ingreso, anual (millones de pesos)

Costo anual como proporción del Presupuesto de Egresos de la Federación

Costo anual como proporción del PIB

38 000 000

18 900

226 800

3.7 %

0.9 %

 

José I. Casar
Programa Universitario de Estudios del Desarrollo. Universidad Nacional Autónoma de México.


1 Este enfoque ha desarrollado cuatro grandes estrategias para hacerlo: estimación sintética, con efectos aleatorios, modelos bayesianos jerárquicos y modelación para distintos puntos de la distribución como la regresión por cuantiles. Si bien la última familia de estimadores es la más robusta, el estudio utilizó la modelación sintética por ser la más factible dados los tamaños de muestra (principalmente de la ENOE) y los datos disponibles. Si se quisiera hacer inferencia para áreas específicas del país se tendría que recurrir a alguna de las variantes más avanzadas. Véase Rao, J.K. y Molina, I. (2015) Small Area Estimation. John Wiley & Sons, Inc.

2 Para la discusión técnica de los métodos utilizados y de los supuestos del análisis, véase Hufmann, C. y H. Nájera (2020): Estimación del costo de eliminar la pobreza extrema por ingreso en México, en tiempos de COVID (Documento técnico) y Estimación del costo de eliminar la pobreza extrema por ingreso en México, en tiempos de COVID (Síntesis). Disponibles aquí. Los datos y la gráfica presentados en este ensayo provienen de dichos trabajos.

3 El ingreso corriente total por persona se actualiza con el índice Nacional de Precios al Consumidor (INPC). En los documentos técnicos citados se presenta un cálculo alternativo en el cual el ingreso total se ajusta con el índice de precios de la canasta alimentaria. En dicho escenario, el aumento en el número de personas en situación de pobreza, entre febrero y mayo de 2020, es de 10 millones y no de 16 millones como se consigna en el cuadro. Este incremento es similar al reportado por Coneval recientemente. Sin embargo, aquí se presenta el cálculo actualizando el ingreso con el INPC pues, como se señala en el texto, las personas no pueden dedicar todo su ingreso al consumo de alimentos, por lo que su poder de compra se aproxima mejor actualizando el ingreso con el INPC que aplicando el índice de precios de la canasta alimentaria.

 

2 comentarios en “Mexicanos al borde del hambre

  1. José, excelente información y muy buena propuesta, el 0.9% del PIB????Sería la mejor inversión que el Estado podría hacer para el siguiente año, ha sido extrema la caída en la economía 2021 y hoy es cuando más se necesita la ayuda del gobierno, una verdadera pena que siga sin entender que es de suma importancia destinar presupuesto para esos 38 millones de Mexicanos.