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Desde hace semanas, e intentando mitigar el ataque que ha hecho a la industria de renovables, el presidente ha hablado de hidroeléctricas como fuente de energía limpia y renovable con la que ya cuenta la Comisión Federal de Electricidad.

Hay que decirlo, México arrancó adelantado en la carrera de la transición energética gracias a que el inicio de la industria eléctrica mexicana se dio en hidroeléctricas y así proliferó: la generadora de Batopilas en Chihuahua fue la primera en el país, con 22 kW instalados en 1889 y la Ciudad de México se electrificó gracias al complejo hidroeléctrico de Necaxa, que entró en operación en 1905.

Ilustración: Kathia Recio

Para tener una idea, en estos momentos 22 kw equivalen a unos 44 paneles solares de 500 kwp. Así ha avanzado la tecnología.

Ahora: la única acción que el actual gobierno ha anunciado y que podría aportar al cumplimiento de los acuerdos de París es la repotenciación de las hidroeléctricas de la CFE, aunque aportará de forma marginal. Pero hay que ampliar la perspectiva.
Según el Programa de Desarrollo del Sector Eléctrico Nacional (Prodesen) versión 2018-2032 (el último confiable que se ha publicado), a finales de 2017 había 12 642 megawatts de capacidad instalada hidroeléctrica en el país, lo que significa el 17 por ciento de la capacidad de generación total. Esa capacidad aportó en 2017 el 10 por ciento (31 848 GWh) de la energía total generada en ese año.

Según CFE, esta administración invertiría unos 9 200 millones de pesos para incrementar en 300 MW la capacidad de generación. Esto equivale a 1/8 de la capacidad que aportaban las Subastas de Energía Eléctrica de Largo Plazo ¡cada año!

Con estas acciones, el país llegaría a 12 944.3 MW de la capacidad de generación por medio de hidroeléctricas. Un aumento insignificante para el sector eléctrico. Para cumplir el compromiso de México en Paris en 2024, necesitaríamos unas 40 veces lo que proponen.

Entonces, ¿por qué le apuestan a esto? Porque es lo que tiene CFE ya instalado y porque lo entiende y le gusta al presidente.

¿Por qué le gusta esto al presidente? Seguramente por dos razones: primero es que es la forma de generación de energía que se da en su tierra y segundo que esta forma de energía es despachable, o sea que se puede “controlar” lo que aporta seguridad a la red.
¿A qué me refiero? A que de forma similar a algunas plantas de combustibles se puede echar a andar cuando se necesita y además tiene arranque rápido, sin usar combustibles.

A diferencia de la solar y eólica, que no son despachables y sólo se pueden aprovechar cuando hay sol y viento, la hidroeléctrica si lo es, pues almacena energía potencial en los vasos de las presas y se “deja caer” hacia las turbinas cuando se necesita. Además ofrece servicios a la red (regulación de frecuencia y voltaje, aportación de potencia) que sólo algunas plantas de combustión interna ofrecen y que los eólicos o solares no pueden. Pero además las de combustión interna lo hacen por máximo 30 años y se deben cambiar, mientras que las hidroeléctricas pueden hacerlo por más de 50 con buen mantenimiento.

Pero las hidroeléctricas cumplen con funciones que no son solo la de generar energía, sino que tienen que ver con regulación hídrica, funcionan como estanques para acuacultura, se usan para control de cauces y protección civil, entre otros.

Puede haber también meses enteros en que podrían no estar disponibles, por lo que Cenace debe usarlas con precauciones y no generar con agua que podría hacerle falta tanto a la agricultura como a la generación eléctrica en los meses de sequía.

De hecho, en el orden legal de prelación para el uso de agua, la generación eléctrica es el séptimo, a menos que el encargado de establecer ese orden (consejo de cuenca correspondiente) lo modifique.1

Además, se debe considerar que el cambio climático está generando alteraciones en las lluvias, grandes sequías y precipitaciones que podría modificar la disponibilidad de agua en el futuro y por lo tanto de la disponibilidad de la hidroeléctricas. Podría haber años de mucha disponibilidad, como lo fue 2013 o años sin agua, como 2017.

Es necesario decir que la mayor cantidad de agua de este país se concentra en pocas cuencas en el sureste mexicano. Esas cuencas ya han sido aprovechadas prácticamente en su totalidad, por lo que sería muy difícil agregar una nueva presa en el corredor del Grijalva, donde ya operan Malpaso, La Angostura y Chicoasén.

Nuevas grandes hidroeléctricas en este momento son impensable debido a los grandes impactos ambientales que representa, pues al construir una nueva presa se inundan grandes extensiones de territorio, ahogando vegetación y fauna por igual, la cual al descomponerse emite gases de efecto invernadero y, por ejemplo, los impactos sociales detuvieron la construcción de Chicoasén II y CFE fue condenada a pagar una indemnización por ello.

Pero hay que decir que el World Energy Council considera a las hidroeléctricas como el recurso renovable más flexible y constante que hay, además de que pueden ser la forma de energía con menos emisiones de Gases de Efecto Invernadero, en el caso de las hidroeléctricas sin embalse. Complementar hidroeléctricas con sistemas de bombeo solar puede ser un mecanismo que mejore los servicios que presente al sistema eléctrico y la seguridad en la red. Complementar su operación con programas de manejo para la conservación del suelo en los sitios donde se encuentran, evitaría en el largo plazo el azolve que va mermando su capacidad de almacenamiento y disponibilidad

¿Son necesarias las hidroeléctricas? Sí. ¿Son suficientes para cumplir las obligaciones nuestro país? No. Por eso, además de repotenciar, es necesario retomar los mecanismos que se plantearon en la reforma de 2013, si es que nos interesa el futuro.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.


1 Ley de Aguas Nacionales, artículo décimo quinto transitorio de la reforma aprobada el 22 de diciembre de 2003.