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Robo y hago mío, con admiración, tristeza y encono, el artículo Patología de la pobreza de Alejandro Celis y José Nava publicado en 1970 en la Revista del Hospital General de la entonces Secretaría de Salubridad y Asistencia. Ambos médicos trabajaban en el Servicio de Neumología. Admiro el texto: con herramientas mínimas efectuaron un estudio quasiepidemiológico. Me produce tristeza releerlo en 2020; la salud en nuestro país, para los pobres y muy pobres ha cambiado poco: los números alegres del gobierno cuentan otra historia; la historia verdadera la escriben las muertes por hambre, por desnutrición, por diarrea y neumonías en pequeños por falta de insumos en los hospitales para pobres. Encono: hay una relación brutalmente diferente entre la población pobre y miserable en México y el número de políticos encarcelados.1

Ilustración: Sergio Bordón

Motivados por la realidad del Hospital General, cruda y dolorosa, por la miseria de los enfermos, así como por la falta de recursos, los propósitos del estudio fueron:

a) Analizar la frecuencia, características, y evolución de las enfermedades de las clases sociales con un nivel socio-económico y cultural bajo o mínimo.

b) Conocer la realidad para la planeación y organización de las instituciones hospitalarias.

Tras la lectura, destaco tres conclusiones:

1. En la patología de la pobreza, predominan padecimientos evitables y muertes inútiles. Celis y Nava sostienen: “En la etapa actual de la medicina, dicha patología es la expresión de la desigualdad económica y del fracaso de nuestros sistemas sociales”.

2. La principal causa de muerte en los pacientes en el Hospital General, aunque no se le mencione en los certificados de defunción, es la pobreza.

3. Los progresos de las tecnologías crean nuevas necesidades, pero si hay avance técnico sin avance social, automáticamente aumenta la pobreza o la miseria de las mayorías porque las minorías, constituidas por los países desarrollados y las clases altas, necesitan y consumen una mayor parte de la producción mundial.

Setenta años después, la situación en México, a pesar de las cifras jubilosas publicadas por nuestros gobiernos, no es halagüeña. Y no lo es no sólo por los datos que a continuación comparto. Si bien es cierto que en muchos aspectos la salud ha mejorado, también lo es la raquítica distribución entre las clases pobres del conocimiento en los rubros vivienda, casa, salud, tecnología. A los 55 o 60 millones de personas poco o nada beneficiadas por los números gubernamentales no les importan las estadísticas de los regímenes previos. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, México es el segundo país con mayor desigualdad económica; una de cada dos personas, (per)vive en situación de pobreza; de acuerdo a la OCDE los niveles de pobreza no han cambiado en los últimos 20 años; de los 55 millones de pobres, 10 % viven en pobreza extrema.

Más datos: cada día mueren en México por hambre 23 personas; 24 % viven en pobreza alimentaria y 12 % sufren desnutrición crónica; entre 2012 y 2016 murieron cerca de 40 000 personas por desnutrición; cada hora muere por hambre una persona, la mayoría son niños o ancianos; la esperanza de vida en México es cinco años menor que en el resto de los países de la OCDE; el gasto sanitario representa el 5.5 % del PIB, uno de los más bajos de la OCDE; la mortalidad evitable en México es de 367 personas por cada 100 000 habitantes: en el resto de los países de la OCDE es de 208…

Aunque no contrasto los datos de Celis y Nava con los aquí ofrecidos —no hay espacio para más—, la situación para la mitad de la población, los pobres y muy pobres, poco ha cambiado. Las observaciones de Celis y Nava siguen vigentes. Los destrozos sociales, humanos y salubres producidos por políticos y asociados son la razón, casi la única razón, por la cual el terrible binomio pobreza y enfermedad se reproduce y crece. Lamentablemente, el trinomio estudiado por Celis y Nava, conformado por padecimientos evitables, muertes a destiempo y tecnología mal distribuida, sigue vigente.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.


1 Desconozco el número de políticos tras las rejas, no sus fechorías. Propongo: ¿qué tal si por cada 50 000 pobres, un político pernoctara algunas décadas en una celda? Podrían ser alcaldes de villorrios y, mejor aún, expresidentes.

 

2 comentarios en “Patología de la pobreza

  1. Estimado Arnoldo, desconozco el número de pobres que les interesa superarse. Sé que es pequeño. Pero existen. Cuando hice mi “secundaria abierta” mis maestros, humildísimos en su vestido, eran regios en sus clases de filosofía, ciencias naturales, matemáticas, literatura… por mencionar algo. ¿Su alumnado? Descorazonador. Y cuando indagué qué sueldo tenían mis maestros, se me rompió el corazón. Aparte. En la clínica del IMSS a la que cada mes acudo por mis hormonas de reemplazo, entre la obesidad del personal, médicos o secretarios, la mugre de las instalaciones y la obesidad y mugre de los derechohabientes la conclusión es: tal para cual. No hay forma de revertir semejante ejército. Un saludo respetuoso y un abrazo amistoso.

  2. Beatriz:
    En países tan injustos como el nuestro y donde la insaciabilidad política en el rubro robar es infinita, quien nace pobre, muere más pobre. Cuando el día no va mas allá del día y la supervivencia es la única meta, progresar es imposible. De ahí la imposibilidad de salir adelante. Con respeto, no concuerdo con tus últimas observaciones.
    Saludos afectuosos,
    Arnoldo Kraus