Enfrentamos una emergencia inusitada. Para evitar costos sociales y económicos de gran magnitud, la política económica debe cambiar rápido, con medidas novedosas y contundentes. Tiempos inéditos requieren respuestas inéditas.

Al menos al inicio, superar la emergencia sanitaria requiere una recesión económica. ¿Cómo mitigar los costos sociales de la recesión? ¿Cómo evitar que se convierta en una crisis financiera y que los costos se prolonguen más allá de la emergencia sanitaria?

Conviene dividir la emergencia sanitaria en dos etapas. La primera, caracterizada por el aislamiento general de personas; la segunda, una vez controlada la pandemia, con el reinicio del contacto entre personas y de la actividad económica. Para poder llegar a la segunda etapa con el menor daño económico posible, la estrategia sanitaria debe evolucionar de aislamientos generalizados a localizados. Si la primera etapa se alarga por más de tres meses, será muy difícil evitar que la recesión se convierta en un derrumbe económico. Este ensayo está escrito bajo la premisa de que la primera etapa concluye hacia finales de junio, ojalá antes. En caso contrario, las medidas propuestas a continuación pueden ser en gran medida irrelevantes.

Ilustración: Víctor Solís

Se requiere un ajuste inmediato de la política económica

Ésta debe reestructurarse alrededor de tres objetivos:

• Objetivo 1: minimizar los costos humanos de la pandemia

• Objetivo 2: mitigar el impacto de la crisis sobre los trabajadores, especialmente los pobres

• Objetivo 3: preservar la estabilidad macroeconómica y la capacidad de retomar el crecimiento una vez que la recesión económica derivada de la pandemia haya concluido

Siempre es difícil reajustar los planes de gobierno rápidamente, más cuando implican un giro radical. Todo gobierno tiene objetivos legítimos en materia de programas de infraestructura, de desarrollo regional y otros. Aquí no se propone abandonarlos, sino posponerlos, al reconocer explícitamente que, a raíz del drástico cambio en el contexto mundial, ésa es la mejor manera —tal vez la única— para poder alcanzarlos más adelante.

Objetivo 1: primero la salud

El sistema público de salud debe de tener todos los recursos necesarios para atender la pandemia. La restricción aquí debe de ser la capacidad operativa de las secretarías federal y estatales de salud, y del IMSS, ISSSTE, Pemex e ISSSFAM; también debe de haber recursos para subrogar la atención con hospitales privados.

Objetivo 2: proteger los ingresos de los trabajadores

La contracción de la demanda interna será inusitada. La respuesta tradicional es una expansión contracíclica del gasto público. Pero en esta crisis aumentar la inversión pública o expandir programas sociales existentes no son las mejores opciones. Los proyectos de inversión son muy lentos para ser útiles en esta ocasión. Los microcréditos tampoco son adecuados. ¿Para qué endeudar a negocios que probablemente no sobrevivirán? Es mejor ayudar directamente a sus trabajadores-dueños. Las pensiones a adultos mayores deben mantenerse, pero no expandirse; ellos no perderán su trabajo. Lo mismo para las becas a estudiantes. Los trabajadores serán los directamente afectados y sobre ellos se deben centrar las acciones.

Trabajadores pobres. El padrón de beneficiarios del programa Becas Benito Juárez (BBJ, antes Prospera) permite identificar los hogares con miembros entre 25 y 65 años. Se propone una transferencia de ingreso a miembros en ese rango de edad, cercana a la mediana de la distribución salarial de los trabajadores informales. Esto los compensa en caso de quedar totalmente desempleados.

Trabajadores afiliados al IMSS. El objetivo debe ser cero despidos y cero cierres de empresas. Este propósito es difícil de lograr, pero mientras más nos acerquemos a él, menores serán los costos sociales de la crisis y mayor será la posibilidad de crecer una vez que ésta concluya. La experiencia de crisis pasadas indica que el costo de la destrucción de empleos formales es mayor que los salarios perdidos; se merma el sector más productivo de la economía. ¿Qué preferimos: subsidiar a un trabajador para que siga siendo formal y mantenga acceso al IMSS, o subsidiarlo cuando ya es informal? Debemos evitar los cierres de empresas a toda costa.

¿Cómo alcanzarlo? Los registros del IMSS permiten identificar las empresas afiliadas al 31 de marzo de 2020. A esas empresas, condicionado a que no despidan a nadie, se ofrecería:

1. Suspender por cuatro meses las aportaciones obrero-patronales a las afores y al Infonavit

2. Por igual periodo, sustituir con recursos públicos las aportaciones obrero-patronales a los otros seguros del IMSS

3. La posibilidad de, durante la segunda etapa de la crisis, subsidiar también los salarios

Esta medida tiene dos propiedades: el gobierno sólo subsidia empresas que no despiden; y mientras más cueste porque más empresas se acogen a ella, mejor.

Además, debemos alargar los horizontes de planeación y reducir la incertidumbre de las empresas y los bancos. Si las cosas empeoran, todos deben saber que habrá más ayuda. Por ello, hay que anunciar el posible subsidio de salarios desde el principio.

En paralelo, se deben facilitar negociaciones entre trabajadores y las empresas que no despidan. Reducir los salarios por dos o tres meses o posponer parte de su pago hasta el 2021. Mejor recibir el 80 % del salario y mantener el empleo y el acceso al IMSS, que quedar en desempleo; más adelante podrá cobrar otra vez el 100 %.

Sin embargo, lo anterior será insuficiente. En paralelo, se deben ampliar los programas de garantías de crédito de la banca de desarrollo, haciéndolos más generosos para las empresas que no despiden.

Trabajadores inscritos en el SAT. Se propone usar los registros de contribuyentes al impuesto sobre la renta de personas físicas, incluyendo el régimen de incorporación fiscal, bajo el cual tributan muchas microempresas, para hacer una transferencia de ingreso transitoria (excepto a los inscritos en el IMSS). La clave es que durante la primera etapa estos trabajadores dispongan de un ingreso seguro, independientemente de si pueden o no acudir a su trabajo.

Aun así, quedará un grupo de trabajadores informales que no están en hogares del programa BBJ y que tampoco son beneficiados por la medida anterior. Se pueden explotar otros registros como los de los sistemas de salud estatales o los registros municipales. La participación de los gobiernos estatales para superar la emergencia es indispensable, y sus esfuerzos deben concentrarse sobre este grupo de trabajadores. El gobierno federal no puede hacer todo.

Objetivo 3: preservar la estabilidad

Nuestras finanzas públicas son menos sólidas que en 2008-2009, lo que reduce nuestra capacidad de respuesta contracíclica; o exponiéndonos a una reacción negativa de los mercados financieros si la expansión del gasto da la impresión de que hemos perdido el control sobre las finanzas públicas. En el límite, puede darse una interrupción abrupta de los flujos de capital, que restrinja la capacidad de endeudamiento del gobierno, y afecte las colocaciones y refinanciaciones de las principales empresas privadas; de ahí a una crisis financiera hay pocos pasos.

La recesión y la caída en el precio del petróleo reducirá la recaudación tributaria. Por su parte, los objetivos 1 y 2 requerirán de un aumento transitorio pero sustancial del gasto público. Juntos implicarán un aumento en la deuda pública.

El gobierno debe posponer algunos proyectos de infraestructura, pero aun así tendrá que acudir a los mercados financieros por recursos. Sin embargo, el contexto para hacer esto es muy malo por: 1) la alta volatilidad asociada a las recesiones en Estados Unidos y Europa, 2) el hecho de que muchos países estarán emitiendo deuda en las próximas semanas en volúmenes inéditos, incluyendo Estados Unidos, lo que puede saturar los mercados, 3) el riesgo de contagio hacia México por mal desempeño de al menos algunos países en América Latina y 4) las reducciones ya observadas en las calificaciones de crédito para México y Pemex.

Se debe legislar una sobretasa impositiva como parte de la respuesta a la crisis, que entre en vigor en algún momento de 2021. Se denominaría Contribución Solidaria para la Emergencia Sanitaria, se depositaría en una cuenta especial de la Tesorería de la Federación y se destinaría a reducir la deuda contratada en 2020 para la emergencia. La credibilidad del aumento futuro de impuestos es fundamental: permite endeudarse sin arriesgar una crisis financiera y facilita que la respuesta de gasto en los próximos meses sea más contundente.

Estas medidas permiten socializar el costo de la estrategia sanitaria, incluyendo la recesión que conlleva, y distribuirlo en el tiempo. Eso será mucho más barato vis a vis que cada uno asuma individualmente sus costos; hoy y varios años por venir. Para eso es el Estado.

Interacción salud-economía

Durante la primera etapa, las transferencias de ingreso son fundamentales para la efectividad de la estrategia sanitaria. Aun si están dispuestos, los trabajadores sólo pueden quedarse en su casa si tienen una fuente alternativa de ingreso. Por su parte, la efectividad de la estrategia sanitaria es clave para el éxito de las medidas económicas: la recesión será menos profunda si todos creen que pronto se podrá eliminar el aislamiento generalizado y pasar a la segunda etapa.

Por ello, desde ya debemos empezar a instrumentar la transición de aislamientos generalizados a localizados. Hay que hacer más pruebas, y usar aplicaciones en teléfonos móviles, u otras, para identificar portadores y personas ya inmunes, como lo hacen algunos países. Si aumenta la credibilidad de que la primera etapa será corta, la recesión será menos profunda.

Lecciones de crisis pasadas

Hay muchas pero dos son críticas en este momento. La primera es actuar rápido y sin timidez; mejor pasarse un poco que quedarse corto.

La segunda es que es más fácil superar las crisis cuando todos sumamos esfuerzos. Llámesele acuerdo, pacto, entendimiento o lo que sea. En algunas crisis pasadas hemos encontrado formas para transitoriamente poner legítimas diferencias a un lado y atender lo urgente; en esos casos hemos salido adelante más rápido y con menores costos. Esta es una crisis externa; nadie en México tiene la culpa. Inevitablemente, en términos económicos 2020 será un año perdido. Además de rescatar vidas, queremos rescatar el 2021. Lo que hace pocas semanas era “políticamente imposible” es ahora indispensable para evitar un problema aún más grave dentro de pocas semanas. Éstos no son tiempos para la discordia; superemos juntos la emergencia.

 

Santiago Levy
Economista. Es investigador principal de Brookings Institution.

Una versión más desarrollada de este texto puede consultarse aquí: https://www.nexos.com.mx/?p=47405.

 

3 comentarios en “Frente a la emergencia

  1. Lo primero sería suspender las obras absurdas del presidente, 2 bocas, sta lucía y tren maya, para destinar los recursos a salud y economía

  2. Increíble dedicar miles de millones al desarrollo de la industria petrolera en estos tiempos…. que ignorancia!!!!!

  3. Muy buenas propuestas. Me gustaría añadir otras: creación e información generalizada de planes de crédito sencillos de plazos cortos, legislar una ley de pago en 30 días para dar mayor certidumbre en operaciones de crédito, difusión de lo que es factoraje a falta de ley 30 días, división de pedidos u obras grandes en partidas más pequeñas.

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