La noticia no es nueva, pero tiene importancia y hay que reconocerlo. Resulta que Cristóbal Colón no era Cristóbal Colón, ni marino ni genovés ni casado con Felipa Moniz ni partió con sus carabelas del puerto de Palos. En realidad, quien descubrió América fue un príncipe catalán, Joan Colom i Bertran, que se casó con la princesa Felipa de Coimbra, con quien tuvo dos hijos y que como es lógico inició su viaje en el puerto de Pals de l’Empordá, en Cataluña: todo lo otro son invenciones, fraguadas durante siglos para ocultar la verdad, para opacar la gloria de la nación catalana. Y por cierto que pasa lo mismo con Marco Polo, que es dudoso que haya existido, y desde luego no fue el autor del libro que se le atribuye, que muy seguramente fue obra del comerciante catalán Jaume d’Alarich, que encabezó la única embajada que llegó a la corte de Kublai Khan —cosa que se ha ocultado por las mismas razones.

Todo lo anterior ha sido descubierto en los últimos diez o quince años por los miembros del Institut Nova Historia: premiado, subsidiado por el gobierno catalán, apoyado por la televisión pública catalana, reconocido en los medios nacionalistas como vanguardia cultural de Cataluña. Y no es para menos.

Ilustración: Estelí Meza

El problema es que el señor Joan Colom i Bertran murió cinco o seis años antes del primer viaje de Colón. Y que Felipa de Portugal, hija del duque de Coimbra, murió soltera y sin descendencia. Sobre los viajes de Marco Polo se ha discutido mucho, pero lo que está claro es que Marco Polo existió, y comenzó a escribir su libro en la prisión de Génova, en colaboración con otro preso, Rustichello de Pisa, y murió a los 69 años, notable, reconocido, con fama de conocedor de la cartografía de Oriente. Por otra parte, hay documentados muchos otros viajes a la corte de Kublai Khan, pero precisamente Jaume d’Alarich no fue más allá de Persia. Eso dicen los documentos.

Los militantes de la Nova Historia esperan a la vuelta de la esquina, con una explicación contundente (de hecho, esa explicación es la razón de ser del Institut): en el siglo XV, Castilla creó la Inquisición para censurar todas las publicaciones, para destruir, alterar y falsificar todos los documentos de los siglos anteriores en España, Portugal, Italia, Bélgica, Holanda, con el solo propósito de borrar toda memoria de la existencia del Imperio Universal Catalán, y ocultar y disminuir la participación de Cataluña en la historia de Occidente. Los historiadores convencionales de los últimos cinco siglos no han podido verlo, porque están obsesionados por los documentos, y no caen en la cuenta de que todos ellos han sido fabricados para ocultar la verdad.

Si se toma en cuenta eso, y se procura entender la historia con intuición patriótica, todo se aclara de golpe. Cataluña es una nación, consciente de serlo, desde el siglo IV antes de Cristo, o sea, desde hace unos 2400 años. La raíz del idioma es la antigua lengua de los iberos, que debía ser una forma primitiva del euskera, y que mediante una mezcla superficial con el latín dio lugar al catalán, del que derivan todas las lenguas romances: el español, el italiano, el francés, el portugués, el rumano. Así comienza la historia.

En cuanto se corre el velo de la ignorancia se puede apreciar la magnitud del engaño. La Reconquista de la península ibérica fue obviamente obra de los catalanes, que preservaron la herencia del reino visigodo: de hecho, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador, era en realidad del pueblo valenciano de Biar. Eso en lo que toca a las armas, pero en las letras sucede algo parecido: Lorenzo Valla, secretario de Alfonso el Magnánimo en la corte de Nápoles, que pasa por ser un humanista italiano, era en realidad Lorenzo Desvalls, como Américo Vespucio era obviamente el catalán Aimeric Despuig. Y Leonardo da Vinci. O sea, que el Renacimiento fue obra de Cataluña.

Pero también el Siglo de Oro que se dice español. El mayor engaño, el del Quijote, que originalmente fue escrito en catalán. Los censores de Castilla, al ver que sería la mayor obra literaria de todos los tiempos, decidieron traducirla al español, destruir todo rastro del texto catalán y atribuir el libro a un inexistente Miguel de Cervantes, cuyo nombre oculta el del verdadero autor, el catalán Miquel Sirvent, que huyendo de la Inquisición fue a Inglaterra, donde publicó el resto de su obra con el nombre de William Shakespeare.

Ahora sabemos que eran también catalanes Hernán Cortés, Pizarro, fray Bartolomé de las Casas, Garcilaso de la Vega, Magallanes, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa, Sor Juana Inés de la Cruz, Erasmo de Róterdam y Hernando Colón (que eran una misma persona), Ariosto, Lope de Vega, Leonardo della Rovere y Leonardo da Vinci (que también eran una misma persona), Castiglione, el Bosco, el Greco, Maquiavelo (https://www.inh.cat/).

Como cualquier historia patria, da para reírse a carcajadas, pero también da pábulo al resentimiento y a un inagotable deseo de venganza.

 

Fernando Escalante Gonzalbo
Profesor en El Colegio de México. Sus libros más recientes: Si persisten las molestias y Así empezó todo. Orígenes del neoliberalismo.

 

2 comentarios en “Descubridores

  1. Excelente parodia “cuasi-borgesiana” que con flemática ironía, desnuda el absurdo del nativismo ultra de los actuales nacionalistas catalanes que desafortunadamente, así merman la verdad de su cultura y la belleza de su lengua.

  2. Crítica muy lícita a una institución como Nova Historia. Opinión extensible al propio sentido de “hacer ciencia” porque esa labor se ha demostrado falible. No me interesa, en lo personal, si Colón era mi paisano, o no, realmente me resulta indiferente, como creo que le ocurrirá al 99% de los catalanes. Pero querer encerrar a todo el nacionalismo catalán -como si no tuviera una construcción histórica- dentro de una institución es ridículo, si no resultara hiriente tildar a los catalanes de ignorantes por creerse unas sandeces que, seguramente, solo publican los medios de comunicación de Madrid. Imagino que son los que lee el señor Escalante.
    Se puede criticar el nacionalismo y todos sus excesos, por supuesto. Aunque tal vez no estaría mal empezar por la propia casa, donde no se cantan mal las rancheras.
    Si se tiene animadversión contra los catalanes, por el motivo que sea, pues tal vez tendrá que conocer mejor la historia “correcta”, “verdadera” que es la que defiende el señor Escalante, para saber que no todo es blanco o negro, pero que las prohibiciones del idioma y las represiones culturales hacia lo catalán no son un invento. Lástima, señor Escalante, que los miembros de mi familia que se lo podían contar desde las vivencias ya fallecieron; mis experiencias las tuve hasta la adolescencia. Aunque por la virulencia de su escrito creo que no le hubiera interesado acercarse a ellos porque hablaban catalán. En definitiva, podían desprender un cierto tufo de inhumanidad, aquel estadio humano que solo pueden alcanzar los que cuentan con un mejor “idioma” y una mejor “raza”. Por lo escrito, usted representa muy bien a esos humanos.