A quien nos lee,
si quieres apoyar nuestro trabajo te invitamos a suscribirte a la edición impresa.

SUSCRÍBETE

El presidente Andrés Manuel López Obrador afirma sin titubear que el suyo es un gobierno de izquierda. Sin embargo, muchas de sus palabras y de sus acciones contradicen las que son emblemáticas de lo que conocemos como la izquierda mexicana: una tradición diversa y compleja que abarca un número variable de corrientes políticas, con frecuencia adversarias, que sin embargo se identifican en temas clave como el Estado laico, el antiamericanismo, el gasto y la inversión públicos, el intervencionismo estatal, la exclusión del ejército y de la iglesia de la política y otros más. Ciertamente, la preocupación por la pobreza es y ha sido una de las grandes motivaciones de las izquierdas mexicanas, pero también lo ha sido de las derechas, aunque no con la misma intensidad y casi siempre con fórmulas asistenciales no muy distantes del clientelismo de lo que fue la izquierda del PRI.

Ilustración: Alma Rosa Pacheco

No sabemos si las propuestas presidenciales en estos temas conducen a la formación de una nueva izquierda porque al respecto nada se ha dicho. Se creería que los viejos izquierdistas que se han integrado al lopezobradorismo han olvidado lo que antes defendían, que cierran ojos y oídos a las múltiples violaciones al canon tradicional, cuando no tuercen y retuercen las palabras y obras de su líder para acomodarlo en el maltrecho canon. El lopezobradorismo no se ocupa de definiciones ideológicas y tampoco le preocupa seriamente su categorización en la taxonomía política actual. La centralidad del líder y su identificación con el ente abstracto llamado “pueblo” se conjugan para inspirar una férrea lealtad al presidente, y cada seguidor defiende las posturas presidenciales con sus propios argumentos, que no siempre coinciden. De la misma manera que son numerosas las discrepancias en el discurso presidencial mismo; por ejemplo, uno se pregunta cómo se siente la secretaria de la Contraloría cada vez que López Obrador defiende y alaba al director de la CFE.

Cuando una mira todo eso, y lo que no mira lo adivina, una se pregunta dónde quedó el legado de los hermanos Flores Magón, de Vicente Lombardo Toledano, de Lázaro Cárdenas, de Valentín Campa, Othón Salazar, Arnoldo Martínez Verdugo, José Revueltas, Carlos Pereyra, Jesús Silva Herzog, Rafael Galván, Lucio Cabañas, Gilberto Guevara Niebla, Raúl Alvarez Garín, Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas y tantos otros que lucharon por la causa de los pobres y la igualdad desde el anarquismo, el comunismo, el PRM, el PRI, el PMS, el PMT, el PSUM, la guerrilla, los sindicatos, el periodismo, el arte, la academia, el congreso. Me puedo imaginar que muchos de ellos han sido o serán olvidados por una historia que desde ahora gira sólo en torno a Andrés Manuel López Obrador, Francisco I. Madero y Benito Juárez. Es previsible que sus valores, sus ideas, sus propuestas y sus realizaciones queden sepultadas bajo el alud de palabras con que el presidente López Obrador presenta a la opinión pública como triunfos derrotas que todos los demás vemos. Sus victorias se parecen cada vez más a las calacas de Posada que se visten de gala para disfrazar la descomposición.

El presidente ha cometido anatema contra el canon de las izquierdas con su conservadurismo fiscal extremo, el conservadurismo social que ha manifestado con relación al papel de las mujeres en la sociedad, la embestida contra la burocracia federal que reduce las capacidades estatales, los privilegios que ha otorgado al ejército y su trato tolerante a las iglesias a las que convoca a que desempeñen funciones antes reservadas al Estado. Sobre todo ha violado la distancia que nos separaba de Estados Unidos y se ha abandonado en los brazos de Donald Trump, a quien halaga, reverencia y se somete, incapaz de resistir a su seductor.

El eclipse de las izquierdas mexicanas no es un fenómeno único. En todo el mundo los populismos, los costos de las reformas económicas y los escándalos políticos del liberalismo de fin de siglo han derrotado a los partidos tradicionales de izquierda, a la solución socialdemócrata que resolvió desde los años sesenta la confrontación entre socialismo y comunismo. Los populismos expulsaron a la socialdemocracia del centro político en el que había encontrado acomodo en una economía de mercado y en sociedades de clase, pero al acercarse peligrosamente a la derecha para enfrentar al populismo empezó a perder sus señas de identidad.

Así fue también porque, a diferencia de lo que ocurrió con la irrupción del liberalismo a finales del siglo XIX, los efectos destructivos de esta doctrina que se centra en el individuo y rompe los vínculos con comunidades tradicionales como la familia, la parroquia, la comunidad fueron paliados por los movimientos nacionalistas, por los sindicatos y los partidos de masas, que sustituían a las comunidades tradicionales, y acogían al individuo, lo protegían de los rigores del mundo industrial. Cien años después los sindicatos habían desaparecido y los partidos de masas habían pasado a la historia. Nada había para enfrentar los efectos destructivos del liberalismo. El vacío que así se creó ha sido ocupado por políticos atípicos como Donald Trump, Emmanuel Macron, Jair Bolsonaro, Andrés Manuel López Obrador.

El presidente mexicano reivindica sólo algunos aspectos de la historia oficial del PRI, que fue una pesada hipoteca sobre el desarrollo de las izquierdas mexicanas. La distancia entre ellas y López Obrador puede medirse en el homenaje que le rindió en la ceremonia de toma de posesión a Antonio Ortiz Mena, objeto de una apasionada hostilidad por parte de quienes defendían las tradiciones de la Revolución mexicana.

 

Soledad Loaeza
Profesora-investigadora emérita de El Colegio de México. Obtuvo el Premio Nacional de Ciencias y Artes 2010. Su más reciente libro es La restauración de la Iglesia católica en la transición mexicana.

 

3 comentarios en “La izquierda mexicana y lo que el viento se llevó

  1. El problema es cuando creen que Andrés López es de izquierda, no confundamos a la izquierda es diferente al populismo y autoritarismo

  2. Seremos capaces la mayoría de los mexicanos de encontrar la diferencia entre lo que dice Lopez O. y lo que hace?

  3. Es iluso pensar que en tan sólo un par de años o en un sexenio se puede transformar el sistema económico, político, social de un país. El gobierno de AMLO (con un personaje tomando todas las decisiones en cada secretaría sin prestar atención a lo que le sugieren) centraliza todas las ideas políticas y se creé custodio de la verdad absoluta. Con esta filosofía como su espada esgrime a la lógica y a la realidad que se vive en cada rincón del territorio nacional. Para él, el mexicano promedio está feliz, feliz, feliz; aunque el 2019, su primer año completo de gestión, haya sido el año de más crimen, de recesión económica, de impunidad en los asesinatos de cada vez más mujeres. ¡Cómo no vamos a estar muy contentos con estas situaciones, no tenemos trabajo por la pandemia del COVID-19. El señor López quiere poner al país un chaleco demasiado chico a una nación demasiado grande.