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Desde hace meses el sector privado espera el anuncio de un acuerdo público-privado para el desarrollo de proyectos en el sector energético, situación que se volvió más urgente ante el embate de la pandemia de Covid-19 en México. El anuncio, que de ser de sólo proyectos parece insuficiente, se ha pospuesto una y otra vez. Muchos consideramos que se requieren no proyectos, sino estructuras.

En las semanas siguientes, una empresa organizadora de concursos privados para la compra-venta de energía eléctrica presentará los resultados de su concurso: adjudicaciones de contratos entre compradores y vendedores de energía eléctrica. La organización de este concurso significa un avance en la construcción de un mercado eléctrico robusto desde los ciudadanos, pues fortalecería la máxima de: “tanto Estado como sea necesario, tanta ciudadanía como sea posible”.

Ilustración: Patricio Betteo

Ahora hablemos del concurso. Primero ¿subasta o concurso? La reforma energética dejó, como una de sus prácticas más conocidas, el establecimiento de subastas de energía eléctrica operadas por el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace), tanto de mediano plazo (contratos de hasta tres años) como de largo plazo (contratos de 15 a 20 años); además se opera el mercado spot.

Gracias a las subastas, se incrementó en 1 000 por ciento la capacidad instalada de generación solar en cuatro años, por ejemplo, y se lograron precios de energía eléctrica de hasta 17.77 dólares por megawatt/hora. La inversión comprometida de las subastas del Cenace tan sólo en tres años es igual a todo lo comprometido con autoabastecimiento verde de energía eléctrica, otra figura exitosa de impulso a la generación privada.

Las subastas tenían un objetivo importante: garantizar al pequeño usuario de energía eléctrica la disponibilidad de energía eléctrica de más bajo costo en el mercado; sin embargo tuvo un segundo efecto: anclar inversiones dentro y fuera de las propias subastas.

A pesar de lograr energía eléctrica a precio récord mundial, en enero de 2019 la Secretaría de Energía instruyó al Cenace a cancelarse manera definitiva las subastas de energía eléctrica de largo plazo, dejando a la industria con proyectos ya en la mesa (canceló una subasta a la que ya sólo le hacía falta el fallo, el resultado final) y desacelerando el desarrollo de energía eléctrica renovable y mercado eléctrico de tajo.

Una de las respuestas fue que los privados se organizaron para realizar sus propios concursos, pero que no son ni pueden ser iguales que los oficiales, por eso no se llaman subastas.

¿Por qué son distintos? La gran diferencia es que los comercializadores de energía para pequeños usuarios (suministradores de servicios básicos), están obligados a comprar su energía en las subastas que realiza el Cenace y por tanto en los concursos privados no pueden participar suministradores básicos (ver diferencia entre suministradores básicos y calificados aquí). Además, la participación en los concursos no es obligatoria para nadie.

Esas características hacen que sean mayores los retos de los concursos privados.

Primero, su éxito depende más de la demanda de energía que hay, que de la oferta. Lograr que un consumidor haga y pueda garantizar un contrato de largo plazo es importante para que quienes quieren vender energía la ofrezcan.

Ahora: este concurso surge en un momento especial, pues trae como antecedente un exceso de oferta en el mercado ¿a qué me refiero? Al cancelarse la cuarta subasta del Cenace, todos los proyectos que estaban por participar en la subasta estarían disponibles para el concurso.

El concurso además se encarga de garantizar al usuario final dos cosas básicamente: suministro de electricidad cuando lo requiere y al costo más competitivo posible.

Para hacer esto requiere que en los concursos participen una mezcla de tecnologías que garanticen que el usuario final reciba la energía a la hora que la requiera, pero sin estar sujeta a variaciones fuertes de los precios, el comprador puede escoger una mezcla de fuentes firmes (plantas de gas natural) con fuentes renovables, o simplemente fuentes renovables. Asimismo, en los Concursos Eléctricos, el comprador define el punto en el que quiere que le entreguen la energía, mientras que en las Subastas del Cenace el Suministrador de Servicios Básicos tomaba la energía donde la inyectara el generador. Por último, los Concursos tienen el objetivo de garantizarle a la industria nacional energía eléctrica a precios muy competitivos mientras que se fomenta el desarrollo de infraestructura crítica para el país sin requerir el endeudamiento del Estado o que el Estado distraiga recursos de salud o educación para generar energía o el uso del balance de CFE.

Es importante decir que TODOS los proyectos y los contratos están y deberán estar realizados conforme a la ley y deberán cumplir con todo lo que la ley manda. Al ser contratos financieros, los compromisos que se adquieran a través del Concurso Eléctrico NO exime a los participantes (usuarios y generadores) el concurso NO exime a los participantes de cumplir con los procesos de cada proyecto, incluyendo permisos de generación, acuerdos de interconexión, impactos ambientales, código de red, entre otros. Entonces, los proyectos deberán estar listos para iniciar operaciones de acuerdo a calendarios qué propone el organizador de los concursos.

En momentos en que el gobierno no tiene propuestas reales de reactivación económica, concursos como este pueden ser una opción para ver el futuro energético de México.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.