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Es domingo 29 de marzo de 2020. El mundo entero está conmocionado, angustiado, en shock, viviendo uno de los periodos más difíciles de los últimos siglos. La humanidad está en jaque. Esta vez no se trata de un dictador desquiciado que se quiere apoderar del mundo o de un conflicto bélico entre dos superpotencias que se disputan la supremacía del orbe. Tampoco se trata de un problema ideológico o de una competencia económica. Esta vez el responsable es un microscópico “villano”, un virus que mide alrededor de 100 nanómetros de diámetro (recordemos que un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro). Más pequeño que una bacteria y mucho más pequeño que cualquier célula de nuestro cuerpo. Y sin embargo, es rápido, ágil e irrespetuoso. Capaz de infectar a seres humanos de cualquier país, de cualquier género, de cualquier edad, de cualquier religión, de cualquier raza, de cualquier condición socioeconómica. Capaz de matar.

Al día de hoy, más de 600 000 personas en todo el mundo han sido infectadas y más de 30 000 han fallecido debido al virus SARS Cov2, responsable de la enfermedad conocida como Covid-19. El problema surgió en diciembre del año pasado, en China, país en el que se han registrado más de 81 000 sujetos infectados y han fallecido más de 3 000. Sin embargo, actualmente el problema se ha extendido por todo el mundo y cerca de 200 países han reportado casos positivos para este tipo de coronavirus. Algunos, como Italia, han sufrido de manera desgarradora, con más de 92 000 casos y alrededor de 10 000 defunciones. Otros, como Somalia, han logrado mantenerse con números menos alarmantes. En México se han registrado más de 800 personas infectadas y ya han muerto 16. Estos números, con toda certeza, se incrementarán de manera significativa.

Ante esta situación, el mundo ha frenado su actividad, muchos motores han dejado de funcionar. Por ahora, la vida ya no es igual. Hemos entrado en una cuarentena de la que no sabemos cuándo saldremos. El deporte profesional ha cerrado sus estadios, el mundo del espectáculo ha apagado los reflectores, centros comerciales y restaurantes han dejado de dar servicio, niños y niñas han dejado de asistir a la escuela, las universidades ya no tienen vida académica. En los parques públicos, las flores y los arbustos ya no son visitados, las obras de arte de los museos ya no son admiradas por los amantes de la cultura y el arte, ni por los estudiantes de secundaria que acuden regularmente a ellos para cumplir con la tarea escolar. Las calles están desiertas. La gente no sale de sus casas.

Sin embargo, hay sectores de la sociedad que no han dejado de trabajar. Sectores que, en estos tiempos tan difíciles y de tanto riesgo, no solo no han dejado de trabajar, sino que se encuentran más activos que nunca, cumpliendo con su trabajo a marchas forzadas. Uno de ellos es el sector médico y científico. Personal de enfermería, médicos especialistas en infectología, en neumología, en cuidados intensivos, en medicina transfusional, en virología; científicos expertos en epidemiología, en biología molecular, en genómica, en microbiología, en inmunología. Todos ellos trabajando 16 horas al día. Muchos de ellos atendiendo a las personas enfermas, parados sin descanso junto a los pacientes, inyectando, intubando, monitoreando, o, simplemente, consolando. Otros, tratando de entender el comportamiento de la enfermedad a nivel poblacional, sus cinéticas de crecimiento y expansión. Algunos tratando de caracterizarla a nivel molecular, secuenciando el genoma del virus, analizando su estructura por microscopía electrónica, caracterizando la manera en que este diminuto agente se une a los receptores moleculares que hay en las células del tracto respiratorio. Otros más, buscando, desarrollando, probando distintos medicamentos que puedan ser efectivos contra ese “méndigo” virus, como lo llamó mi amigo Eduardo Ortíz-Tirado. Y otros, tratando de desarrollar una vacuna que ayude a que la gente adquiera inmunidad y que ya no se infecte.

La ciencia no es compatible con la religión

Ilustración: Estelí Meza

Hoy, la sociedad se ha expresado, reconociendo el valor de los médicos y de los científicos. En estos días, es común recibir memes en los que se ve a médicos junto a personajes como Superman, Batman y el Hombre Araña, y a científicos formando parte de la “Liga de la Justicia”. La sociedad les ha dado a estos profesionales de la salud el estatus de “superhéroes”. Y no es para menos. Sin embargo, todos sabemos que, en el mundo real, la humanidad puede vivir sin los superhéroes de los cómics. El malvado Lex Luthor no existe y tampoco el Pingüino, el Guasón o el Duende Verde. Pero la humanidad no puede vivir sin los médicos ni los científicos. La diabetes, el cáncer, la hipertensión, el ébola, la influenza, el sarampión, la enfermedad de Parkinson, la insuficiencia renal, el Covid-19, son reales; matan gente de verdad.

Durante los últimos dos siglos, la ciencia nos llevó hacia el desarrollo de métodos quirúrgicos, de antibióticos, de vacunas, de equipos de rayos X, de tomógrafos, de agentes quimioterapéuticos, de equipos de radioterapia, de trasplantes de órganos y tejidos. Gracias a la investigación científica, enfermedades que hace siglos arrasaban con comunidades enteras, hoy pueden ser controladas; enfermedades que antes eran sinónimo de muerte, hoy pueden ser tratadas. Gracias a la ciencia, hoy en día la gente vive, en promedio, el doble de años de los que vivía a principios del siglo pasado.

Sin embargo, todo lo anterior no significa que la ciencia ya cumplió. La ciencia tiene que seguir cumpliendo, la actividad científica no ha terminado y nunca terminará. Hoy, la gente de todo el mundo está alarmada, y con razón, porque hay más de 600 000 personas, a nivel mundial, que están infectadas por el SARS Cov2 y porque han muerto más de 30 000 individuos. Sin embargo, ¿sabrá la gente que, a nivel mundial, cada año se diagnostican más de 15 millones de personas con algún tipo de cáncer y que mueren alrededor de nueve millones por esta terrible enfermedad? ¿Sabrá la gente que en México mueren más de 80 000 personas cada año por cáncer y que la diabetes y las enfermedades del corazón matan todavía a más gente?

La enfermedad es una realidad cotidiana y no un problema pasajero que acapara los noticieros durante una temporada y después se olvida. La enfermedad es un enemigo serio que, mientras exista nuestra especie, nunca va a desaparecer. Por lo tanto, debemos prepararnos para enfrentarlo. Y la mejor arma que tenemos es la ciencia. Sin lugar a dudas, la ciencia es la herramienta más poderosa con la que contamos para afrontar los desafíos como el que hoy vivimos.  Por esto es que la ciencia debe ser incentivada, debe ser apoyada, debe ser prioritaria. No debemos esperar a que ocurran catástrofes para voltear nuestra atención hacia los científicos y brindarles apoyo. La ciencia debe ser alimentada todo el tiempo.

Lo expuesto en los párrafos anteriores es algo que debe ser entendido por los gobernantes y líderes de todas las naciones del mundo. Ellos y ellas también deben entender que la ciencia cuesta, cuesta dinero, mucho dinero. Pero no es dinero desperdiciado o malgastado, como algunos piensan; es una inversión, probablemente la mejor inversión. Una inversión que rendirá frutos a corto, mediano, largo y muy largo plazo. Por lo tanto, es importante destinarle un presupuesto adecuado y no escatimar en él. Un presupuesto que permita el desarrollo de investigación básica para ampliar el horizonte de nuestro conocimiento, y de investigación traslacional que nos lleve a transformar esos descubrimientos en la generación de nuevos sistemas y de nuevas tecnologías. De nuevos métodos diagnósticos, de nuevos medicamentos, de nuevas vacunas, de nuevas terapias.

Hoy se trata del Covid-19 y por eso la atención se centra en los médicos y en los investigadores biomédicos. Pero mañana podría tratarse de un problema relacionado con cambios atmosféricos, o con el agua de los océanos, lagos y ríos, o con la producción ganadera o con la agricultura. ¿Acaso tenemos que esperar a que ocurra una catástrofe ecológica para apoyar a los científicos dedicados a los recursos naturales? ¿Tenemos que esperar a que desaparezcan cientos de especies biológicas para apoyar a los científicos conservacionistas? ¿Tenemos que esperar a que se agote el petróleo en el mundo para apoyar a los científicos dedicados al estudio de las energías renovables?

 

Héctor Mayani
Jefe de la Unidad de Investigación Médica en Enfermedades Oncológicas, Centro Médico Nacional Siglo XXI, Instituto Mexicano del Seguro Social. Miembro de la Academia Mexicana de Ciencias y del Sistema Nacional de Investigadores nivel III.

 

9 comentarios en “Covid-19 y la investigación científica

  1. Hola Héctor que buen artículo lo que más me gustó es que nada alarmista simplemente lo que es, la verdad, cruda pero real. FELICIDADES espero el seguimiento del artículo y en que para esta situación un abrazo fuerte cuidate mucho.

  2. Se le olvida al Dr. Mayani que la investigación hace años, nos ha demostrado que las medidas de prevención y control reducen de manera importante la presencia de las enfermedades. Incluida la transmidión de los virus, las enfermedades crónicas alimentadas por la comida chatarra. Si, es necesario invertir en investigación básica, pero es urgente intervenir ya invirtiendo en la prevención. Pues no habrá sistema de salud que atienda estas epidemias.

    • Dr. Juárez, gracias por su observación. No se me olvida la importancia que tiene la prevención en la lucha contra las enfermedades. Estoy de acuerdo con usted en este punto, simplemente, mi escrito no estaba enfocado en ese tema. Saludos.

  3. La ciencia básica no ha sido valorada ni apoyada en el país como debía tampoco aquella investigación aplicada a la solución de los problemas nacionales. La pandemia actual desnudó el aparato tecnológico del estado al no supeditar a tiempo la política gubernamental a los dictados del saber.

    • Estimado José, gracias por su comentario. Esperemos que las cosas cambien pronto, para bien.

      • Muy cierto lo que dice Dr Mayani, pero yo tengo una duda después de todo todos somos ignorantes…
        Mi duda es como la investigación Científica es la vía para resolver el problema del Covid 19?

  4. Estimado Doctor: Gracias por aprovechar su espacio para defender la importancia del quehacer científico técnico para enfrentar las crisis que padecemos. Nunca como ahora ha sido tan evidente el papel fundamental de la ciencia y la tecnología en la existencia de las sociedades humanas (Antropoceno!). Solo quisiera añadir que la ciencia y la tecnología son armas de doble filo: la globalización e interdependencia globales, fenómenos a los que la ciencia y tecnología contribuyeron, son aspectos a analizar, que contribuyeron a estas crisis, por lo que debemos reflexionar al respecto para prepararnos a enfrentar los retos cada vez más grandes e inevitables del aumento en la complejidad de los sistemas humanos. El segundo punto a enfatizar es la necesidad imperiosa, por parte de los científicos-tecnólogos, de hacernos responsables de nuestro quehacer, sin escudarnos en la supuesta ‘libertad de investigación’…correspondiendo al esfuerzo de la sociedad que paga (mal o bien) nuestros sueldos, oficinas, equipos y laboratorios, y dirigiendo entonces nuestro quehacer científico-tecnológico a cubrir las necesidades presentes y (con todo y su naturaleza impredecible y compleja) futuras de la sociedades a las que nos debemos y de las cuales somos parte. Mi deseo de éxito y salud para usted, los suyos, para todos los que, como usted, están en el frente de batalla del reto urgente más importante de nuestros tiempos. GRACIAS!

    • Estimado Dr. Martínez García, mil gracias por sus palabras. Mis mejores deseos para usted y los suyos.