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La reproducción asistida incluye diversos escenarios, unos adecuados, otros cuestionables, algunos plantean preguntas, otros se refieren al tema económico. Ahora que están de moda las series de televisión, “Reproducción asistida: lo bueno, lo malo y lo feo”, debería ser una de ellas, cuyo mensaje central invitaría a pensar en las maravillas de la tecnología —lo bueno—, el ascenso ilimitado de la misma cuyos derroteros, en ocasiones, soslayan al ser humano como humano, es decir, vender sin conocer y en ocasiones sin saber —lo malo— y —lo feo— obviar principios éticos.

Para muchos, la reproducción asistida es una bendición: logran procrear y convertirse en madre y padre. En casi todo el mundo la familia continúa siendo un espacio primordial, y aunque muchas parejas optan por no reproducirse, la inmensa mayoría de la uniones matrimoniales desea tener hijos. Cuando las vías naturales fallan, la reproducción asistida suele conseguir que la mujer embarace. En ese rubro la ciencia cumple. La familia, a pesar de sus defectos y problemas, es el sitio idóneo para la supervivencia de nuestra especie y, por añadidura, de las sociedades y las naciones.

Ilustración: Raquel Moreno

Conforme avanzan las técnicas de reproducción asistida, mayores los éxitos y mayores las preguntas. En cualquier tecnología, incluyendo la biotecnología médica, los beneficios corren en forma paralela a cuestiones éticas, muchas de ellas complejas. Sirvan algunos ejemplos como fuente de reflexión. Alquilar úteros —fea palabra alquilar—, procedimiento también conocido como madres de alquiler, o pomposamente, como maternidad subrogada, tiene dos caras, una (muy) buena, y otra fea. La buena: las parejas que no han logrado procrear, debido a problemas médicos irresolubles en alguno o en ambos miembros, lo consiguen gracias al “útero prestado”. Quienes contratan a la mujer suelen ser parejas adineradas; la mala: la que presta su útero —su vida— en general es pobre y lo hace para remediar su situación y la de sus seres cercanos. El poder de los contratantes domina: la gestante renuncia a sus derechos sobre el bebé. No es sencillo discernir, desde la ética, si la acción, portar un “bebé ajeno”—supervivencia—, es correcta.

Hay quienes se decantan por los beneficios económicos de la madre alquilada: el dinero le servirá para mantenerse y con frecuencia para ayudar a lo suyos. Otros critican el acto: la ciencia se convierte en un instrumento al servicio del poder y del dinero. La historia de nuestra especie, con respecto a las bondades o no de la ciencia es la misma desde tiempos inmemoriales: sirve a los ricos, achica a los pobres. Huelga señalar, pero lo hago, soy obsesivo, que las vías de la reproducción asistida, i. e., fecundación in vitro e inseminación artificial, son procedimientos (muy) onerosos. Amén de las incontables diatribas incluidas en la reproducción asistida —India y Tabasco han sido cuna del “turismo reproductivo”—, la donación anónima de óvulo o esperma siembra preguntas.

La confidencialidad es uno de los seis pilares de la ética médica. No compartir la información de los enfermos con terceros es un principio básico. Violarla suele afectar al interesado. El médico, salvo en casos extremos, i. e. cuando el paciente repite que matará a una persona, no debe transgredirla. La donación de óvulos y semen, práctica necesaria para la reproducción asistida, es anónima. Desconozco con qué frecuencia los donantes reciben dinero, pero, supongo, debe suceder en la mayoría de las ocasiones. En Estados Unidos, por ejemplo, un óvulo de una chica cuyas características sean “óptimas”, rubia, alta, con ojos claros, guapa, joven, con árboles genéticos propios de la Ivy League, la cual incluye las universidades más cotizadas, cuesta más que los “óvulos del pueblo”.

Recientemente, en algunos países, los hijos nacidos mediante técnicas de reproducción asistida buscan modificar las legislaciones que protegen la confidencialidad a nivel mundial. Hasta ahora, el anonimato es obligatorio. ¿Tienen derecho los hijos producto de donaciones saber quién es su madre, quién su padre?

En julio de 2019, Ken Daniels, profesor neozelandés, experto en el tema, comentó: “…el camino hacia la abolición del anonimato es correcto e inevitable… las actitudes hacia la donación han cambiado por muchas razones, quizás la más importante es que ahora resulta una forma aceptable de construir una familia”.

Imposible soslayar la industria de la natalidad. El negocio de la reproducción asistida florece y crece. Desde el primer tratamiento in vitro en 1978 han nacido siete millones de bebés. Se calcula que en 2023 la industria de la reproducción asistida alcanzará los 27 500 millones de euros en el mundo. Algunas empresas dedicadas a ella ya cotizan en Bolsa.

Biotecnología y ética médica. Binomio inseparable. Conciliar el apetito de la primera con las dudas y preguntas de la segunda es el reto.

 

Arnoldo Kraus
Profesor en la Facultad de Medicina de la UNAM. Miembro del Colegio de Bioética A. C. Publica cada semana en El Universal y en nexos la columna Bioéticas.