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A diferencia de sus compatriotas Alexander Pushkin y Fiodor Dostoievski, la vida de León Tolstoi está desprovista de una opresión externa. Su libertad no fue limitada radicalmente por un gobierno injusto o por inflexibles códigos de conducta. Pushkin había sufrido años de exilio interno y murió joven en un duelo de honor que él sintió no podía evitar; a Dostoievski lo arrestaron por sospechas políticas y lo sentenciaron a trabajos forzados en un campo de Siberia. Tolstoi, desde una posición de relativa seguridad y fama inmensa, inspiraba a devotos seguidores en la condena de esas mismas leyes y códigos. El hecho de que no lo arrestaran por hablar y actuar abiertamente contra la Iglesia y el Estado le causaba un inmenso bochorno. Era algo que debilitaba sus enseñanzas. Ni siquiera el zar era tan tonto como para añadirle una corona de mártir a la gloria de Tolstoi.

Fuente: TLS, febrero 6, 2020.

León Tolstoi en 1897

 

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