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En 2009 México estuvo al frente de la lucha mundial contra la influenza H1N1 o gripe porcina por la simple razón de que los primeros casos de esta enfermedad surgieron en nuestro país. La respuesta de las autoridades sanitarias fue radical y tuvo un costo económico enorme, pero fue efectiva.  El sistema de vigilancia epidemiológica, que estaba preparado para afrontar esta epidemia, salió fortalecido de este evento. La experiencia acumulada en los escasos meses que duró la pandemia nos hizo pensar que nuestra respuesta ante futuras amenazas sería igual de oportuna y efectiva. Lo fue en el caso del brote de zika de 2015-16, pero lamentablemente no lo ha sido en el caso de la pandemia de Covid-19. La respuesta de la Cuarta Transformación fue inicialmente frívola y después ha sido tibia y lenta. La pandemia llega, además, en un momento en el que los hospitales públicos se encuentran en serios problemas de disponibilidad de insumos y recursos humanos producto de los recortes presupuestales y la impericia gerencial del equipo de salud de la actual administración. No parece haber espacios especiales y camas regulares y de cuidados intensivos suficientes en los nosocomios para ubicar a tantos enfermos contagiosos que requerirán de atención, y la secretaría de Salud ya informó que no se compraron con anticipación los insumos especializados (equipos protectores, monitores y ventiladores) necesarios para atender al número de pacientes con complicaciones que surgirían en caso de llegar a la “fase de dispersión epidémica” de esta enfermedad.

Ilustración: Oldemar González

Los coronavirus son una familia de virus que pueden producir distintos tipos de afecciones respiratorias, desde catarros comunes hasta neumonías y síndrome respiratorio agudo grave. El virus responsable (SARS-CoV-2) de la enfermedad infecciosa (Covid-19, acrónimo en inglés de coronavirus disease 2019) que adquirió proporciones pandémicas este año era, hasta su aparición en Wuhan, desconocido y muy probablemente nuevo. Esto significa que la abrumadora mayoría de la población no cuenta con inmunidad contra este microorganismo.

La Covid-19 se contagia fácilmente a través de la saliva y el moco de las personas infectadas y la transmisión se puede producir días antes de que aparezcan los primeros síntomas de enfermedad. Esto la vuelve mucho más difícil de contener que otras epidemias, como el SARS, producidas por microorganismos que transmiten sólo los enfermos. La Covid-19, de hecho, puede cursar sin síntomas o producir desde un catarro leve hasta cuadros respiratorios graves que requieren de hospitalización y cuidados intensivos. Los síntomas más comunes al inicio de la enfermedad son fiebre, tos seca, dolor muscular, fatiga y dificultad respiratoria. A diferencia del catarro común, el escurrimiento nasal y los estornudos son poco comunes, lo que sugiere daño concentrado en las vías respiratorias bajas. Las complicaciones, dentro de las que destacan la neumonía grave y el síndrome respiratorio agudo severo, suelen presentarse en adultos mayores y personas con enfermedades preexistentes (hipertensión, diabetes, enfermedades del corazón) o inmunodeprimidas. Hay una prueba diagnóstica muy precisa (real time-reverse transcription polymerase chain o RT-PCR), pero no se dispone ni de vacuna ni de tratamientos específicos. El manejo del paciente con Covid-19 incluye medidas de apoyo, y prevención y control de las complicaciones. Su tasa de letalidad parece ubicarse alrededor del 1 ∞ (aunque en adultos mayores alcanza el 10 ∞), mayor que la de la gripe estacional y la gripe asiática de 1957 (0.6 ∞), pero menor a la de la influenza de 1918 (2 ∞).

La epidemia surgió en Wuhan, China en diciembre de 2019, se propagó al poco tiempo a Irán y Corea del Sur, y en marzo convulsionó Italia y después al resto de Europa occidental, convirtiendo esta región en el epicentro de la contingencia. La rápida diseminación de esta infección sorprendió incluso a los expertos. El director del área de enfermedades infecciosas del Hospital Santiago Ramón y Cajal de Madrid señaló: “Pecamos de exceso de confianza. Nadie pensaba que esto podía adquirir la dimensiones que ha tomado”. Italia y España estaban paralizados. Las calles de las principales ciudades de estos dos países lucían desiertas, ocupadas tan solo por los comandos del ejército y la policía. Los únicos comercios abiertos eran las farmacias y los supermercados. Alemania estaba cerrando sus fronteras con Francia, Austria y Suiza, mientras que el Reino Unido tomaba medidas muy conservadoras y su gobierno parecía dispuesto a sacrificar a los más vulnerables con tal de evitar daños económicos mayores. Bill Gates llamó a enfrentar al coronavirus como al “patógeno del siglo” hasta que no se demuestre lo contrario. Las cifras hasta el 15 de marzo indicaban que se habían producido en todo el mundo 160 992 casos confirmados de Covid-19 (81 062 en China y 50 061 en Europa) y 6 432 muertes por esta causa (3 204 en China y 2 299 en Europa).

El director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el doctor Tedros Adhanom Ghebreysus, puso por esas fechas como ejemplo de respuesta a la epidemia a China, Japón y Corea, que actuaron de forma “agresiva”. Las medidas adoptadas por el gobierno totalitario chino (bloqueo de ciudades, restricciones al desplazamiento de las personas y uso de la fuerza para imponer las medidas de control) serían prácticamente imposibles de reproducir en países democráticos, pero no así las que implantó Corea: i) una amplia campaña temprana de información al público; ii) la puesta en operación de un extenso dispositivo de detección temprana con pruebas diagnósticas gratuitas a todas las personas con síntomas y sus contactos, con énfasis en las zonas con el mayor número de casos, y iii) el lanzamiento de una campaña de “distanciamiento social” cuando se habían confirmado apenas media centena de casos, que incluyó la recomendación a sus ciudadanos de quedarse en casa y evitar aglomeraciones. El primer caso de Covid-19 en Corea se diagnosticó el 20 de enero; mes y medio después, las medidas adoptadas empezaron a mostrar resultados positivos contundentes.

La OMS, en voz del doctor Ghebreysus, difundió por esos días una propuesta de plan para todos los países que incluye cuatro pasos:

1. Estar preparados. “Todos los ciudadanos deben conocer los síntomas de la Covid-19 (especialmente, fiebre, tos y dificultad para respirar) y cómo protegerse a ellos mismos y a otras personas”.

2. Detectar, proteger y tratar. “No puedes luchar contra un virus si no sabes dónde está. Encuéntralo, aíslalo, haz pruebas y trata cada caso para romper las cadenas de transmisión”.

3. Reducir la transmisión mediante el distanciamiento social. “Incluso si no se pueden parar los contagios, es posible reducir su ritmo de aparición y salvar vidas”.

4. Innovar y aprender. “Es un nuevo virus y una situación nueva. Todos estamos aprendiendo y debemos encontrar nuevas formas para prevenir infecciones y minimizar su impacto. Todos los países tienen lecciones que compartir”.

El primer caso de Covid-19 en México se diagnosticó en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias a finales de febrero. Se trató de un individuo que había viajado recientemente a Italia junto con otros tres mexicanos. Dicho diagnóstico, anunciado en la conferencia matutina del Presidente López Obrador el día 28 de ese mes, motivó la búsqueda y el estudio de sus compañeros de viaje. Las pruebas de laboratorio confirmaron al poco tiempo la presencia de infección en todos ellos.

Pocos días antes, China había declarado que vivía la emergencia sanitaria más importante desde 1949, Corea se declaraba en alerta máxima, y el gobierno de Italia ponía en cuarentena a varias ciudades y cancelaba el Carnaval de Venecia. En más de 30 países ya se habían identificado casos. El 25 de febrero la OMS declaró que el coronavirus muy posiblemente se convertiría en pandemia.

A pesar de estas declaraciones y decisiones terminantes, y la presencia de casos de Covid-19 en el país, las autoridades optaron por frivolizar la presencia de la infección en México. El presidente López Obrador afirmó que no había motivo de alarma porque el coronavirus “ni siquiera es equivalente a la influenza”. El doctor Jorge Alcocer, secretario de Salud, aseveró que la llegada del virus a México “no es de gravedad” y que la enfermedad tenía un nivel de mortalidad bajo. “Seguirán los abrazos y el contacto con la gente”, concluyó el presidente en la mañanera del 29 de febrero. El mismo sábado 29 se informó de un caso positivo en Torreón y el domingo 1° de marzo de otro más en Chiapas.

 A principios de marzo, las autoridades mexicanas se declararon listas para enfrentar todas las demandas de atención de las dos primeras fases de la contingencia —la “fase de importación” y la “fase de dispersión comunitaria”— pero sólo 5 ∞ de la demanda en caso de que se alcanzara la “fase de epidémica”, en la que habría alrededor de 300 000 personas infectadas. Confiadas en que la pandemia no avanzaría gran cosa, consideraron innecesario organizar un amplio operativo de detección de casos, una agresiva campaña de información a la población y un llamado al “distanciamiento social”. A la frivolización le siguió la tibieza. A pesar de que había ya abundante información en el sentido de que era indispensable una respuesta mucho más agresiva, se seguía apostando por medidas de bajo impacto económico. El mensaje de la OMS a la comunidad global a esas alturas era terminante: “No se está haciendo lo suficiente contra el Covid-19”.

El 8 de marzo Italia declaró en cuarentena a 16 millones de habitantes y al día siguiente la extendió a todo el país. La OMS elogió las “valientes” medidas adoptadas por el gobierno italiano. Cuatro días después declaró que se había alcanzado el nivel de pandemia. Estados Unidos canceló todos sus vuelos con Europa. Las bolsas, las divisas y el crudo se desplomaron.

“En medio de esa convulsión”, señaló Héctor Aguilar Camín, “el gobierno de México …[fue]… el adalid de la serenidad: se aprestó fundamentalmente a no hacer nada”. El encabezado de primera plana del periódico El Heraldo de México resumió con sobriedad lo que se expresaba con un enojo desbordado en las redes sociales: “El mundo en emergencia; México en vilo”. No se suspendieron actividades públicas, ni giras presidenciales, ni partidos de futbol, ni conciertos.

La misma actitud adoptó el gobierno de la Ciudad de México, que decidió no cancelar los eventos masivos de alto impacto económico, en particular el Vive Latino, que reunió durante dos días consecutivos a más de 50 000 jóvenes. Las autoridades de salud federales y del gobierno local trataron de minimizar el riesgo afirmando que se habían establecido filtros sanitarios para detectar posibles casos, cuando se sabe que la Covid-19 la pueden transmitir los infectados asintomáticos. Las agencias de noticias internacionales y las redes de todos los países del mundo no tardaron en cuestionar e incluso ridiculizar esta decisión.

Igual de torpe fue el silencio sobre el éxodo de miles de habitantes de la Ciudad de México a las zonas turísticas el fin de semana del 13 al 16 de marzo. Las autoridades de salud tampoco tuvieron nada que decir. A su juicio se trató de un evento de alto impacto económico que no había porqué obstaculizar. Acapulco e Ixtapa/Zihuatanejo registraron una ocupación hotelera de más de 90 ∞. Ese fin de semana se detectó el primer caso de Covid-19 en Acapulco.

El sábado 14 de marzo había en México casi 50 casos confirmados de Covid-19 y se anticipaba ya el ingreso a la “fase de dispersión comunitaria”. El gobierno anunció el adelanto de las vacaciones de Semana Santa, del 23 de marzo al 17 de abril, y la suspensión de todos los eventos con más de cinco mil asistentes. Parecía el inicio de una nueva estrategia de combate a la pandemia, más agresiva y racional. Sin embargo, al día siguiente, el presidente apareció en Marquelia, Guerrero, en un evento masivo, saludando de mano y abrazando a gente del pueblo, y frivolizando de nuevo la contingencia: “Las pandemias no nos van hacer nada”, declaró.
Al día siguiente, el doctor Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud de la Secretaría de Salud y vocero oficial en esta coyuntura, salió en defensa del primer mandatario después de que una periodista cuestionara en la mañanera su comportamiento del día anterior. “La fuerza del presidente,” dijo con reprobación, “es moral, no es una fuerza de contagio”. Como epidemiólogo que es, el doctor López-Gatell sabe que el primero que debe mostrar un comportamiento ejemplar en una crisis de esta naturaleza es el presidente, quien debía haber suspendido sus giras y toda participación en eventos masivos hacía días, y eliminado, en público, todo contacto estrecho con los demás, como se le está pidiendo al ciudadano común.  Al no atender las recomendaciones de “distanciamiento social” se convirtió en un mal ejemplo y, por lo tanto, en una “fuerza de contagio”.

En opinión de muchos de los más agudos observadores de la vida pública y decenas de expertos en salud pública, la respuesta del gobierno federal a la pandemia de Covid-19 sigue siendo tibia y lenta, lastimosamente lenta.

La sociedad civil, al igual que en el sismo del 85, empieza a tomar las cosas en sus manos. Los ciudadanos se están quedando en casa. Muchas universidades y escuelas han suspendido actividades. Los empresarios están posponiendo convenciones y promoviendo el trabajo en el hogar. La iglesia canceló las misas. Algunos gobiernos estatales están también tomando un camino propio. Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Tamaulipas y Yucatán cancelaron clases y todo tipo de actos masivos a partir del martes 17 de marzo.

Cinco medidas resultan inaplazables:

1. La organización de un mensaje en cadena nacional del presidente de México para informar sobre la gravedad de la pandemia y las medidas que se habrán de tomar ahora que se está entrando en la “fase de dispersión comunitaria”;

2. La puesta en operación de un sólido dispositivo de identificación de infectados entre personas con síntomas sugestivos y de los contactos de los casos confirmados, que deberán someterse de inmediato a pruebas diagnósticas;

3. La implantación de una agresiva campaña de información continua sobre la Covid-19 y la forma de combatirla;

4. La suspensión de todos los eventos masivos, y

5. El llamado urgente a la población a recluirse, mantener en público una sana distancia y evitar aglomeraciones de todo tipo.

La convocatoria a una reunión urgente del Consejo de Salubridad General es también inaplazable. Se trata de un cuerpo colegiado creado específicamente para operar en circunstancias como las actuales. 

No hay tiempo que perder ni lugar para más tibiezas. Los ejemplos de Italia y España son contundentes. No hay manera ya de contener la transmisión del virus, pero sí de generar una respuesta que permita distribuir la aparición de casos en un periodo de tiempo lo más amplio posible para así evitar el colapso del sistema hospitalario. Si tomamos las medidas adecuadas podremos evitar algunos daños y salir de esta crisis relativamente bien librados.

 

Octavio Gómez Dantés
Investigador del Instituto Nacional de Salud Pública.

 

15 comentarios en “La frivolización de una pandemia

  1. Excelente análisis del Dr Julio Frenk Mora, gran visionario de la salud pública de Nuestro país y el mundo. Es importante para todos considerar su punto de vista y sugerencias para mitigar este comportamiento altamente contagioso del COVID-19

  2. No podemos esperar a que el gobierno tome medidas. Actuemos como ciudadanos responsables. Estamos en el mismo barco, lo que hagamos por nosotros mismos, lo estaremos haciendo por todos.

  3. De las 5 medidas inaplazables la 1a. Que recomienda la organización de un mensaje en cadena nacional del presidente de México para informar sobre la gravedad de la pandemia y las medidas que se habrán de tomar ahora que se está entrando en la “fase de dispersión comunitaria”, no la veo factible de parte del presidente, pu s Al día de hoy sigue delirando en sus Mañaneras que todo está bajo control y que él se protege con una estampita que trae la oración de “Detente”!

  4. Muchas gracias, este es un documento importante, digno de colocar en la bitácora de nuestra historia.

  5. La frivolidad y tibieza con la que actúa, no es casualidad, más bien es producto de la pésima preparación y descuido en su educación desde su etapa de estudiante y como muestra basta observar en su certificado universitario, las pésimas calificaciones, gran cantidad de materias reprobadas y más de catorce años que tardó en concluir una carrera de cuatro y medio años y que son del dominio público.
    En lo que si es extremadamente efectivo es en dos cosas:
    1.-Usar su precario dominio del lenguaje para mentir, engañar y seducir a sus adoradores con su falsa imagen de “benefactor” y ”religioso” para construir sólidamente su permanencia en el poder, nada menos ayer dio instrucciones a los diputados afines a su causa, para hacer presencia obligatoria en la cámara y aprovechar la ausencia por acato a las medidas sanitarias de la oposición para votar y autorizar una modificación a la Constitución que les permita reelegirse sin acato a la obligación de los requisitos que existían para ello en cargos públicos.
    2.-Dividir la población y adoptar la doctrina Castrista-Chavista-Madurista en forma simulada para hacer ver como propias y originales sus ideas para usar los fondos del erario Nacional para comprar voluntades y votos que lo sostengan con los supuestos porcentajes de aceptación y financiar su proyecto de desgraciar a México.
    Más pruebas de su objetivo, sólo no las ven quienes se ponen una venda voluntariamente en los ojos y no se enteran de las medidas erróneas, decisiones absurdas y por demás fallidas e incorrectas, tropiezos frecuentes en su mandato, resultados negativos en los indicadores productivos y económicos, descuido de la educación de la población, protección a la corrupción incluso de personajes de su propio gabinete, misma que prometió combatir, impunidad de los delitos cometidos, injusticia social, desabasto de medicamentos y desatención de la salud, destrucción de instituciones funcionales, como el seguro popular; creación de otras sin directrices como la guardia Nacional e Insabi, tozudez y capricho por sobre la razón, inteligencia y cordura, etc. etc.
    Pobre de nuestro País y pobres ilusos que por estar poco informados y siendo minoría decidieron por esta loca opción y aún muestran su enojo en forma por demás grosera y violenta cuando les pretendemos hacer ver lo equivocado de su acción!!

  6. Y que hacer si de cualquier forma no a todos nos permiten trabajar en casa y tenemos que pasar por todo esto del transporte publico, la verdad, creo que no se están tomando las medidas preventivas y solo a algunos les darán este derecho que deberia de corresponderle a todos, ya que de nada servirá si al final muchos trabajadores estarán expuestos en sus oficinas.

    • Exacto!! Eso es una ironía total. Voy a llevar el virus a casa. De nada servirá las medidas que tomen en mi familia si voy a llegar de la calle.

  7. El señor presidente, es un temerario del poder y le gusta jugar con fuego. Ojalá que no se queme y nos queme, de pasada, a todos nosotros.

  8. Excelente artículo.
    Creo que no debemos esperar nada del presidente, debemos movernos como mejor podamos para ayudarnos y cuidarnos. Todos los problemas posibles se nos están presentando por la poca responsabilidad del presidente que se ha dedicado a destruir todo el país con el pretexto de que fueron los malos
    Movamonos, cuidemonos, ayudemonos.

  9. Muy buena reseña. Cuidémonos nosotros, cuidemos a los nuestros y al prójimo. No podemos esperar algo positivo y efectivo del gobierno a estas alturas. Todos los que podamos, quedémonos en nuestra casa y/o guardemos una sana distancia.