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Los accidentes no existen.

Eran los mediados de abril de 2009. Se creía era un brote inesperado de influenza. Cinco personas habían fallecido en hospitales de la Ciudad de México por una extraña gripe, y 120 más estaban internadas. El 23 de abril el diario Reforma publicó que la Secretaría de Salud inició un cerco sanitario en los hospitales de la capital. Al mismo tiempo, la Secretaría de Salud del gobierno del antiguo Distrito Federal minimizó el tema:  “rechazó que el repunte de casos de influenza en la Ciudad de México sea una epidemia o ponga en riesgo a la población…”.

Avancemos 11 años, a la mañana del 27 de febrero de 2020, cuando Andrés Manuel López Obrador, ahora presidente, según el mismo diario Reforma, afirmó en su conferencia mañanera en Palacio Nacional: “Hay que informar para que no haya pánico, no suceda lo que pasó con la influenza, que se exageró, afectó, pero fue mal manejado, y nos afectó incluso económicamente”.

“Aquí, por la influenza tenemos, desgraciadamente, como 15 000 muertes al año, no estoy diciendo que lo del coronavirus no represente un riesgo y que además tenemos que prevenir, pero a nivel mundial se habla de 2 500 pérdidas de vidas humanas. Tenemos que atender el asunto, pero no exagerar y prevenir, estamos preparados para eso”. El mismo secretario de Salud,  Jorge Alcocer comentó: “no es de gravedad”.

Es importante recordar que en 2009 el jefe de Gobierno de la CDMX era Marcelo Ebrard, el actual secretario de Relaciones Exteriores, y el presidente era Felipe Calderón. Es conocido el hábito del presidente López Obrador de culpar a Calderón por todo tipo de cosas cuando la prensa le pregunta sobre los problemas presentes. El 23 de abril, casi a la medianoche, desde Los Pinos, el secretario de salud José Angel Córdova anunció en cadena nacional que se suspendían las clases de todos los niveles educativos en la capital y el Estado de México. Fue hasta ese momento que el funcionario afirmó esto no era influenza estacional, sino un nuevo tipo de virus.

En estos temas generalmente no es la ciencia el problema, sino la política. Los políticos, por su naturaleza, quieren buenas noticias, y minimizan lo malo. Es claro que López Obrador no comprende los riesgos de una epidemia. La influenza estacional es un virus ya conocido, tiene sus vacunas elaboradas de forma cotidiana. Un nuevo virus no es conocido por la ciencia, los epidemiólogos deben estudiarlo para saber cómo actuar y preparar una vacuna viable toma por lo menos un año. La ciencia ha avanzado mucho en décadas, la política no tanto. Un ejemplo poderoso es comparar nuestra velocidad de conocimiento del VIH con el nuevo coronavirus.

El VIH surge en Estados Unidos en abril de 1980, y fue aislado hasta mayo de 1983.

El nuevo coronavirus tiene sus primeros casos en diciembre de 2019 en Wuhan, China. Es aislado el 23 de enero de 2020, y su primer estudio estructural es el 20 de febrero. La ciencia médica ha avanzado mucho gracias al poder del computo para analizar datos y al poder del internet para compartirlos de forma global.

En su minimización del tema, el presidente sugiere que el nuevo virus es menos peligroso que la vieja y conocida influenza. Afortunadamente la OMS envió una misión de expertos a China a conocer lo hecho por el gobierno para contener la epidemia. El 25 de febrero, el líder de la misión, el Dr. Bruce Aylward presentó sus resultados en Ginebra, y parte de ello era su análisis de las cifras chinas. La esperanza de varios de sus colegas es que la letalidad del coronavirus quizá estaba exagerada porque muchos casos menos agresivos no eran contados por las autoridades chinas. Pero el líder de la misión de la OMS anunció no era así.

La navaja de Ockham

Ilustración: Kathia Recio

Su equipo revisó las números y no encontró evidencia de que una gran cifra de casos débiles no fueran detectados. Entonces, si no existen fallas en el registro, la agresividad vista en China es lo que se puede esperar suceda en otras regiones del mundo. El CFR —tasa actual de mortalidad— es el porcentaje de casos mortales, y varia dependiendo el tipo de virus, a quien infecta, y cómo se evita que se infecte a las personas. En la provincia de Hubei el CFR fue entre el 2 % y el 4 %, y del 0.7 % en otras partes de China. La menor tasa fuera de Hubei se debió, afirmó, a las draconianas medidas de distancia social ordenadas por las autoridades chinas, tipo de medidas que puede tomar un gobierno autoritario. Sería muy complicado que democracias las tomen, implicaría no solo un gran costo económico – que busca evitar López Obrador aparentemente – sino un enorme costo político. El CFR entre 2 % y 4 % se asemeja al de la pandemia de la gripe española de 1918. Seguramente habrá gente optimista que dirá que en 1918 terminaba una guerra mundial y no existía la cultura de sanidad que existía ahora. Es cierto, pero recordemos que médicos sobreprotegidos fueron infectados en Wuhan. Este virus es nuevo en la evolución de la vida y se adaptará a una humanidad que ahora viaja en aviones, algo que no existía en 1918. Sí, tenemos más sanidad hoy, pero una población con graves enfermedades crónicas, desde VIH-SIDA a diabetes, y una población que es mucho más vieja que la de 1918. Según un estudio del Centro Chino de Control de Enfermedades, y después de analizar más de 70 000 pacientes, el riesgo de morir crece con pacientes mayores de 70 años, ya que generalmente tienen problemas de salud. Cito del estudio:

“Mientras que los pacientes que no reportaban tener condiciones de comorbilidad tenían un CFR de 0.9 %, los pacientes con condiciones de comorbilidad tenían tasas más altas —10.5 % para aquellos con enfermedades cardiovasculares, 7.3 % para diabetes, 6.3 % para enfermedad respiratoria crónica, 6 % para hipertensión y 5.6 % para cáncer. El CFR para casos en la categoría de críticos era del 49 %….”.

México vive hoy una crisis de salud pública de diabetes. Millones padecen de esta enfermedad crónica, y millones tienen problemas cardiovasculares, de hipertensión y obesidad. China, fuera del área de Hubei, tuvo un CFR bajo, pero esto se debe a estrictas medidas de distancia social, que es poco probable se repliquen en el mundo. El 27 de febrero, CNBC reportó que el gobierno del estado de California estaba monitoreando más de 8 000 personas que podían ser portadores del coronavirus. Mientras tanto también ya hay casos confirmados en Texas y Arizona.

No sorprende que López Obrador minimice a la epidemia si sus altos funcionarios de salud también lo hacen, en especial el subsecretario Hugo López-Gatell. No se le puede escatimar que sea un buen comunicador en la televisión, pero su cercanía con el presidente en esta administración, lo está volviendo juez y parte. El 12 de marzo fue un día clave para entender lo anterior, ya que en la conferencia de prensa de la mañana, una periodista la preguntó qué cuántas pruebas de coronavirus se habían realizado, y él evadió la pregunta. Ella tuvo que insistir por el número preciso, y él respondió que eso era “totalmente intrascendente”. La OMS ha repetido en muchas ocasiones que realizar pruebas era importante para no navegar a ciegas y saber con certeza como responder mejor al crecimiento de la epidemia. En la misma conferencia de prensa cuando le preguntan acerca si es adecuado que el presidente siga saludando al público. Respondió que “característicamente es un presidente que el pueblo lo quiere, posiblemente como no había ocurrido en años recientes, y hay una propensión natural del pueblo a abrazarlo y besarlo… él mismo es un hombre muy generoso, muy cariñoso y también abraza”. Si López-Gatell quiere ser cortesano con el presidente es tema personal, pero si a la vez pone en entredicho sus propios mensajes de prevención de la salud pública en tiempos de una pandemia global ya es distinto. López Obrador no es cualquier ciudadano, representa al Estado, y que se ponga en riesgo – su edad y su problema crónico cardiovascular – nos pone en riesgo a todos. Además nuestros líderes, de forma consciente o no, nos sirven como ejemplo a todos, y si vemos que no cumplen lo que pregonan simplemente tenemos un problema de congruencia, y de comunicación.

Durante la segunda semana de marzo crecieron las críticas a los criterios de realizar pruebas del gobierno federal. Bloomberg y Expansión recuperaron observaciones de expertos alertando de vacíos. Muchos expertos consideran se han hecho muy pocas pruebas. López-Gatell respondió a sus críticos en la conferencia de prensa de la mañana del viernes trece de marzo. Divulgó que el gobierno contaba con un abasto de 9 100 pruebas. En la noche previa en la conferencia de prensa acerca de la epidemia se anunció se había realizado ya 313 pruebas: 298 negativas, y 15 positivos. Para entender esto mejor generalmente se compara el número de pruebas por cada millón de habitantes. El portal de noticias Vox hizo esa comparación el pasado 11 de marzo.

Si pensamos que la población de México es de alrededor de 125 millones de personas entonces estamos en graves problemas. Si dividimos 313 entre 125 millones nos da 0.0000025. Como pueden comparar con la gráfica de Vox, México es por lejos el peor país en pruebas realizadas por millón de habitantes.

México ha sido muy cercano con la administración Trump en muchos temas: política migratoria, el nuevo TLCAN, su débil política sobre cambio climático, su apoyo al carbón y al petróleo y no a las energías limpias, pero ahora un reporte en The Week hace pensar si este desdén a hacer pruebas de coronavirus no será algo también coordinado. Parece que el presidente Trump solicitó no se hicieran muchas para que no dañara a su imagen.

Existe otro tema muy preocupante. El 28 de febrero López Obrador minimizó la llegada del coronavirus, afirmando que no había que preocuparse. “Lo que tenemos es claramente suficiente…”, dijo.

Lo que han mostrado China, Italia, España es que el crecimiento exponencial de la epidemia ha tomado por sorpresa a los gobiernos. China ya había sufrido al SARS en 2009 y es la segunda economía del planeta, y tuvo que tomar medidas draconianas para contener a la epidemia, sacrificando su economía y dando al mundo dos meses de adelanto. Sin embargo ese aviso ha servido de poco. España e Italia, países ricos con algunos de los mejores sistemas de salud del planeta se confiaron, y ahora sufren sobremanera. México es el país de la OCDE con menos camas hospitalarias por cada 1,000 habitantes, a penas una. Italia tiene 3.2, y ya no puede con la velocidad de enfermos que llegan a pedir auxilio.

La mayoría de los pacientes tienen una problemática regular, pero el 20 % puede tener una más severa, especialmente si es mayor de 65 años o tiene enfermedades crónicas. México no es un país viejo como Italia, pero tiene una enorme población con obesidad y diabetes. Y la misma escasez de camas hospitalarias uno se pregunta si corresponde con la existencia de ventiladores, aire filtrado, mascarillas N95, guantes, batas o gogles.

Lo que aprendimos en 2009 ahora puede servirnos: aumentar las medidas sanitarias, aprender a toser o estornudar de forma no abierta; pero en estos meses recientes el gobierno del presidente López Obrador ha cometido graves errores. Mucho se ha hablado del brutal recorte al sector salud, pero poco sobre cómo el cierre del CISEN ha dejado al gobierno sin algo vital para cualquier democracia seria de su nombre: un servicio de inteligencia civil. El siglo XXI es y será uno con más riesgos que el pasado. Desde ciberterrorismo a cambio climático y epidemias, el gobierno no puede navegar ciego ante los riesgos que vienen. Ahora será el Centro Nacional de Inteligencia, pero a su cargo tiene a un general de división, es decir se enfocará en temas de seguridad militar (como el narcotráfico) y pocos como los ya mencionados. Se está confundiendo seguridad nacional con seguridad militar, la segunda forma parte de la primera, no al revés.

Hasta ahora esta epidemia ha sido muy paciente con México, pero la cortesía está por terminarse. Veremos si aprendimos las lecciones de 2009 y entendemos al riesgo como algo sistémico, y no como se pensaba en la lógica militar de la guerra fría. Este país ha tenido tiempo para prepararse, veremos si lo aprovechamos o si seguiremos echándole la culpa al pasado por los errores del presente.

 

Alfredo Narváez Lozano

 

3 comentarios en “La epidemia no va perdonar errores

  1. En seguimiento a la pandemia de COVID-19. Me llama la atención que en el discurso que analiza el comportamiento de este virus, no se haga referencia a lo ya previsto en el Programa Nacional de Salud 2007-2012 en su página 101, en donde se documenta la alerta epidemiológica sobre la mutación viral con el riesgo de una pandemia de una enfermedad infecciosa respiratoria (IRA) . En ese texto se escribe sobre la influenza, sin embargo las proyecciones se encaminaban a la mutación de los virus y la probabilidad de provocar una pandemia como la ahora ya declarada por la OMS.
    La inquietud es sobre lo que un libro de editorial “Ciruela” versa “Las ciencias del olvido” en el que se muestra como la ciencia médica por razones ajenas a esta disciplina, deja en el olvido ciertas teorías que tratan de explicar la Historia Natural de ciertas Enfermedades (HNE).
    Lo retomó porque en el PNS antes mencionado, se escribe sobre la preparación que permanentemente se debió estar realizando y estar en condiciones de una respuesta más eficiente y oportuna para contener y controlar los daños.
    Espero no seamos inoportunos en aplicar acciones más encaminadas a la salud que a la economía.
    A los expertos y estudiosos de la medicina y particularmente a los de la Salud Pública y Epidemiología, les invito a consultar la multicitada fuente.
    Nino N. R.

  2. Quiza es que cuando la naturaleza se revuelve, no hay protocolo que valga: hay que agacharse y resistir. Esto, ademas, nos inclina a comprender y perdonar los errores, dado que no es facil enfrentarse a algo nuevo, rapido, agresivo, que aparece subitamente y que no se sabe como va a evolucionar. La adopcion de medidas preventivas drasticas paraliza un pais y produce importantes perdidas economicas, como esta ocurriendo en China; no adoptarlas a tiempo puede facilitar una rapidisima difusion de la enfermedad y unas perdidas quizas mayores, como en el caso de Italia.