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La nota salió la semana pasada, cuando grupos ambientalistas, principalmente el Observatorio Ciudadano de la Calidad del Aire, salieron a denunciar que la termoeléctrica de Tula genera 10 veces más emisiones de dióxido de azufre a la atmósfera que los que hacen todas las unidades de transporte de la Ciudad de México ¡juntas! Pero además, esas emisiones terminan también en la Ciudad de México, pues para allá los lleva el viento.

¿Por qué sucede eso?

Ilustración: Víctor Solís

Explico la historia: al final del proceso de refinación, una vez que se sacaron aceites, diesel, gasolina y muchos otros productos, el último subproducto que se genera, el residual, es el combustóleo. Cómo el petróleo mexicano es alto en azufre, el combustóleo guarda el azufre hasta el final del proceso de refinación. Entonces deciden quemarlo para aprovecharlo y generar electricidad. Pero quemar combustóleo alto en azufre genera emisiones que causan lluvia acida.

Entonces el problema del combustóleo es triple: es caro, su uso es también caro (mantenerlo caliente, limpiar sus calderas) y además es contaminante. Para evitar eso, se crearon normas internacionales (y algunas nacionales) que buscan limitar el contenido de azufre de los combustibles. Con esas normas y sin infraestructura necesaria para eliminar el azufre (hidrodesulfurizadoras) el Mercado del combustóleo mexicano se cayó y el mismo se devaluó.

Al ser sucio, el precio del combustóleo podría caer hasta ser competitivo con el gas, lo que hace que lo usen por barato.

A eso hay que sumar que el gobierno federal complicó y terminó por cancelar una obra que le daría gas en Tula, el gas más barato del mundo y un combustible mucho más limpio y menos contaminante, me refiero a la obra  del gasoducto Tuxpan-Tula.

Ahora: en teoría, si están quemando combustóleo barato, debería haber bajo costo de energía y muy contaminante, pero las tarifas eléctricas no han bajado y la contaminación la recibe todos los días el Valle de México.

En resumen, los precios bajos de combustibles contaminantes NO están dando ninguna ventaja al consumidor.

Existe un riesgo real en México que, ante la presencia de combustibles baratos, pero de pésima calidad, el gobierno siga usándolos para generar barato, aunque en las tarifas no lo refleje.

Las normas ambientales, entonces, tienen que ser cada vez más restrictivas, hacer que los combustibles reflejen el costo ambiental de su uso.

Ahora: el uso de largo plazo del combustóleo, ademas de su precio, su costo de operación y lo contaminante tiene una complicación que limite la evolución de las redes eléctricas: es poco flexible.

Operar una termoeléctrica de combustóleo desde el arranque, requiere mucho tiempo. No puedes arrancar ni parar rápido esa planta, sino que requiere operar por lo menos 12 horas. Y para que financieramente sea viable operarla, el tiempo de operación es mayor, lo que incrementa su costo operativo. Sacarla de operación es también lento. Contar con gas en la zona, con tecnología de generación moderna, permitiría ir incrementando la aportación de energía con generadores renovables variables.

El problema es que este gobierno, incluso desde campaña, anunció el uso y fortalecimiento del uso de combustibles en pos de una mal entendida soberanía. Y mientras no cambien esa mentalidad, seguirán bañando en ácido a la Ciudad de Mexico.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

2 comentarios en “Tula y el baño de ácido

  1. Tiene toda la razón, ese baño de ácido en la ciudad y en el ambiente alguien la puede parar¿ será el gobierno si es que toman conciencia.