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Hay dos zonas del país con los costos más altos de energía eléctrica y ambos por razones parecidas: las penínsulas de Baja California, particularmente Baja California Sur, y la península de Yucatán. Su base energética, por distintas razones e historias, está fincada en combustibles fósiles caros y que no permiten tener mejor respaldo o la potencia total de sus plantas.

Ilustración: Estelí Meza

La península de Yucatán se interconectó al resto del sistema mientras que Baja California permanece aislado del resto del Sistema Eléctrico Nacional. Baja California Norte está conectado al sistema californiano mientras que Baja California Sur es totalmente una isla, eléctricamente hablando.

La península de Baja California Sur se lleva la peor parte: dispone de poca capacidad de generación, lo que provoca que se sobrepasen frecuentemente limites técnicos del sistema para cubrir la demanda, hasta llegar al límite de cortes de carga programados (apagones locales). Además, funciona con base en combustóleo, alto en azufre, con lo que tiene problemas de lluvia ácida. Y ambas cosas en conjunto provocan los precios más altos del país en electricidad. Por si fuera poco, la administración actual de Comisión Federal de Electricidad planea instalar al menos una central de ciclo combinado más en La Paz, con piloto de combustóleo y capacidad de trabajar el resto con gas o combustóleo. Esto puede tener dos efectos: o quemar más combustóleo sucio y seguir haciendo del La Paz “la ciudad de la muerte lenta” como le llama el colectivo Cerca La Paz, o comprar combustóleo bajo en azufre y caro de Estados Unidos. Como sea, eso mantendrá dos de los tres problemas, los costos más altos del país y el empeoramiento de la calidad del aire.

Mérida es un poco distinto. Al estar interconectado al resto del país, vía Chiapas, tiene una línea que le permite recibir energía del sistema interconectado.

Mientras que la falta de electricidad suficiente en Baja California Sur se convierte en apagones, en Yucatán más de la mitad del tiempo se está importando energía.

Si no estuviera interconectado, la península de Yucatán tendría apagones diario o simplemente no crecería económicamente como lo hace.

La solución que este gobierno quiere dar a la península de Yucatán es un poco distinta (hasta donde sabemos): La península de Yucatán tiene ya algunos generadores de ciclo combinado que a falta de gas han usado diesel para generar. Eso hace que no logren el total de capacidad de generación potencial instalada y por tanto se tenga que estar importando energía del resto del país, además también es muy caro.

El presidente de la República planteó un par de soluciones para la península el fin de semana pasado: primero, conectar los gasoductos ya existentes en la península de Yucatán al sistema interconectado nacional y luego construir dos plantas más. La primera idea es buena y no nueva, son sólo 16 km de gasoducto y algunas obras no menores en la zona. La segunda parte es francamente mala innecesaria.

¿Por qué es mala la idea de la nueva planta en Baja California Sur como las dos nuevas en Cancún y Mérida?

Primero, porque habría más capacidad de generación que disponibilidad de gas natural; la ampliación del gasoducto sólo cubriría la demanda actual de Gas Natural, pero si a la par se incrementa la demanda con dos nuevas grandes plantas se debería ampliar aún más la capacidad de transporte. Tal vez sería buena idea modernizar lo existente, pero nueva capacidad no necesariamente.

Pero además, porque en ambas zonas hay recursos para generar energía con sol y viento.

Baja California Sur y Yucatán (como región la última) tienen una serie de proyectos que remediarían sus problemas de abasto eléctrico, sin estar sujetados a precios internacionales de combustibles, con lo que además, en el caso de Yucatán, puede ser un exportador neto de energía.

Tan sólo los proyectos eólicos de Yucatán son 2 500 MW, de los cuales poco más de 2 000 avanzan de forma satisfactoria.

La demanda máxima el día de ayer fue de 1 700 MW, mientras que el año pasado llegó a los 2 100 MW en verano. Ambos datos corresponden a horas de generación eólica en la región (de 4 p. m. a 4 a. m.).

La península de Yucatán tiene instalados 48 MW de grandes parques solares y 44 MW en generación distribuida (techos solares), correspondiente a poco más de 7 000 contratos, esto de acuerdo al reporte de mediados del año pasado.

Baja California Sur tiene 56 MW solares instalados en grandes parques solares, 10MW de almacenamiento en el parque Aura III y 12.9 MW instalados en generación distribuida, correspondiente a 1 033 contratos aunque por el momento no pueden incrementar la capacidad. La demanda máxima de BCS ayer fue de menos de 300 MW, pero en verano también incrementa. En Baja California Sur hay un proyecto de 170 MW de capacidad de generación eólica.

La península de Yucatán tiene un millón 240 000 hogares sin techos solares. Supongamos que a ellos se les instala un kilowatt de paneles solares, lo que significaría 1.24 GW de capacidad de generación que entregaría en las horas de insolación.

Baja California Sur tiene 207 000 hogares mas para recibir paneles solares, para unos 200MW de capacidad de generación que entregarían energía también durante el día.

Sólo con paneles solares a pequeña escala se podría abastecer 2/3 partes de la semana eléctrica del día en Baja California Sur y también en Yucatán.

Con los proyectos eólicos actuales se generaría la mitad de la demanda en BCS durante la tarde-noche y en Yucatán más del total de su demanda.

Entonces, ¿por qué insistir en generar con combustibles y construir nuevas plantas de gas?

No parece tener lógica. Plantas nuevas o combustibles sucios y caros en esas condiciones están condenados al fracaso en un mercado de energía que priorice lo económico, ya no digamos lo ambiental.

Tal vez por eso quienes dirigen ahora la empresa y promueven estos proyectos quieren a la par mantener y fortalecer un monopolio. Sus ideas y proyectos fracasarían en un mercado abierto. Hacer que los mexicanos paguemos por esas ideas caras requiere poder. Poder que en el mercado no tiene cabida.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

2 comentarios en “Las penínsulas: entre la esperanza (el mercado) y la amenaza (el monopolio)

  1. El Estado mexicano teme a los procesos de descentralización, con la filosofía del dinosaurio que desea que sus productos, aunque sucios, le permitar seguir disfrutando de su monopolio. El dinosaurio tampoco confía en la efectividad de los mecanismos regulatorios por un bien común, sería una verdadera transformación aprender a manejar legítimamente a las reguladoras por el bien común, dando cabida al mercado.

  2. Interesantes datos, solo algunos comentarios, el proyecto eólico de BCS es de solo 50 MW, al menos el que va mas adelantado. Abastecer a la península de Yucatán con renovables parece mas factible, sin embargo, por el lado de BCS, el reto técnico de lograr una mayor integración de generación asíncrona (renovables y generación distribuida) es grande, debido al desplazamiento de inercia de las maquinas síncronas (generadores térmicos que almacena energía en su masa rotatoria) la confiabilidad y la estabilidad de frecuencia del sistema de BCS se ve gravemente comprometida, se han propuestos soluciones como almacenamiento de energía mediante baterías (BESS), pero incluso esta tecnología tiene sus limitaciones, desde el punto de vista de la estabilidad de frecuencia y confiabilidad del sistema una proporción de mas del 40% de generación asíncrona sería inviable, desde luego que no es imposible, pero hace falta mayor investigación y estrategias en la operación del sistema eléctrico de BCS para solventar estas limitaciones, tecnologías como la termo-solar, el bombeo de aire comprimido, volantes de inercia, motores síncronos o trasformadores rotativos podrían explorarse.