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Les platicaba en este espacio en la ocasión anterior la razón de existir de los autoabastos y la razón por la que CFE, no ahora sino desde hace tiempo, quiere desaparecerlos.

Creo que vale la pena hablar de la importancia de los autoabastos en el contexto eléctrico actual y real.

Según la información de permisos de electricidad de la Comisión Reguladora de Energía, los autoabastos legados ascienden a unos 4.5 GWp de capacidad instalada. Esto significa alrededor de 6 % de la capacidad instalada y reportada en el PRODESEN 2018 (el último confiable hasta ahora) o 5.6 % del total considerando unos 80 GWp de capacidad instalada.

Según cifras de la Asociación Mexicana de Desarrolladores Eólicos, los autoabastos legados significan unos 4.06 GW de capacidad instalada, que significan entre 5 y 5.4 % de la capacidad instalada total del país y representan un 2 % de la energía generada en el país y 9 200 millones de dólares.

¿A quien le dan energía? Sus contratos están con empresas grandes, consumidoras de más de un megawatt de energía cada uno.

Son empresas que tienen contratos de consumo de energía por unos 20 años, a precios establecidos, con variaciones sólo ligadas a la inflación.

Modificar el costo de transmisión para ellos, significa hacer inviable el pago del financiamiento con que se construyó, pues los ingresos del generador no se modificarían, pero si sus gastos.

Ilustración: Víctor Solís

Hay dos cosas importantes que decir. Todos estos usuarios optaron por la energía renovable básicamente por dos razones:

1. Entregaban energía a precios más competitivos que Comisión Federal de Electricidad.

2. Al ser renovable, el precio de la energía no depende de variaciones en el costo de combustibles, por lo que sus precios son estables a largo plazo.

Modificar estas condiciones significa generar una señal de incumplimiento de contratos largo plazo, en muchos casos ya con entregas de energía y en plena operación.

Esto ¿establecería un mercado “parejo”?

Sin duda generaría que sólo un tipo de contratos con igualdad de condiciones, al eliminar un esquema, pero haría inviables contratos ya establecidos.

¿Qué ganaría CFE? Podría ganar incrementos en el pago de transmisión en una empresa que ya es superavitaria y que además, es monopólica. Aunque el sistema manda sus ganancias y perdidas al mercado para que se socialicen, por lo que CFE no ganaría en realidad algún ingreso extra.

Además ¿Quién invertiría? ¿Quien garantiza que no, en unos meses, de un plumazo incrementen alguna otra tarifa que haga inviable cualquier proyecto de mercado? ¿Con qué certeza invertiría alguien así? Por eso, además de que es inconstitucional, la medida que busca CFE de incrementar las cuotas de transmisión genera incertidumbre al inversionista.

De hecho, los proyectos legados irán caducando gradualmente durante los siguientes 20 años, con lo que el incentivo total también se iría reduciendo.

El problema mayor es que CFE no busca modificar el modelo para ampliar redes de transmisión, ni para tener un mercado parejo, sino limitar el derecho de los ciudadanos a generar energía renovable, sin ofrecer opciones incluso para abastecerles de energía igualmente limpia y barata.

Cuidado aquí: CFE dice que la tarifa no le alcanza para invertir, pero tiene mecanismos para ampliar la capacidad de transmisión en zonas críticas, pero al inicio de esta administración el gobierno las canceló. Además, CFE primero tiene que invertir para que la CRE autorice la revisión de la tarifa, pues no se podría cobrar en tarifa algo que no existe aún.

Tal vez la CFE debería enfocarse en implementar Redes Inteligentes, donde puedan reducir las pérdidas no técnicas (robo de energía) y robustecer las redes de transmisión lo que bajaría el costo de la energía y daría acceso a más renovables, en lugar de modificar los contratos de porteo legado, en dejar de usar combustibles caros y contaminantes.

Generar costos altos para sacar del mercado a participantes, sólo por decreto, no es un mensaje solamente para elector eléctrico, sino todo el sector productivo: no inviertan, porque les cambiamos las reglas, incluso en contra de la lógica de evolución de los sistemas eléctricos en todo el mundo.

Ahora: los legados tienen también desventajas.

Por ejemplo: los legados no tienen acceso a Certificados de Energía Limpia, no pueden participar en subastas, no pueden vender libremente excedentes en caso de tenerlos, no pueden incrementar su capacidad de generación y una vez concluidos los periodos de permiso, no pueden renovar como autoabasto.

El dilema es claro: acabar con los autoabastos sería un golpe económico para el país, además del golpe a la transición energética, que en tiempos de recesión no parece ser una buena idea.

¿Entenderán eso en CFE?

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.