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Para 2009, habían pasado 12 años del protocolo de Kyoto para combatir el cambio climático y el costo de la tecnología, entre otros factores, hacía que el potencial de renovables de México, principalmente eólico, se mantuviera en crecimiento lento, casi anecdótico. Se hablaba por todo el mundo del Istmo de Tehuantepec, pero su capacidad era subutilizada aún.

Además del costo de inversión y precio de la electricidad producida, inconvenientes como la ubicación de las zonas de potencial y la falta de infraestructura eléctrica retrasaban el interés de CFE para adoptarlas y dominar un segmento con un potencial tan grande en México, como lo como hicieron en su momento con otras tecnologías.

Resultaba necesario incrementar la capacidad de generación con renovables y eso obligaba a una serie de acciones para facilitar el creciente apetito del sector privado y público. Éstas, como construir o permitir la construcción de líneas de transmisión que recibieran y llevaran esa energía a donde se consumía.

Se generaron ingeniosos instrumentos regulatorios para promover su aprovechamiento ante las claras limitaciones financieras y falta de apetito de CFE para apropiarse del desarrollo eólico y solar. Se replicó así el esquema de las temporadas abiertas, para generar las economías de escala en el desarrollo de redes de transmisión en zonas con potencial renovable, donde los privados que desarrollaban parques, construían y donaban redes de transmisión para su operación a CFE, por ejemplo.

Ilustración: Víctor Solís

Ante la necesidad de inversión y crecimiento de la demanda eléctrica, se permitió a los privados instalar capacidad de generación, sobre todo en las zonas concentradas de alto potencial, “transportar” esa energía mediante la red de transmisión y consumir la energía en otro sitio. El beneficio que daba el Estado por instalar capacidad de generación renovable (en ese momento de alto costo, insisto) era que el generador pagaba una nueva tarifa simplificada o porteo verde de transmisión. O sea, pagar una tarifa fija por nivel de voltaje (e indizada a la inflación) con base en los costos de operación de la red de transmisión en esas fechas para llevar la energía de donde se generaba a donde se consumía.

Los privados respondieron positivamente a las reglas del gobierno mexicano, donde era difícil crear certidumbre por lo montos de inversión y riesgos. Gracias a esas reglas, se lograron evitar inversiones que de otro modo hubiera tenido que ejecutar el Estado, en lugar de destinarlos a otros rubros como salud o educación.

Hay que notar varias cosas:

1. El transporte de energía era virtual. Aunque no podemos rastrear la energía para tener seguridad de a donde va, la energía irá al sitio que menos resistencia ofrezca. O sea, quedará lo más cerca de donde se inyectó. En realidad el autoabasto es un intercambio virtual de energía con la red.

2. Si, el usuario del modelo de autoabasto tiene un costo menor de transmisión, pero además de que es sólo virtual, obligó al generador a aportaciones de infraestructura en líneas. Digamos que compensaba el incentivo mediante pago de infraestructura.

Sin embargo, el modelo fue rebasado por la revolución tecnológica de las renovables.

Ahora la caída del costo de la tecnología fotovoltaica y eólica generalizó la posibilidad de generación renovable en casi todo el país. Se pueden generar a relativamente pocos kilómetros de donde se consume. Además, el costo tecnológico permite que aún sin el incentivo de transmisión, los proyectos sean viables.

Todo esto hizo que desapareciera el modelo de autoabasto con la Reforma Energética, además de que el impulso se diera por otros modelos regulatorios o de mercado, como los Certificados de Energía Limpia.

A partir de entonces, se realizan contratos de compraventa de energía entre privados y los generadores de CFE o CFE realiza subastas y la energía se entrega lo más cercano posible a donde se consume. Mientras más lejos estén las centrales de generación de sus centros de consumo, más se paga por congestión de la red y perdidas en el cambio de tensión, que termina incrementando costos de transmisión y es ahí donde el costo de la transacción hace viable o inviable un proyecto de acuerdo a quien comprará la energía en el nuevo mercado.

Aquí sucede algo curioso: Los generadores de autoabasto, al estar incentivados y poder entregar a bajos costos la energía, compiten en ventaja contra los nuevos proyectos que deben buscar la cercanía entre el sitio de generación y consumo.

Esto genera tres efectos:

1. Que alguien paga por el incentivo que los generadores en autoabasto reciben de transmisión.

2. Que la competencia en el mercado no es del todo pareja. Y así es, aunque es indebido comprar el Mercado Eléctrico Mayorista con los legados porque aunque coexisten, pertenecen a universos distintos.

3. Que los que compiten en “ventaja” pagaron costos altos al inicio.

Desde antes del inicio de este sexenio, CFE ha intentado desaparecer el modelo de autoabasto conocido como “legado” (por venir de la ley anterior).

Tal vez desde una perspectiva neta de construir un mercado sea bueno eliminar el autoabasto, pero ¿Qué caso tiene hace considerando que tiene una caducidad propia de 20 años en el peor de los casos?

Desaparecer o cambiar las condiciones a los generadores que adquirieron derechos con el autoabasto generaría un mensaje de no respeto a la ley, de aplicación retroactiva de la ley en perjuicio del ciudadano e incertidumbre (sí, aún más) a la inversión. Un mensaje de no respeto a la propia Carta Magna desde el Estado ¿Vale la pena hacerlo para contratos que tiene fecha de caducidad conocida?

Acabar de facto con este o cualquier otro mecanismo antes de que se venzan los derechos, los contratos firmados y en operación, nos permite dudar de que se respete el resto de cualquier regulación.

La realidad es que todo aquel que está en posibilidades de hacerlo, busca obtener su energía con alguien distinto de CFE ¿Por qué? Porque los privados son más baratos, eficientes y competitivos que el cuasi-monopolio de Estado.

¿Cuál es el impacto del autoabasto en el mercado eléctrico? Eso lo veremos en las siguientes semanas.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

Un comentario en “Autoabasto eléctrico, el dilema

  1. Creo que existe una imprecisión: “Mientras más lejos estén las centrales de generación de sus centros de consumo, más se paga por congestión de la red”. La congestión en sí no es en función de la distancia, si no de la capacidad de las líneas, así como de la oferta/demanda orquestrada (ej. Ley de Kirchoff en función). Quizás es el factor de pérdidas (por distancia) lo que impacta el precio local marginal y a lo que se quizo referir el autor, no?