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Con este alfabeto biográfico despedimos al académico, narrador y ensayista Sergio Fernández (1926-2020), quien encontró en la UNAM su segunda casa y en Cervantes y sor Juana el consuelo de los días.

Alcoforado, Mariana. Fue una monja apasionada, me interesó narrar su historia de amor en mi libro Olvídame (1995). Ella conoció a un oficial del ejército francés, se enamoró perdidamente, lo esperó toda su vida y nunca regresó. Cada quien lleva su cruz y la de esta mujer fue la ausencia del hombre que imaginó que volvería de un día para otro. Se conocen las cartas que ella le escribió y lo importante es que dan testimonio de un amor inusual. El amor juzgado de esa forma ya no existe, por eso la considero un arquetipo de mujer.

Biblioteca. Cada vez que me cambio de casa, lo que más me pesa es mover mi biblioteca. En los estantes de mi biblioteca está resumida mi vida: lo que escribí, lo que leí, lo que me interesó conocer y estudiar.

Cervantes. Lo que dice Cervantes precisamente es que las novelas de caballería son incongruentes y están mal hechas, amén de la fantasía extraordinaria que tienen; en ellas son impresionantes las cosas que se le pueden ocurrir al narrador. Esto le da pie a Cervantes para hacer su novela, que por otro lado tiene y no tiene que ver con las novelas de caballerías, pues la suya es de tal modo compleja que no siento siquiera que haya una novela actual (así sean James Joyce o Lezama Lima) que tenga la complejidad de una novela de Cervantes. Tal complejidad se anuncia desde el prólogo de la primera parte, en donde el escritor (que no debe confundirse con Cervantes) confiesa que él no tiene posibilidades de dar fin a la novela. En ese momento llega un amigo suyo quien le dice que lo nota muy compungido; el narrador le refiere su trance. Aquel le dice que no se preocupe, que pueden escribirla entre los dos. Hay así una bifurcación que provoca que en la novela se establezca una serie de voces poéticas, una sucesión de narradores en la cual uno va a desplazar al otro para irse quedando con determinados trechos, aunque algunos “autores” (como los llama él) pudieran aparecer constantemente en tanto que otros se sumergen.

Demonios. Si hubiera necesidad de creer en algo, no creería más que en los demonios.

Empeños. Mi casa se llama Los Empeños en honor de Sor Juana.

Facultad de Filosofía y Letras. Un gran grupo de amistades, llevo más de 50 años en la Universidad. Tuve siempre la vocación de dar clases.

Gatos. De todos los animales que pueden pasarme por la imaginación, los gatos son los más controvertibles, misteriosos y difíciles. Uno cree que ya los tiene en sus manos y es mentira, los gatos propician un engaño que participa de nosotros y viceversa: son una especie de seres análogos. El hombre es igual de misterioso y extravagante que los gatos.

Hermetismo. Me he visto en la necesidad de simplificar mi existencia e incluso mi escritura. Toda esa complejidad que tuve en mi adolescencia, sin duda, la aproveché. Como resultado de un proceso de conocimiento, maduración y vejez, los años me han distanciado del hermetismo.

Imaginación. La mentira en Juan Ruiz de Alarcón es un engaño tan mañoso que puede llevar diferentes disfraces y hasta alcanza un grado en que se disfraza de verdad. El escritor no tiene que decir sólo cosas verídicas porque no es un periodista, y tampoco las dice el periodista. Creo en los juegos de la imaginación: es una conjetura de la difícilmente escaparía cualquier escritor

Jardín. Yo hablo con las plantas de mi jardín en voz alta, como si estuviera loco. Mantengo un diálogo muy importante: sé que ese jardín existe por mí. Las plantas requieren de la presencia de un espíritu fuerte. Es curioso, literariamente no he explicado eso, pero tal vez pronto lo haga.

Las plantas. Me siento atraído por los gatos, pero mi verdadera debilidad son las plantas. En Valle de Bravo he cultivado un jardín que con el tiempo se ha convertido en un lugar prodigioso. Las plantas resultan ser más delicadas que los animales, exigen más cuidados y son más difíciles de interpretar.

Mentira. Fingir y ficción son casi lo mismo. Me interesa profundamente el lado de la mentira porque generalmente está señalada desde el punto de vista de la moral: mentir es ignominioso, es un pecado. Yo no soy un hombre de mentiras, pero pienso que la literatura puede obedecer lo mismo a una mentira que a una verdad, y que el impulsor de todo esto es Cervantes. Uno llega a dudar si realmente El Quijote está escrito y eso es impresionante.

Novela histórica. Es un tedio. Las considero muy aburridas. Es posible que con la proliferación de este tipo de literatura, haya textos buenos. Confieso que no he leído ninguna de las novelas históricas que están en boga. Todas esas son seudohistóricas y realmente me parecen detestables.

Otelo. Mis cuatro gatos son: Sancha, Cava, Otelo y Toto.

Peces. Mi novela Los peces (1968) es una historia de difícil acceso, no cualquiera la entiende. Es que quise hacer una historia metafórica en vez de conceptual.

Quijote. Teniendo en cuenta que el personaje común de una novela es un ser problemático por naturaleza, el hidalgo de Cervantes carece absolutamente de toda gracia que pudiera darle la posibilidad del ser literario. Ahí tiene mucho que ver el tema de la locura, que Cervantes rondó en otras narraciones como la del licenciado Vidriera. Se han visto muchas cercanías de Don Quijote con el libro de Erasmo, el Elogio de la locura; se ha visto además que si Cervantes lo que hizo fue dividir el mundo entre locos y cuerdos, pone la sabiduría en boca del loco.

Ronrroneo. En relación al ronroneo de los gatos, una vez le pregunté a un veterinario qué era exactamente, y me dijo que no sabía a ciencia cierta, pero que al parecer es un ruido proveniente de la quijada al contacto con el placer. En definitiva, los gatos son verdaderamente sorprendentes, no es vano algunos poetas y narradores se han ocupado de ellos.

Sabio. Tuve muchos maestros, gente que fue importante en mi formación académica, pero destaco a uno en especial, Edmundo O’ Gorman, un sabio, un gran historiador, actualmente olvidado.

Tirso de Molina. En mis clases de literatura del Siglo de Oro, nunca me cansé de recordar a los tres grandes dramaturgos de esa época: Lope de Vega, Calderón de la Barca y Tirso de Molina.

UNAM. Mi segunda casa. Para mí la Universidad es el centro espiritual de la vida de México. Todavía no termina mi relación con la Universidad, ese cordón umbilical todavía no se corta.

Venecia. La ciudad de los mercaderes, punto de referencia de innumerables artistas. “Todo el mundo ha estado en Venecia porque en ella la belleza es una religión”, como dice Marcel Proust. Descubrí que me siento muy bien cuando visito Venecia.

Y a partir del 68, me empecé a interesar mucho en la vida política de México.

Zambrano, María. Conocí a varias personas que se dedicaban a procurar el bienestar de los gatos, entre ellas María Zambrano y una amiga de Acapulco. Seguro recogieron decenas de gatos callejeros. Cuando estuve en Venecia me llamó la atención ver a un grupo de personas que alimentaban a gatos sin hogar.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista, editora y periodista cultural.