Julio Cortázar no veía el boxeo como una disciplina violenta, sino como dos destinos que se juegan el uno contra el otro. Estéticamente era algo que lo hipnotizaba, sobre todo los movimientos de Sugar Ray Robinson, de quien aprendió a catar a los boxeadores con talento. Para el cronopio mayor un buen agarrón arriba del ring, bajo las reglas que estableció el marqués de Queensberry, podía ser tan hermoso como la metáfora más noble. Sin embargo, nada de lo anterior estuvo presente en la pelea entre Andy Ruiz Jr. (mexico-estadunidense) y Anthony Joshua (británico) que tuvo lugar en la Diriyah Arena de Arabia Saudita, ante más de quince mil espectadores, el 7 de diciembre de 2019.

El combate en el que Ruiz Jr. le ganó por nocaut a Joshua, en el séptimo round, ocurrió en el mes de junio. Ese día nació un héroe. Al parecer el pugilista siguió celebrando su victoria contundente y no dedicó el tiempo necesario para su entrenamiento. La fiesta, el tour por distintos sitios de México y los Estados Unidos, distraerse comprando automóviles de lujo y hasta una mansión, terminaron por reducir su desempeño. Andy Ruiz parecía tener todo controlado, pues ya le había ganado a su oponente y estaba totalmente seguro de que su hazaña se iba a replicar como un eco en la cima de una montaña, como un repiqueteo de la campana cuando anuncia que se termina un round y, con la vista casi nublada por el sudor y el cansancio, se experimenta un alivio. Pensaba que, igual que la vez anterior, Saúl El Canelo Álvarez y Manny Pacquiao iban a felicitarlo y a externar su admiración por la rapidez de sus puños. Pero no ocurrió así.

Desde la ceremonia del pesaje se podían detectar indicios de que algo no estaba bien. Anthony Joshua arribó con unos audífonos que nunca se quitó y que cumplieron su función: alejarlo del barullo y de cualquier comentario que lo distrajera de su mundo interior, de su paz. Por su parte Andy Ruiz, el campeón de peso pesado, estaba inquieto y sonriente. Mientras el británico llegó con menos kilos que la vez anterior, Andy Ruiz venía con veinte kilos más. Aunque en la categoría de los pesos pesados no necesitan dar un peso similar, los contrincantes deben tener más de 91 kilogramos y está permitido que pesen aún más. No obstante, aquí el peso jugó un papel decisivo.

Los excesos de Andy Ruiz que se vieron reflejados en este aumento de peso, acabaron por darle ventaja a su oponente, quien solicitó que se colocara un cuadrilátero con las medidas más grandes que se permiten. El propósito de Joshua era cansar a su adversario, hacerlo moverse en un ring con mayor distancia para que el sobrepeso terminara siendo su peor enemigo. A más kilos menos agilidad, menor capacidad de movimiento y de reacción ante los golpes. En junio Joshua tenía 112 kilos y bajó a 107; en cambio Ruiz tuvo en la primera pelea 121 y vino a Arabia Saudita con 128.

Los seguidores de la saga Rocky recordarán que el boxeador tuvo que entrenar de manera ardua en un inverno siberiano inclemente. El 25 de diciembre de 1985, en el último round Balboa acaba con Ivan Drago y gana por nocaut, ante la mirada atónita de los miembros del Politburó. Visiblemente conmovido, el personaje interpretado por Stallone termina por dar un discurso sobre la situación política entre Estados Unidos y la Unión Soviética en plena Guerra Fría. Si Andy Ruiz se hubiera preparado esas cuatro semanas que dedicó a su entrenamiento, como lo hizo Rocky Balboa en ese crudo invierno siberiano, seguramente no estaría refiriéndome hoy a su efímero reinado; aunque de todas maneras cuatro semanas de preparación es poco tiempo para un reto tan arduo que, como leguas se nota, él minimizó. Creyó que como ya era un héroe, nada podría vencerlo, hasta que enfrentó su apatía.

Ilustración: Guillermo Préstegui

Otro mal augurio fue que desde el primer round un izquierdazo de Joshua le abrió la ceja a Ruiz. El rostro del californiano empezó a teñirse de sangre, aunque se trataba de un golpe no tan fuerte, entre jab y jab, la sangre y el sudor crean una mezcla que cuando cae en el ojo, arde y esa incomodidad provoca que el pugilista no tenga la misma visibilidad. No era el mismo Andy Ruiz de junio que se esforzó por dar lo mejor, sino un Andy sin iniciativa, lento, casi limitado a cuidarse del acecho del británico, quien todavía le tenía reservado varios golpes con la precisión de su derecha.

Días antes de la pelea, el comentarista deportivo, Eduardo Lamazon decía que a Anthony Joshua y a sus seguidores les costó trabajo entender cómo su rival (un gordo, de tez blanca y mexicano) pudo haberle arrebatado el título de campeón mundial en la categoría de peso pesado. Esa afirmación ya traía consigo cierta dosis discriminatoria, por lo que Lamazon recordó la insistencia de parte del apoderado de Joshua a que la revancha fuera pronto, en este mismo año. Ruiz no acudió en su mejor momento físico y esa revancha no debió de haber ocurrido tan pronto, atendiendo a la forma en que ejerció presión el equipo de Anthony Joshua.

El propósito de Joshua era recuperar su triunfo, ser el rey de la noche; en tanto que Andy Ruiz no mostraba cómo iba a defender su título, carecía de una ruta definida. Así el británico reconquistó, por decisión unánime, los cinturones de peso pesado de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y de la Federación Internacional de Boxeo (FIB).

La vida de los boxeadores es como una rueda de la fortuna, suben rodeados de fama y riqueza, bajan en medio de la añoranza.

El 4 de julio de 1910 en Reno, Nevada, se enfrentaron James J. Jeffries y Jack Johnson, en la categoría de pesos pesados, la misma de Ruiz y Joshua. Fue uno de los acontecimientos deportivos que contó con más relevancia mediática a nivel mundial, y la pelea se llamó “El combate del siglo”, según lo recuerda Jack London que se encontraba cubriendo el enfrentamiento para The New York Herald. El enfrentamiento entre el mexicano y el inglés del 7 de diciembre se tituló“The Clash on the Dunes”y también logró causar gran expectativa entre el público internacional.

Esta vez la suerte no estuvo del lado del mexico-estadunidense. Los héroes también caen abatidos y dejan de llamarse héroes. En aquella noche en Arabia Saudita tampoco hubo un ejercicio hipnótico ni metáforas, como le habría gustado ver a Cortázar arriba del ring.

 

Mary Carmen Sánchez Ambriz
Ensayista. En 2012 publicó en Cal y Arena, junto con Alejandro Toledo, la antología Historias del ring.

 

2 comentarios en “La noche triste de Andy Ruiz

  1. De ninguna manera Joshua subió en paz. Estaba atemorizado y muy cauto, aunque sí más concentrado y con una estrategia bien clara.
    Andy efectivamente subió con sobre peso, lo cual lo hizo lento, pero logró ir detrás de Joshua los 12 rounds, cosa que el “pocos pulmones” de canelo es incapaz de hacer.
    En fin, que la hazaña ya esta escrita. Esta segunda pelea es parte de alargar el show, encaminar el rumbo a más jugosas bolsas y generar expectativa.
    Andy irá contra quien gane de la pelea Joshua vs Wilder y demostrará, como lo ha hecho en todas sus peleas anteriores, lo buen boxeador que es.