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Mucho se ha hablado sobre el efecto de los CELs piratas en los grandes proyectos, pero, ¿qué hay en los proyectos pequeños y medianos, de empresas que no se dedican a la energía y a las que les instalan techos solares?

Desde 2007 a la fecha más de 120, 000 hogares y empresas optaron por instalar en su propiedad paneles solares en generación distribuida (que es aquella menor a 500 kW) contratando para ello a empresas para que les instalara su techo solar.

A partir de octubre de 2018, algunas empresas empezaron a instalar centrales fotovoltaicas en generación distribuida sólo para para vender al mercado eléctrico mayorista por medio de CFE Suministrador de Servicios Básicos o a alguna empresa minorista, conocidas como Suministradores de Servicios Calificados (SSC), quienes son las que pueden representar a las centrales de generación distribuida para la venta total de energía.

Después de un calvario, ya algunas de estas pequeñas y medianas centrales eléctrica han empezado a vender tanto energía como certificados de energía limpia (CELs), ¿cuál era el potencial?

Según datos de la Comisión Reguladora de Energía (CRE), a mediados de este año había unas 2, 233 instalaciones de paneles solares de más de 30 kW en operación que podrían generar al menos 43 CELs al año cada una. Si consideramos que en el mercado (no en el suministro básico, pues CFE Suministrador de Servicios Básicos, esa que nos vende energía a usted y a mi, está fuera del mercado) un CEL costaba tal vez unos 15 dólares, quien tenía esa instalación de 30 kw de paneles solares, podía recibir unos 645 dólares al año por CELs, unos 12, 255 mil pesos.

Si la instalación era de 499 kw (lo máximo que se puede instalar sin permiso de generación), el dueño del sistema podía recibir por lo menos 1, 094 dólares, unos 20, 777 pesos anuales sólo por concepto de CELs. Es decir, pequeños y medianos generadores comenzaban a contribuir con las metas de energías limpias de México y generando un ingreso adicional para obtener el retorno sobre la inversión.

Ahora todo esto se cae.

Ilustración: Oldemar González

Supongamos que la mitad de las 2, 233 instalaciones de más de 30 kW se dio después de octubre de 2014. O sea, unas 1, 116 empresas o personas que habían instalado paneles solares en esas dimensiones, ya no podrán recibir el beneficio de la venta de sus CELs.

La medida que algunos en el sector hemos señalado como CELs piratas hace que, por ejemplo, CFE que está obligado a que el 5.8 % de la energía suministrada en 2019 sea acreditada como limpia con CELs, ahora podrá “certificar” como energía limpia mucho más allá de su obligación anual. Esto significa probablemente más de tres veces lo que tiene como obligación, sin invertir un sólo centavo en capacidad nueva de generación y sin que sea nueva capacidad. Recordemos que esta obligación arrancó con un porcentaje bajo, 5 % en 2018, usando como línea base la generación limpia que ya estaba en operación previo a que se promulgará la Ley de la Industria Eléctrica. Hoy México produce casi 20 % de su energía con fuentes limpias.

Sin contar con datos certeros, las asociaciones de energía solar calculan que hay unas tres mil empresas instaladoras de paneles solares. Digamos que al menos unas tres mil familias viviendo de esto. Si bien no todas tienen la capacidad de instalar sistemas de ese tamaño, si hay varias decenas de empresas que lo hacen y el sector estaba en franco crecimiento desde que surgió, en 2007. Los proyectos pierden un atractivo importante que, además, no representaba incremento alguno en la tarifa de suministro básico, como erróneamente argumentó la gente de la Secretaría de Energía (SENER).

¿Se acaba la generación distribuida? En absoluto no. Pero esos proyectos, los medianos que permitían crecer a las empresas, decrecen sus atractivos y veremos un crecimiento todavía menor al que ya reportó frenado la CRE a mediados de este año.

Ojo: siguen siendo rentables, aunque baja un poco su atractivo.

¿Qué tan accesibles eran los proyectos con CELs?

Pues los primeros proyectos de venta total de energía eran de 20 y 30 kW, y ya estaban generando y reconociendo CELs. Eran proyectos en el techo de una granja. Empresas pequeñas o medianas, o cooperativas, por ejemplo, podían adquirir créditos, instalar sus paneles solares, bajar el costo de su energía y además tener ingresos adicionales por los CELs. Ahora eso carece de sentido.

Una más: había empresas que firmaban contratos bilaterales de compraventa de energía, considerando los CELs. Ahora los proyectos tendrán el mismo costo, pero un ingreso menor, al tener costo de cero el CEL.

Las asociaciones de energías renovables y de empresarios han hecho valoraciones de riesgos de inversiones por unos nueve mil millones de dólares por la modificación de realizó la Secretaría de Energía respecto de los certificados de energías limpias. El efecto también se traduce en pequeño, pues esas grandes empresas contratan a su vez a instaladores pequeños. Son miles de empleos que se encuentran en vilo. El problema es, de nuevo, que sólo se trata de una simulación y ahora simulación doble.

El presidente se comprometió a no modificar la ley en temas energéticos, pero con esa modificación, aunque SENER no cambia el marco legal, lo hace inoperante. Y una segunda simulación es que aparenta cumplir con la ley en materia de energías limpias sin hacerlo.

México quedará como el que, por su gusto, frenó la transición energética acelerada; desmotivó el mercado de renovables desde el Estado (mientras hay estados que buscan inversión por todos lados); y se engañan a si mismos, pues el mundo sabe que esto es sólo una simulación. Ah, y frenan la creación de empleos.

Nada que celebrar.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.