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Según el articulo “Current and Future Cost of Fotovoltaics” (“Costo actual y futuro de la fotovoltaica”), publicado en febrero de 2015 por Agora-Energiewende, en 1988 el costo de los equipos fotovoltaicos rondaba los 10 dólares por watt instalado de capacidad de generación. En 1989 subió un dólar, para regresar a 10 dólares en 1990 y de ahí bajó para nunca más estar en números de dos dígitos, hablando en dólares.

En 2013, cuando se aceptaba la reforma constitucional en materia energética, pero también cuando políticos y empresarios se manifestaban en contra de leyes que obligaran a incrementar la participación de las energías renovables en la matriz energética mexicana, el mercado, economías de escala, la competencia y desarrollo tecnológico, lograban que el costo del watt fotovoltaica en paneles rondara los 70 centavos de dólar. Actualmente está por debajo de los 30 centavos, esto hablando de proyectos de gran escala.

Ilustración: Víctor Solís

La energía eólica también se transformó. En 1988, los rotores de un generador eólico tenían alrededor de 20 metros de diámetro. Ahora tienen más de 100 metros y pasaron de tener una potencia de 0.3 MW a más de 10 MW un sólo generador. El costo pasó de alrededor de 2.5 MDD a 1.8 MDD por MW.

En otros asuntos el mundo también cambió: en 1988 una computadora era un mueble en la casa, se comercializaban muy pocas y tenían sistemas mas o menos complejos de operar. Ahora se construyen computadoras y redes con blockchain, que permiten resguardo de la información. Los resultados de una encuesta o elección los podemos saber en pocas horas.

En el mundo la cosa ha cambiado: de que los ciudadanos pudieran solo comprar electricidad a precio que el gobierno decidía, ahora pueden instalar sus paneles solares y hasta venderle energía a la red o satisfacer sus necesidades hasta de movilidad.

Quienes se oponen a la transición energética, suelen decir que es porque las renovables son caras. Con ideas propias de los 80, seguro que son caras, pero el mundo ya dio más de 30 vueltas al sol y la tecnología es muchísimo más barata. De hecho, México marcó hitos con dos récords de energía eléctrica barata, mediante los procesos de las subastas de energía eléctrica de largo plazo y fue con solar en 2016 y eólica en 2017. El segundo récord se mantuvo desde 2017 a 2019. Esos no son números teóricos ni en un país desarrollado, sino en proyectos firmados y a desarrollarse en México.

Otro de los mitos es que las renovables son caras por el respaldo que necesitan.

Si pensáramos en un sistema eléctrico propio de los años 80, con los recursos de ese entonces, con la penetración de las renovables y la tecnología de esos años, pues si, se requería combustibles caros y contaminantes para generar mientras la energía solar y eólica no estaban disponibles. Y durante el tiempo que estas generaban, también era necesario mantener la generación y seguir quemando combustibles. Claro que sería caro así.

Sin embargo, mientras más energía aportan a la red la energía solar y le eólica, mientras se van complementando con tecnologías como la hidroeléctrica mezclada con bombeo solar, se van volviendo respaldo una de la otra (hay eólica en México casi todo el día) y el respaldo cuando no hay ninguna de estas, puede ser por unos años el gas, que se irá desplazando mientras haya más penetración de renovables y se vaya abaratando también el almacenamiento. La tecnología de respuesta rápida con gas también es más barata.

El alto costo del respaldo a las renovables es propio de una visión premoderna de los sistemas eléctricos. El director de CFE dijo en su comparecencia que los sistemas eléctricos europeos están en crisis por la penetración de renovables y por la sobreoferta de energía. Lo que no dijo es que hay sistemas eléctricos que ofrecen ya incluso precios negativos (pagar por consumir energía) y que estos sistemas son mejores para el usuario final.

La reforma de 2013-2015 no es perfecta. Como todo proceso humano es perfectible y deberá irse corrigiendo con el tiempo para tener un marco legal más adecuado a las condiciones de cada tiempo, pero ofrece algo esencial: la competencia.

La competencia, a diferencia del monopolio, permite al usuario final obtener mas beneficios, a reserva de que el arbitro de la competencia (el regulador) favorezca indebidamente a alguien.

El problema es que más de la mitad de la población mexicana nació, fue criada y formada viendo a monopolios como algo natural, cuando no lo es.

Desmontar ese mito, al igual que el mito de las renovables caras, permitirá tener sistemas mas adecuados y mejores servicios a los clientes.

Pero cambiar esos dos mitos, sobre todo en la cabeza de alguien que ha vivido con y de ellos, puede ser una tarea más complicada que la propia transición energética.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.