El 30 de junio de este año José Emilio Pacheco hubiera cumplido 80 años. Ante la imposibilidad de rendirle homenaje en Bellas Artes, Vicente Quirarte y Juan Villoro coordinaron un encuentro de varias voces en el Colegio Nacional, recinto donde el poeta mexicano dio emotivas cátedras ante sus fieles y ávidos lectores. En este texto Joselo Rangel narra la historia de la composición de “Las batallas”, una de las canciones más celebradas del grupo Café Tacvba, basada en el libro esencial de Pacheco.

Cuando empezamos a componer música nadie nos advirtió que tendríamos que explicar todo lo que hacíamos si nos iba bien: ¿por qué se llaman Café Tacvba? ¿Por qué si son de Ciudad Satélite se visten como los Xochimilcas? ¿Por qué si son un grupo de rock tocan polkas norteñas? ¿Quién le dio permiso a su vocalista de usar un chiquihuite (la canasta para las tortillas) de sombrero? ¿Por qué tienen una canción sobre la novela Las batallas en el desierto?

Pensábamos que era suficiente con tocar, componer buenas canciones, subir al escenario y rogar al Dios Del Rock para que no nos abuchearan, o peor, para que no nos ignoraran olímpicamente. Pero no. Lo que sucedió desde aquella primera vez que tocamos en el Hijo del Cuervo, hace ya 30 años, reveló el interés por lo que hacíamos. Con la atención del público vino el de la prensa especializada, que, aunque era escasa, fue muy importante para nosotros.

Nos cuestionaban todo: ¿por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? Contestar con la verdad hubiera sido suficiente: no tengo idea, porque tenemos ganas. Pero contestar de esa manera está bien para un grupo de punk rock. “Porque me da la regalada gana”, diríamos. Sin embargo, corríamos el peligro de parecer tontos, no arrogantes ni pendencieros como un grupo londinense, sino ignorantes e incultos, sobre todo porque somos oriundos de una zona al norte del Distrito Federal en el que la incultura estaba a la orden del día: Ciudad Satélite.

Ilustración: Kathia Recio

En las entrevistas posteriores tuvimos que mostrar cierto aire de erudición, como si realmente supiéramos lo que estábamos haciendo. Imagino que los grupos sureños de Coyoacán como Caifanes, Santa Sabina o Botellita de Jerez no vivieron las penurias que nosotros, pues eran cultos de nacimiento, o provenían de familias donde el papá era catedrático de la UNAM y la mamá traductora; habían asistido al Colegio Madrid donde los obligaban a leer el canon de la literatura hispanoamericana y no sé cuántas cosas más que los hacían distintos a nosotros, que rascamos la cultura con nuestras propias uñas, fuimos autodidactas, y rescatábamos los libros de oferta a la entrada del Aurrerá Echegaray, libros en los que mi hermano y yo descubrimos, gracias a un tomo de Literatura Mexicana Contemporánea, a José Agustín, Gustavo Sainz y José Emilio Pacheco.

Aquella primera vez en el Hijo del Cuervo tocamos varias canciones que tiempo después se harían famosas: “María”, por ejemplo, es la leyenda de la Llorona combinada con un homenaje a María Félix. “Rarotonga” está basada en el cómic escrito por Yolanda Vargas Dulché, y la que me hace escribir este texto, “Las batallas”, es una composición basada en la novela Las batallas en el desierto, de José Emilio Pacheco. Es una suerte que la canción no la haya escrito yo, así puedo hablar con más libertad sobre ella, hablar con cierta distancia, sin falsa modestia. Puedo convertirme en un crítico de rock, papel que, debo confesar, me encanta.

Esto porque la canción la escribió Enrique Rangel, mi hermano, mejor conocido como Quique. Sé la historia de primera mano por obvias razones, lo conozco desde que yo tenía dos años: dormimos en la misma habitación durante dos décadas, en una litera exactamente, él dormía arriba y yo abajo. Compartimos casetes y libros que nos turnamos para leer, aunque mis lecturas estaban más inclinadas hacia la ciencia ficción. Cuando comenzamos Café Tacvba yo estaba obsesionado con Philip K. Dick, pero había empezado a leer a otros autores porque quería quedar bien con una alumna de sociología que me gustaba en la universidad.

Quique estaba leyendo el libro que ya mencioné, el tomo de Literatura Mexicana Contemporánea, pero no sabía del impacto que tendría en su vida la novela Las batallas en el desierto, ahí incluida.

Ensayábamos en nuestra habitación; al no tener baterista cabíamos sin problema en ese cuarto al fondo de la casa de nuestros padres. Recuerdo que cada uno de nosotros: Rubén, Quique o yo, (Emmanuel aún no se integraba al grupo) llegamos cada semana con por lo menos una canción nueva para montar, era necesario tener repertorio, pues nunca pensamos en ser una banda de covers, la nuestra era una propuesta original desde el principio.

Quique apareció un día con “Las Batallas” y nos gustó. Cada quien propuso algo que sumar a la composición. Revisamos que Rubén pudiera cantarla en el tono en que Quique la había compuesto, y yo empecé a buscar figuras en la guitarra que remitieran a la música de bolero, pues desde que mi hermano nos la mostró, había en la letra —como en la novela— un homenaje a la canción “Obsesión”, compuesta por Pedro Flores. Así que una estrofa de nuestra canción, tiene esta letra:

Por alto que esté el cielo en el mundo,
Por hondo que sea el mar profundo
No habrá una barrera en el mundo
Que mi amor profundo no rompa por ti

Ahora que escucho la canción no encuentro nada de bolero en ese requinto que yo estaba buscando; era yo muy ingenuo, supongo, buscaba que mi guitarra sonara a Los Panchos, a The Smiths y a REM, grupos que nos gustaban mucho en aquella época y aún en ésta.

No tuvimos que investigar sobre ese bolero, no somos musicólogos. Conocíamos   “Obsesión” porque la escuchábamos en el programa de televisión “Sábados con Saldaña”, donde cantaba Olga Guillot y un personaje llamado “La muñequita que canta”. No es que quisiéramos escucharlos, sino que mis padres veían religiosamente ese programa y no había forma de escaparse. El bolero “Obsesión” es parte importante de la novela, la canción se menciona varias veces y es realmente el soundtrack del amor de Carlos por Mariana.

Quique nos explicó desde el principio que la canción estaba basada en la novela de José Emilio Pacheco, pero no fue hasta una de las primeras entrevistas que hicimos, y las muchas que siguieron después, que descubrí que más que estar basada en los hechos ocurridos dentro de la novela, la canción es la reacción de Quique como lector. De ahí el inicio de la letra, que es un reclamo al protagonista: “Oye, Carlos, ¿por qué tuviste que decirle que la amabas a Mariana?”

Es Quique reclamándole al protagonista de la novela por qué se atrevió a hacer algo que él nunca había podido hacer. Conozco a mi hermano, y en ese entonces era muy tímido, no se había atrevido a decirle a alguien que le gustaba, ni mucho menos que la amaba. Ha cambiado, ahora tiene esposa y una hija pequeña de cuatro años. Quique estaba más interesado en la historia de amor que en el retrato del México que estaba cambiando que se narra en la novela. De todos modos, esa Ciudad de México nosotros no la conocíamos, por nuestra edad y porque vivíamos en Satélite.

¿Por qué a mi hermano se le ocurrió hacer una canción basándose en Las batallas en el desierto? Como crítico de rock puedo poner a “Las Batallas” de Café Tacvba a un lado de “Killing an Arab” de The Cure, que está basada en El Extranjero de Albert Camus, o a un lado de “Lobo-hombre en París” del grupo español La Unión, que está basada en el cuento homónimo de Boris Vían. Pero sé que no fue bajo la influencia de ellos que mi hermano la escribió. Tampoco fue porque estuviera pensando en ganar lectores para José Emilio Pacheco. Quique no era un promotor cultural interesado en que las juventudes mexicanas leyeran. Aunque a largo plazo eso fue lo que sucedió. Me pasa en cada concierto que damos, en todos aparece un fan con su copia para que se la firmemos. El libro siempre está maltratado, como si lo hubieran leído varias veces, uno o muchos lectores. Se siente raro autografiar un libro que no es tuyo, pero lo hago con gusto porque la novela no se quedó en el aula de clases o en un anaquel olvidado en la biblioteca. La novela Las batallas en el desierto está viva.

¿Entonces? ¿Por qué a Quique se le ocurrió componer esa canción? Pues porque le dio la regalada gana. Qué mejor homenaje para un escritor, que un músico de rock (o de pop, o de reguetón si quieren) utilice a tus personajes, los cuestione, los regañe, los ame o los odie, y con eso componga una canción. Que los haga vivir en una realidad distinta en la que nacieron. Gracias, José Emilio Pacheco, por permitir a Café Tacvba ser parte de tu historia, de tu obra.

 

Joselo Rangel
Escritor y músico, integrante y miembro fundador del grupo Café Tacvba.

* Este texto fue leído en el homenaje “Presencia de José Emilio Pacheco” en El Colegio Nacional el 23 de septiembre de 2019 (coordinado por Vicente Quirarte y Juan Villoro).

 

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