A principio de los años 90 hice mi primera llamada por celular. En menos de cinco minutos se acabó la batería, que había estado cargando un rato. Ese equipo sólo se podía usar para emergencias y tenía varias desventajas: pesado, mala recepción, carísimo, vaya, necesitabas una mochila especial para cargarlo. En ese momento era impensable que una red telefónica inalámbrica fuera a suplir la red alambrica. El futuro nos alcanzó. Si bien se sigue usando, es cada vez más útil la inalámbrica. La revolución tecnológica aceleró esto. ¿Qué ayudó? Un circulo virtuoso.

La alta demanda de celulares redujo los costos de operación, aumentando la rentabilidad en infraestructura y permitiendo mayores inversiones en el desarrollo del potencial de estas tecnologías, lo que derivaba en una mayor demanda. Lo mismo puede ocurrir con las tecnologías de generación renovables, la demanda de energías no contaminantes es cada vez mayor, sus costos de operación se siguen reduciendo, aumentando la capacidad de inversión en nuevos proyectos y desarrollos tecnológicos, con el objetivo final de cubrir una demanda de electricidad limpia, que crece día a día. Pero para ello las renovables deben de vencer una serie de retos y falsos mitos. Uno de los mitos más frecuentes es el costo de su intermitencia.

Ilustración: Víctor Solís

En principio, es necesario entender que la intermitencia existe: no podemos controlar el clima y por tanto la presencia de sol, la nubosidad y por tanto generación de energía eléctrica por fuentes renovables. Pero sí lo podemos predecir y cada vez de forma más precisa.

¿Cómo podemos ir venciendo la intermitencia?

Van ideas:

1. La tradicional: reserva rodante. Esto significa tener un generador, generalmente térmico, a operación parcial, lista para incrementar su generación y entregar a la red. Como la mayoría de los generadores de este tipo en el país son viejos y poco flexibles, requieren mucho tiempo para entrar en operación plena y consumen combustible TODO el tiempo. Dicho sea de paso que las reservas cumplen otro propósito que es el evitar que salidas no programadas, de cualquier tecnología, pongan en riesgo la confiabilidad del sistema eléctrico. De ahí que las reservas se encapsulan en el concepto de servicios conexos. Pero resultan muy caros.

2. Almacenamiento. Almacena la energía eléctrica cuando no se necesita mediante procesos mecánicos, electroquímicos o térmicos. Va bajando de precio y cada vez es más viable financieramente hablando. Esto permitiría absorber los excesos de generación renovable cuando se produzcan y cubrir la demanda cuando no generan; así como estabilizar la producción eléctrica para mejorar la calidad de la energía vertida a la red.

3. Reserva no rodante. Hay ya plantas que son capaces de estar apagadas y en 10 minutos estar al máximo de su operación, como algunas de turbogas, instaladas como resultado de las subastas de energía eléctrica de largo plazo. Son plantas de varias decenas o algunos cientos de megawatts. Una de estas reservas puede ser también la hidroeléctrica. Por cierto, la hidroeléctrica en México no genera de manera estable y nunca se le ha pedido pagar por respaldo. Ambas son tecnologías bastante flexibles. Es también un servicio conexo en el Mercado Eléctrico Mayorista.

4. Incrementar la base de renovables de forma importante, de la mano con transmisión. Así, el faltante de energía en un sitio puede ser satisfecho por renovable proveniente de otra región.

5. Demanda controlable. Permitir que el mercado se continúe desarrollando y se utilicen todas las herramientas que se contemplaron en su diseño e incorporar nuevas según sea viable. Una de estas es que los grandes usuarios de energía puedan ofrecer servicios conexos y funcionar como una reserva al sistema.

La más cara y contaminante de todas es la primera, pero abundan en México. Como parte de la herencia petrolera, nos dedicamos a desarrollar este tipo de tecnología y ahora el gobierno invierte en mantenerla operando, como si fuera algo positivo.

¿Qué pasa en el mundo?

Como ejemplo, Dinamarca está migrando aceleradamente. Tan es así que pasó de 15 por ciento de renovables a 70 por ciento en sólo 17 años, sin considerar reservas rodantes.

Por eso aguas, dos cosas: primero, exigir a los generadores de renovables que “paguen el respaldo” es como decirle a un sistema de agua potable que pague las pipas que nos lleven agua, haya o no. Lo terminará pagando el usuario.

Lo mejor para reducir costos y asegurar servicio completo es tener mejor tecnología (respaldo de arranque rápido, por ejemplo) más capacidad de renovables instalada, redes de transmisión más robustas y en su caso migrar al almacenamiento, ya sea electroquímico o mecánico (hidroeléctrica alimentada por renovables, por ejemplo).

O bueno, la opción para poder seguir quemando combustóleo, diesel, contaminando y mantener la nostalgia del pasado, es seguir pagando.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.