Este martes se anunció un acuerdo mediante el cual se iniciaría la operación de gasoductos que se plantearon desde el sexenio pasado y que estaban frenados por una inconformidad de la dirección actual de CFE.

Ilustración: Patricio Betteo

¿Cuál es la importancia? Es fundamental explicar la trascedencia de ellos, en el contexto global.

Por el momento, México no produce el gas que consume y no parece rentable hacerlo. Del otro lado de la frontera, en Estados Unidos, se produce el gas más barato del mundo, incluso con precios negativos (pagan porque se lleven el gas). En ese contexto, extraer gas en México requeriría tener costos muy bajos y renunciar a la renta del Estado, para que a alguien le convenga. Pero para traer el gas de Estados Unidos, de Texas principalmente, era necesario construir ductos.

¿Por qué es importante el gas?

Por dos razones: Primero por su precio, que es muchísimo menor que el de otros combustibles como el diesel o el combustóleo; y segundo porque es un combustible mucho más limpio que estos últimos. De hecho, Estados Unidos redujo sus emisiones de gases de efecto invernadero hasta 18% menos en 10 años en parte por la sustitución de combustibles como carbón por gas, además de las renovables.

Regresemos entonces al transporte. Ante la necesidad de tener gas en México, para bajar tarifas de electricidad y disponibilidad para la industria, el gobierno anterior concursó la construcción de gasoductos que trajeran el gas principalmente al norte del país, occidente y centro. El concurso incluyó el modelo de contrato final y sus condiciones.

El gasoducto que conecta a Texas con Tuxpan ya está terminado. Ése tiene dos funciones: primero, permite llevar gas al centro del país, pero también permitiría, tras la expansión de Mayakán y la necesaria conexión entre el sur de Veracruz con Tabasco, llevar gas a la península de Yucatán, lo que mitigaría los problemas eléctricos que tiene, al permitir mejor eficiencia en la operación de sus generadoras.

Pues bueno, la construcción y el transporte por gasoductos fueron concursados en licitaciones públicas internacionales, ganando quien ofreciera la tarifa de transporte mas baja, con condiciones internacionales comunes en este tipo de contratos, conocidas desde el principio, impuestas por la Comisión Federal de Electricidad, que le permitían además tener ingresos extraordinarios por el gas que no consume CFE, pero que se transportaba con los ductos.

A pesar de las condiciones, la nueva administración no aceptó los términos y buscó iniciar una renegociación que daría pie a un debate que no era conducente, necesario ni prudente, pues desde inicio la empresa productiva del Estado tenía todo que perder.

Posterior a las negociaciones y sin conocer los cambios precisos del contrato, se entiende que hubo dos principales: de tener una tarifa variable, que refleja costos reales en el tiempo, ahora se pagará una tarifa estable, sin cambios ni sobresaltos, donde se pagará incluso si no se usa, pero que requiere una media para mantener la recuperación de costos, una media que debe permitir a los privados mantener la operación aún cuando la tarifa esté por debajo de los gastos reales.

Además, esa tarifa media será por un periodo de tiempo más largo. Lo demás se mantiene igual: CFE seguirá ganando por transportar el gas a terceros mediante el ducto.

Al final, aunque requiere mayor financiamiento por parte de los privados, generará más ganancias a ellos. Es curioso que en la comunicación oficial se mencionen las nuevas tarifas como las que reflejan “costos reales”, cuando se sabe bien que el flujo de gas no es constante, el costo de transporte por lo tanto no es el mismo, la demanda varía y esto lleva a que los precios varíen, cuando la tarifa justo evita esa variación de precios.

Lo que parece suceder es que el gobierno amarra los contratos por un periodo más largo, evita tarifas altas que se causarían temporalmente por alto flujo mediante una tarifa estándar, que obviamente tendrá un costo financiero que deberá pagar CFE, pero puede “presumir” que paga menos, en el corto plazo.

La evaluación del contrato deberá hacerse con base en las condiciones precisas del convenio y calculando el Valor Presente Neto (VPN). En el mejor de los casos, el VPN podrá ser el mismo, en el peor, se modificó para desmejorar las condiciones para CFE. La realidad es que se mantuvo sin operación infraestructura que estaba lista, se generó un pleito inútil y ahí es donde perdimos los mexicanos, aunque el VPN sea el mismo.

¿Quién gana?

Políticamente el gobierno, que deberá erogar menos durante este sexenio, las empresas, que alargan el negocio.

¿Quién pierde?

 Los que al final pagaremos más o por lo menos tuvimos retrasos en aprovechamiento de la infraestructura por una iniciativa absurda del gobierno: los mexicanos.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.

 

Un comentario en “¿Quién gana y quién pierde con los acuerdos de los gasoductos?

  1. Sin tecnicismos ni extremismos, este es, quizá, el más claro y preciso entre miles de artículos que he leído en las semanas recientes. ¡Extraordinario!