“…era como la mayoría de los planetas. Demasiadas bocas, sin suficiente [comida] para todos. Y cuando nos enfrentamos a la extinción, ofrecí una solución. [Genocidio,] pero al azar, desapasionado, justo para ricos y pobres por igual”. —“Este universo es finito, sus recursos son finitos, y si la vida no se controla, la vida dejará de existir. ¡Necesita corrección! Yo soy el único con la voluntad para actuar sobre ello”.
—Palabras del villano Thanos en la película Avengers: Infinity War de Marvel

Desde que hace 40 años, el Grupo Científico sobre Dióxido de Carbono y Cambio Climático del Consejo Científico Nacional de los EEUU corroboró la predicción de 1896 del científico sueco Svante Arrhenius y otros investigadores posteriores, de que la temperatura del planeta aumentaría por el aumento de dióxido de carbono, los negadores del cambio climático causado por los seres humanos y proponentes de la irrelevancia de la extinción de especies han estado generalmente asociados en el espectro político occidental con partidos conservadores, derechistas, nacionalistas o neo-fascistas. En contraste y aunque la correlación es menos nítida, el punto de vista de los científicos rigurosos, ecologistas y conservacionistas sobre la necesidad de reducir emisiones de gases efecto invernadero y conservar la biodiversidad han estado usualmente asociados con los partidos centristas, liberales, verdes o de izquierda. Pero esta correlación ya está cambiando y dos eventos recientes ejemplifican este proceso: las elecciones de la Unión Europea y el ataque terrorista contra mexicanos que dejó 47 muertos y heridos en una tienda Wal-Mart en El Paso, Texas.

Para participar en las elecciones de la Unión Europea del pasado mes mayo, el partido francés populista de ultra-derecha, dirigido por Marine Le Pen, anunció su cambio de nombre al de Agrupación Nacional y que promovería una “nueva ecología patriótica”. Propuso una “Europa de naciones” que conformará la “primera civilización ecológica” del mundo, al vincular sus nuevos objetivos ambientalistas con su visión “localista identitaria” que propone la exclusión racista de inmigrantes. De igual forma el Partido Nacionalista Británico, de corte neo-nazi, se ha ostentado como el “único verdadero partido verde de Europa”. Propone que la conservación de la naturaleza y la disminución de la contaminación ambiental en su país se logrará evitando la inmigración y expulsando del Reino Unido a los inmigrantes que “contaminan” a la raza blanca. Dado el reciente éxito de los partidos verdes en Europa se prevé que, de forma oportunista y sin un interés genuino por la naturaleza, otros partidos de derecha incorporarán el ambientalismo a sus plataformas políticas. La inmigración es ahora anti-ecológica.

El asesino1 de Wal-Mart, subió a una plataforma electrónica un manifiesto racista justificativo de la masacre que iba a cometer. Ahí expuso argumentos tradicionalmente racistas sobre su oposición a la “invasión” hispana, ignorando que los españoles llegaron a lo que es hoy Texas un siglo antes de que los peregrinos del barco Mayflower desembarcaran en Plymouth Rock y se establecieron permanentemente 88 años antes de que existieran los EEUU como país. Justificó, usando términos similares a los que usa Donald Trump en sus arengas políticas, que estaba “defendiendo mi país del reemplazo cultural y étnico que ocasiona esta invasión”. Pero fue peculiar que titulara su manifiesto “Una verdad incómoda” aludiendo al documental en contra de cambio climático de Al Gore. El asesino argumentó que “los inmigrantes están aumentando el deterioro ambiental de los EEUU” y como el villano Thanos de película de Marvel, afirmó que “el genocidio es una ruta para lograr la estabilidad ecológica”. Manifestó que “El ambiente empeora cada año y la mayoría de ustedes son demasiado testarudos para cambiar su estilo de vida. Así que el siguiente paso lógico es disminuir el número de personas en EEUU que utilizan recursos. Si nos deshacemos de suficientes personas, entonces nuestra forma de vida pude ser más sostenible”.

El asesino de Wal-Mart tomó como ejemplo los atentados del pasado mes de marzo, contra dos mezquitas en Christchurch, Nueva Zelanda, que causó la muerte a 51 personas. En ese caso, el terrorista también justificó sus atrocidades con argumentos ecofascistas plasmados en su manifiesto “El nacionalismo verde es el único nacionalismo”. Expuso que “No hay conservadurismo sin naturaleza, no hay nacionalismo sin ambientalismo. Nacimos de nuestras tierras y nuestra propia cultura fue moldeada por nuestras tierras. La protección y preservación de estas tierras tiene la misma importancia que la protección y preservación de nuestros ideales y nuestras creencias. No hay tradicionalismo sin ambientalismo”. Estos alegatos racistas de partidos políticos y de terroristas que secuestran argumentos ambientalistas para sus fines, deben ser reconocidos como una nueva variante de argumentación ecofascista para atacar a los mexicanos en los EEUU y a los inmigrantes en todo el mundo. Aunque excusas para justificar agresiones hacia los mexicanos en EEUU nunca han faltado. Según documentan William Cardigan y Clive Webbe en su libro Los Muertos Olvidados y la organización Reusándose a Olvidar se estima que varios miles de ciudadanos de origen mexicano fueron asesinados o desaparecieron entre 1910 y 1920, lo que en promedio serían al menos cuatro mexicanos asesinados por semana durante la década y casi uno por día en 1915 cuando mataron o desaparecieron a 300. Entre los objetivos de tales atrocidades estaba el de intimidar y mandar el mensaje de “que se fueran” como lo hicieron el asesino de Wal-Mart y Donald Trump.

En su artículo “Eco-fascismo: La ideología que matrimonia al ambientalismo con la supremacía blanca…”, Sarah Manavis documenta el aumento de retóricas derechistas amigables con la naturaleza para justificar una ideología racista. Analiza que, si bien anteriormente el nativismo racista confrontaba a las tendencias multiculturalistas argumentando la defensa de la raza y la cultura, ahora incorporan argumentos sobre la degradación ambiental supuestamente producida por la inmigración. Las hipótesis recientes sobre porqué el populismo de derecha es hostil a acciones para reducir el cambio climático incluyen la “estructuralista” basada en la marginación económica y política de los “abandonados” por la globalización, y la “ideológica” basada en el antagonismo entre “el pueblo” y una “élite cosmopolita”.2 ¿Pero son estos argumentos en realidad nuevos? No lo son.

Ilustración: Adrián Pérez

El nazismo de Adolfo Hitler se apropió del movimiento juvenil Wandervögel (espíritus libres errantes), buscadores de una filosofía espiritual romántica para el regreso a la naturaleza y la protección del ambiente. Los nazis utilizaron argumentos de conservación de la naturaleza e inclusive de algo tan inocuo como la agricultura orgánica para atacar a los judíos e inmigrantes. Peter Staudenmaier describe cómo el movimiento de agricultura biodinámica alemán, rechazaba la tecnificación de la agricultura, el monocultivo, los fertilizantes sintéticos y los herbicidas químicos. Asociaba esta agricultura al derecho alemán de su espacio vital (Lebensraum). Proponía la agricultura biodinámica para integrar la producción de alimento, la comunidad, el paisaje y la patria, y generar un amor por la Madre Tierra que ayudara a preservar el paisaje biocultural alemán. Su eslogan “sangre y tierra” se asocia desde entonces con esta ideología racista.3 En este contexto se detecta un creciente interés en estos grupos por la figura de Savitri Devi, la llamada “Sacerdotisa de Hitler,” quien fuera espía para el Eje durante la segunda guerra mundial. Devi combinaba la defensa al derecho de los animales, su visión de “ecología profunda” y el hinduismo con su ideología Nazi sobre la superioridad de la raza Aria.

En los EEUU los argumentos de biólogos como Bill Vogt quien publicó en 1948 el libro Camino a la sobrevivencia y fue co-fundador de la organización para control de la natalidad Planned Parenthood, y Paul Erlich, autor del libro La bomba poblacional, promovieron el control de la población. Pero fue el microbiólogo racista Garret Hardin quien desde1968 propuso el control de inmigración en las más prestigiosas revistas científicas del mundo. La ecología profunda, planteada por el noruego Arte Naess en 1973 y promovida en EEUU por Bill Devall, George Sessions y Dave Foreman, entre otros, presentó un marco ético basado en que toda vida tiene derecho a existir independientemente de su utilidad para los humanos, y promovió el control de crecimiento poblacional y un estilo de vida simple de bajo consumo de recursos. En los EEUU, algunos ecologistas profundos, coinciden con los ecofascistas en proponer la exclusión de los inmigrantes, aunque los primeros lo hacen para proteger la biodiversidad y los segundos para mantener la pureza racial y cultural. La relación entre los dos grupos se ejemplifica en el reciente artículo del New York Times (14/08/2019) que describe como la multimillonaria Cordelia (Mellon) Scaife May se transformó de ambientalistas amante de las aves a nativista y en vida contribuyó durante décadas millones de dólares redes de grupos racistas que promueven reformas migratorias y militarización de la frontera. A partir de su muerte en 2005 dejó otros $521 millones de dólares adicionales a la fundación Colcom que ella creó para promover iniciativas antiimigrantes.4 Esta nativista es considerada la principal habilitadora para construir la política actual de Trump contra mexicanos.

En este contexto, desde 1987, Murray Bookchin, proponente de la ecología social, alertó que la ecología profunda, aunque posiblemente bien intencionada, por su falta de sistematización científica y subjetivismo, podía ser usurpada por la ultraderecha.5 Al igual que Bookchin, Staudenmaier con un enfoque de ecología política sostiene que la usurpación de argumentos ecologistas por la derecha será la trayectoria inevitable de los movimientos que traten de abordar los problemas ecológicos de forma aislada.   No se puede comprender el crecimiento poblacional, la emigración y los problemas ambientales sin analizar sus raíces en los procesos y estructuras políticas y económicas como el colonialismo, el imperialismo capitalista, el neo-liberalismo y las jerarquías de poder y de género que son las causantes del deterioro social y ambiental global y local.  Contradictoriamente, la oposición de los partidos de derecha a las políticas de reducción de gases efecto invernadero y de deforestación, contribuye a generar el cambio climático y el deterioro ambiental que producen sequías, inundaciones, catástrofes climáticas, hambrunas y guerras que la Organización Internacional para las Migraciones pronostica causarán el desplazamiento de unos 200 millones de personas para el año 2050. Es decir, sus políticas contribuyen a causar la inmigración que ellos mismos tratan de detener.

Concluimos observando que la ciencia (un resultado de nuestra evolución cultural) ha demostrado la estupidez sin sustento de los argumentos racistas y nos ha llevado tanto a nuevas posibilidades de desarrollo como de auto-exterminio. Hemos entrado al nuevo milenio en una situación muy peculiar. Primero, todas las otras especies de humanos con las cuales compartíamos el planeta durante los últimos 300 mil años se han (o las hemos) extinguido.6 Nosotros, Homo sapiens, ahora somos el único primate de nuestro género que sobrevive sobre la faz de la Tierra desde que nuestra familia surgió hace unos 2 millones de años. De nuestra familia Hominidae, aún nos acompañan tres especies parientes; los chimpancés, los bonobos y los gorilas, pero también los estamos extinguiendo. Segundo, ni siquiera somos una especie pura por lo que es irrelevante defender conceptos fascistas de razas puras. Estudios genéticos han demostrado que gran parte de las personas somos híbridos resultantes de las relaciones sexuales entre diferentes especies de humanos en el pasado. Los europeos provienen del cruce entre, al menos, Homo sapiens y H. neanderthalensis, y los asiáticos del cruce entre al menos H. sapiens y H. denisova.  Recientemente se descubrieron los restos de una niña que fue producto del cruce entre H. neanderthalensis y H. denisova.7 Otra peculiaridad de este milenio es que hemos generado tecnologías con las cuales nos podemos autodestruir (bombas nucleares) o transformar drásticamente (inteligencia artificial y modificación genética). Y finalmente, la combinación del crecimiento poblacional, tecnologías contaminantes, sistemas políticos sin enfoques socio-ecológicos, patrones excesivos de consumo e individualismo egoísta, han generado un deterioro ambiental sin precedente en la historia de la vida en la tierra.

Debemos encontrar una salida a nuestras contradicciones. Está claro que la población humana de cualquier país o del planeta no puede crecer, por nacimientos o por inmigración, indefinidamente. Ningún país, ni el planeta, pueden sustentar un crecimiento poblacional sostenido. Está claro que cada país tiene el derecho y la responsabilidad de controlar sus fronteras y definir sus políticas de inmigración. Está claro que tampoco podemos todos los humanos del mundo consumir recursos y energía y desechar contaminantes ambientales a los altos niveles que actualmente consumen y contaminan los países que se han desarrollado a costa de la explotación colonial y capitalista (pasada y actual) de otros países (que coincidentemente son los que hoy generan más migrantes). Está claro que las sociedades humanas somos producto de un proceso de evolución genética y cultural que se ha desarrollado en el contexto de comunidades naturales que compartimos con otras especies de las cuales dependemos para que nos provean alimentos, medicinas, servicios ecosistémicos, conocimientos, inspiración y paz.

Y finalmente, está claro que la vida en este planeta nunca ha sido estática. Desde el inicio del pensamiento científico nuestro conocimiento no ha dejado de aumentar, nuestra ética, moral, filosofía y leyes las hemos cambiado constantemente, todas las religiones han modificado sus creencias originales, el cambio climático siempre ha ocurrido (pero anteriormente no fue causado por los humanos), y especies se extinguen y otras nuevas surgen. Debe ser claro entonces que, en este sistema planetario de relaciones ecológicas, sociales, económicas y políticas interdependientes, las soluciones simplistas implementadas aisladamente en un solo país o dirigidas a un solo grupo étnico, como lo son las políticas racistas y fascistas causantes de sufrimiento y violatorias de los derechos humanos, serán fútiles porque, además de ser injustas están condenadas a fracasar. Tenemos que aspirar ser mucho mejor de lo que actualmente somos, y pensar y trabajar para lograrlo.

 

Eduardo Santana C.
Coordinador General del Museo de Ciencias Ambientales del Centro Cultural Universitario de la Universidad de Guadalajara y profesor visitante en el Nelson Institute of Environmental Studies de la Universidad de Wisconsin-Madison.


1 No utilizo los nombres de los asesinos para no darles el reconocimiento que buscan con sus actos terroristas.

2 Ver M. Lockwood. 2018. Right-wing populism and the climate change agenda: exploring the linkages, en Environmental Politics.

3 Ver el libro de J. Biehl, J. & P. Staudenmaier. 2011. “Ecofascism revisited: lessons from the German experience”; y Wall, D. 2000. “Darker shades of green” en Redpper; y Staudenmaier, P. 2013. “Farming in Nazi Germany: The Politics of Biodynamic Agriculture 1933-194” en Environmental History.

4 En un contexto similar las grandes corporaciones petroleras financian grupos de ciudadanos y de científicos que alimentan la negación al cambio climático, como en su momento las compañías tabacaleras financiaron campañas que negaban que el fumar causaba cáncer. Ver Hulac, B. 2016.  Tobacco and Oil Industries Used Same Researchers to Sway Public. Scientific American. By Benjamin Hulac, ClimateWire on July 20, 2016

5 Foreman, D. & M. Bookchin. 1991. Defending the Earth: A Debate. Black Rose Books, Montréal/New York

6 Estas incluyen al menos, Homo neanderthalensis, Homo floresiensis, Homo luzonensis, y Homo denisova.

7 Ver Wei-Haas, M. 2019. Multiple lines of mysterious ancient humans interbred with us. National Geographic. Wei-Haas. M. 2018.  Ancient Girl’s Parents Were Two Different Human Species. National Geographic.

 

Un comentario en “Ecofascismo y terrorismo antimexicano