Uno de los grandes errores de la administración 2012-2018 respecto a la Reforma Energética fue prometer que bajaría el precio de los energéticos. Sin bien la comunicación oficial nunca habló de gasolina, sino que pensaba en energía por el fracking y el uso de gas, dejó crecer las expectativas, lo que hizo que la promesa se quedara en el imaginario colectivo. El gran error fue tal porque la gasolina y la electricidad estaban fuertemente subsidiadas. En ambos casos el precio que pagaba el usuario final estaba por debajo del precio real de mercado. Abrir el mercado significaba sine qua non llevar estos servicios a costos reales, o sea, por arriba de los precios de factura en ese momento. El mismo error comete el actual presidente: bajar el costo de los combustibles sólo es posible con subsidios o sacrificando ingresos fiscales, lo que afectaría sus proyectos sociales. Pero esa es otra historia.

El caso de la electricidad es un poco distinto. Si bien los subsidios a los energéticos eran medidas regresivas y generaban costos altos al erario, difícilmente la gente comprendería que los energéticos no bajarían de precio porque eran precios falsos, sino que reclamarían el alza en su costo final, ignorando el engaño de los subsidios invisibles.

Ilustración: Víctor Solís

La gasolina, por su parte, tuvo su proceso de liberalización en el que se dejó de subsidiar y se permitió que el mercado pusiera el precio y se le agregaran impuestos. Sin embargo, el impacto de retirar el subsidio regresivo a la gasolina tenía mucho más impacto en clase media y alta; sus efectos sociales entre la gente con menos ingresos eran menores. Retirar el subsidio eléctrico significa más que duplicar la tarifa a unos 40 millones de usuarios de clase media y baja.

Esos 40 millones, tan sólo para el año 2018, significaban más de 52 mil millones de pesos, considerando sólo lo aprobado en el Presupuesto de Egresos de la Federación del año 2019, aunque en los hechos cada año el gobierno eroga más de 100 mil millones1 de pesos en subsidios a la tarifa. El gran problema es que, al hacerse directamente a la factura, el flujo de efectivo se dirige hacia las actividades de generación, soportadas mayoritariamente por combustibles. En español: con el subsidio se pagan combustibles caros, con plantas ineficientes y contaminantes.

Al paso del tiempo el subsidio en esas condiciones tenderá a incrementar su costo, pues el costo de los combustibles crecerá y con ello la necesidad de mantener el subsidio a esos modelos de generación. Algunos cálculos hechos por diversos centros de estudios prevén un costo de hasta 500 mil millones de pesos para este sexenio. El reto es, entonces, dejar de tener subsidios destinados pagar generación cara, obsoleta, y con costos más altos en el largo plazo.

¿Hay alguna forma de evitar este subsidio? Sí, pero pasa por un mecanismo que evite algunos costos.

Primero, debe ser con sistemas de generación que no representen costos altos de operación a largo plazo. ¿Cuales son estos? Los que no tienen costo de generación y tienen bajo costo de mantenimiento, como la energía solar fotovoltaica. Segundo, que disminuyan costos operativos de suministro, como la generación distribuida, que evita costos como el de transmisión de energía. Tercero, que se garantice la operatividad de los equipos, lo que puede ser un problema en caso de que el cambio de modelo sea para un subsidio que sólo regale paneles solares. El usuario final debe tener un compromiso para que algún programa funcione, mismo que al ser regalado prácticamente se diluye.

El subsidio actual ronda los 100 mil millones de pesos, equivalentes a unos 5,263 millones de dólares anuales; a un costo promedio de 1.6 dólares por watt instalado, equivaldría a unos 3,289 megawatts instalados. Esto, a su vez, representa unos 3.289 gigawatts de energía solar fotovoltaica instalados en casas con tarifa subsidiada. Si se instalara un promedio de 1 kw para paneles solares por hogares, significaría un total de 3.2 millones de techos solares.

Ahora, la parte importante es el retorno de inversión. Destinar el total del subsidio a 3.2 millones de usuarios finales significaría incrementar, de golpe, el costo de energía a 37 millones de usuarios sin oportunidad o herramientas para amortiguar el impacto.

Por eso la sustitución del subsidio debe ser paulatina. Al eliminar el subsidio a los deciles más altos (la gente con más ingresos, que puede pagar sin problemas su factura eléctrica) y desplazarlo en los deciles más bajos a la adquisición de sistemas de generación por renovables, pero sin regalar los paneles, sino manteniendo una tarifa baja que los acompañe. De no ser así, pueden terminar como mesas o laminas: sólo tapando el sol y la lluvia pero no tapando el enorme boquete fiscal que son los subsidios.

La conclusión: las energías renovables no requieren de subsidios, sino que son la única solución a los subsidios.

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Vocero de la Plataforma México Clima y Energía.


1 Mejorando y refocalizando los subsidios a la electricidad. Opciones para su optimización en México, Convergencia de la Política Energética y de Cambio Climático (CONECC) y la Alianza Energética entre México y Alemania, México, 2018, pp. 36

 

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