En el siglo XIX había gran preocupación en todo el mundo por mejorar el sistema de transportes; desde el despertar de esa centuria, Trevithik había construido una locomotora que con un peso de cinco toneladas podía transportar hasta 25 pasajeros a la velocidad de seis y medio kilómetros por hora. Jorge Stephenson, por el año de 1814, inventó otra máquina que usó de modelo para la que después sirvió para transportar pasajeros y mercancía en gran escala. En 1807 ya Fulton había visto flotar su barco en las aguas del Hudson. Un automóvil alcanzaba la velocidad de seis a ocho kilómetros por hora en 1824 y, seis años más tarde, hay un servicio de transporte de pasajeros entre Gomerter y Cheltenham que en el mes de febrero de 1831 transportó hasta 3,000 pasajeros. En el año de 1827 corrió por la Cuarta Avenida de Nueva York el primer tranvía urbano que servía para el transporte de carga. Este vehículo corría sobre rieles de madera recubiertos de planchas de hierro. Así se siguió utilizando el riel hasta que en 1852 Loubat inventó el de hierro.

En México ya era una necesidad el mejoramiento de los transportes, que se hacía en coches o diligencias tirados por mulas.

El 2 de noviembre de 1840 se otorgó una concesión para tender y explotar una vía de ferrocarril entre México y Tacubaya, a los señores Manuel Escandón y José Gómez de la Cortina que tenían propiedades en Tacubaya, y a Felipe N. del Barrio, Juan Obergoso, Mariano Tagle y Luis Vieyra; pero, como no hicieron uso de la concesión, se declaró caduca.

Posteriormente, don Jorge Hammeken solicitó la concesión para construir ese ferrocarril; la concesión le fue dada el 13 de agosto de 1856 y diez días después se iniciaron los trabajos; éstos se realizaron con rapidez; de manera que el día primero de enero de 1858, con gran expectación y júbilo de los tacubayenses, llegó el primer ferrocarril de tracción animal a la Ermita. Su ruta era a través de la Hacienda de la Condesa, por la faja donde se construyó la avenida Oaxaca y su continuación que es ahora la avenida Tamaulipas; después entraba por La Primavera a la estación que se construyó en la Ermita. Aquí había una estación en toda forma, con sus andenes, bodegas, expendio de boletos, salas de espera, etcétera, como la de otro ferrocarril que comunicara ciudades más distantes. Este ferrocarril dejó de tener importancia cuando se tendió la línea que pasaba por la avenida Chapultepec, continuaba frente al bosque y seguía por una faja de terreno, casi paralela a la calzada que iba de Chapultepec a Tacubaya; después, pasaba por la Ermita y concluía su viaje en la Plaza de Cartagena.

La primera vía del ferrocarril a Tacubaya quedó por mucho tiempo abandonada pero en poder de la compañía de los Ferrocarriles del D. F. de México, resguardada por una cerca de alambre, dentro de los terrenos de la Hacienda de la Condesa. El alambre fue desapareciendo, los durmientes y las vías también, de manera que dejó de tenerse conocimiento de que por allí hubiese pasado un ferrocarril.

 

Fuente: Antonio Fernández del Castillo, Tacubaya. Historia, leyendas y personajes, Editorial Porrúa, México, 1991.