Si usted quisiera traer los mejores productos de forma constante de varios lugares, abriría medios de transporte para que lleguen desde el punto donde surgen o se hacen hasta donde lo quiere. De alguna forma así nacieron los caminos y las carreteras . Igual pasa con la energía.

Llevar a cabo una transición energética significa llevar esa energía requerida de donde se genera a donde se consume y eso es cambia un poco el paradigma: de tener centrales eléctricas de combustibles fósiles cerca de las ciudades a generar energía renovable donde es mas viable, cambiar el tipo de instalaciones por parques solares, eólicos, geotérmicos, hidráulicos y transportar la energía a los centros de consumo.

A diferencia de la energía convencional, no es suficiente sólo una fuente para mantener la estabilidad de la red eléctrica, sino una mezcla de ellas. Para que esa energía llegue a donde se consume cuando se consume, se deben generar no una, sino varias lineas de transmisión.

Ilustración: Víctor Solís

El hecho de que México cuente con una geografía tan ancha que permita hasta 3 horas de diferencia entre husos horarios, genera una oportunidad para enriquecer aún más la mezcla energética mediante líneas de transmisión que, de nuevo, lleven la energía de un lugar a otro y así se satisfaga de forma más fácil las necesidades energéticas de las diferentes regiones del país con renovables. Sólo se necesita la forma de transportar esta energía.

Para llevar a cabo la planeación de esos caminos y el resto de la infraestructura eléctrica, hasta 2013 se debía hacer el Programa de Obras e Inversiones del Sector Eléctrico (POISE) que al cambiar de monopolio de Estado a Mercado, se convirtió en el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (PRODESEN) el cual se debe entregar a más tardar el ultimo día del mes de Mayo de cada año.

Pues hasta el año anterior, se tenían planeadas una serie de supercarreteras, que podrían incrementar la capacidad de llevar energía renovable, permitiendo así transportar desde las zonas de mas alto potencial eólico (Tamaulipas, Oaxaca) y solar (Sonora) hacia los puntos de alto consumo o en franco crecimiento.

Estas líneas fueron canceladas y se esperaba que alguna alternativa se planteara en el PRODESEN.

El problema es que el PRODESEN 2019-2033 tiene al menos cuatro malas noticias:

Primero, parte de un diagnóstico equivocado. Imputa como resultados de la Reforma Energética a una serie de contratos que vienen previos a la reforma y sus condiciones, llamados legados. No realiza algún análisis técnico real de la transformación energética que se dió como efecto de la reforma. En buena parte, el texto se parece más a un manifiesto político que a algún plan de desarrollo del sector. Llega al absurdo de criticar la falta de acciones en Transmisión, cuando estas fueron frenadas por los redactores del propio texto. Es más: fustiga el autoabasto, anteriores a la Reforma y que la propia reforma corrige.

Segundo, critica o pone como algo negativo la inversión privada en energía renovable, pero al mismo tiempo anuncia que durante los siguientes tres años prácticamente no habrá inversión pública en la materia.

Tercero, no anuncia proyectos para hacer las grandes carreteras eléctricas arriba mencionadas, para poder transitar a un sector energético producto de la mezcla de renovables.

Y cuarto, no considera refuerzos de las redes generales de distribución, basado en una penetración baja de generación distribuida, o sea, de paneles solares instalados principalmente en los techos de casas y comercios. Sin  embargo, la penetración de Generación Distribuida es desigual en su crecimiento, se concentra en pocos estados, incluso municipios y colonias y donde crece lo hace exponencialmente y empieza a hacerse generalizado; se centra en algunas zonas en las que los nodos pueden empezar a saturarse en pocos años.

Y es que parece que a este gobierno las renovables no le gustan o al menos no están en su proyecto. Y reconoce, casi a regañadientes, los proyectos privados renovables en ejecución de aquí a 2021, los que para ejecutarse destinan cuantiosas inversiones de los generadores en refuerzos a la red que son cedidos al Estado.

Si quieres traer energía renovable, lo puede generar un privado o la empresa productiva del Estado. Pero para transportarla se requieren las supercarreteras que permitan sacar esa energía de donde se genera y ponerla a disponibilidad de quien la usa. Sin las súper carreteras, no se puede instalar generación nueva. Incluso la energía hidroeléctrica, esa que conoce muy bien y ve con buenos ojos CFE, es irrelevante en el Programa.

No hay algo de eso en el PRODESEN. Básicamente su programa se trata de mantener las cosas igual.

Si, buscan hacer algo de infraestructura para asegurar el suministro, solucionar fallos, reforzar la red, pero al menos en tres años no habrá inversión pública en renovables y no hay nada que permita aprovechar mejor el potencial eólico y solar del país.

El resto, los discursos, son solo simulación.

El Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional es la realidad más allá de las promesas de campaña. De nada sirven los tuits o discursos sin obras.

Solo queda el Mercado Eléctrico y que se cumpla con el marco legal y regulatorio vigente. Esto incluye que se reanuden las subastas de energía eléctrica de largo plazo y se mantenga el mecanismo de Certificados de Energía Limpia. La generación distribuida parece que queda a salvo, pero no parece ser suficiente para cumplir los compromisos internacionales de México en la lucha contra el cambio climático. Compromisos que el PRODESEN mismo reconoce pero que no busca resolver.

De no haber mercado y mecanismos a escala para las renovables (como las subastas), sí habrá aceleración de la transición, pero negativa. Frenarían de tajo las renovables.

Pero pensando seriamente, en un gobierno que pretende volver a la vieja gloria del petróleo, ¿no retrasar la transición energética sería lo ideal?

 

Víctor Florencio Ramírez Cabrera
Director ejecutivo de la Asociación Nacional de Energía Solar, A.C.