Entre las funciones fundamentales del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), un organismo público descentralizado, se encuentra la elaboración de políticas de ciencia y tecnología cuyo fin es fortalecer el desarrollo científico e impulsar la modernización tecnológica del país. A partir de su creación en 1970, el CONACYT ha generado moderada confianza como una institución estratégica dentro de las administraciones sexenales, como un actor institucional responsable, con éxitos rotundos unos y cuestionables otros, del camino científico y tecnológico que el país debe andar en su tránsito hacia una sociedad moderna y socialmente equilibrada.

Ilustración: Patricio Betteo

1. El CONACYT de hoy

Hoy por hoy, el CONACYT es primordialmente responsable de: 1) Administrar varias docenas de fideicomisos multimillonarios: 29 fondos sectoriales (v.g., CONACYT-Secretaría de Energía [SENER], CONACYT-Secretaría de Marina [SEMAR]), cuatro fondos institucionales (Fondo Institucional del CONACYT [FOINS]; Fondo de Cooperación Internacional en Ciencia y tecnología [FONCICYT], Fondo Institucional de Fomento Regional para el Desarrollo Científico, Tecnológico y de Innovación [FORDECYT]; Fondo para el Fomento y Apoyo a la Investigación Científica y Tecnológica en Bioseguridad y Biotecnología [CIBIOGEM]) y 35 fondos mixtos entre el CONACYT y los estados de la república;1 2) Evaluar aplicaciones de becas para realizar posgrados en México y en el extranjero, y ministrar recursos financieros a miles de becarios; 3) Diseñar y administrar múltiples programas de apoyo a la investigación científica nacional; 4) Integrar, mantener y certificar un registro de evaluadores de proyectos que agrupa a casi 27,000 investigadores; 5) Evaluar y dictaminar cientos de proyectos de investigación en ciencia básica y aplicada; 6) Coordinar las actividades de un Sistema Nacional de Investigadores (SNI) que agrupa a más de 30,500 científicos; 7) Establecer múltiples convenios internacionales de cooperación con países americanos, europeos y asiáticos; 8) Articular la difusión de información científica y tecnológica, y proveer acceso electrónico a revistas especializadas para investigadores y universidades a través del Consorcio Nacional de Recursos de Información Científica y Tecnológica (CONRICYT); 9) Coordinar y evaluar las actividades de más de dos docenas de centros públicos de investigación distribuidos a lo largo y ancho del país; y 10) Administrar el Programa Cátedras CONACYT que apoya a más de 1,300 investigadores en 134 instituciones participantes.

El CONACYT gestiona en su diario existir una compleja madeja de responsabilidades y obligaciones empacadas en programas, proyectos, convenios y modalidades de cooperación con sectores gubernamentales federales y estatales, empresas e instituciones de educación superior ubicadas tanto en el interior del país como en sus estados marítimos y fronterizos. Las complejas tareas en curso del CONACYT son el producto de décadas de una expansión desordenada de sus funciones y atribuciones, sin tomar en consideración la imprescindible modernización de una institución deteriorada y convertida en una burocracia paralizante.

1.1 Una institución en crisis

El anquilosamiento administrativo que hoy prevalece en el CONACYT no es exclusivo de la institución, pero es, junto a la corrupción, otro gran lastre social. En el extremo disfuncional de la institución, compañías privadas de servicios operan al interior del CONACYT amparados bajo convenios con cláusulas sesgadas e informes de actividades inflados que terminan por perpetuar pagos exagerados por servicios que pudieran ser ejecutados internamente a una fracción del costo privado. Aunque la necesidad de remover tales servicios ha sido repetidamente expresada internamente, los montos millonarios en pagos mensuales han continuado durante la actual administración. La cloaca del CONACYT en materia de servicios externos no es somera y merece ser investigada. Una comisión independiente del CONACYT y de su OIC debiera ser formada para esclarecer, regularizar y expulsar, si es necesario, compañías de servicios que han contribuido por años a la hemorragia económica crónica de la institución.

Entre altibajos en su desempeño a lo largo de más de cuatro décadas, la formación de recursos humanos continúa siendo el pan de cada día del CONACYT y la tabla de salvación de una administración que, a más de tres meses de la toma de poder y varios meses adicionales de los seis dedicados a la transición sexenal, no parece entender que el trabajo en equipo es mucho más que el autoelogio y la difusión interna de notas periodísticas que justifican los tumbos políticos de la administración y las posiciones de su Directora General respecto a los organismos modificados genéticamente. Elena Álvarez-Buylla, Directora General en turno del CONACYT, es una científica premiada y reconocida dentro y fuera de México, con una sólida trayectoria profesional y una gran capacidad de trabajo. Sin embargo, sus limitadas habilidades de liderazgo y gestión han sido evidenciadas en el caos administrativo que ha generado desde su llegada al CONACYT. Las renuncias y/o despidos de personal plenamente competente de la administración previa y el desordenado llenado de puestos con sujetos que no cumplían/cumplen con la formación profesional o los perfiles de experiencia requeridos evidenciaron una ausencia de entendimiento de la función pública y de los ritmos, tiempos y necesidades de una institución gubernamental deteriorada y compleja. La administración actual del CONACYT ha demostrado, hasta este momento, no ser una excepción transformadora. Por el contrario, es la confirmación de que la incompetencia administrativa puede agravar las dificultades inherentes a la transición sexenal, poniendo en riesgo la funcionalidad mínima de la institución.

El tiempo apremia, urge establecer un modelo de gestión institucional que marche hacia adelante y muestre el oficio y las destrezas profesionales que la institución exige. La Dirección General del CONACYT debe corregir las deficiencias de su equipo de trabajo, eliminar a activistas incompetentes, y apuntalarlo incorporando a más científicos con experiencia en gestión de proyectos y administradores de carrera en puestos intermedios. Es también crucial eliminar prácticas de gestión ejercidas a través de personal arbitrariamente incrustado en un organigrama desarticulado y en perenne reestructuración, personal que ha funcionado como una red alterna de comunicación y poder para la Dirección General, de la cual esta última echa mano en forma caprichosa y perturbadora para el funcionamiento de la institución. A pesar del desorden generado, el CONACYT conserva valiosos recursos humanos de la administración en turno y de administraciones pasadas en todos y cada uno de sus direcciones y unidades. Son estos elementos los que con su experiencia y talento mantienen funcionando la institución. Corregir los errores tempranos de esta administración y recuperar el valioso tiempo y capital político perdidos requiere eliminar la autocomplacencia, ejercitar la autocrítica, admitir los errores y enderezar el rumbo. Desafortunadamente, la Dirección General ha dado ejemplos de que solo recula cuando las decisiones erradas señaladas por la comunidad científica son amplificadas por los medios de comunicación.

1.2. Programas de estímulos a la innovación científica y tecnológica

Por un lado, el programa de Estímulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología (EFIDT), un crédito fiscal de 30% de gastos e inversiones, de hasta 1,500 millones de pesos por ejercicio fiscal y 50 millones de pesos por contribuyente/empresa,2 es un programa que beneficia principalmente a las grandes empresas y que el CONACYT ha técnicamente avalado interrumpidamente (1998-2008, 2017-2019) bajo normas modificadas. Programas como el EFIDT abonan a la complejidad de un sistema de evaluación científica y tecnológica que carece de mecanismos de seguimiento confiables y de indicadores económicos y sociales robustos que aseguren que las estrategias plasmadas en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) se traduzcan en beneficios tangibles para el país, y no solo en ahorros para las grandes empresas acreditados anualmente por el CONACYT. Es indispensable que el CONACYT convoque a economistas externos expertos en créditos fiscales a la innovación científica y tecnológica, revise y discuta las experiencias y los indicadores seguidos por países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en los últimos años (2015-2018),3 y reoriente, normativa y legalmente, sus políticas de incentivos fiscales en común acuerdo con los objetivos de derrama social trazados por la administración de López Obrador, y cumplan además con la elusiva meta de incrementar la inversión privada en desarrollo tecnológico por arriba de la inversión pública.

Por otro lado, la eliminación tajante del Programa de Estímulos a la Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación (PEI),4 sin un diagnóstico documentado de sus aciertos y errores que debió haber ido más allá de cifras erróneas contenidas en declaraciones incendiarias, fue una decisión irreflexiva y equivocada. Producto de impericia política o de una rudimentaria capacidad negociadora, la decisión, quienquiera que la haya tomado, privó al CONACYT de quizás más de mil quinientos millones de pesos que pudieron haber sido utilizados en una segunda versión del PEI con nuevas reglas de operación. Un PEI-2 orientado hacia la integración de empresas en programas y proyectos de desarrollo tecnológico alineados con los intereses de la administración actual en áreas que incluyeran biotecnología, dispositivos médicos, cuidado del medio ambiente, energías limpias, electro-movilidad, redes inteligentes o soberanía alimentaria, por mencionar algunos ejemplos. El diagnóstico formal de desempeño del PEI sigue siendo una tarea pendiente que debiera ser conducida por una comisión independiente del CONACYT. Los resultados de tal estudio servirán para mejorar los términos de la ineludible colaboración que entre estado y empresa debe existir en un país desarrollado como el que México aspira a ser.

En resumen, en el 2019, con la anuencia y/o el silencio de la nueva administración del CONACYT, se preservó un programa de estímulos fiscales que ha tradicionalmente beneficiado a las grandes empresas (EFIDT) y que carece de indicadores de eficacia confiables, y se canceló un programa de estímulos a la innovación (PEI) que había beneficiado predominantemente a las medianas y pequeñas empresas (~80%). Los hechos contradicen el discurso oficial del CONACYT.

1.3. Las humanidades en el “nuevo” CONAHCYT

La nueva administración del CONACYT ha ofrecido dos tempranos sellos adicionales a su mandato. El primero es la propuesta de añadir las ‘humanidades” al modelo clásico científico/tecnológico del Consejo, el segundo es la creación de los Programas Nacionales Estratégicos. No me detengo demasiado en el primero, excepto para decir lo que otros ya han expresado: las humanidades tienen probablemente ya un lugar en la Secretaría de Cultura y en las instituciones y organismos dedicados al estudio de nuestra enorme riqueza cultural. Aunque aún no se ha señalado cuales humanidades serían añadidas al Consejo, el reto de integrar todas las humanidades (v.g., filosofía, historia, literatura, etc.) en la H de CONAHCYT, y añadirlas a un CONACYT que difícilmente es capaz de administrar la segunda C, y que prácticamente ha tirado la toalla en lo que se refiere a la T, es no solo absurdo, es una incoherencia institucional. La comunidad científica nacional debe debatir y hacer patente su sentir respecto a la lucidez de añadir más tareas disímiles a una institución que fue originalmente creada para elaborar políticas de ciencia y tecnología, y que hoy día, sus abultadas funciones la han rebasado y convertido en un remedo técnico y administrativo.

1.4. Los programas nacionales estratégicos (ProNacEs)

Los Programas Nacionales Estratégicos (ProNacEs) merecen un capítulo aparte. Los ProNacEs nacen en un intento por dar una respuesta puntual a ciertas necesidades y retos nacionales. Sin una agrupación temática explícita, y sin consulta previa a instituciones y expertos nacionales, la Dirección General del CONACYT creó originalmente una lista de una docena de ProNacEs, la cual ha ido creciendo, siguiendo una lógica incierta. Los ProNacEs son una miscelánea de retos nacionales agrupados en un abanico de programas en materia de salud, violencia, recursos hídricos, etc.

Un grupo de varias docenas de reconocidos investigadores nacionales, convocados en forma directa y exclusiva por el CONACYT para participar en una veintena de ProNacEs, atendieron una primera reunión en enero de este año a escuchar y discutir el planteamiento general de los programas. Los ProNacEs han sido concebidos como programas multidimensionales, alternativos al modelo clásico de los programas del CONACYT, e incluyendo a actores tanto académicos como, en teoría, empresariales —aunque estos últimos no parecen haber sido aun convocados. Ni la normatividad, convenios y reglas de operación, ni los fondos y los mecanismos de revisión y asignación de recursos, ni los mecanismos de integración de grupos de investigación que no han participado en las reuniones iniciales, han sido publicados hasta el momento. Es crucial que todas las instituciones de educación superior, centros de investigación, los Institutos Nacionales de Salud de México, y la comunidad científica en general adquiera un entendimiento cabal del funcionamiento de los ProNacEs, un eje fundamental de la nueva administración para apoyar la investigación científica en México.

En términos programáticos y operativos, los ProNacEs no parecen ser muy distintos de un “Program Project Grant” (PPG), un subsidio de investigación del NIH (National Institutes of Health) en los Estados Unidos que se otorga competitivamente a grupos de investigadores con distintas destrezas y experiencia que deseen colaborar y unir talento y recursos. La idea central es trabajar en forma sinergística para lograr resultados que no serian alcanzables por investigadores trabajando en forma independiente. Como los ProNacEs, un PPG está organizado como un conjunto de tres a cinco proyectos alrededor de un reto científico bien definido. Un núcleo administrativo y varios núcleos de investigación están representados en un PPG con un presupuesto y duración de cinco años. A diferencia de los ProNacEs, los PPGs son convocados nacionalmente por los diversos institutos del NIH y las propuestas son evaluadas por su mérito científico, coherencia programática, relevancia e impacto.

El éxito de los ProNacEs dependerá en buena medida de la experiencia en gestión de proyectos y programas de investigación, y de la creatividad y capacidad del equipo de administradores de los programas dentro del CONACYT. Si esas características son limitadas, el equipo de trabajo tendrá que ser perentoriamente reforzado y asesorado por expertos en materia de normatividad y gestión de redes de investigación, PPGs, o megaproyectos en los que el CONACYT mismo ha ya incursionado. Un ejercicio de diferenciación entre estos programas y los ProNacEs reforzará la credibilidad de esta nueva y confusa iniciativa de financiamiento de investigación científica.

La urgente descentralización del CONACYT

Delegar compromisos de organizaciones que han crecido excesivamente hacia instituciones nuevas es práctica común en los sectores público y privado. Las funciones de desarrollo tecnológico del CONACYT deben ser encomendadas a una institución de nueva creación, independiente del CONACYT. Descentralizar las actividades y responsabilidades en materia tecnológica del CONACYT garantizará el mejor desempeño institucional aliviando la demanda de servicios de una institución sobrecargada de funciones, burocrática y reacia a generar el dinamismo necesario para enfrentar las nuevas exigencias nacionales en materia de desarrollo tecnológico.

2.1. Desarrollo científico y formación de recursos humanos:  labor fundamental del CONACYT

La preocupación de la comunidad científica nacional, expresada ya en múltiples foros públicos, por la excesiva acumulación de funciones y poderes delineados en la propuesta de la nueva iniciativa de la Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología (LHCyT), presentada por la senadora Ana Lilia Rivera, ha sido acertadamente discutida y analizada en las mesas organizadas por el Foro Consultivo Científico y Tecnológico (FCCT). La apremiante modernización del CONACYT deberá ir acompañada de su descongestión y limitación de funciones a una institución centrada en ejecutar las políticas de desarrollo científico definidas por un órgano colegiado integrado por miembros de organismos independientes (v.g., FCCT), investigadores y funcionarios de instituciones de educación superior. El CONACYT debiera dedicarse en cuerpo y alma a las labores de apoyo a la investigación científica y formación de recursos humanos: becas, postgrados, SNI, intercambios académicos nacionales e internacionales; al apoyo y fortalecimiento de fideicomisos, programas y proyectos de ciencias básicas; a establecer convenios de cooperación académica y a solidificar vínculos académicos entre institutos y universidades públicas y privadas, nacionales y extranjeras. En resumen, el nuevo CONACYT debe ser una institución eficaz, acotada en sus funciones, y dedicada a lo que históricamente ha mostrado saber hacer mejor: formar los recursos humanos altamente capacitados que el país requiere.

2.2. Desarrollo tecnológico e innovación:  un modelo alternativo

Descentralizar y transferir las responsabilidades en materia tecnológica de la Dirección Adjunta de Desarrollo Tecnológico e Innovación (DADTI) del CONACYT a una nueva institución centrada en transferencia de tecnologías y soluciones tecnológicas generadoras de bienestar social aceleraría el desarrollo económico del país al generar más, y más rápidamente, resultados tecnológicos de alto impacto en las cadenas productivas. Aunque estamos en el momento y espacio político ideal para que la Ley de Ciencia y Tecnología (LCyT) se modifique y convierta en el instrumento que de vida a una autentica transformación tecnológica en México, debemos además evitar construir elefantes burocráticos. Las nuevas e inaplazables exigencias de un México de poblaciones y geografías complejas demandan crear una institución de desarrollo tecnológico ágil y eficiente en materia administrativa. La nueva institución deberá además estar dotada de recursos humanos especializados y multidisciplinarios que reflejen los esfuerzos en curso de sectores federales clave en materia tecnológica, incluyendo a la Secretaría de Salud (SS), la SENER, la Secretaría de Educación Pública (SEP), la Secretaría de Economía (SE), la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT), la SEMAR, la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (SEDATU), y la Secretaría de Turismo (SECTUR).

3. La necesidad de una Comisión Nacional o Secretaría de Desarrollo Tecnológico

La urgente modernización del país, de sus grandes y medianas ciudades y de sus comunidades rurales, exige elevar la responsabilidad del desarrollo tecnológico nacional a la categoría de Comisión Nacional o de Secretaría de Estado. El CONACYT y su DADTI han sido brutalmente desbordados por un sistema burocrático inoperante y caduco, y por los gigantescos retos tecnológicos que enfrenta el país. Serán los expertos en desarrollo tecnológico, la comunidad científica y tecnológica del país, los sectores federales y las instituciones de educación superior el grupo idóneo para determinar las funciones y las responsabilidades de la nueva institución. Todos los fondos sectoriales y mixtos enfocados en desarrollo de tecnologías, el PEI, EFIDT, etc. deberán ser gestionados y administrados por una Comisión Nacional / Secretaría de Desarrollo Tecnológico independiente que alivie las responsabilidades del CONACYT y que expanda urgentemente los programas y proyectos nacionales de modernización tecnológica. Las tecnologías necesarias para transformar nuestras ciudades en ciudades inteligentes, para vigilar nuestras costas y convertir nuestros puertos en puertos seguros, para descontaminar nuestros lagos y ríos, para reemplazar nuestros sistemas de transporte público en modernos y menos contaminantes sistemas de trenes y autobuses eléctricos, para modernizar nuestros hospitales, para digitalizar los expedientes clínicos de millones de mexicanos, para desarrollar dispositivos de diagnóstico rápido y temprano de diabetes y enfermedades cardiovasculares, para mejorar los sistemas de educación primaria y secundaria, para citar solo algunos ejemplos de una larga lista de proyectos de infraestructura y transferencia de tecnologías, están todas ellas a nuestro alcance.

Un pequeño grupo de empresas mexicanas capaces de producir fármacos convencionales y biológicos, proteínas y anticuerpos monoclonales para tratar múltiples enfermedades, vacunas para prevenir enfermedades en nuestras poblaciones vulnerables, están en estos momentos funcionando eficientemente en nuestro país. México tiene el talento y la capacidad para desarrollar una industria biotecnológica sólida y competitiva internacionalmente. La labor de promoción y creación de muchas más empresas nacionales alimentadas por el vasto conocimiento generado en nuestras universidades y centros de investigación debe recaer en una institución federal —una nueva Comisión Nacional / Secretaría de Desarrollo Tecnológico— que posea habilidades y destrezas multidisciplinarias para asesorar y estimular la generación masiva de propiedad intelectual y materializar su conversión en productos de valor agregado que promuevan nuestro crecimiento económico. La responsabilidad de promover y coadyuvar el desarrollo de estas y otras industrias debe recaer no solo en los respectivos sectores federales, sino en una Comisión Nacional / Secretaría de Desarrollo Tecnológico que integre en múltiples niveles las iniciativas de innovación tecnológica de los distintos sectores. Un eje transversal confiable que se responsabilice y concentre en llenar los gigantescos huecos tecnológicos que han ralentizado nuestro desarrollo económico y social.

Preservar el modelo de desarrollo tecnológico actual dentro del CONACYT, con una DADTI administrativa y funcionalmente desbordada, privada de los recursos del PEI y fungiendo como principal actor científico/técnico de los grandes proyectos tecnológicos nacionales, no solo es inviable, es irresponsable. Sacar al país de un rezago tecnológico de décadas que lo coloca en los últimos lugares de los países de la OCDE es una deuda impostergable que demanda liderazgo, visión y ambición. El impulso que México requiere para integrarse al primer mundo pasa ineludiblemente por un desarrollo tecnológico que proporcione salud, educación, transporte, vivienda digna, bienestar y oportunidades de trabajo y recreación a un mosaico de poblaciones mexicanas que suman más de 120 millones de personas habitando 15 regiones fisiográficas distintas que incluyen ciudades hacinadas, sectores urbanos y suburbanos con serios problemas de transporte y comunicación, y orografías regionales intrincadas que requieren soluciones tecnológicas específicas.

4. Perspectiva

El cambio tecnológico no se dará de un día para otro, tomará décadas. El camino involucra cambios en el corto, mediano y largo plazo que impactarán a toda la sociedad. El cambio implica el incremento paulatino del producto interno bruto (PIB) dedicado a ciencia y desarrollo tecnológico que empiece con el 1% y alcance el 2.4% —el PIB promedio que los países de la OCDE dedican al rubro científico y tecnológico—5 en el mediano plazo (2-3 años). El cambio requiere la creación de políticas gubernamentales adicionales que apoyen la creación de nueva infraestructura, y la adopción de tecnologías emergentes que puedan ser utilizadas en gran escala.

Ninguna actividad económica humana evolucionará aislada del desarrollo tecnológico. En el ámbito del cambio climático, México está comprometido a transitar hacia un futuro de cero emisiones. El Acuerdo de Paris nos obliga a transformar radicalmente nuestra dependencia de energías fósiles y a acelerar la generación y uso de energías limpias y energías renovables. Reunamos la voluntad política para crear una institución capaz de coordinar y administrar programas complejos y de generar una cultura tecnológica transformadora en nuestras sociedades urbanas y rurales. Tomemos hoy el reto colectivo de crear una Comisión Nacional / Secretaría de Desarrollo Tecnológico que aglutine la creatividad y talento de nuestros especialistas, nuestras empresas y nuestros sectores gubernamentales federales, estatales y municipales, todos comprometidos con un objetivo inspirador común: acelerar la transformación de nuestro entorno y contribuir a mejorar nuestra calidad y expectativa de vida, y la de generaciones por venir.

 

Héctor De León
Exdirector adjunto de Desarrollo Tecnológico e Innovación del CONACYT, enero-febrero, 2019. Médico por la Universidad Autónoma de Nuevo Leon (UANL, 1982) y farmacólogo por el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (CINVESTAV-IPN, 1987). Obtuvo su doctorado en Medicina Experimental en McGill University (1993), Montreal, Quebec, Canadá. Ha publicado alrededor de 50 artículos en revistas especializadas en biomedicina. Sus trabajos han recibido más de 2000 citas bibliográficas. Ha ocupado puestos académicos y de investigador científico en universidades y compañías biotecnológicas en los Estados Unidos durante los últimos 20 años.


Bibliografía:

1 CONACYT. Fondos y Apoyos Conacyt. 2019. Los programas presupuestales del Conacyt destinados al otorgamiento de apoyos para el crecimiento, fortalecimiento y vinculación del sector de la ciencia, la tecnología y la innovación se clasifican en: Fondos Sectoriales, Fondos Mixtos, Fondos Institucionales, Apoyos Institucionales, Programa de Estímulo a la Innovación, Estímulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología.

2 El Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos. Ley del Impuesto Sobre la Renta. Paginas: 227-228.  Titulo VII / De los Estímulos Fiscales. Capitulo IX: Del Estimulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología. Articulo 202.

3 OECD. Measuring Tax Support for R&D and Innovation. Directorate for Science, Technology and Innovation. 2018. La OCDE ha desarrollado metodologías y una base de datos detallada de incentivos fiscales de investigación y desarrollo con los indicadores más recientes respecto al costo y la información sobre el diseño y alcance de incentivos fiscales de investigación y desarrollo.

4 CONACYT. Programa de Estímulos a la Innovación. 2019. Es el programa de apoyo para las empresas que invierten en proyectos de investigación, desarrollo de tecnología e innovación dirigidos al desarrollo de nuevos productos, procesos o servicios.

5 OECD. Gross domestic spending on R&D. 2018. El gasto bruto interno en investigación y desarrollo se define como el gasto total (actual y de capital) en investigación y desarrollo llevado a cabo por todas las compañías internas, institutos de investigación, laboratorios gubernamentales y universidades en un país.

 

16 comentarios en “La titánica tarea del CONACYT

  1. Muy interesante y detallado artículo que creo que expresa muy bien los grandes problemas del CONACYT, y de la ciencia en México en general. Hay un tema que me gustaría añadir y tiene que ver con la colaboración científica internacional y en particular con la colaboración académica con los investigadores mexicanos que residimos en el extranjero. El CONACYT tiene convenios con algunas instituciones extranjeras enfocadas en general a la reducción del pago de colegiaturas para estudientes mexicanos de postgrado, con la gran excepción (única que yo conozco) del programa con la Universidad de California que incluye recursos para estancias postdoctorales y proyectos de investigación conjuntos entre profesores del sistema UC y profesores mexicanos. No se ha dicho nada de qué ocurrirá con estos convenios ni si se piensa ampliarlos. En esta misma área, es muy pequeña, si es que exite, la participación de los científicos mexicanos en los grandes programas internacionales y esa participación debe incrementarse si queremos estar con el resto del mundo en los grandes programas científicos. Desde luego que dada la escasez de recursos, habrá que priorizar esta participación, con criterios claros, y no por el “lobbying” de algún grupo académico.
    Finalmente, la idea de aprovechar (en el buen sentido de la palabra) a los investigadores mexicanos que estamos en el extranjero es muy buena, pero se ha hecho muy poco en ese sentido. Hasta donde se, solo el fondo CONACYT-SRE explícitamente aborda este tema, pero solo se han publicado dos convocatorias, con un intervalo entre ambas de dos años. Propongo que este fondo debe ampliarse, y buscar colaboraciones mucho mas amplias con los mexicanos que estamos en el exterior, y financiar estancias de estudiantes mexicanos en nuestros laboratorios, la codirección de tesis, y ampliar la posibilidad de proyectos conjuntos. Esto debe tomar en cuenta las particularidades del sistema académico de los Estados Unidos (y de otros países, pero Estados Unidos es el país donde estamos la mayoría de los mexicanos en el exterior). Un ejemplo es que la gran mayoría de los profesores universitarios en los Estados Unidos tenemos contratos de 9 meses (generalmente de septiembre a mayo), y durante este tiempo la actividad principal es la docencia, con poco tiempo disponible para la investigación. La investigación en general se realiza en el verano, el pago de los salarios de los profesores en este tiempo proviene de los proyectos. El CONACYT no paga salarios de los investigadores (excepto los que están en el programa de Cátedras), por lo que habría que buscar mecanismos que permitan el pago de salarios en el verano pues si no los investigadores mexicanos buscaremos otros proyectos que permitan el pago de salarios en verano.
    Quedo a su atenta consideración.

    • Pensar que nuestros hermanos investigadores en el extranjero, NO son de alto valor para el desarrollo de la ciencia, tecnológica e innovación de México y que no ayudan a la disminución de problemas nacionales es un ERROR de visión y estrategia, Pensar que jóvenes becados en el extranjero NO es buena inversión porque se quedan a vivir allá, es patético por parte de nuestros Directivos de CONACYT. La propuesta de: como quienes viven en el extranjero pueden seguir desarrollando proyectos, integrando mas jóvenes e investigadores maduros es una forma suprema de expandir a la sociedad mexicana a nivel global. Representa un reto consolidar o formular tu propuesta de usar los convenios existentes para dar poder a estas Vinculaciones. Con ello crear los protocolos para los retos y resolver como gran red internacional de R&D, problematicas de alto valor para el País y el mundo. Cada país, Universidad y Centro de investigación involucrada, definirá sus beneficios y contribuciones. saludos

  2. Este gobierno hará crecer la economía al 4%?
    Le destinará a la Ciencia el 1% del PIB?
    No.
    Entonces, donde esta la sorpresa?

    Esperemos que la destrucción que está provocando este gobierno populista pueda revertirse en un futuro cercano… Por lo pronto, faltaba más, ha llegado el populismo a la Ciencia mexicana! se ha anunciado el financiamiento cientos de proyectos científicos (que fueron evaluados en la administración anterior) para acallar las criticas! voluntarismo puro, sí señor!. Y como siempre pasa, los investigadores pelarán por las pocas chuletas que les avienta el gobierno.

    Por cierto la comunidad “pensante” se desbordó en halagos y votos por el gobierno retro así que: aguántense!

    • Hay cosas que se tienen que corregir con respecto a las decisiones que se están tomando internamente en el Conacyt, pero tampoco puedes decir que todo está mal, la situación actual económica y falta de apoyo a la educación e investigación es producto de los gobiernos anteriores por despilfarro de recursos en actividades corruptas.

  3. Muy interesante artículo, aunque no coincido con la opinión sobre las HUMANIDADES, porque yo pienso que ellas son tan fundamentales para el desarrollo del país como las Ciencias duras y las tecnologías. Hasta el sexenio pasado, las funciones del CONACYT en cuanto apoyos a la investigación siempre estuvieron sesgadas a favor de las ciencias duras y naturales, dejando en un segundo plano a las ciencias sociales y a las humanidades. Por primera vez en mucho tiempo una administración pretende hacer que las atenciones sean equitativas, sin sesgos, los cuales tenían que ver en el fondo con intereses ideológicos neoliberales y prejuicios sobre la cientificidad de las ciencias sociales y humanidades. El apoyo tiene que ser equitativo, no solo por estas cuestiones, sino porque muchísimas instituciones públicas y centros de investigación trabajan en sociología, historia, literatura, filosofía, antropología, artes, diseños, estudios regionales, economía, geografía, etcétera.

    • De hecho el CONACyT debería ser más estricto y solo apoyar a la Ciencia de verdad. Es decir, no incluir ni siquiera apoyos a la medicina por ejemplo, mucho menos lo que tú dices.
      Física, Química y Biología y las ramas de estas ciencias, y nada más.
      De otra manera esto se vuelve una pachanga (como de hecho a ocurrido y va pa peor) donde los conceptos se estiran a conveniencia y los beneficios que la Ciencia genera se diluyen y al final seguimos igual de atrasadotes y tercermundistas.

    • Estoy de acuerdo con muchas cosas con la nueva adminitración, pero aquí si difiero, las humanidades no deberían formar parte del CONACyT, hay otras instituciones gubernamentales ofrecen apoyo a ese sector, lo que marca el desarrollo económico en una nación son principalmente los avances en tecnología, ciencia aplicada,ciencia básica.No quiero con esto demeritar la importancia de las humanidades en una sociedad pero siendo prágmaticos así es la realidad.

      • En cualquier país desarrollado tanto las ciencias “duras” como las ciencias “blandas” son importantes. En la Segunda Guerra Mundial la psicología, la sociología y la ciencia política hicieron aportes relevantes para cohesionar a la sociedad. Ambos tipos de ciencia juegan un papel complementario. Basta con ver hoy en día que muchas personas que lideran a las grandes tecnológicas del Valle del Silicio provienen de la filosofía, la economía y la historia. Me parece que el paradigma de la ciencia nomotética no es el único hoy en día y bien vale la pena apostar a una verdadera interdisciplinariedad en aras de una búsqueda de respuestas y soluciones más amplias.

        • En países desarrollados esta bien q hagan eso. En los países atrasados como México las “ciencias blandas” son manzanas envenenadas q no permitem el desarrollo real y tangible.

  4. Interesante el planteamiento de crear una Secretaria que concentre el manejo del desarrollo cientifico y técnico de nuestro país, sin embargo la naturaleza de las actividades estaría mas acorde con la conformación de un organismo descentralizado, es decir que quede fuera de la esfera de la administración pública central, ya que sus facultades y operación requieren de autonomía y personalidad jurídica propia en la realización de sus programas de trabajo, de otra forma se podría dar un sesgo político a su operación. Sin embargo la propuesta de unificar y dar congruencia al desarrollo cientifico y tecnológico en nuestro país es acertada, esto si aspiramos a tener una economía competitiva y un desarrollo solido. Saludos

  5. La radiografía del estado de la ciencia en México y los retos del CONACYT frente a economías más grandes que ciertos países en desarrollo generadas por un puñado de empresas tecnológicas es acertada. No hay que descubrir el hilo negro. No es el qué y el por qué lo que hay que atender (la comunidad científica, civil y política), sino el cómo. ¿Cómo garantizar una inversión sostenida y creciente–según lo permita el crecimiento económico del país–más allá de seis años? Dado que las invenciones no se pueden planear, ¿cómo diseñar el “caldo de cultivo” adecuado para una sociedad tan heterogénea como la nuestra y poco proclive a organizarse, a trabajar en equipo, para catalizar innovación tecnológica? ¿Cómo hacer los procesos de colaboración academia-industria más “esbeltos”, menos viscosos? Sin el apoyo del sector privado, no vamos a llegar muy lejos en desarrollo tecnológico; hay que incentivarlos fiscalmente. ¿Cómo reclutar talento, vocaciones incipientes? Tod@s esos ganadores de olimpiadas en física, química y matemáticas, ¿dónde están hoy? ¿Cómo preservar ese talento en el sector privado y gubernamental? Debemos estar abiertos a reclutar personal con amplia experiencia en éste tipo de retos no necesariamente Mexicano (véase el ejemplo del Instituto de Okinawa, Japón, contratando al director saliente de la Sociedad Max Planck como su actual director). La comunidad científica no es “todologa” y CONACYT no tendría por qué resolver todos los problemas y temas relacionados con ciencia y tecnología. Hay que explorar el abanico de posibilidades que toda crisis ofrece.

    • Lo que debería de pensarse es sobre las becas a los extranjeros, debería haber otros esquemas de apoyos para ellos. No es justo que todos, con nuestros impuestos paguemos las becas de extranjeros, que muchas veces no trabajan nada sobre México, que no se titulan, y que, muchas ocasiones extorsionan a los posgrados, porque se van a su país y cuando se les exige la titulación dicen que no pueden venir,que no tienen dinero. Incluso, en algunas universidades se les ha tenido que enviar boletos de avión con tal de que se titulen y el posgrado no pierda la efiencia terminal. Deberían de concursarse las becas y no darlas por el simple hecho de ingresar en un posgrado en México. Hasta se premia a los posgrados que tienen extranjeros, como si eso fuera un garantía de ser un posgrado de excelencia, realmente criterios obsoletos.

  6. El artículo del Dr de LEON es una robusta reflexión de la situación de nuestra principal organización pare la CTI y para el apoyo en la formación de recursos humanos de posgrado.
    Es de esperarse que algunos de nosotros que hemos crecido en este ambiente tengamos observaciones adicionales e incluso énfasis diferentes en algunos aspectos.
    Sin embargo hay acciones que son impostergables y que requieren de consensos, que no de unanimidad para caminar por la ruta que genere bienestar y hasta autoestima de la sociedad mexicana en plazos visibles para la generación actual.
    Una autocrítica dentro de la comunidad académica que permita identificar sin duda alguna aquellos grupos que han sido crecientemente productibos; pero también la identificación plena de aquellos que han reclamado y hasta publicado hallazgos que son irreproducibles y se les sigue premiando a pesar de sus dudosas relaciones con la ética.
    Es el momento de reflexiones y de acciones que se antojan para el futuro que ya está aquí.

  7. Los Olvidados de México y el CONACYT
    Buen tema y excelente artículo como siempre. Aprovecho para desenterrar un hecho si bien poco conocido está completamente olvidado. Me refiero a los becarios que al final del sexenio del presidente López Portillo, y debido a la crisis económica de ese entonces (una más), quedaron varados por todo el mundo y algunos de ellos por no decir la mayoría nunca regresaron a México derivando de lo anterior en una “fuga de cerebros,” una generación perdida de profesionales con estudios de maestría y doctorados por medio de becas otorgadas por el CONACYT y que según ellos -los becarios- simple y sencillamente los abandonaron a su suerte. Hoy por hoy esa “mayoría” y por los últimos 30 a 35 años se encuentran ocupando puestos como maestros eméritos, investigadores y directores de facultades de la Universidad Estatal de California y la Universidad de California y de seguros por universidades de todo el mundo. Esperemos que les vuelva a suceder lo mismo a los actuales becarios que se encuentran especializándose fuera de México.

  8. Quiero aclarar que el Estímulo Fiscal a la Investigación y Desarrollo de Tecnología (EFIDT), es un crédito fiscal de 30% del INCREMENTO en los gastos e inversiones en I+D con respecto al promedio de años anteriores.