“Apenas son suficientes mil años para formar un Estado;
pero puede bastar una hora para reducirlo a polvo”.
—Lord Byron

El Internet o la Utopía del Internet como la hemos llamado, ha revolucionado nuestra vida en todas sus esferas y sus interacciones. Sin embargo, el auge de las nuevas tecnologías en ella sustentadas, y las promesas que nos ofrecen, están expuestas a grandes desafíos, entre ellos, una crisis de confianza en el uso y monetización de nuestros datos como por ejemplo en el modelo de negocios de Facebook y el de Google, por mencionar algunos. Dichos modelos y otros tantos sustentados en la economía de los datos amenazan así nuestra privacidad y, por otra parte, la integridad de estos, ante las avezadas incursiones de los ciberdelincuentes, que ya no pretenden exhibir con orgullo su capacidad técnica de hackeo de sistemas informáticos en apariencia invulnerables, sino que lucran con sus ataques perpetrando conductas ilegales. Tenemos secuestros digitales de información como los Ransomware, la fuga de datos, o los ataques a servicios centrales de Estados, causando denegaciones de servicios en algunos casos públicos y de extrema necesidad, como por ejemplo con los estragos causados por el virus informático WannaCry en los hospitales públicos del Reino Unido. En otras palabras, estamos ante un gran encrucijada donde las promesas del uso y adopción de estas nuevas tecnologías, como el cómputo en la nube, el internet de las cosas, la inteligencia artificial, y el blockchain (o cadena de bloques en español), que subyacen a la llamada Cuarta Revolución Industrial, son muy seductoras, pero por otra parte además de los desafíos mencionados sobre la privacidad y seguridad de la información, aún no tenemos, en algunos casos, evidencia cierta y generalizada de su materialización. Muchas voces comparan el surgimiento de la cadena de bloques con la llegada de internet, y anticipan una transformación equivalente —o incluso mayor— en las comunicaciones, los negocios, los gobiernos, y los derechos individuales. Como mínimo, la integración de esta tecnología con el machine learning, la inteligencia artificial, el análisis del comportamiento y otras tecnologías disruptivas similares tiene un potencial muy prometedor y con aplicaciones en prácticamente todos los campos de actividad, sean éstos privados o públicos.

Ilustración: Patricio Betteo

Podríamos escribir un libro sobre el blockchain, que seguramente tendríamos que actualizar y enmendar periódicamente, pero además de una pequeña introducción al mismo, quisiera esbozar cuáles de sus usos se presentan más atractivos en general, y en especial para México, y qué desafíos presentan. A modo de introducción les recomiendo ver este video y esta guía, ambos muy didácticos que utilizo en mis clases sobre Tecnología y Sociedad.

Dos principios centrales en las promesas de esta tecnología son la confianza y la descentralización. Hoy en día en nuestras interacciones físicas o virtuales necesitamos en algunas ocasiones que un tercero certifique o verifique por ejemplo nuestra identidad. Lo más común sería en México que alguien pregunte por nuestra credencial del INE, o en el caso de una transacción en línea, nuestra firma electrónica y/o certificado digital, como por ejemplo en nuestros trámites en el portal del SAT. En el caso de transferencias de dinero, son los bancos u otras entidades las que verifican la integridad de la operación, incluyendo nuestra identidad, la cual si se trata de banca en línea será digital. En otros casos, lo que es aún más preocupante, elegimos ingresar en ciertos sitios en línea verificados de manera centralizada por nuestra cuenta en Facebook o en Google, sometidos así a la tiranía de sus opacos algoritmos y códigos.

Un pequeño puñado de compañías, entre ellas Facebook, Google, Apple, LinkedIn, Tencent, AliBaba y Amazon, dominan el sector del internet global, de hecho, sumamente centralizado por ellas. Si bien estas compañías brindan servicios sumamente valiosos a miles de millones de personas, también están consolidando el control sobre la comunicación humana y una riqueza a un nivel nunca visto en la historia. Ya analizamos en este mismo medio el modelo de negocio de Facebook ante el escándalo de Cambridge Analytica, y sus desafíos para la privacidad y seguridad de nuestros datos, y las democracias liberales.

En China, por ejemplo, WeChat es el jugador dominante. Se utiliza para la mensajería de más de 90% de los usuarios de internet móvil en las principales ciudades. WeChat también se utiliza para citas, banca, pedidos de taxis, compras y mucho más. Es un grado de centralización desalentador, donde la aplicación toma el lugar de casi todo lo que se haría en la web descentralizada. Todas estos esfuerzos revelan el valor estratégico del internet y sus aplicaciones para los gobiernos, las empresas y los ciudadanos, incluyendo las batallas geopolíticas para consagrar sus objetivos, donde las fronteras tradicionales se han convertido en porosas vallas a este fenómeno global que escapa los principios tradicionales de soberanía territorial. Es por ello, que algunos expertos pregonan una nueva soberanía, la informática o de datos para —con cierta ingenuidad y anacronismo—, intentar conservar el control sobre la información local, fragmentando el Internet en su origen pensado como descentralizado y abierto. La buena noticia es que gracias a la cadena de bloques podríamos prescindir de estos intermediarios, ya sea los Estados o las empresas tecnológicas que dominan el internet, y usar identidades digitales distintas al modelo centralizado. La premisa básica para la verificación de un hecho, por ejemplo, es que, si de alguna manera todos tenemos la misma información, podemos verificarlo. En otras palabras, si es posible que todos tengan y compartan la misma información, el hecho sujeto a verificación resulta veraz, es como si todos actuáremos como un notario, y diéramos fe digitalmente y de manera descentralizadade la existencia de éste.

Nuestras ciudades están cada día más interconectadas, con dispositivos y redes, con mayor inteligencia de nuestros datos y de la información en general. Así tenemos hogares inteligentes, publicidad segmentada, tiendas con experiencias de usuario personalizadas, e incluso uso de datos biométricos. Este nuevo entorno y sus modelos de negocios exigen un gerenciamiento seguro de la información, que permita hacer uso de la misma para ofrecer experiencias y servicios personalizados, respetando la privacidad, sin revelar por ejemplo información legal o personal de los ciudadanos. Esta identidad digital descentralizada que permite el blockchain, permitiría acceder a servicios digitales —sólo por estar conectados con nuestro dispositivo, es decir sin tener que validar nuestra identidad digital a través de Facebook, por ejemplo— sin que servicios de terceros puedan monetizar nuestros datos sin nuestro consentimiento previo e informado.

La cadena de bloques, dicen los expertos, va a posibilitar dar el salto del llamado internet de la información al internet del valor. Durante los últimos años hemos convivido con el primero, un ecosistema que ha penetrado hasta las profundidades de nuestro día a día y que ha hecho que florezcan empresas como Google, Facebook o Twitter. Estos nombres han cambiado modelos de negocio de industrias enteras como los medios de comunicación, las telecomunicaciones o el turismo, y nuestras vidas.

Se le llama internet de la información porque hasta ahora lo que se ha compartido ha sido fundamentalmente información. Ahora, estamos dando el salto hacia el internet del valor. “Y esta ola es mucho mayor que la primera”, avisa Alex Preukschat, consultor Blockchain, coordinador del libro Blockchain, la revolución industrial de Internet y coautor de un cómic sobre el tema, La caza de Satoshi Nakamoto. “No se puede descartar que empresas disruptivas como Amazon o eBay se vean disrumpidas a su vez”, sentencia. Estamos viviendo la disrupción de lo que creíamos hasta ahora disruptivo, esto si que es una nueva revolución digital.

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Blockchain, es esencialmente una base de datos, o un libro de contabilidad Mayor o Ledger, en el cual varios agentes en la red llevan un registro y guardan una copia de dichos datos y de las transacciones de las cuales son objeto. Este registro es inalterable y contiene toda la historia de las transacciones realizadas. Cada agente, o participante se llama nodo, que no es otra cosa que un sistema informático o una computadora, para hacerlo más comprensible. Todos estos nodos se interconectan entre sí a través de una red descentralizada, sin un sistema principal. Se comunican entre sí a través de redes llamadas P2P o Peer to Peer que usan el mismo lenguaje o protocolo. Un libro mayor es una base de datos de sólo escritura más comúnmente usada en contabilidad. El libro mayor distribuido digital crea la misma copia de los datos en todos los nodos participantes. Todas las transacciones nuevas se firman digitalmente y luego se transmiten a través de la red bloques para que se agreguen al sistema. Los participantes en los bloques verifican que la transacción es válida y, a continuación, la escriben o contabilizan en el libro mayor.

Toda la red tiene el mismo libro mayor de manera descentralizada.

En este diagrama por ejemplo el libro Mayor (abajo a la derecha) no realiza un seguimiento de los saldos de cuentas de activos digitales, simplemente registra transacciones

En lugar de saldos, la propiedad de los activos digitales se comprueba mediante vínculos a transacciones anteriores, utilizando el historial inmutable inherentemente disponible en una solución de bloques, por ejemplo. Para que Alex envíe $500 a Juana, debe hacer referencia a las transacciones anteriores, todas verificadas digitalmente, en las que ha recibido $500 o más para probar que, de hecho, tiene mucho dinero para enviar. Estas transacciones de referencia se denominan transacciones de entrada anteriores. Las transacciones actuales se denominan transacción de salida (s).

La validez de cada transacción se basa en la validez de las transacciones anteriores, que se comparten.

El mensaje transmitido recibe el nombre de token, que representa la información que se almacena en la red. El bien subyacente o representado por ese token, puede ser un activo físico o intangible, un bien o un servicio. Por ejemplo, una criptomoneda como el bitcóin, una compraventa de un inmueble o la prestación de un servicio. La información siempre está encriptada. Las transferencias de tokens se reúnen en bloques que se entrelazan entre sí, de ahí el nombre de cadena de bloques.

Ahora bien, existen varias cadenas de bloques, que pueden interconectarse entre sí, y usarse para varios destinos. Por otra parte, hay cadenas de bloques públicas y privadas. En las públicas puede entrar cualquiera, como por ejemplo bitcóin o Ethereum, en las privadas sólo sus propietarios.

Como consecuencia de este carácter distribuido no existe una autoridad central de control de la base de datos, lo cual es uno de los aspectos más importantes, poderosos, auspiciosos y también amenazantes de la tecnología blockchain.

Su origen arranca en 2009, con el lanzamiento de la criptomoneda bitcóin, que es una divisa no controlada por ningún gobierno o banco central sino solo por criptografía y código y que, como sistema de pago global y descentralizado, materializó la esperanza de una nueva libertad económica a los que dudaban de las autoridades monetarias supervisoras en medio de la crisis financiera iniciada un año antes, como así también permitió a muchos delincuentes lavar activos y realizar transacciones ilícitas.

Según los principios más loables mencionados, una persona o grupo de personas usando el pseudónimo Satoshi Nakamoto creó la primera moneda digital del mundo basada en blockchain: bitcóin. El libro blanco “Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System” fue publicado por Nakamoto en plena crisis financiera del 2008.

Las criptomonedas han tenido cierto éxito; bitcóin es ahora la criptomoneda más grande, el número total de bitcoines tiene una capitalización de mercado valorada en aproximadamente 200 mil millones de dólares. Una Investigación producida por la Universidad de Cambridge concluyó en el pasado año que hay entre 2,9 millones y 5,8 millones de usuarios únicos que utilizan activamente una billetera de criptomoneda. Según otros Datos más recientes ese número llegaría a los 10 millones.

En la investigación de la Universidad de Cambridge se han analizado las actitudes gubernamentales hacia las criptomonedas, no limitadas sólo a bitcóin. La imagen producida en todo el mundo es desigual. Algunos países se han convertido en defensores globales, mientras que otros han prohibido activamente las criptomonedas por completo, con varios matices intermedios. El disruptor más notable es Japón, que aprobó una ley que acepta bitcóin como moneda de curso legal. En el otro extremo del espectro, Bangladesh aprobó una ley en 2014 que establece que cualquier persona atrapada usando la moneda virtual podría ser encarcelada bajo las estrictas leyes antilavado de dinero del país. Recientemente el estado de Nueva York otorgó una licencia virtual para operar con bitcóin a una empresa que opera cajeros automáticos.

Cualquiera que sea el caso individual de un país, el crecimiento de las criptomonedas en la última década ha demostrado que hay un fuerte impulso en torno a esta nueva tecnología. Hay quien sostiene que el bitcóin recuerda a la revolución que supuso la invención de la letra de cambio en la Baja Edad Media, así como, por el contrario, en septiembre de 2017, el CEO de JP Morgan, Jamie Dimon, dijo en una conferencia que "las únicas personas que están mejor usando bitcóin en lugar de las monedas oficiales son asesinos, traficantes de drogas o personas que viven en lugares como Corea del Norte". Como verán las opiniones están muy polarizadas.

Sin embargo, bitcóin es solo una de las muchas aplicaciones de esta tecnología. La tecnología blockchain es la base sobre la que se construyó el bitcóin y no deben confundirse ambas nociones. De este modo, mientras que el bitcóin ofrece la posibilidad de eliminar a los bancos centrales y las instituciones financieras tradicionales, la tecnología blockchain puede aplicarse de forma más general y ambiciosa para reducir la necesidad de intermediarios en muchos sectores de la economía, el gobierno, y la sociedad. Así, por ejemplo, las funciones de los bancos, las instituciones financieras, las bolsas de valores, los centros de intercambio de información, los proveedores de contenidos, los operadores y mercados en línea e incluso los sistemas y registros públicos pueden desempeñarse mediante un conjunto de protocolos y normas basadas en códigos desplegados sobre una red blockchain.

Esta tecnología se presenta como revolucionaria, disruptiva y la panacea para muchas necesidades y males de nuestra época, una amenaza para algunos Estados, y un promesa par otros, pero sin embargo presenta aún algunos desafíos tecnológicos, así como regulatorios, razón por la cual aún se debe fundamentalmente promover y fortalecer la confianza en su utilización.  

El primer uso que se le ha dado al blockchain, por fuera de la criptomoneda, ha sido en el sector financiero, y la banca ha sido el primer ejemplo de una actividad que, según parece, puede ser desintermediada, al menos en parte. En la actualidad las fintech se presentan como agentes bancarios con los que los bancos tradicionales deben colaborar o competir.

En México contamos con una Ley Fintech, una ley moderna y bastante equilibrada que tiene por objeto regular los servicios que prestan las instituciones de tecnología financiera, como las que realizan pagos electrónicos o financiamiento colectivos. En su articulado se definen los activos virtuales, o criptomonedas las que quedan sujetas a la reglamentación que dicte el Banxico. En virtud de ello, el Banxico otorgará ahora permisos a aquellas empresas que deseen operar casas de cambio de criptomonedas o divisas en México. La institución dio a conocer así las disposiciones aplicables en el pasado mes de septiembre. Estas disposiciones representan un gran avance para México en la aceptación y uso de las criptomonedas sujetas a una reglamentación estricta, pero que reflejan una nueva visión al respecto por parte de las autoridades del Banxico, en gran medida al tener que acatar lo dispuesto por la Ley Fintech, pero que en el pasado bajo la dirección de Agustín Carstens habían sido muy reticentes al respecto.

Pero los especialistas aseguran que la cosa va más allá y que la gracia de blockchain está en que, unida a otras tecnologías como el internet de las cosas, puede aplicarse a cualquier transacción que requiera de una verificación. Mientras exista la necesidad de realizar transferencias de valor entre dos o más partes en un entorno de desconfianza y medios inseguros, el blockchain tendrá cabida, pues promete transacciones seguras entre personas en todo el mundo sin necesidad de intermediarios, como ser en elecciones, seguros, telecomunicaciones, energía, medios de comunicación.

Esto es lo que dicen los que están a favor de la implantación de esta tecnología y ven en ella nuestro futuro. Los hay más escépticos. Hay quien dice que con esta innovación muchos lo que han hecho es "en vez de poner problemas sobre la mesa y reflexionar sobre si la tecnología en la que se basa blockchain puede ayudar, ponerla sobre la mesa y buscando problemas a los que podrían aplicar esta tecnología".

Autores como Jon Evans aseguran que las redes blockchain no son el nuevo internet, sino el nuevo Linux, es decir, tecnologías complejas que el usuario final no quiere usar. Aengus Collins, responsable de Riesgos Globales en el Foro Económico Mundial, cree por su parte que hay indicios de comportamientos propios de una burbuja cuando se glosa el amplio catálogo de transformaciones radicales que va a traer la tecnología de cadenas de bloque. Otros, como Axel Pierron, asegura que ni siquiera su implementación en los mercados de capitales va a conducir a una caída de los costes. Más bien al contrario.

Sin embargo, tal como lo señala The Economist existen en la actualidad empresas como WePower en Lituania en la industria de las energías renovables, quien han desarrollado una aplicación en cadena de bloques mediante la cual empresas como éstas pueden vender los derechos a electricidad futura generada por startups mediante un contrato inteligente, que se ejecutará en el blockchain de Ethereum. Los derechos de electricidad serían un criptoactivo, creando como ventaja un mercado secundario y mayor competencia con las centrales eléctricas tradicionales y permitiendo recaudar capital a las empresas emergentespara su construcción y operación.

Las cadenas de bloques que ejecutan las criptomonedas podrían tener aplicaciones mucho más amplias que el seguimiento del historial de transacciones de efectivo electrónico. La idea es que, debido a que las cadenas de bloques utilizan registros distribuidos en lugar de centralizados y son más resistentes a las falsificaciones que otras bases de datos, se pueden aplicar a tareas desde la racionalización de registros médicos o el financiamiento comercial para garantizar por ejemplo que los diamantes y otros minerales se obtengan de manera ética.

Sin embargo, según el artículo citado de The Economist, otros proveedores debilitan la criptografía que hace que las transacciones de bitcoin sean mutables. Una de las razones es que el Reglamento General de Protección de Datos de Europa otorga a las personas el derecho a solicitar que sus datos se eliminen de los servidores de una empresa e impone grandes sanciones por incumplimiento. Reglas similares se aplican a los datos médicos en Estados Unidos. Pero las entradas en una cadena de bloques estándar, una vez creadas, no pueden alterarse. Es por ello, que, por ejemplo, Accenture ha desarrollado una cadena de bloques mutable en la que se puede modificar el contenido de los bloques individuales, dejando una "cicatriz" digital para indicar que se han cambiado.

Otro uso muy común es favorecer las transacciones comerciales permitiendo que las diferentes entidades involucradas tengan los mismos registros. Por ejemplo, las cadenas de bloques podrían ayudar a racionalizar las cadenas de suministro al permitir que los registros se compartan entre los proveedores, las compañías navieras, los agentes de importación, los funcionarios de aduanas, etcétera. Esto también facilitaría la resolución de conflictos cuando las cadenas de suministro cruzan las fronteras internacionales. En la actualidad todos los involucrados en una cadena de suministro utilizan sus propios sistemas propietarios para rastrear los envíos, por lo que los mismos datos se están utilizando en diferentes formatos y diferentes lugares y tienen que ir de una base de datos a otra. Reemplazar todo eso con una única base de datos distribuida para el uso de todos podría ofrecer grandes ahorros.

El Banco de Canadá y la Autoridad Monetaria de Singapur están colaborando para investigar blockchain como una forma de mejorar los pagos internacionales. Los bancos en diferentes países a menudo ejecutan sistemas informáticos que no pueden comunicarse fácilmente entre sí, lo que hace que los pagos sean lentos y costosos. Un sola contabilidad compartida, como la que sustenta blockchain, podría aliviar gran parte de la carga administrativa. Al respecto muchos han pregonado las ventajas que la utilización de la cadena de bloques traería en mitigar las vulnerabilidades del sistema del SPEI del Banxico, para habilitar la Banca Electrónica, aunque el doctor Raymundo Peralta, su creador, se haya declarado en contra en una entrevista concedida a Forbes Mexico.

La criptografía que protege las entradas en una cadena de bloques contra la manipulación también podría usarse para crear registros sólidos de todo, desde escrituras de propiedad hasta cuentas de la empresa. Varios países, el más famoso de Honduras, se ha planteado poner sus registros de tierras en blockchain para protegerse contra el fraude. Su aplicación en México podría reducir los numerosos casos de fraude y reforzar la seguridad jurídica en las compraventas de inmuebles y su inscripción en los registros públicos de la propiedad.

En Brasil la empresa estatal de tecnología brasileña, Serpro, lanzó recientemente una plataforma de cadena de bloques que espera reducir el fraude en el sistema de titulación de tierras anticuadas, que actualmente permite que se extiendan vastas extensiones de selva tropical del Amazonas para el cultivo de soja y carne. Por otra parte, en Suecia Chromaway está desarrollando un concepto para probar la posibilidad de realizar compras de vivienda utilizando blockchain y contratos inteligentes. El proyecto se encuentra todavía en su fase exploratoria. Finalmente, en Georgia el marco Exonum se está utilizando para transferir el registro de tierras de Georgia a una cadena de bloques, lo que garantiza que los títulos de propiedad no se manipulen y proporciona una copia sellada y sellada de los datos.

La votación también podría ser revolucionada por blockchain, particularmente en países con altos niveles de corrupción donde los procesos de votación a menudo están sujetos a fraude. Con Followmyvote, por ejemplo, los votantes instalan una cabina de votación digital en su computadora, envían su identificación y se verifican con los registros de votantes. Luego, pueden enviar su boleta a una urna basada en blockchain mientras permanecen en el anonimato usando claves privadas.

Algunos programas piloto están probando la viabilidad de blockchain en transacciones para distribuir ayuda humanitaria. En 2017, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) comenzó a distribuir cupones de alimentos en un campamento de refugiados en Jordania utilizando el blockchain Ethereum. Los cupones de alimentos se asignan a los refugiados, que acceden a ellos en supermercados dentro del campamento utilizando datos biométricos. Hasta ahora, el PMA ha transferido más de 1.4 millones de dólares en vales para alimentos a 10,500 refugiados, y planea extender el programa a 100,000 refugiados en 2018. El proyecto piloto basado en blockchain se ejecuta de manera más eficiente y brinda mayor seguridad contra el fraude que los sistemas tradicionales. ¿Se imagina su uso en México para la distribución de los programas sociales de asistencia?

Como señala Carlos Morales en Forbes Mexico existen en México varios movimientos que buscan impulsar la experimentación y adopción del blockchain. Algunos ejemplos allí citados son Bitso, la casa de cambio en línea de criptomonedas, que anunció la creación de la Asociación Mexicana de Blockchain, en conjunto con GBM y Luna Capital. En abril pasado, el Centro de la Complejidad de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) fue sede del primer curso en la materia en asociación con blockchain en Berkeley, una organización de estudiantes de la UC Berkeley. Microsoft aloja en su plataforma en la nube Azure distintas soluciones basadas en cadena de bloques. Según la Secretaría de Hacienda existen en México más de 330 empresas Fintech.

Según un estudio realizado por Endeavor a pesar de sus avances el uso y adopción del Blockchain en México es todavía incipiente. Sin embargo, el citado estudio destaca la promesa de los beneficios de su adopción para la Democracia y Transparencia en México. En el mismo sentido la OCDE realizó recientemente un foro de discusión donde su secretario General, Angel Gurría, sostuvo en sus palabras de apertura que “los países están analizando cómo blockchain puede mejorar la transparencia, la responsabilidad y la eficiencia de los servicios públicos”.

Tim Swanson, de Postoaklabs, cree que las cadenas de bloques están entrando en el "abismo de la decepción" en el "ciclo de exageraciones" propuesto por Gartner, una consultora de tecnología. En este punto, después de una oleada inicial de emoción, la realidad se reafirma a medida que se hacen evidentes los límites de una tecnología. La clave para hacer útiles las cadenas de bloques será gestionar las expectativas. Y a veces es mejor conceder la derrota. Los entusiastas también están empezando a darse cuenta de que incluso cuando una cadena de bloques podría ser una herramienta adecuada para el trabajo en cuestión, todavía tendrán que resolver el mismo tipo de problemas que para cualquier otro proyecto grande tecnológico, como por ejemplo quién estará a cargo, cómo se construirá el sistema, cómo funcionarán los formatos de datos y qué sucede si alguien quiere irse.

Además de los riesgos tecnológicos señalados, el blockchain presenta asimismo algunos riesgos regulatorios o de manera más amplia de gobernanza. Esta tecnología como explicamos con anterioridad soporta sistemas tecnológicos y aplicaciones descentralizadas que operan independientemente. Así, operan según sus propios sistemas internos de normas, que no son otras que los algoritmos y códigos utilizados, que a menudo ignoran o intentan eludir las normas jurídicas en vigor basadas en su mayoría en principios de soberanía territorial tradicionales, como sostienen los críticos del bitcóin, o carecen de una gobernanza adecuada. Sin embargo, como sostiene Moisés Barrio en Retina estos sistemas son regulados en áreas donde se cruzan con sujetos regulados, tales como ciudadanos, operadores de redes de telecomunicaciones, entidades Bancarias, Fintechs, etcétera. Mientras que todos estos actores permanezcan sujetos al Derecho y ubicados en el territorio de un país, los Estados podrían hacer cumplir sus leyes a cualquier aplicación o plataforma asentada en blockchain.

Sin embargo, dado que la tecnología de cadena de bloques y sus aplicaciones se encuentran en sus primeras etapas de desarrollo, existe el peligro de que una sobrerregulación pueda frustrar la aparición de aplicaciones nuevas e insospechadas que aún no han sido plenamente exploradas o descubiertas, impidiendo u obstaculizando la innovación. Es por ello que muchos actores, como el Foro Económico Mundial proponen como alternativa un modelo de gobernanza multisectorial. Así, un ecosistema distribuido no necesita ser desorganizado, y una mejor gobernabilidad no implica una legislación o regulación gubernamental formal. Un proceso cooperativo de diálogo y administración de múltiples partes interesadas puede contribuir en gran medida a mejorar la confianza y ayudar a los nuevos sistemas tecnológicos a desarrollarse de una manera socialmente beneficiosa. En México la Coordinación de la Estrategia Digital Nacional ha realizado una consulta para definir el Modelo de Gobernanza de la Red Blockchain en México, cuyos resultados no se conocen a la fecha de este artículo.

Asimismo, tal como sostiene el Foro Económico Mundial, el blockchain podría resultar ser una fuerza más amplia para la transparencia e integridad en la sociedad, incluso en la lucha contra el soborno y la corrupción.

Como destacamos anteriormente, una de las aplicaciones blockchain más utilizadas son los contratos inteligentes. Estos son contratos escritos en código en lugar de texto y están firmados por firmas digitales y se implementan automáticamente. Las auditorías y garantías se pueden codificar en un contrato inteligente y no pueden modificarse sin el consentimiento, lo que en teoría podría limitar, tal como lo sostiene Transparencia Internacional,  el alcance del fraude y la corrupción. Esto hace que los contratos inteligentes sean potencialmente aplicables a varias áreas de contratación gubernamental, especialmente en lo que respecta a limitar la manipulación durante los procesos de contratación pública. Al igual que otras transacciones de cadena de bloques, el proceso corta a los intermediarios. En este campo, la utilización de esta tecnología podría ser más eficaz y económica que todo el elefantiásico e ineficaz Sistema Nacional Anticorrupción en México, o las funciones ampliadas de la Secretaría de Hacienda en las contrataciones públicas según lo anunciado por el próximo gobierno.

Por otra parte la cadena de bloques podría mejorar la transparencia de las Organizaciones de la Sociedad Civil como se sostiene en este interesante artículo. Ello reduciría la desconfianza de la ciudadanía en México hacia ellas.  

Sin embargo, hay quienes sostienen que los delincuentes pueden dispersar fácilmente sus bitcóines en varias cuentas para evitar la activación del requisito de informes (si es que existen, y dado que no existe un organismo de supervisión central que de otra manera marcaría o bloquearía las transacciones sospechosas).

Los delincuentes y los corruptos también pueden ocultar los orígenes del dinero a través de capas de múltiples transacciones, creando una red demasiado complicada para desentrañar. Las transacciones de bitcóin son casi instantáneas, lo que permite que el dinero se desplace rápidamente a diferentes ubicaciones. Esto hace que sea difícil rastrear el flujo de fondos, así como detener una transacción si existe sospecha de actividad ilegal.

Sin embargo, algunas personas argumentan que las afirmaciones sobre el anonimato que proporciona bitcóin son exageradas.

Aunque las transacciones no registran las identidades de los involucrados, sí registran las claves públicas utilizadas por todas las partes involucradas. Las acciones se registran en la cadena de bloques y están disponibles gratuitamente para inspeccionarlas. Las claves públicas se pueden rastrear, lo que significa que se pueden observar los flujos de bitcóin para ver dónde se destinó el dinero.

Como podrán ver la verdad está en un punto intermedio.

Al analizar el potencial de la tecnología blockchain en los esfuerzos anticorrupción, es importante separarla de bitcóin y otras criptomonedas. La cadena de bloques no se utiliza normalmente como una herramienta específica contra la corrupción, pero la permanencia de los datos registrados la hace resistente a la manipulación con fines fraudulentos.

Como muchos observadores aclaman el advenimiento de la revolución de la cadena de bloques, siguen existiendo importantes desafíos para utilizar la tecnología de la cadena de bloques para asegurar los datos del gobierno, formular contratos inteligentes, administrar cadenas de suministro o hacer un seguimiento de los flujos de dinero transfronterizos.

Si bien el potencial para usar cadena de bloques en este contexto es significativo, probablemente la tecnología madurará hasta su uso generalizado. Mientras tanto, no se pueden pasar por alto los riesgos de las criptomonedas que permiten flujos financieros ilícitos.

Al final, el beneficio en la implementación de esta tecnología será general. No sólo las compañías sacarán provecho, sino el ciudadano de a pie, así a pesar de que hay aún mucho por experimentar en este campo. Blockchain da a los usuarios el poder de convertirse en sus propios proveedores de servicios, sin necesidad de un intermediario, y podrán ver muy pronto cómo el control sobre sus datos vuelve a sus manos gracias a la cadena de bloques. Eso podría generar un tsunami para compañías que basan su modelo de negocio en la minería de los datos gratuitos de sus usuarios, como Facebook o Google.

Uber y Aribnb son compañías superexitosas a pesar de no ser dueñas de autos ni de hoteles, pero ése es el enfoque equivocado. Lo que es más relevante es de qué sí son dueños, y son dueños de redes; son los intermediarios, por ejemplo Uber habilita la interconexión y cobra una comisión por ello, pero la cadena de bloques permitiría la existencia de un Uber sin Uber, simplemente al vincular a los distintos actores de la red, conectando directamente a las personas que quieren ser llevadas con las personas que quieren llevarlas, usando reglas muy claras de cómo van a operar entre sí, sin necesidad de que alguien los esté gobernando, sin que exista un punto centralizado. Esto si que luce disruptivo contra la misma disrupción, en una nueva capa de innovación sobre lo anterior.

El desafío y la promesa, al parecer, son dos caras de la misma moneda digital.

México debe beneficiarse en esta coyuntura histórica de las ventajas de esta nueva tecnología, enfrentar sus desafíos de manera inteligente con todos los grupos de interés y adoptar así una política pública tecnológica de Estado, tal como se recomienda en la Agenda Digital Nacional (ADN) presentada por la Cámara Nacional de la Industria Electrónica, de Telecomunicaciones y de las Tecnologías de la Información en México (CANIETI). Sin embargo, las políticas relevantes anunciadas por la nueva administración sólo responden al acceso y cobertura a internet, y no al fomento y apoyo del desarrollo innovador tecnológico, las habilidades digitales que requiere la Industria 4.0, como tampoco revelan cuál será la adopción de la cadena de bloques y otras nuevas tecnologías hacia adentro del gobierno, contribuyendo a su transformación digital gracias a la transversalidad de la tecnología, una mayor transparencia y certeza jurídica, y eficacia en la consecución de sus objetivos. Por supuesto que estas reflexiones son sólo pinceladas sobre lo que se debería hacer en este terreno.

Ilusionado por esta bocanada de aire fresco de libertad digital, me permito como colofón de esta nota reparafrasear así a Lord Byron: “apenas son suficientes unos veinte años para centralizar y monetizar la web; pero puede bastar una hora para descentralizarla”.

 

Jorge J. Vega Iracelay
Profesor en la Universidad Panamericana e INFOTEC. Escritor, ensayista e investigador en tecnología y sociedad.