En el reino de los fines todo tiene un precio o una dignidad.
Aquello que tiene precio puede ser sustituido por algo equivalente,
en cambio, lo que se halla por encima de todo precio y, por tanto,
no admite nada equivalente, no tiene dignidad.

—Kant

Sobre temas ríspidos la sociedad suele moverse con más celeridad que las personas cuyos vínculos les impiden ser libres. Sometidos por sus obligaciones, la mayoría de políticos y ministros religiosos, aunque no sean conscientes de sus chapucerías, se traicionan. Suelen proceder conforme a los lineamientos de sus propias reglas, a las reglas de sus reglas; actúan siguiendo cartabones preestablecidos alejándose del espléndido espacio de la autocrítica —no tienen cómo hacerlo, carecen de formación—. La bioética no es moda, es necesidad.

Aborto, eutanasia, ingeniería genética, justicia, dignidad, avances tecnológicos, autonomía y libertad, técnicas novedosas como CRISPR/Cas9, herramienta molecular utilizada para “editar” o “corregir” el genoma de cualquier célula, son temas cruciales, sociales y médicos, los cuales, conforme aumente la tecnología, adquieren mayor visibilidad. Sociedad y poder deben dialogar. Entresaco seis notas periodísticas cuyo común denominador es morir con dignidad. Todas recientes, todas vigentes, todas preguntan.

Ilustración: Kathia Recio

Primera. Marzo de 2015. La sociedad exige al gobierno francés dialogar acerca de sedación terminal y muerte digna. Hollande —el entonces presidente— anuncia que se discutirá una nueva ley para la sedación terminal. En un santiamén líderes de cinco religiones reaccionan contra el cambio legislativo. Días después la Asamblea Nacional apoya por aplastante mayoría la norma que declara vinculante el testamento vital y el derecho a la sedación profunda: 436 votos a favor, 34 en contra. Sin embargo, no se aprueba el suicidio médicamente asistido.

¿Es suficiente la sedación profunda?, ¿por qué no la eutanasia activa? Copio una carta publicada en El País (marzo de 2015) intitulada No quiero morir en Francia:

¿Qué significa una muerte digna? Considero que toda persona que quiera quitarse la vida, por padecer una enfermedad crónica e incurable, ha de tener la capacidad de hacerlo si ésa es su voluntad y ha dejado constancia de ello.

La sedación profunda hasta la muerte me parece una manera absurda de atrasar acontecimientos inevitables, y una forma de hacer sufrir no a la persona inconsciente —que poco puede sentir ya— sino a sus allegados. Creo que la Asamblea Nacional debería considerar la legalización de la eutanasia porque habría que entenderla como un derecho individual, más allá de las valoraciones morales de cada uno. Si no se legitima, yo no quiero morir en Francia.

Irene Monmeneu Soler, Valencia.

Comentario: hasta hoy, diciembre de 2018, la eutanasia no se ha aprobado en Francia.

Segunda. En octubre de 2013 el célebre teólogo Hans Küng, víctima de Parkinson avanzado, anunció que recurriría, llegado el momento apropiado, a la eutanasia. Küng, ser humano admirable, inhabilitado para oficiar por el papa Juan Pablo II debido a sus posturas críticas frente al Vaticano, escribió, “No quiero seguir viviendo como una sombra de mí mismo”[…] “El ser humano tiene el derecho a morir cuando ya no tiene ninguna esperanza de seguir llevando lo que según su entender es una existencia humana”.

En Morir con dignidad (Editorial Trotta), en coautoría con Walter Jens, expresa ideas sugerentes con respecto al final de la vida y a la eutanasia. Comparto dos. Primera: “Dedicarle tiempo y paciencia a los enfermos terminales es quizá el último y mayor regalo que podemos ofrecerles: tiempo para escuchar su inseguridad, sus preocupaciones y miedos, para darles un poco de consuelo, también para recitar con ellos una oración”. Segunda: “Claro que no debemos reducir la cuestión de la muerte humanamente digna a la pregunta por la eutanasia activa, pero tampoco podemos seguir prescindiendo de ella. Una responsabilidad valiente de seres humanos sobre el morir forma parte de una muerte digna, y esta afirmación no implica desconfianza ni soberbia ante Dios, antes bien una inquebrantable confianza en Dios, que no es un sádico sino el Dios misericordioso cuya gracia es eterna”.

Comentario. Mientras escribo, diciembre de 2018, Küng pervive. Desde su trinchera y ejemplo sigue invitando a los creyentes a modificar sus relaciones con el poder eclesiástico. Los diversos credos, todos, deben modificar sus posturas. Todo ha cambiado: el mundo, el tiempo, el ser humano, la tecnología, la credibilidad hacia los dictados religiosos. Cambiar su postura es cuestión de supervivencia. De no hacerlo, su población se acotará a quienes viven inmersos en fanatismos.

Tercera. Febrero de 2015. En la sentencia Carter versus Canadá el Tribunal Supremo reconoció que la ayuda a morir es un derecho fundamental. Familiares de Kay Carter, víctima de estenosis espinal degenerativa, solicitaron que se le ayudase a morir. La Suprema Corte revocó por unanimidad la prohibición del suicidio médicamente asistido. El fallo concede un año al gobierno y a los estados del país para elaborar sus leyes. De no hacerlo, el tribunal no procesará a los médicos que contribuyan a morir.

Comentario. La noticia anterior provocó modificaciones. Canadá ha demostrado ser un país que cambia, que se adapta a los reclamos exigidos por la sociedad: en 2016 aprobó la eutanasia y en 2018 legalizó el consumo recreacional de la marihuana. Esas modificaciones incluyen a quienes deseen hacerlo. No atenta contra la población ajena a esas ideas.

Cuarta. En septiembre de 2013 el físico Stephen Hawking, postrado en una silla de ruedas desde los 21 años, declaró, antes del estreno de un documental sobre su vida, “Creo que quienes tienen una enfermedad terminal y sufren grandes dolores deberían tener la opción de elegir poner fin a sus vidas, y aquellos que les ayuden deberían quedar libres de ser juzgados”. Hawking físico teórico, astrofísico y divulgador científico británico, brillante en muchos aspectos, murió en 2018, víctima de esclerosis lateral amiotrófica, enfermedad que preserva el intelecto y limita la mayoría de las funciones corporales; muchos enfermos viven postrados, sin poder moverse. Para muchos el sufrimiento es peor que la muerte.

Comentario. La enfermedad de Hawking fue muy prolongada. La mayoría de las personas suelen fallecer antes. El llamado de un ser brillante, “…tener la opción de elegir poner fin a sus vidas”, víctima de una enfermedad “terrible”, no debe ser desdeñado. Los enfermos cuya incapacidad física es absoluta y cuyo intelecto no se altera, tienen, deberían tener, la posibilidad de morir cuando así lo decidan.

Quinta. En noviembre 2014, tras ingerir medicamentos, falleció Brittany Maynard, de 29 años, víctima de cáncer. El video donde explica las razones de su decisión, morir con dignidad, se reprodujo más de nueve millones de veces. Maynard era una defensora de la legalización para ayudar a morir. Debido a que en California, su estado natal, el suicidio estaba prohibido, viajó a Portland donde murió por medio de suicidio asistido. En su último mensaje de Facebook, escribió: “Adiós a todos mis queridos amigos y familiares que me aman. Hoy es el día en que he elegido para morir en vista de mi enfermedad terminal, este tipo de cáncer cerebral terrible que ha tomado mucho de mí… pero que habría tomado mucho más”.

Comentario. En California la eutanasia se legalizó en 2015. Es probable que la conducta y las discusiones de Brittany hayan contribuido a la legalización de la muerte asistida. En Estados Unidos cada vez más estados han aceptado el suicidio asistido como opción.

Sexta. En abril de 2018 se retiró el soporte respiratorio a Alfie Evans. Falleció cuatro días después. Alfie nació dos años antes. Padeció un trastorno neurodegenerativo no diagnosticado. La mayor parte de su vida permaneció hospitalizado. Los padres querían mantenerlo vivo a toda costa. En contra de las autoridades médicas del hospital, quienes aseguraban que el niño fallecería a pesar de esfuerzos óptimos, los progenitores se negaron a aceptar la decisión. Fuera del hospital grupos provida se manifestaban a favor de los padres.

Comentario. El affaire Alfie Evans ilustra el abismo que hay entre grupos provida y opiniones médicas. El personal médico sufrió agresiones de los manifestantes. El Centro Legal Cristiano le sugirió a los padres que denunciasen a los doctores por asesinato. Los médicos sabían, desde junio de 2017 cuando Alfie tenía un año, que las posibilidades de recuperación eran nulas. Continuar tratamientos era fútil; hacerlo sólo prolongaría el sufrimiento. La justicia británica avaló la decisión de retirar el apoyo médico. El caso Alfie ilustra la obstinación de grupos ultrarreligiosos en contra de la sabiduría médica.

Morir con dignidad es tema actual. Hablar y discutir es necesario. El universo del bien morir es amplio y el camino a seguir tortuoso y largo. Manifestarse es crucial. El asunto debería ser parte de la mayoría de quienes pueden elegir, i.e., librepensadores sin asfixias económicas, personas que valoran su autonomía sobre imposiciones externas. Empoderar a la sociedad es el primer paso. Presionar a quienes detentan el poder y exigir nuevas políticas es la meta. Elegir cómo morir es un derecho, no una dádiva.

En De Senectute Norberto Bobbio cita a Reinhold Schneider quien en Invierno en Viena escribe: “Mi fuerza vital está tan exhausta que ya no logra ver más allá del sepulcro, no logra ya temer o desear nada sino la muerte. No puedo concebir un Dios tan despiadado que despierte a uno que está durmiendo a sus pies muerto de cansancio”. Releo a Schneider: las dependencias humanas hacia deidades no es culpa de las deidades que ni siquiera saben que existen, es responsabilidad de los seres humanos que las erigieron y siguen dotándolas de poder. Dios, esa figura así llamada por los seres humanos, me digo, no debe gozar al ver cómo sufren las personas. Dios, me digo de nuevo, debe evitar dolores innecesarios y muertes prolongadas.

 

Arnoldo Kraus
Médico. Profesor en la Facultad de Medicina, UNAM. Es autor de Dolor de uno, dolor de todos y de Recordar a los difuntos, entre otros libros.

 

6 comentarios en “Morir con dignidad. Seis notas

  1. Dr hoy no haré un comentario sobre este artículo, excelente y veamos alrededor nuestros egoísmos y penurias personales, sociales e institucionales.
    De lo formativo a lo real.
    Veamonos nuestro entorno México.
    Por favor.
    Felicitaciones
    Doctor por este artículo

  2. Gracias querido colega por tomarte el tiempo y escribir. Y sí, vemos por México, denunciemos y hablemos. Es obligación.
    Abrazo,
    Arnoldo Kraus

    • Ante la etapa terminal de cualquier enfermedad el paciente debe recibir atencion de la disciplina médica con el nombre de Cuidados Paliativos. Los pacientes y sus familiares o las personas cercanas a ellos reciben una atencíón integral que incluyen aspectos bio-psico-social(fam)..y desde luego se está a favor de la muerte digna. No sobre ningún tipo de intervención activa que termine con la vida de un ser humano.

      • Gracias María Isabel,
        Concuerdo plenamente con tu comentario. Los cuidados paliativos son formidables cuando se tiene acceso a ellos; en México, lamentablemente, pocos hospitales gubernamentales cuentan con departamentos ad hoc. Y si, de acuerdo, ante la muerte, toda la familia merece explicaciones y quien solicite morir cuando no hay nada más que ofrecer, debe recibir ayuda.
        Saludos,
        Arnoldo kraus

  3. Dr. muy certeramente mencionas la responsabildad de todo ser humano ante sus creeencias religiosas; pero también son determnantes la moral y ètica con que se conduce a través de su vida, que le dan la libertad o le truncan, el derecho a manifestar su voluntad, en este caso del bien morir.

    • Olivia, Gracias por tu observación. Junto con las creencias religiosas siempre cavilo en la ética, en la ética laica, aquella que te permite vivir tu vida de acuerdo a tus pensamientos y autonomía. Quizás no hice hincapié en este artículo sobre las virtudes de la ética laica, pero, esa ética es mi estandarte.
      Saludos afectuosos,
      Arnoldo Kraus