En esta cuarta entrega de nuestra serie, ofrecemos un panorama, por géneros, del estado de las letras españolas actuales. Varios puentes muestran y unen los pasos de nuevas promesas o escrituras afianzadas, cuya vigencia se mantiene hoy

Una literatura nacional es un conjunto de signos móviles. Puede tomar años apreciar si tal o cual obra resultó fundamental debido a una conjunción de fenómenos, si llegó a influir a otros autores —de su generación o de las siguientes—, o si no fue nada más que otra estación de paso en la carrera de un escritor.

La literatura de España es una de las que más circulan en el continente americano. Y hago referencia no sólo a la que se escribe en español sino también a la que se traduce de las otras lenguas de la península. Circula más, incluso, que la producción literaria de los propios países americanos. Esa distribución trasatlántica solidifica un corpus que permite a las literaturas hispánicas detectar y mantener búsquedas estéticas compartidas. Una parte muy estimable de las apuestas más atendibles de la literatura actual circula en tirajes limitados de las editoriales denominadas “independientes”, que suelen privilegiar la exploración de límites y otras propuestas que no tendrían cabida en los programas editoriales de las grandes casas editoras, de entidades públicas o privadas o incluso de instancias de apoyo a la edición con fines de mera difusión. Esta parcela de producción —nada despreciable en España, Argentina y México, al menos— no circula con la misma facilidad que las que tienen canales de distribución masivos.

Ilustración: David Peón

Los autores seleccionados nacidos en las décadas de los cincuenta y sesenta ya cuentan con obras que son de referencia para enlazar el pasado inmediato con un futuro que llega aunque parece que no llega. Son obras sólidas que deben visitarse con la seguridad de leer parte de lo más granado de la literatura española actual. En contraste y con las prevenciones de cada caso, los autores nacidos en la década de los setenta se ajustan a la realidad europea actual y sincronizan sus propuestas con Inglaterra, Alemania o Francia, lo que significa que deben leerse con las advertencias de quien espera que llegue el tren a la estación, pero que es muy probable que no tarde. Son carreras literarias que podrían verse fracturadas por factores externos, como cualquier otro aspecto de la vida.

Es un corte de caja, al día de hoy, en donde pueden leerse libros de enorme significación e inteligencia sensitiva. Es el futuro, hoy.

Cuento

Ignacio Vidal Folch (Barcelona, 1956)

Con una trayectoria siempre en ascenso y dueño de una de las prosas más cuidadas del idioma, no deja de ser penoso que la obra de Vidal Folch sea apenas leída por los lectores hispanoamericanos.

El arte no paga (Anagrama, 1985), casi imposible de hallar en la actualidad, lo acentuó como un narrador habilidoso en la construcción de enredos y soluciones inesperadas. Lo mismo sucedió más de 10 años después con Amigos que no he vuelto a ver (Anagrama, 1997). Su conocimiento erudito del mundo del cómic permea en su narrativa —en especial en el relato—, para dar cuenta de situaciones que retratan a los lectores de las maneras menos pensadas.

Fernando Aramburu (San Sebastián, 1959)

La obra de Aramburu ya ha dado páginas estimables en su recorrido, tanto en la narrativa como en la poesía. De origen poeta, el autor vasco se adentró con firmeza en el cuento con la publicación de Los peces de la amargura (Tusquets, 2006). Ya antes de ese título El artista y su cadáver (Tusquets, 2002) lo mostró como un minificcionista cabal, dueño de un humor corrosivo y siempre diestro para la línea que a causa de su dureza perfora al fondo.

Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960)

Martínez de Pisón es uno de los mejores raconteurs del panorama cuentístico europeo. Su aspiración por asestar un golpe seco en la narración de tramo corto, alcanza notable maestría en piezas memorables para los lectores.

La antología personal de su obra, Aeropuerto de Funchal (Seix Barral, 2009), es una de las mejores invitaciones a conocerla, aunque sería difícil elegir entre sus ya varios volúmenes de relatos. Cierta pasión lo orilla a erigirse como un perfeccionista para compactar sus historias casi hasta el punto de la desaparición. Los relatos de Alguien te observa en secreto (Anagrama, 2006) aún se leen con interés por los nuevos lectores, que descubren en su obra una posibilidad de asomarse a la Europa actual desde una perspectiva irónica y desencajada.

Berta Vias Mahou (Madrid, 1961)

Vias Mahou despertó un justificado entusiasmo con Ladera norte (Acantilado, 2001). Este volumen destaca por una línea armónica, en la que imágenes de la vida onírica se instalan en la realidad más cotidiana, con el objeto de esbozar sucesos que en su proximidad resultan aterradores. La autora, asimismo traductora del alemán al español, se muestra devota de entregarse a los juegos de la incertidumbre como mecanismo de vinculación con los lectores.

La obra de Vias Mahou es una de las más retadoras de la narrativa contemporánea en lengua española. Sus relatos saltan entre temáticas y estilos, libérrimos y sublimes, aunque se impone el subrayado de una mirada que se declara atípica para atestiguar lo que sucede más a la mano.

Eloy Tizón (Madrid, 1964)

El libro de cuentos Velocidad de los jardines (Anagrama, 1992) se ha vuelto icónico debido a que no ha dejado de leerse desde su publicación, además de ciertas inclusiones en listas de referencia.

Tizón es uno de los narradores españoles más resueltos de la actualidad, lo que se traduce en piezas de envidiable atracción y minimalismo. A ese libro siguieron diversas entregas, lo mismo cuentísticas que novelísticas, que no han hecho sino confirmar su talento y entrega al oficio. Es uno de los autores más leídos de la literatura española actual e incluso ha influido a los más jóvenes, que se asoman a sus cuentos con la esperanza de llegar a esa línea de apertura que les permita avanzar en sus proyectos narrativos.

Novela

Milena Busquets (Barcelona, 1972)

Quienes leyeron Hoy he conocido a alguien (Bruguera, 2005) celebraron que la novela de aire romántico (¿o posromántico?) pudiese albergar líneas de acento proustiano, memorialista sin fárrago y capaces de fracturar el tiempo de la narración.

El entusiasmo alrededor de También esto pasará (Tusquets, 2015) refrendó que las posibilidades de la sensibilidad femenina admiten estilización y este libro se recorre con la misma dosis de entusiasmo que de excitación. Busquets aún deberá probar su habilidad para complejizar los ecosistemas de ambos libros, y también que la mujer madura contemporánea europea blanca y heterosexual puede vivir algo más que aventuras en los centros comerciales y amoríos casuales con los hombres que desean amarla.

Mercedes Castro (Ferrol, La Coruña, 1972)

La niña en rebajas (Lumen, 2001) fue un poemario que impactó a los lectores hispanoamericanos, que asociaban el decir poético a una pesadez contra la que no hay remedio. Pero la carrera literaria de Castro no se detuvo ahí y la publicación de Y punto. (Alfaguara, 2008) dejó en claro que era posible fusionar el género policial con una perspectiva de actualidad desde una voz femenina. El entusiasmo con la promesa de su obra siguió con Mantis (Alfaguara, 2010), aunque Castro está lejos de ser un producto editorial sin solidez filológica, y prueba de ello son las ediciones críticas que ha realizado sobre Benito Pérez Galdós y Rosalía de Castro.

Sònia Hernández (Barcelona, 1976)

Tres novelas le han bastado a esta autora para ser una de las escritoras que más interés han generado a fecha reciente. La última: El hombre que se creía Vicente Rojo (Acantilado, 2017).

Al lado de La mujer de Rapallo (Alfabia, 2010) y Los Pissimboni (Acantilado, 2015), El hombre que se creía Vicente Rojo triunfa en la elaboración de microuniversos en los que la identidad resulta fundamental para indagar sobre la experiencia de lo real. Novelas contenidas, de poco más de cien páginas, en las que el monumentalismo deportivo de la literatura española actual se pone de lado para ceder a la generación de mecanismos capaces de dislocar el tiempo.

Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977)

La obra de Neuman crece en registros, aunque en el de la novela destaca por encima del cuento o la poesía debido a su habilidad para retratar a la sociedad argentina desde España, así como para recrear historias en lugares y tiempos remotos.

El viajero del siglo (Alfaguara, 2009) es un título que ayuda al entendimiento de su obra, lo mismo por su talante europeo sin chovinismo que su por delicadeza para arrojarse a recrear historias con una llaneza que conmueve. Del retrato de la sociedad argentina desde España, Bariloche (Anagrama, 1999) y Una vez Argentina (Anagrama, 2003), acercan a sus lectores a la desgracia del exilio, sea interior o exterior.

Ray Loriga (Madrid, 1967)

La concesión del Premio Alfaguara de Novela a este autor por Rendición (2017) no hizo sino confirmar lo que ya se sabía: Loriga es un maestro en el manejo del diálogo y la narración escueta con una eficacia que hiela.

Las ventajas de un premio semejante, cuando la premiación es acertada, es ayudar a visibilizar la obra de un autor. Loriga ha pasado años en la pelea, lo mismo en el cine que en la literatura. Igualmente pudo haber sido incluido en la sección de cuento, ya que los tiene y no son menos, pero en el tramo largo su narrativa subraya que puede hacerse un retrato de la sociedad española, y también concederle que no es la peor que se haya inventado para vivir. Hay negrura en sus páginas, pero también hilos de salvación para quien reaccione a tiempo para intentar una salida de emergencia.

Un autor y cuatro autoras para nuestro tiempo

Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916-1973)

Cirlot, que siempre ha estado en la preferencia de los lectores más exigentes, volvió con acentuada frescura con la publicación de la novela inédita Nebiros (Siruela, 2016), así como con El peor de los dragones. Antología poética 1943-1973 (Siruela, 2016).

Ambas publicaciones lo regresan al estante con vigor para el hallazgo de los más jóvenes. De trazo críptico y acerado, su obra poética y ensayística es un paseo con la forma de un arco que viaja del simbolismo al hermetismo y de las vanguardias a los cultos más heterodoxos.

Gloria Fuertes (Madrid, 1917-1998)

Fuertes ha sido asociada a la generación de la posguerra, no obstante, su labor creativa fue la de una solitaria que se entregó a la escritura y promoción de la literatura infantil, lo que debilitó su posicionamiento en el panorama de la poesía más exigente.

La publicación de Mujer de verso en pecho (Cátedra, 1995) zanjó la murmuración de quienes atizaban su empeño con socarronería, ya que su poesía es arrítmica, antipoética y no pocas veces sensiblera. Su temprana defensa del feminismo durante el franquismo, además de su homosexualidad abierta, le ha valido ser reconsiderada por una nueva generación que no teme al arte sin arte y que valora, por encima de la entrega a la pasión creadora, una asunción de partido ante los estragos que genera una sociedad de formas rígidas.

Clara Janés (Barcelona, 1940)

Pese a rehusarse a escribir una literatura complaciente, Janés llega con vigor en los nuevos lectores, que reconocen en su búsqueda poética y ensayística vías laterales para acortar la distancia de camino a verdades centrales. Movimientos insomnes. Antología poética (1964-2014) (Galaxia Gutenberg, 2015) convenció a los lectores de que el resto de su producción debe editarse en su totalidad para beneficio colectivo. La suya es una obra dispersa por el paso del tiempo, de arrojos y sobresaltos, en donde cada elección deriva en una lección.

Olvido García Valdés (Santianes de Pavia, 1950)

La obra poética de García Valdés ganó alcance con Esa polilla que delante de mí revolotea. Poesía reunida (1982-2008) (Galaxia Gutenberg, 2008), que si bien ya era conocida por los más asiduos lectores de poesía, con esta publicación llegó a un número más amplio de ellos.

Su poesía es aquella de la contención, que opta por la sugerencia antes que por abrir compuertas para no filtrar a la página cualquier garabato con la disculpa de que lo excretó el poeta. La hipnosis que genera la detección de una minucia es uno de sus sellos lacrados, en donde la cotidianeidad más perfecta se consuma y en segundos deja de existir.

Chantal Maillard (Bruselas, 1951)

La obra de esta autora es una de las más completas del panorama español actual. Su pasión por la India y por Bélgica insuflan a su obra gotas de una solución que aporta líneas para llevar y meditar. Es una lectura condensada, meditabunda y filosófica, en donde no hay espacio para los juegos de palabras o las asociaciones fortuitas.

Maillard plastifica la poesía para que se transforme en pensamiento y con ella el lector pueda explicarse la vida o la muerte. Es una obra cruzada por cierta pesadumbre a la manera oriental, en donde se lee pesimismo por vivir si bien se ofrecen mecanismos para sobrellevar cada día. Uno de ellos: la poesía.

Coda

Con la entrada del nuevo siglo las ligerezas y juegos del posmodernismo pierden fuerza. Quedan atrás los mecanismos luminiscentes de la década de los noventa. Los imbricados mecanismos de la metaficción se agotan y dejan tras de sí un rastro de innovación que, podría decirse, resistió más de lo esperado. La ausencia de compromiso ideológico de los escritores, así como el repetido montaje de objetos (en apariencia) complicados para obtener una risa velada de los lectores, anda hacia su extinción. Lo mismo el uso monotemático de la intertextualidad, el eco desmesurado del “yo” y las estructuras abiertas que antes sorprendieron, hoy son moneda de cambio sólo para los autores inexpertos. Avanza un nuevo siglo y con él infinitas posibilidades para reinventar la literatura.

La escritura actual de España modifica los amaneramientos del pasado y vuelve al golpeteo estético y social como vehículo de expresión. Es un recogimiento que también es una salida en búsqueda del otro. Destellan modalidades más ligeras de trato aunque también más cerca de los lectores. Por lo anterior, es un inmejorable momento para acercarse a la producción literaria española.

 

Luis Bugarini
Crítico literario. Ha incursionado en la narrativa, el ensayo y la poesía. Su último libro es Se encogió de hombros y dijo:.

 

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