A Ale, por lo que Steinbeck ha significado;
a René, por su amistad

 

“Siempre me ha parecido extraño”, dijo Doc.
“Las cosas que admiramos en los hombres, ternura, generosidad
franqueza, honestidad, comprensión y sentimiento, son concomitantes
con el fracaso en nuestro sistema. Y aquellos rasgos que detestamos,
dureza, codicia, materialismo, mezquindad, egotismo e interés propio,
son los rasgos del éxito. Y mientras los hombres admiran la
calidad de las primeras, aman el resultado de los segundos”.
—John Steinbeck, Cannery Row

A excepción de Las uvas de la ira y Al este del Edén, las dos grandes novelas de John Steinbeck (1902-1968), y de dos de sus relatos largos, De ratones y hombres y La perla, prácticamente todo el resto de la extensa obra de este autor es poco conocida en nuestro país y yo diría que poco leída. “Poco leída” es una expresión necesariamente subjetiva, inverificable y que, además, es casi anodina en un mundo en el que los “grandes autores” son cada vez menos leídos. En todo caso, mi propósito en estas líneas es aprovechar los 50 años de la muerte de Steinbeck, que se cumplieron el pasado 20 de diciembre, como excusa para invitar a los lectores a acercarse a sus novelas breves y a sus cuentos. Varios de estos escritos de ficción no sólo son de excelente factura, sino que combinan de diversas maneras algunos de los elementos más característicos de eso que podríamos denominar “el mundo Steinbeck”; entre ellos, la nobleza de los marginados sociales, las amistades a prueba de balas, los hombres solidarios y solitarios al mismo tiempo, la búsqueda desesperada por conectar con los demás, la mirada compasiva sobre todos los seres humanos (incluyendo los aparentemente menos dignos de ella), y las enormes, casi insuperables, dificultades que tienen prácticamente todos esos mismos seres humanos para comunicarse unos con otros.

No faltará quien diga que John Steinbeck no es un “gran autor”. Eso es lo que no pocos críticos literarios estadunidenses expresaron cuando recibió el Premio Nobel de Literatura en 1962; lo mismo dijeron, por cierto, varios críticos literarios franceses cuando Albert Camus recibió el suyo un lustro antes, en 1957. A reserva de que yo desconfío de los críticos literarios tanto como lo hacían Steinbeck y Camus, en este breve ensayo no me interesa adentrarme en esa cuestión. En primer lugar, porque no soy un crítico literario, sino un lector más. En segundo, porque mi objetivo es que algunos de los lectores de estas líneas se acerquen a Steinbeck y, por lo tanto, detenerme en las múltiples críticas que se han hecho a su obra iría en sentido opuesto (aunque, sobra decirlo quizá, algunas de ellas son atendibles). En cualquier caso, mejor que sean los lectores quienes decidan si Steinbeck es o no un “gran autor”.

Ilustraciones: Alberto Caudillo

Conviene empezar por señalar el carácter polifacético de John Steinbeck como escritor. Además de las dos novelas referidas al inicio y sin pretender ser exhaustivo, menciono enseguida los textos más importantes de Steinbeck y el género al que pertenecen para dar una idea de la diversidad de su obra. Entre sus novelas cortas, cito en primer lugar una gran novella, De ratones y hombres, y otras que son también notables en varios aspectos: Tortilla Flat, Cannery Row, La luna se ha puesto y En la jungla de la noche (cuyo título en inglés es muy distinto: Burning Bright). Entre sus cuentos, es probable que ninguno sea tan logrado como “Los crisantemos”, pero “El arnés”, “Johnny Bear” y “El regalo” (primera parte de El poni colorado) tienen mucha fuerza. Steinbeck es también autor de casi una decena de escritos que no son de ficción, entre ellas destacan Diario de Rusia, Hubo una vez una guerra, Por el Mar de Cortés y Viajes con Charley en busca de Estados Unidos. Steinbeck convirtió dos de sus libros en obras de teatro y escribió dos guiones de película (Náufragos y ¡Viva Zapata!), así como el guión de un “semidocumental” sobre la lucha entre el atraso y el progreso que tiene como escenario un pueblo apartado en el México indígena y campesino de principios de la década de 1940 (El pueblo olvidado; https://archive.org/details/forgotten_village#).

Sobre la vida de Steinbeck, algunas pinceladas. Nacido en el pueblo de Salinas, California, en 1902, de una madre de origen irlandés y de un padre de familia alemana, el joven Steinbeck disfrutaba mucho de la naturaleza y de la compañía de personas de todos los niveles sociales, a pesar de que él pertenecía a la clase acomodada del pueblo. Realizó estudios intermitentes y muy diversos en la Universidad de Stanford entre 1919 y 1925, pero nunca obtuvo un título. Empezó a escribir desde muy joven, pero su primer éxito llegaría hasta 1935 con Tortilla Flat. Con este libro sobre un grupo de “paisanos” mexicanos que habitan en los márgenes del poblado californiano de Monterey y que habitan también en los márgenes de la sociedad comienza un periodo muy fructífero en la vida de Steinbeck pues muy pronto le seguirían otros grandes relatos: la novella, ya referida, De ratones y hombres (1937) y las novelas En dudosa batalla (1936) y Las uvas de la ira (1939); entremedias, Steinbeck publicó la colección de cuentos titulada El largo valle (1938). Con estos escritos considerados en conjunto, Steinbeck no solamente aparecía con pleno derecho en el paisaje de las letras de los Estados Unidos y se convertía en un autor muy popular en ese país (una popularidad que ya no lo abandonaría), sino que lo hacía mostrando una conciencia social y una capacidad crítica de su sociedad que serían la “marca de la casa” a partir de entonces (con algunos altibajos al final de su vida).

A una curiosidad vital que no tenía límites se aunaba una personalidad tímida e introvertida, pero siempre movida por una empatía natural por lo seres humanos, sobre todo por los desposeídos. El hecho de haber vivido toda la primera parte de su vida en California le permitió a Steinbeck ser testigo no sólo de las consecuencias de la depresión de 1929, sino también del llamado “Dust Bowl” (las tormentas de arena y la sequía que asolaron gran parte del medio oeste y el sur de los Estados Unidos durante la década de 1930, dejando a miles de familia sin hogar y sin sustento). Para un hombre en búsqueda de experiencias (para sus libros) y con una profunda vocación por empatizar con el prójimo, las vivencias de aquellos años y el hecho de habitar en un estado fronterizo como California (a donde además emigraron miles de los desplazados por el “Dust Bowl”) le proporcionaron material para algunos de los escritos mencionados en el párrafo anterior, pero también para obras posteriores, entre las que destaca Cannery Row (1945). El protagonista de esta novela breve, Doc, es un trasunto del hombre que fue el mejor amigo de Steinbeck: Ed Ricketts, un biólogo marino que contribuyó más que nadie a que Steinbeck tuviera esa noción tan rica y profunda sobre la amistad, lo que se refleja en varios de sus libros. En el plano personal, después de dos matrimonios que por distintos motivos terminaron mal y de tener dos hijos con su segunda esposa, en 1950 Steinbeck conoció a Elaine Scott, la mujer que sería su gran amor, que pronto se convirtió en su tercera esposa y con quien compartiría los últimos 18 años de su vida. De esta etapa, en lo que a obras de ficción se refiere, destacan En la jungla de la noche (1950), Al este del Edén (1952) y El invierno de mi desazón (1961). Como quedó dicho, Steinbeck murió el 20 de diciembre de 1968. Desde entonces, Elaine Steinbeck se convirtió en incansable promotora de su obra y en albacea de su memoria y su legado.

No es fácil saber a ciencia cierta por qué un cierto autor nos atrae. En el caso de Steinbeck no haré sino sugerir algunos de los motivos que me llevaron a escribir estas líneas. Si en el camino algunos lectores se animan a acercarse a él, habré cumplido mi objetivo. Cabe apuntar aquí, por cierto, que en las librerías de la CDMX no es mucho lo que se puede encontrar de su obra. Por supuesto, es relativamente fácil dar con Las uvas de la ira y Al este del Edén, pero a partir de aquí las cosas se complican. De hecho, exceptuando De ratones y hombres y La perla, los demás libros de Steinbeck son difíciles de encontrar, a pesar de que muchos de ellos han sido traducidos al español. De los escritos que no son de ficción, los lectores sólo podrán encontrar dos en las librerías de la ciudad: Diario de Rusia y Hubo una vez una guerra. El primero es una especie de diario que Steinbeck escribió durante su visita a la Unión Soviética en 1948. Ese viaje lo hizo acompañado del célebre fotógrafo Robert Capa, quien se encargó de tomar miles de fotos (muchas de ellas incluidas en el libro). El objetivo de Steinbeck era acercarse lo más posible al pueblo ruso, al pueblo llano, conocerlo en la medida de lo posible (él no hablaba ruso) y transmitir ese conocimiento al público estadunidense. En una época en la que para muchos estadunidenses los rusos eran una especie de “comeniños”, el viaje de Steinbeck resultaba pertinente y valiente al mismo tiempo (su fama de “comunista” en los Estados Unidos se desprende no sólo de los temas de sus libros de ficción y de su manera de abordarlos, sino también de libros como éste). El resultado es un diario sin mayor profundidad, pero que, me parece, cumple su cometido de sobra. En cuanto a Hubo una vez una guerra, es la reunión de los artículos que Steinbeck escribió durante la Segunda Guerra Mundial como corresponsal del New York Herald Tribune (concretamente, en Inglaterra, África e Italia). Estos artículos fueron publicados como libro en 1958 con el título Once There Was a War. Cabe señalar que el conjunto es más atractivo por lo que dice de Steinbeck, que por lo que dice de la guerra, por lo que quienes lean este libro con intereses eminentemente bélicos seguro se sentirán defraudados.

Volviendo a las novelas breves de Steinbeck, al principio podemos sentirnos algo alejados de nuestros compatriotas desobligados, alcohólicos y pendencieros de Tortilla Flat o de los personajes no muy distintos de Cannery Row. Lo increíble es que poco a poco Steinbeck logra que los sintamos cada vez más cercanos, hasta el punto de que al terminar de leer echamos de menos su presencia. En el caso de La luna se ha puesto, el escenario es completamente distinto: un pueblo del norte de Europa ocupado por tropas alemanas durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que en el papel se contemplaba como una ocupación sin mayores dificultades, se va complicando cada vez más por el valor moral de los líderes de una resistencia que resulta inevitable para Steinbeck, pero sobre todo por la manera de comportarse del pueblo en su conjunto. Tachada con frecuencia de “pieza de propaganda”, creo que es mucho más que eso, aunque sólo sea porque el proceso que sufre un oficial nazi a lo largo del relato es un proceso de humanización. El poni colorado es una novella de Steinbeck sobre la súbita y dolorosa maduración que vive un niño de 10 años llamado Jody. Este relato es de lectura obligada en muchas escuelas de los Estados Unidos. El poni colorado tiene la peculiaridad de estar dividido en cuatro partes que pueden ser leídas aisladamente. La primera, “El regalo”, me parece con mucho la mejor; de hecho, las dos últimas me parecen bastante flojas. Aunque en mucho menor medida, creo que algo parecido se puede decir de un relato bastante conocido de Steinbeck, La perla (que algunos mexicanos conocen por la célebre película que dirigió Emilio Fernández en 1947). Me parece que esta historia peca de un exceso de simbolismo y de sentimentalismo; creo que a partir de cierto momento la fuga de Kino y Juana se alarga demasiado. Es cierto que el relato contiene tiene algunos pasajes memorables, ya sea por su retrato de la condición humana (la envidia y la codicia) o por su crítica social (el párrafo de la primera parte en el que Kino, un indígena, espera a que abran la puerta de casa del doctor, un hombre caucásico, es notable en este sentido), pero en general me parece que La perla es un relato sobrevalorado. Diría justamente lo contrario de En la jungla de la noche, que considero una novella muy potente. Joe Saul, Ed, Victor y Mordeen forman un cuarteto literario de enorme intensidad. Un cuarteto que parece encapsular todos los afectos y todas las pasiones humanas. La protagonista, por supuesto, es Mordeen, con su inquebrantable voluntad y su infinito amor. ¿Personajes demasiado simbólicos y a fin de cuentas poco creíbles? Puede ser, pero me atrevo casi a conminar a los lectores a hacerse con En la jungla de la noche (o Burning Bright) y a pasar un par de horas en compañía de Joe Saul, Ed, Victor y Mordeen.

Mordeen como protagonista me lleva a un gran cuento de Steinbeck, incluido en El largo valle pero que Editorial Nórdica publicó por separado en español hace un par de años; me refiero a Los crisantemos. En esta ocasión no será la voluntad inquebrantable de la protagonista la que nos cautivará, sino el amor de Elisa por los crisantemos y su insondable tristeza final (que no se limita, por cierto, a unos esquejes tirados en el camino). También en El largo valle está incluido otro cuento de amores profundos (y también renegados, aunque a fin de cuentas resulten ser más profundos que la muerte); me refiero a “El arnés”, concretamente al amor entre Peter y Emma contenido en este bello relato. Los dos cuentos mencionados son los dos que a mí más me gustaron, pero El largo valle contiene otros tan simples y tan llenos de solidaridad como “El desayuno”, tan perturbadores como “La víbora” o más aún “El asesinato”, tan llenos de valentía y conciencia social como “La redada” y tan cautivadores e inverosímiles como “Johnny Bear”, un cuento cuyo protagonista resulta difícil de olvidar.

Dejo para el final De ratones y hombres (¡todo lo que Steinbeck quiso decirnos con ese título!) porque me parece un libro realmente excepcional (yo leí Of Mice and Men en la escuela cuando era adolescente; ahí empezó mi admiración por Steinbeck). George y Lennie son personajes entrañables donde los haya. Su amistad no tiene límites; ni en este mundo ni en el “más allá”. En la última parte del relato es casi imposible no derramar algunas lágrimas y, sin embargo o quizás justamente por eso, después de terminar De ratones y hombres es difícil no sentir profunda o vagamente eso que transmiten todas las grandes obras literarias: a pesar del dolor y a pesar de todo, la vida es un gran tesoro… y estamos vivos.

 

Roberto Breña
Profesor-investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México.

 

Un comentario en “John Steinbeck más allá de la ira y el Edén

  1. John Steinbeck tiene a mi parecer una cualidad que parecería obvia pero creo muchas veces no es tan común: sabe contar historias.

    En lo personal Tortilla Flat me parece simplemente una obra maestra y de Ratones y Hombres simplemente genial.

    Excelente invitación a profundizar en la obra de Steinbeck, que lamentablemente con el paso de los años ha tenido que vivir a la sombra de sus contemporáneos Faulkner y Hemingway.

    P.d. Me parece que en las librerías del Péndulo se pueden conseguir varios de los títulos a que se hace referencia en el texto.