1.

Es sábado 1 de diciembre de 2018. Familias recorren por primera vez la residencia oficial de Los Pinos, que desde hoy abrió sus puertas al público, mientras que en el salón de plenos del Palacio Legislativo de San Lázaro, Enrique Peña Nieto entrega la banda presidencial.

Después de tres elecciones, Andrés Manuel López Obrador recibe de manos de Porfirio Muñoz Ledo, presidente del Congreso, la banda presidencial, que retoma el modelo que se usó hasta 2010, con el color verde arriba, el blanco al centro y el rojo abajo, y luego agradece a Peña Nieto sus atenciones.

En el Zócalo cientos de personas que observan la ceremonia de traspaso de mando, en pantallas gigantes, rechiflan cuando ven en la imagen al presidente que se va, pero luego aplauden cuando López Obrador le agradece no haber intervenido en las elecciones.

"Muchas gracias licenciado Peña Nieto", dice López Obrador, aunque minutos después, en un discurso de más de una hora, se descose criticando el bajo crecimiento económico del país y las reformas estructurales que impulsó en su gobierno. Peña Nieto escucha y mantiene la mirada fija, inexpresiva.

La última vez que López Obrador dio un discurso en este recinto fue hace 13 años, cuando enfrentó un proceso de  desafuero. En aquella ocasión señaló el Fobaproa, los Amigos de Fox y el Pemexgate, ahora como Presidente vuelve a criticar la corrupción en el país, pero sin nombres.

“Tengo la convicción de que la crisis de México se originó por el fracaso del modelo económico neoliberal y también por el predominio en este periodo de la inmunda corrupción pública y privada", dice Obrador y en la calle 20 de noviembre, una pareja de treintañeros comenta sobre la expresión seria del hombre de la Casa Blanca, de escándalos como Odebrecht  y en cuyo gobierno se fraguó la Estafa Maestra.

Pero también López Obrador habla del indulto. "Mi postura al respecto la definí desde la campaña. No es mi fuerte la venganza, y si bien no olvido, sí soy partidario del perdón y la indulgencia".

Que las cárceles no serían suficientes y que el país entraría a una etapa de fractura y confrontación, también son cosas que el tabasqueño ya ha dicho, pero ahora lo hace con el mexiquense a un hombre de distancia.

Cuando habla de poner un punto final a esta historia y comenzar de cero, los legisladores pasan lista por los 43 estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. El conteo es replicado en el Zócalo por las personas que siguen la transmisión en las pantallas. “39, 40, 41, 42, 43, ¡justicia!”.

Al llegar a la parte final del discurso, López Obrador cuenta que cuando se dirigía en su Jetta Blanco a San Lázaro para rendir protesta, un joven ciclista burló la seguridad policial y se acercó a la ventana del copiloto: “Tú no tienes derechos a fallarnos”, le habría dicho.

 “Ése es el compromiso que tengo con el pueblo, no tengo derecho a fallar”, remató Obrador y los aplausos retumbaron en el recinto legislativo seguidos del grito: “presidente, presidente, presidente”.

Ilustración: Kathia Recio

2.

Se podría decir que el 2 de julio de 2018 comenzó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Como si hubiera tomado en cuenta la reforma política de 2014 que establece que esta administración concluirá su mandato el 30 de septiembre de 2024 —dos meses antes de cumplir seis años—, adelantó sus acciones de gobierno cinco meses. Después de 12 años de campaña presidencial le urgía ser presidente.

Según la tradición, el presidente electo se dedica a realizar giras por el extranjero para no opacar el fin de mandato del presidente en turno, pero López Obrador cambió la dinámica; en los cinco meses de transición no viajó al extranjero, hizo una gira de agradecimiento por el país y volcó la agenda nacional a sus acciones, tuits, videos, dichos, reformas y consultas. Él y su gabinete borraron prácticamente del plano político al presidente Enrique Peña Nieto y a sus funcionarios, quienes navegaron desapercibidos.

Con el respaldo de 30 millones de votantes, Andrés Manuel López Obrador comenzó su “Cuarta Transformación” desde una casa de estilo colonia, con los colores blanco y vino, como los del Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), en la calle de Chihuahua en la colonia Roma. Recibía todas las semanas a su gabinete y llegó a reunirse ahí con altos funcionarios extranjeros, embajadores, empresarios, líderes sociales y sindicales. Sus simpatizantes le llevaban regalos, retratos, cartas, mariachi o iban a esperarlo a ver si lo veían y con suerte lo saludaban. Mujeres y hombres, de cualquier rincón del país, se formaban con folders amarillos para pedirle trabajo, justicia o resolver alguna demanda. Como el hombre que fue a pedirle que investigara las verdaderas causas de la muerte de Pedro Infante  o el que le llevó la cura contra la diabetes.

“La casa de la transición” o de la “4T” se convirtió en el epicentro de la información. Protestas o manifestaciones de apoyo. Altavoces, cierres viales, periodistas, ambientalistas, pro taurinos, ganaderos, maestros disidentes y afines, trabajadores, campesinos, gente y más gente, vallas metálicas y hasta el Servicio Secreto, todo ocurría ahí.

Las salidas de López Obrador siempre eran atropelladas. La prensa y los fanáticos se remolinaban en torno al Jetta blanco más famoso de la historia y él bajaba la ventanilla del coche para saludar y algunas veces dar alguna declaración. En tres ocasiones le rompieron el espejo lateral en esas batallas de manos, grabadores, celulares, micrófonos, cámaras de video y fotográficas, folders, hojas y más manos. “Miren, miren, miren, ya lo averiaron”, dijo López Obrador en una ocasión mientras detenía el espejo roto e intentaba colocarlo de nuevo.

Los meses transcurrieron entre un alto respaldo popular y nerviosismo en los mercados, como ante la cancelación del Nuevo Aeropuerto en el antiguo Lago de Texcoco. También entre algunas contradicciones internas de la Cuarta transformación. Como cuando Carlos Urzúa, designado secretario de Hacienda, salió a “jalarle las orejas” a Ricardo Monreal, quien provocó el desplome de la bolsa de valores por el simple hecho de presentar una iniciativa para reducir las comisiones bancarias, una medida que tuvo gran respaldo popular, pero que fue leída como una intromisión en la autonomía del Banco de México. Sin contar la vez que salió a deslindarse de la propuesta del Partido del Trabajo para eliminar las Afores diciendo que “la iniciativa no tiene ni pies ni cabeza”.

Mientras iba cumpliendo con ayuda de la mayoría de su partido, Morena, en el legislativo, varias promesas de campaña como que ningún funcionario puede ganar más que el presidente y la eliminación de la pensión a los expresidentes, sorprendió a sus votantes con un cambio de opinión sobre la militarización del país. Presentó un plan integral de seguridad con énfasis en la prevención, la regulación de las drogas y el combate a la desigualdad económica, pero que al establecer que la custodia del país quedaría bajo policías militares, policías marinos y policías federales, encontró oposición de intelectuales, activistas y organizaciones sociales a una Guardia Nacional militarizada con rango constitucional. En esos días, había también opiniones divididas sobre las consultas ciudadanas nacionales que organizó. Fue criticado por hacerlas al vapor, carentes de marco jurídico, pero respaldado por comenzar a construir una democracia participativa en el país.

Para cuando el 1 de diciembre llegó ya había un cierto desgaste en un gobierno que formalmente todavía no comenzaba.

3.

Una joven con una camiseta en la que aparece “AMLO” levanta el puño en alto mientras escucha el discurso del presidente en la plancha del Zócalo y asiente justo cuando dice:

 “No me dejen solo porque sin ustedes no valgo nada o casi nada; sin ustedes los conservadores me avasallarían fácilmente”.

En esa frase cabe su pasado político.

En la Plaza de la Constitución donde durante el gobierno de Vicente Fox se congregaron miles para defenderlo del desafuero, donde en 2006 sus simpatizantes instalaron un campamento denunciando fraude electoral y donde hace 12 años rindió protesta como presidente legítimo, más de 100 mil personas celebran ahora el inicio de su presidencia.

El ambiente de fiesta contrasta de forma dramática con el 1 de diciembre de hace seis años. Las pequeñas protestas son contra un invitado, Nicolás Maduro. No es visible el despliegue de seguridad. Militares visten de civil. Los toletes y escudos de los policías fueron sustituidos por guantes blancos. No hay detectores de metal, solo vallas metálicas, como si en Palacio Nacional no estuvieran congregados jefes de estado y vicepresidentes.

Después de atender a sus invitados internacionales con un menú mexicano de crema de huitlacoche y costillas en salsa de axiote, como un recordatorio de que se ha comprometido a gobernar para todos, López Obrador sale de Palacio Nacional para ser parte de un ritual en el que participan representantes de 68 pueblos indígenas, como nahuas, mayas, tzotziles, mixtecos, yaquis, wixárikas, hñahñus, mazahuas, mixes, zapotecos, tzetzales y kiliwas. Luego de un recorrido entre la gente, protegido apenas por vallas como en campaña, sube al escenario del Amlofest frente a la Catedral para una “limpia”, un ritual con copal y hierbas, para purificarlo y protegerlo.

Cuando los dos sacerdotes indígenas, María de Lourdes Jiménez Viera, médica tradicional mixteca y Francisco Martín, médico náhuatl de Veracruz, indican los cuatro puntos cardinales López Obrador, su esposa Beatriz Gutiérrez Müller y los ciudadanos en la plancha tienen que levantar la mano derecha y voltear hacia el norte, sur, este y oeste. Como en una coreografía.

Carmen Santiago Alonso, originaria de San Antonino Castillo Velasco, en los valles centrales de Oaxaca y Longino Herández, de Ayutla de Los Libres, en la costa chica de Guerrero, le entregan un bastón de mando tallado en madera por mixtecos de Ayutla, como símbolo de colaboración entre su gobierno y los pueblos originarios ahí representados.

La ceremonia termina y es hora de su segundo discurso, ahora de casi dos horas, en el que enlista 100 compromisos de su gobierno, los mismos que ha repetido desde la campaña. Es tan largo que poco a poco sus simpatizantes comienzan a abandonar el Zócalo.

"Se ve, se siente, López Obrador será bien chingón”, grita Jesús sin importar que no rima su consigna, mientras se recarga en el bastón que usa luego de que fuera baleado cuando le intentaron robar su celular hace cinco años. Luego bromea con que él también le dará su bastón de mando.

Un Santa Claus que trabaja tomándose fotos en el centro de la ciudad camina por el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y dice que su deseo esta navidad es que el Presidente cumpla todas sus promesas.

Cuando termina el discurso, el himno nacional es entonado por un Zócalo con el puño en alto. En una especie de estampa patriótica que sólo se ve en los partidos de futbol.

La plancha termina por vaciarse. La gente camina en todas direcciones para abandonar el centro con sus peluches del “Peje” en brazos, banderines, stickers y pancartas con el rostro del presidente.

Irma Eréndira Sandoval, próxima secretaria de la Función Pública, sale con la multitud. Detrás de ella viene su esposo John Ackerman y sus dos hijas. 

A las 8 de la noche, con Los Pinos convertido en museo, Andrés Manuel López Obrador regresa a la casa en la que vive con su esposa y su hijo Jesús Ernesto y donde seguirá viviendo al menos el siguiente año.

 

Neldy San Martín
Reportera.

 

4 comentarios en “El comienzo de la Cuarta Transformación: una crónica

  1. Por mas que lo intento no logro imaginar a Juarez o a Cardenas o Madero o Morelos hincados frente a un chaman participando de un ritual primitivo y simplón entre humos de copal, atados de hierbas y crucifijos…

  2. Que tristeza volver a este circo populista digno de las épocas de López Portillo y Echeverría. Lo único bueno es que la edad le va a impedir perpetuarse en el poder y ojalá los destrozos macroeconómicos que provoque puedan remediarse en un sexenio posterior. Una visión muy pobre para un país muy rico, en lugar de buscar ser una potencia, el señor tiene la visión de que somos un rancho perdido en la montaña.

  3. ¿Por que dar continuidad a una Secretaria de la Función Pública que ha demostrado hasta la ignominia su inutilidad, complicidad en la corrupción y utilización facciosa de “sus atribuciones”?. Me gusto la crónica. Saludos-

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