Presentamos un adelanto de La conspiración del 68 (Debate, 2018) de Jacinto Rodríguez Munguía, un libro que busca –a través de una minuciosa revisión de archivos y testimonios de la época– entender cómo se fraguó la matanza del 2 de octubre de 1968.


Día cero

El “nuevo propósito” o donde comienza la (otra) historia

 

—¿No cometo una mala acción? —preguntaba.
—¿Y yo? —replicaba fray Giuseppe.
—Pues… también vos —respondía con timidez, bajos los ojos, el monje.
En esos momentos, con gran llaneza, fray Giuseppe le explicaba que la tarea del historiador es un verdadero embrollo, una impostura, y que significaba mayor merecimiento inventar la historia que transcribirla, sin más ni más, a partir de viejos folios, de antiguas lápidas de viejos mausoleos. Además, en todo caso, era mucho más laborioso inventarla: por ende, honestamente, las fatigas que ambos emprendían eran dignas de una compensación más importante que la que premiaba a un historiador verdadero, a un historiógrafo que gozara de nombradía, pagas y prebendas.
—Toda una impostura. La historia no existe.

Leonardo Sciascia,
El archivo de Egipto

Este trabajo no podía tener un mejor comienzo.

Estas 70 palabras de la ficha parten la historia y son, al mismo tiempo, un punto de inicio de otras historias. Ahí yace parte de la complejidad humana.

Por eso cuando asoma la punta de un hilo, se debe jalar con cuidado, poco a poco, para ir entrando en el complicadísimo laberinto histórico que se diseñó para perdernos, sin un hilo de guía, sin una luz que nos ayudara a ver quién y con qué propósitos estaban haciendo la historia de México.

Desgranemos la carta:

Señor secretario:

El proyecto de granero político fue hecho según sus instrucciones, y aprovechando ideas y hasta varias páginas completas de los artículos antes preparados, aunque todo el material se pulió y orientó en función del nuevo propósito.
Estimo que sería muy conveniente pasarlo en limpio para eliminar la diferencia en tipos mecanográficos, y las correcciones manuscritas.

Respetuosamente. Lic. Mario Moya Palencia
México, D. F., 31 de agosto de 1968.
9 a. m.

Esta carta, inofensiva en apariencia, es uno de los puntos ciegos donde se quedaron ocultas varias claves que desataron sucesos inesperados en dos universos que se atraen y se repelen: los intelectuales y el poder político. Aquí se quedó atrapado el inicio de una ruta distinta de la historia que nadie llegó siquiera a sospechar.

Tuvieron que pasar todos estos años para que el contenido de este mensaje alcanzara la madurez y estuviéramos en posibilidad de comprender sus implicaciones sociales, políticas e históricas. Es inevitable detenernos, hacer un ejercicio de análisis detallado en esa singular tarjeta. A partir de la fecha, sabemos que el mensaje iba dirigido al entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. No se trataba de un informe cualquiera de su subalterno, Mario Moya Palencia. Siendo estrictos, era la confirmación del cumplimiento de una orden que había dado el mismo Echeverría, en este caso, del proyecto llamado Granero Político, el cual hasta ahora no se había expuesto de manera general o como una idea abierta.

Según las palabras de Moya, se hizo según sus instrucciones. Es importante dar todo el sentido que contienen estas palabras, pues implica que fue el mismo Echeverría quien, con claridad y precisión, dijo lo que quería que se hiciera, cuál era su concepto del proyecto. Podría haber escrito Moya Palencia: se hizo según las ideas que platicamos o que usted nos comentó o las sugerencias, pero no, fueron instrucciones. No el proyecto que sus burócratas quisieran, sino el que Echeverría quería que se hiciera.

Siguiente: y aprovechando ideas y hasta varias páginas completas de los artículos antes preparados. Si entendemos bien, Granero Político no era del todo nuevo, no en su contenido. Sin enunciar con precisión cuál es su antecedente, de manera implícita se asoma un antecedente, ideas y hasta varias páginas completas. Más pistas: tiene que ver con escritos que se han elaborado previamente, por lo menos antes de que diera las instrucciones de crear el proyecto.

Más huellas: de los artículos antes preparados. El universo de análisis se va reduciendo. Ideas, páginas y artículos. En este momento sabemos que Granero Político tiene que ver con artículos. Esto nos lleva directamente a artículos publicados o publicables. Hasta ahora desconocemos si en un periódico o una revista, pero el término artículo hace referencia a uno de los llamados géneros periodísticos: el artículo, que para más precisión sería el de opinión.

Nos acercamos al mundo de la prensa aún sin conocer nada más que eso. Pero se agregan datos: este tipo de artículos tiene un antecedente. No está naciendo a partir de las instrucciones que para este caso había dado Echeverría. Nos informa también que en cierto modo Echeverría sabe de esas otras ideas, páginas y artículos antes preparados.

Luego viene este complemento del párrafo que le da otro sentido  a la historia: aunque todo el material se pulió y orientó en función del nuevo propósito. Es decir, las ideas, las páginas, los artículos, todo el material, había entrado en un proceso de revisión y perfeccionamiento. Pulir no solamente es copiar o pasar a otro formato, sino mejorar o superar los artículos ya hechos. Darles un mejor acabado, tanto en la forma como en el contenido. Más aún, este perfeccionamiento tenía un claro objetivo: orientarlo hacia el nuevo propósito. El trabajo debía cumplir una función específica que hasta ahora sólo sabemos que se trata del nuevo propósito.

El nuevo propósitoel nuevo propósitoel nuevo propósito.

Uno tendría que ser muy indiferente a los mensajes del poder para no preguntarse a qué se refería Moya Palencia con ese nuevo propósito.

¿Hacía qué tipo de propósito se orienta el material? Y por supuesto, si es nuevo, debe de haber otro que no es nuevo o no tan nuevo.Y desde cuándo existía ese otro proyecto que no se define en estas líneas.

No solamente ha cambiado el proyecto o se habrá de modificar, sino, aún más importante, el propósito mismo. Hay un ajuste de intenciones y objetivos: de propósitos de quien dio las instrucciones, de Luis Echeverría Álvarez.

Estimo que sería muy conveniente pasarlo en limpio para eliminar la diferencia en tipos mecanográficos, y las correcciones manuscritas. El segundo y último párrafo agrega información sobre el proyecto. Hay detalles sobre el estado en que se encontraban algunos de esos materiales, de esos artículos. Pormenores como la unificación de criterios mecanográficos y correcciones.

En el momento en que se elaboró este documento, Moya Palencia era presidente del Consejo de Administración y Presidente de Pipsa.1 En teoría, era el personaje con mayor poder luego de Echeverría y del presidente; y el hombre de todas las confianzas del secretario de Gobernación.

Importa y mucho el que Mario Moya Palencia, a diferencia de otros funcionarios y directores de otras áreas del gobierno, fuera tan rigurosamente formal y cuidadoso en conservar todos sus documentos. Cuando nos encontramos con ésa y otras fichas2 de trabajo, tan inusuales en esa época, siempre llamó la atención que Moya Palencia fuera tan “transparente”. La gran mayoría de sus tarjetas las elaboró a manera de fichas con el sello de su cargo público y su firma; incluso las tarjetas que existen en el fondo del agn son las originales, en ellas está el tiempo y la historia.

Si seguimos la línea de mando, las tarjetas no debieron pasar por otras manos que no fueran directamente las del mismo Moya Palencia hacia su jefe directo: Echeverría. Por lo tanto, las cajas donde quedaron confinadas eran de la oficina de Moya o, si acaso, de alguno de los secretarios particulares de Echeverría. Es difícil imaginar que este tipo de información del más alto nivel llegara a oficinas o burócratas con una jerarquía menor. Tampoco bajó a los subterráneos de la inteligencia, la misma Dirección General de Investigaciones Políticas y Sociales (dgips) o la Dirección Federal de Seguridad (dfs), las cuales dependían directamente de Gobernación y de Luis Echeverría.

Finalmente, la fecha y la hora, dos datos claves: México, D. F., 31 de agosto de 1968, a las nueve de la mañana. ¿No es una hora inusual?

¿Por qué la anotó? ¿Por  qué era tan importante? Hay otros miles de documentos con los que me encontré de Moya Palencia que no tienen ese dato final. Sabemos que Echeverría era un obsesivo del tiempo y la eficiencia; sabemos de su obsesión por que todo se hiciera siempre temprano. ¿Será ésa la razón? Si el sentido común suele ser una buena herramienta para la explicación de las cosas sencillas, me pregunto por qué uno querría dejar asentada la hora en la que se hace tal o cual trabajo.

Siguiendo todavía con el sentido común, se trataba de dejar registro de la hora en que se concretaba el proyecto, Granero Político. Acaso quiso dejar pistas para la historia, o simple y llanamente ese día a Moya Palencia le dio la gana poner la hora como remate final. Lo que sea, ahí quedó: 9 a.m.

El porqué de la importancia de anotar la hora tal vez nunca tenga explicación, pero casi todos los elementos acá descritos sí la tienen.

La fecha corresponde al día en que se envió la tarjeta, el informe. El origen real del Granero Político, su primera aparición, es el domingo 21 de julio, casualmente un día antes del primer conflicto que se ha registrado como el que abrió las puertas de las protestas callejeras que derivarían en el gran movimiento estudiantil. Casualidades que no lo son tanto.

Sólo con el paso del tiempo, y sólo en algunas ocasiones, llegamos a ver lo que se fue quedando en esos ángulos perdidos y oscuros, entre los pliegues del olvido de la historia.

Dice Néstor Rodríguez, profesor de sociología de la Universidad de Texas, en Austin, mi mentor y guía en esta investigación, que una de las responsabilidades de los historiadores no es solamente explicar lo que pasó y cómo pasó, sino también por qué pasó y, más aún, por qué pasó así y no de otro modo, sobre todo cuando los muros que sostienen la historia se cimientan sobre sótanos y subterráneos.

Y la fecha. 31 de agosto de 1968 es la fecha en la cual cumplieron las instrucciones. El registro puntual de la obediencia, de la tarea cumplida.

 

Jacinto Rodríguez Munguía


1 Apenas el 21 de mayo había renunciado a su cargo como director general de Cinematografía. Pipsa era la distribuidora de papel del gobierno. Desde ahí se controlaba también a los medios impresos, que en aquella época tenían una de las más grandes influencias sobre la información.

2 Las fichas de trabajo que acostumbraba hacer Mario Moya Palencia medían 7.5 x 15 cm. Este modelo no era usual en la mayoría de los funcionarios.