Un extranjero es el otro, rechazado, reconocido, a veces aceptado, así lo disputa Jorge Ramos. En una época de huracanes políticos en Estados Unidos, el periodista mexicano reconoce la valentía de los que se van del país como él. Pero sobre todo, el valor de los que se quedan en México, proponen y construyen en una realidad geopolítica de América del Norte que es inevitable.

Stranger: El desafío de un inmigrante latino en la era de Trump (Grijalbo, 2018) se presenta como una obra de discusión migratoria, dónde se busca una razón perdida. Es la narración del rechazo al extraño o al diferente, la reaparición de un fantasma en pleno siglo XXI. Globalización, tolerancia e integración regional no son el futuro en esta querella, son el pasado.  

Ramos utiliza un lenguaje accesible y capítulos bien estructurados para explicar su visión de los migrantes y la otredad en la que se encuentra en Estados Unidos. La Unión Americana es desde ese punto de vista un conglomerado de naciones que se reinventan, incluyen y excluyen a otros pueblos según el momento político o económico.

Ilustración: Víctor Solís

El “supremacismo blanco” es un alma en pena, revivida por los vaivenes financieros de los años 2010 y la crisis del sueño americano. Dice el autor: “Hay una creciente resistencia a los cambios demográficos y sociales que está viviendo Estados Unidos y la respuesta de muchos sectores ha sido atacar a quienes perciben como una amenaza” (pág. 71).

Este argumento debe aclararse. Lo nuevo es la percepción sobre los migrantes de origen mexicano no su existencia. Si bien la población latina alcanzó 58 millones en 2016, la presencia mexicana no puede considerarse como nueva. En efecto, más mexicanos han regresado a México recientemente de los que migraron desde el fin de la Gran Depresión, (Pew Research Center, 19 Nov. 2015). La vecindad entre México y EU tampoco ha cambiado.

La obra tiene orden cronológico y comienza con “nuestro error en 2016”, del que Ramos toma responsabilidad, al referirse a las elecciones estadounidenses. Si bien, diversos académicos asignarían poco rigor científico al capítulo intitulado “lárgate de mi país”, encontrarán una clara secuencia temporal en “mi camino al norte” y “la revolución ya llegó”. En tanto, “Obama: el deportador en jefe” es un apartado destacado que hace alusión al calificativo que le asignó la revista The Economist al expresidente.

Ramos toma partido del discurso de que Estados Unidos es un “país de inmigrantes”. En las 221 páginas se contrastan distintas caras del imaginario estadounidense y su diferenciación con otras nacionalidades, en especial con la mexicana. En ese sentido, el análisis de discurso es la metodología más utilizada.

No se puede considerar a la obra como un ensayo académico y ese no es su objetivo. La redacción es sencilla e intercala datos estadísticos en apartados llamativos como “el muro inútil”, “odio” y “el miedo y los dreamers”. Una virtud técnica es que se publica tanto en español como en inglés.

Lo anteceden publicaciones que marcan una línea temática: La otra cara de América: Historias de los inmigrantes latinoamericanos que están cambiando a Estados Unidos (2000), Atravesando fronteras (“No Borders”, 2002) y La ola latina (“The Latino Wave”, 2004).

La visión de Ramos de las relaciones internacionales es estadocéntrica. Es por ello difícil de explicar porque los mandatarios o las administraciones actúan en ocasiones en lo que pareciera en contra de su propio interés, tanto en política externa como interna. ¿Por qué si la Unión Americana se beneficia del libre comercio y la migración externa, ahora los rechaza? ¿Por qué un país poderoso pondría de lado a sus aliados con los que más coopera?

En ese cambio de realidad, Stranger reconoce que los ciudadanos comunes son los que deben tomar la responsabilidad en EU y no dejar todo a los gobiernos. En la posmodernidad el Estado ya no es un ente racional y mucho menos un Leviatán todopoderoso.

Ramos aprovecha este cambio de paradigma para reencontrarse con México. Indulta a su país y se exonera a sí mismo, por lo menos en la parte conceptual. La idea kantiana del Estado como déspota necesario disminuye en sus argumentaciones después de 2016. Agrega: “Nuestra casa es desde luego donde crecí durante casi dos décadas, en el Estado de México” (págs. 138-9).

El parteaguas es el discurso anti-migrante y quizá la calificación de “activista” a Ramos por ciertos medios de comunicación en EEUU. En efecto, el periodista ha sido un defensor activo de los migrantes latinos en 2017 y también se reconoce como un servidor público mexicano.  

Con los arquetipos del siglo XX no se puede ya concebir a Estados Unidos pero tampoco a México. Ni el realismo político, ni el institucionalismo explican los valores cambiantes de actores como los medios de comunicación, las ONGs o la multiplicidad de intereses en las redes sociales.

Florida es el nuevo escenario de los mexicanos en EU y Miami la trinchera de Ramos. Distingue: “La visión de los problemas que tienen que tienen los latinos en el noreste y en California no siempre coincide con la que tiene la población latina de Texas y Florida” (págs. 106-7). Florida se ha convertido en un centro logístico y financiero mundial. Es el nuevo conclave internacional de Cementos de México y Grupo México.

Stranger se advierte como un libro contestatario en Florida pero un discurso cobijado en la cálida Miami. Miami es la plataforma de comunicación más grande del idioma español y un espacio natural de desarrollo para la cultura, los medios y los comunicadores mexicanos. Ahí no hay fronteras físicas.

Los actores internacionales ahora son personas y no sólo países o instituciones. Contienen o comparten distintos valores e identidades. A tono constructivista, Ramos concluye: somos varias cosas, yo “inmigrante y periodista”. Y se pude agregar, leyendo entre líneas, el hijo perdido que se reencuentra con México. 

 

Horacio Saavedra
Especialista en Migración y Relaciones Internacionales y Cónsul General de México en Miami, Florida.