Decenas de adolescentes todavía con su uniforme deportivo azul marino de la secundaria 96, la única del pueblo, forman una valla en la calle principal de Santiago Yolomécatl en la mixteca oaxaqueña. Es la una de la tarde del 18 de mayo y detrás de los estudiantes se forman madres con sus hijos en brazos o llevados de la mano, ancianos y hombres maduros. Están ahí para cerrarle el paso a Andrés Manuel López Obrador. En una hora, la camioneta Suburban blanca en la que viaja el tabasqueño pasará por ahí y ellos esperan, bajo un sol de más de 30 grados, para obligarlo a bajar del vehículo. Ahí, de espaldas a una torre monumental con un reloj de cuatro caras hacia el norte, sur, oriente y poniente, en el centro del pueblo, las autoridades comunitarias instalaron un pequeño templete de madera protegido por una carpa blanca, un micrófono y una lona que da la bienvenida al “Licenciado Andrés Manuel López Obrador”. Piensan que puede improvisar un mitin, pero él lleva prisa.

Dos horas antes tuvo un acto de campaña en Huajuapan y ahora se dirige a Tlaxiaco, el siguiente punto de su gira por la mixteca, pero como suele sucederle, por alguna razón, va tarde, ya sea porque la gente se le amontona para tocarlo, saludarlo o tomarse fotos, o se extiende hablando en el mitin o se detiene a comer.

En sus tres campañas presidenciales ha hecho pausas en sus recorridos para saludar y dar algún mensaje cuando lo interceptan en la carretera, pero esta vez, con la camioneta rodeada y la ventanilla abajo se disculpa apenado y les explica que no tiene tiempo. La gente insiste. Poco a poco se va uniendo más gente a la petición. Una señora le acerca a su hijo pequeño para que le dé un beso. Unos jóvenes se toman una selfie con el torso de camisa blanca que sale por la ventana del copiloto. Le entregan el bastón de mando del pueblo. Le acercan un altavoz. Les dice que no puede bajar porque lo esperan a las dos de la tarde en la siguiente comunidad, a 40 minutos de ahí, y ya son las dos de la tarde. Se escucha desesperado. Tiene un vuelo desde Oaxaca a la Ciudad de México dentro de cuatro horas y de Tlaxiaco a la capital del estado se hacen dos horas y media por caminos sinuosos de terracería.

Pero el pueblo de la marginada mixteca oaxaqueña lo ha esperado 12 años. En 2006, cuando López Obrador visitó como candidato este poblado de unos dos mil habitantes, le entregaron un documento pidiéndole que les ayudaran a construir un centro de salud de especialidades, una universidad y una escuela de medicina para beneficio de 23 pueblos de esta región marcada por la pobreza. Ellos ponían la mano de obra, pero solicitaban los recursos. Andrés Manuel López Obrador firmó el compromiso, pero perdió la presidencia. Ahora que su camioneta pasa por ahí, le vuelven a pedir el centro de salud y las escuelas porque nadie ha atendido sus demandas. Las autoridades de Santiago Yolomécatl, electas por usos y costumbres, se acercan a la camioneta y le entregan el mismo documento con la esperanza de que esta vez sí gane. Lo firma como hace 12 años y les asegura que cuando gane regresará. Entonces, los estudiantes, los jóvenes, las madres, los padres y los ancianos, se hace a un lado y lo dejan pasar.

***

Andrés Manuel López Obrador toma el micrófono. Desde un templete en plena calle frente al Zócalo de Acapulco, Guerrero, en medio de una multitud con gorras blancas o rojas y banderines del PT, promete no traicionar al pueblo, combatir la corrupción, acabar con los privilegios y encabezar lo que llama “la cuarta transformación de la vida pública de México”. Un discurso habitual que como de costumbre no interrumpirá ni para tomar agua a pesar de los 29 grados centígrados bajo el rayo del sol, en el que las pausas más prolongadas serán llenadas con el grito de “presidente, presidente” y que tendrá varios clímax, como cuando prometa que va a cancelar la reforma educativa, vender el avión presidencial y quitarle la pensión a los ex presidentes. La multitud conoce el discurso y en una especie de catarsis interviene a gritos el monólogo.

—¡No voy a vivir en Los Pinos!— les dice Andrés Manuel.

—¡Yo te ofrezco mi casa!— interrumpe una señora.

—Esa casa está embrujada, ni con varias limpias… ¡ahí espantan!— prosigue López Obrador justificando su decisión de no vivir en la residencia oficial.

—¡¡Sale el chupacabras!!—, completa una voz masculina que sale de entre la multitud.

—¿Cómo me voy a subir a un avión que costó 7 mil millones de pesos habiendo tanta pobreza en el país?— les dice más adelante Obrador.

—¡¡¡Véndelo!!!, ¡¡¡véndelo!!!, ¡¡¡véndelo!!!, ¡¡¡véndelo!!!— se escucha un coro animado.

—Ya se lo mandé a ofrecer a Donald Trump— les contesta.

El júbilo estalla. Aplauden. Chiflan.

Sobresale entre la multitud un cartel a lápiz y colores en el que un águila devora una serpiente con el lema: “No más rapiña”.

Entre los voluntarios para hacer la valla, en un mitin en el que no hay más seguridad que ellos a pesar de ser una de las ciudades más violentas del país, hay maestros y pescadores. Algunos toman actitud de soldados, otros van para aprovechar la cercanía con el candidato y tomarse fotos. Un señor canoso se quita la gorra bordada con la palabra Morena y le dice a sus compañeros: “me pinte el pelo como Obrador”. Ellos sueltan la carcajada.

En el templete López Obrador continúa su liturgia.

—El poder es humildad; el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud, cuando se pone al servicio de los demás. Voy a cumplir, no les voy a fallar—.

—Lo sabemos Lic— grita otro hombre con canas.

—Quiero pasar a la historia como un buen presidente de México. No me voy a perder esa oportunidad— les asegura.

—¡¡Dios te bendiga, Amlo!!— le contesta una mujer mayor.

Si el debate es su punto débil, el mitin es su ambiente natural. Las multitudes, los aplausos, parecen revitalizarlo. En 12 años de campaña presidencial ha recorrido todo el país, y en este proceso visitó casi los 300 distritos electorales. Realizó 284 actos de campaña en plazas, parques, estadios o en avenidas y calles que muchas veces se convirtieron en un carnaval. Privilegió el mitin, pero también pisó el terreno de los empresarios como el Club de Industriales o la Convención Bancaria. Sin importar si había mucha o poca gente en las plazas públicas sus discursos duraban entre 40 y 50 minutos y al finalizar el primero de sus dos, tres o hasta cuatro mítines al día sacaba un pequeño peine del bolsillo de su pantalón, se lo pasaba entre el cabello gris y bajaba por las escaleras laterales o traseras para atender al menos otros 15 minutos las preguntas de la prensa.

Su llegada a los lugares era un ritual. Cuando bajaba de su camioneta y caminaba entre las vallas, hombres y mujeres se arremolinaban para tocarlo, besarlo, tomarse una foto, darle una carta, regalarle o pedirle algo, hasta dinero. A su salida de un mitin en el Estado de México una señora levantaba su recibo de la luz, pero no alcanzó a dárselo y en Campeche un agricultor le regaló una guanábana de seis kilos. En Acámbaro, Guanajuato, el pintor Ricardo Amezcua Ornelas le obsequió un cuadro en el que amanera de homenaje lo dibujó con el puño levantado, canoso, serio, con una guayabera y detrás de él aparecen un luchador enmascarado, una mujer y dos niños indígenas y de fondo tienen los Volcanes de José María Velasco.

En Río Verde, San Luis Potosí, un joven lo esperaba en la valla con una lona en la que aparecía la imagen de Hulk, pero con su rostro y la leyenda: “Entre más lo atacas”. Eran los días en los que, como un dejavú, la guerra sucia en su contra estaba de vuelta. En spots de radio y televisión él era un peligro, su movimiento incitaba a la violencia y si ganaba México se convertiría en Venezuela. A Andrés Manuel López Obrador le gustó mucho el fotomontaje de Hulk y le dedicó un largo mensaje con su firma.

Ese día, cuando terminaba el mitin en Río Verde, como si fuera un concierto de rock, decenas de manos levantaron  a un joven en silla de ruedas y lo impulsaron hacia el templete. El joven con ropa deportiva negra se balanceó un par de segundos en el aire entre la primera fila y la estructura del escenario hasta que López Obrador lo jaló desde arriba para que no se cayera. Cuando el hombre al fin pudo llegar al escenario, el candidato lo abrazó como quien abraza a un hijo. Se dijeron cosas al oído. La gente observaba la escena con asombro. Entre la multitud alguien preguntó: “¿Qué hace? “Otro gritó: “¡¡lo va a sanar, lo va a sanar!!”

En sus mítines convivían la fe y la esperanza con el hartazgo y el enojo. A diferencia de los actos de campaña de sus adversarios donde lo acartonado del guion no permitía en la escena la espontaneidad de un país dolido, los del morenista fueron espacios para el desahogo, los reclamos y las exigencias. En Iguala, Guerrero; Ciudad Victoria, Tamaulipas; Culiacán, Sinaloa y Cadereyta, Querétaro, familiares de víctimas de desaparecidos se presentaron en sus actos en busca de interlocución y desde las primeras filas o en el templete mostraron fotos de sus seres queridos para recordarle que el estado tiene una deuda pendiente, para demandarle que no se olvide de ellos si gana las elecciones y que se atienda esta problemática, que se avance en las investigaciones, que no escatime recursos y que las familias estén en el centro de las decisiones.

Sin embargo, la protesta más escuchada fue la de las bases del movimiento enojadas por la imposición y el reparto de las candidaturas locales a ex priistas o ex panistas recién llegados a Morena, aunque también hubo militantes que consideraron normal que un partido de reciente creación, sin cuadros políticos, acepte en sus filas a gente de otros partidos.

En Jalisco, con letreros y pancartas, morenistas acusaron al candidato a la gubernatura del estado por Morena, Carlos Lomelí de dedazo en la designación del ex priista Miguel Marín como candidato del partido a la alcaldía del municipio de Tequila. Algunos fundadores del movimiento en Tequila se organizaron para responder a la imposición con voto diferenciado. “AMLO para la presidencia y Alfaro para la gubernatura”, dijo una señora que sostenía un letrero con un mensaje para del candidato presidencial: “Tú no quieres al PRI, ¿por qué nos lo impones?”.

Con gritos de “fuera rata” y rechiflas, simpatizantes de Andrés Manuel López Obrador en Valle de Chalco Solidaridad, Estado de México, no dejaron ni que comenzara su discurso el candidato a diputado federal de la Coalición Juntos Haremos Historia, Luis Enrique Martínez Ventura. “Tuvo una pésima gestión cuando fue presidente municipal de Valle de Chalco con el PRI”, dijo un militante de nombre José Luis mientras la multitud descargaba su enojo hasta que fueron interrumpidos por un López Obrador conciliador.

“Morena no tiene dueño. Morena es un instrumento de lucha. No vamos a cerrarle la puerta a nadie sean del PRI, sean del PAN, sean del PRD. Que quede claro estamos luchando contra una mafia del poder, no más. No ganamos nada con la división. Lo más importante es unirnos. Todos tenemos derecho a nueva oportunidad. Siempre, siempre”, dijo López Obrador y los chiflidos cesaron.

En Gómez Palacio, Durango, la ex priista Marina Vitela, candidata del partido a la diputación por el distrito 2 en la entidad, fue recibida con un coro de rechazo: “¡Fuera PRI! ¡Fuera PRI!”. El abucheo provocó que la candidata se quedara muda con el rostro al borde del llanto. Andrés Manuel López Obrador salió en su defensa. La abrazó y los regañó. Les dijo que Morena es un partido incluyente que recibe a todos sin importar su pasado partidista, clase social, religión o creencias.

“Tenemos que hacer un lado los pleitos y divisiones. Estamos a punto de lograr la transformación de México y lo vamos a hacer entre todos; este es un movimiento amplio, plural, incluyente”, dijo y como por arte de magia los inconformes guardaron silencio y López Obrador pudo continuar su discurso.

Al poco tiempo Andrés Manuel agregó en su discurso una especie de justificación que repetía incluso en los lugares donde las bases no hacían público su enojo por la imposición de candidatos exportados de otros partidos.  “No discutamos aquí, el problema está arriba”, repetía.

Y así, mientras los otros partidos se desmoronan en el Movimiento de Regeneración Nacional caben todos. Jesús Silva-Herzog Márquez explicó en su ensayo Sobre un Volcán que Morena tiene un claro sentido hegemónico. Morena se presenta como un movimiento más que un partido y así se diluyen las ideologías y caben los de izquierda, centro, derecha o ultraderecha, lo mismo ex zedillistas, ex salinistas y yunquistas o luchadores sociales como Nestora Salgado y el doctor y actual líder de las autodefensas electorales en Michoacán, José Manuel Mireles.
Ahora, este movimiento que surgió de las redes ciudadanas y mutó en partido apenas en 2014 tendrá, como su líder, una prueba de fuego a partir del 1 de diciembre.

***

A finales de abril, Andrés Manuel López Obrador esperaba en la fila para abordar un avión de Mazatlán a la Ciudad de México. Faltaban unos minutos para las siete de la noche cuando la gente de su alrededor se dio cuenta y se apresuró a saludarlo. Un niño le tomó una foto con su hermano pequeño, una señora le deseó suerte, un joven de lentes se acercó y le preguntó quién fue el último presidente del sureste del país, López Obrador le contestó que Adolfo Ruíz Cortines, luego se quedaron hablando de historia de México. De inmediato otro joven de lentes le puso un teléfono en la oreja. López Obrador se asustó y lo volteó a ver con desconfianza, el joven le preguntó: ¿Puedes saludar a mi novia? El tabasqueño acercó su cabeza a la bocina del teléfono y dijo: “¡Hola! se está… portando bien, ¿eh? Habla… ya sabes quién…”. El breve saludo terminó por detonar la risa de los que esperaban en la fila para abordar el avión.

La campaña de Andrés Manuel López Obrador transcurrió entre carreteras y aeropuertos. Desde el 1 de abril que arrancó formalmente su campaña recorrió aproximadamente 51 mil kilómetros del país, como si hubiera ido dos veces a China ida y vuelta. Pasó tanto tiempo en los aeropuertos que incluso si alguien quería una cita con él podía verlo en una sala de espera.

El 21 de julio una ligera pero persistente lluvia lo obligó a terminar antes su mitin en el jardín San Marcos en Aguascalientes. A los 15 minutos, con la camisa empapada y el cabello relamido, agradeció a la gente que se quedó escucharlo a pesar de la lluvia y se despidió. Cuando llegó al aeropuerto con el cabello mojado todavía y una playera de la Selección mexicana por la que cambió su camisa empapada, lo esperaban Jesús Seade Kuri, quien sería el jefe del equipo negociador del TLCAN en caso de que gane y Carlos Urzúa, su propuesta para la Secretaría de Hacienda.

En sus vuelos en clase turista, en los que suele elegir la ventana, aprovecha para leer, redactar discursos o hablar con las personas que se le acercan. En mayo, Claudia Torres, de 32 años, se cambió de lugar a la fila 9, asiento B, para estar junto a él en un vuelo de la Ciudad de México a Tamaulipas. La joven de tez bronceada y cabello dorado comenzó diciéndole que estuvo en uno de sus mítines. Andrés Manuel López Obrador le preguntó qué le había parecido. Ella respondió que bien. Luego le contó que le faltaban dos años para terminar la carrera de medicina y que ganaba 8 mil pesos. Cuando el vuelo de 40 minutos casi finalizaba le dio un consejo:

—Tienes que cuidar tu salud, tienes que cuidar tu seguridad, no puedes andar sin seguridad, menos en esta zona —, lo regañó.

—Es que no me gusta —, respondió.

—Tienes que hacerlo. Si va a ser presidente de México te tienes que cuidar. Más aquí en Tamaulipas —, le dijo.
Ese día, Andrés Manuel López Obrador tuvo dos mítines en Tamaulipas sin escoltas, realizó trayectos de Tampico a Ciudad Mante y luego a Ciudad Madero sin el resguardo de ninguna corporación. Viajar sin seguridad resultó la regla en su campaña como si la violencia no hubiera cobrado la vida de 134 políticos, 45 de ellos candidatos o precandidatos, solo durante el periodo electoral. Pero según él la gente lo cuida. “No quiero andar rodeado de guardaespaldas, quiero que me cuiden ustedes, quiero que me cuide el pueblo”.

Polimnia Romana, quien fue jefa de escolta de Andrés Manuel cuando fue jefe de gobierno y lo acompañó en su campaña presidencial en 2006, dice que “nadie quiere que le pase algo a Amlo en su territorio” y cuenta que en ese entonces no solo la gente lo cuidaba, también lo cuidaban desde gobernación, los gobernadores, los alcaldes y hasta los narcos.

***

Un día antes de su cierre de campaña en el Estadio Azteca voló muy temprano a Cancún para un mitin y luego realizó actos de cierre de campaña en Mérida y Campeche. A las 9:12 de la noche del 26 de junio, como si no estuviera cansado y no hubiera recorrido 3 estados, le pidió a César Yáñez, su coordinador de prensa y fiel colaborador desde 1988, un iPad para revisar cuidadosamente, casi obsesiva, durante la mitad del vuelo de dos horas el discurso que daría al día siguiente ante más de 500 medios nacionales y extranjeros y 100 mil personas.

La pantalla brillante con el discurso en letras negras y rojas en Arial 12 no dejó de iluminar su rostro durante una hora completa del vuelo a la Ciudad de México. Se veía satisfecho mientras leía, se detenía y corregía palabras, borraba y tachaba, tenía una ligera sonrisa. Luego le pasó el iPad a César para que lo revisara. La hora siguiente, mientras César leía, López Obrador observaba la pantalla como un niño ansioso, por momentos miraba por la ventana totalmente inclinado hacia ella como si quisiera salir volando. Luego interrumpió a César para preguntarle: ¿”Lo ves bien?”, César no contestó y sus ojos siguieron clavados en la pantalla. Impaciente, minutos después le preguntó: “¿Lo ves muy largo?”, César siguió con la lectura. Cuando aterrizó el avión le devolvió el iPad y López Obrador guardó su discurso.

A las cinco de la tarde del día siguiente comenzó el “Amlofest”, un concierto en el estadio propiedad de uno de los integrantes de lo que llama “la mafia del poder”, Emilio Azcárraga, en el que el plato fuerte fue la presentación de la cantante pop Belinda, quien unas semanas atrás se declaró “Amlover”. El concierto tuvo un elenco ecléctico, que podría ser tomado como un reflejo de las contradicciones y la mezcla de identidades dentro de Morena. Los teloneros fueron los músicos mixtecos de la banda Tlaxiaco, luego siguió la cantante oaxaqueña Susana Harp, y más tarde Margarita “la diosa de la Cumbia”, con la que varios de los asistentes capitalinos rasparon el piso que cubría el pasto del Azteca. Belinda cerró el espectáculo con al menos tres cambios de vestuario. El festival tuvo  los ingredientes de los que carecieron sus mítines de la gira: pantallas enormes y una producción de primera. Ahí luego de un concierto estilo Ocesa dio el discurso más conciliador de los últimos meses, en 54 minutos no habló de la mafia del poder y recordó a los estudiantes del 68, agradeció a las bases del movimiento, a los jóvenes que recorren casa por casa entregando el periódico Regeneración y a sus maestro el poeta Carlos Pellicer, a su amigo fallecido José María Pérez Gay y su amiga Elena Poniatowska, hoy distante por la alianza con el partido de ultra derecha Encuentro Social.

En ese estadio, casa del equipo de futbol América, donde cerraron sus campañas el ex presidente Felipe Calderón y el presidente Enrique Peña Nieto, López Obrador reivindicó a los luchadores sociales de las últimas décadas.
“Recordamos con admiración y respeto a quienes han participado a lo largo de los años en movimientos sociales y políticos: campesinos, obreros, estudiantes, maestros, médicos, ferrocarrileros, y defensores de derechos humanos y de otras causas.

Aquí destaco la participación de los jóvenes del 68 y de dirigentes como Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Ruben Jaramillo, Othon Salazar, Alejandro Gascón Mercado, Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, Salvador Nava, Manuel Clouthier, Porfirio Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez y Doña Rosario Ibarra de Piedra a quien rindo un homenaje. Les adelanto que el primero de julio voy a votar por ella.

Lo alcanzado en los últimos tiempos se lo debemos a muchos mexicanos de todas las regiones, culturas y clases sociales del país. En este día memorable recuerdo con cariño a José María Perez Gay, Arnaldo Cordova, Luis Javier Garrido, Hugo Gutiérrez Vega, Julio Scherer Garcia, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis, y celebro que sigan con vida y con el ánimo siempre joven Elenita Poniatowska, Fernando del Paso y Carlos Payán.

Nunca olvidaremos a dirigentes sociales, campesinos, obreros, indígenas, amigas, amigos, gente sencilla y buena que empezó la lucha con nosotros y se nos adelantó, mujeres y hombres que fallecieron deseando ver este momento. Estoy seguro que en la noche del domingo desde el cielo van a celebrar el triunfo que ellos ayudaron a construir”.

Después de los agradecimientos vinieron las promesas de todos los días, pero en este discurso se sintió ganador. Sus palabras eran de victoria, como si ya fuera 1 de julio. En ningún momento pudo ocultar su cara de asombro por el retumbar del estadio al grito de “presidente, presidente”. Sintió que ya nadie podría arrebatarle el triunfo. Luego de encabezar durante meses las preferencias electorales en las encuestas se dio licencia para hablar del domingo como si ya solo fuera un trámite. Ahí en el Coloso de Santa Úrsula se sintió presidente.

 

Neldy San Martín es reportera y fue enviada de El Financiero en la campaña de Andrés Manuel López Obrador durante el proceso electoral.

 

6 comentarios en “Andrés Manuel López Obrador: diario de una campaña

  1. Una memoria que nos llevó al lugar de los hechos y nos acerca con precision y presencia al día a día de un personaje que servirá escribiendo historia nacional. Felicidades, Neldy.

  2. Neldy una exquisita crónica que pinta los colores, los olores, las emociones del ambiente proselitista del candidato y nuestro hoy presidente de México.

    Nada más una observación. Ya en el cierre de la crónica, señalas “26 de julio” y creo es junio; error de dedo, imagino!!!

    Fue grato leer esta mañana con café la crónica.

    Saludos desde Mazatlán.

  3. Execelente memoria. Entretenido, puntual, conmovedor, impecable. Gracias y felicidades por esa imperdible experiencia de vida

  4. Felicidades, Excelente, muy conmovedor, muchos no sabemos todo el esfuerzo que hay detras de una campaña, gracias por compartirlo, ahora valoro más a nuestro Presidente.

  5. Neldy, gracias por llevarnos a la campaña de Andres Manuel, casi llore con algunas historias conmovedoras, nunca nadie ha recorrido, ni conoce tan bien las necesidades de nuestro pais como AMLO, por su honestidad y sencillez se ha ganado el cariño del pueblo de México, mismo que se ve reflejado tu crónica.

  6. El triunfo de AMLO, fue el resultado de años de lucha junto con los deseos de generaciones de mexicanos por lograr un mejor país. Una síntesis bien lograda de la autora, saludos.