El tiempo no ha podido separar al Mundial de Argentina 78 de los crímenes cometidos por la dictadura de Jorge Rafael Videla. Recordar aquel Mundial es recordar a los muertos, desaparecidos, torturados, a las Abuelas de Plaza de Mayo.

El abogado, escritor y periodista argentino, Matías Bauso, acaba de publicar 78. Historia oral del Mundial, un libro que recopila diferentes miradas sobre todo lo que rodeó aquel verano de 1978.


¿Cuál es el mito más grande que encontraste?

El mito más grande es la frase que más se suele repetir, que los militares argentinos, los que gobernaban en ese momento, utilizaron el Mundial para tapar sus crímenes. Lo que sucedió fue que todo el mundo se enteró de las violaciones a los derechos humanos en Argentina, porque el futbol tiene ese doble efecto, algo paradójico. Por un lado es un gran enmascarador, pero todo lo que toca lo multiplica exponencialmente. El caso argentino, que no estaba en la tapa de los diarios del mundo, sobre todo en Europa, llegó a la tapa de los diarios por el Mundial.

¿Los cambios en el gobierno generaron problemas en la organización?

Argentina supo que iba a ser sede del mundial en el año 64 y en el 66 se lo reconfirmaron. Pasaron siete gobiernos y todos le dieron prioridad al Mundial, pero nadie hizo nada, nadie ejecutaba obras, creaban comisiones organizadoras, pero no ejecutaban obras. México siempre fue un ejemplo; de hecho mandaron traer a Guillermo Cañedo en el 71 para dar conferencias en las que explicaba cómo organizar un Mundial. Los últimos gobiernos peronistas, los que estuvieron antes del golpe, no fueron eficaces en la organización del torneo. Los militares sí fueron más eficaces en la construcción, remodelación y creación del centro de televisión, que era una condición para organizar el torneo, pero lo hicieron a un costo muy alto. Gastaron 700 millones de dólares de la época, que hoy serían 10 mil millones de dólares, un precio que produjo inflación en el país.

¿Cómo era la estructura del futbol argentino antes del mundial?

 La estructura del futbol argentino era absolutamente caótica. Los presidentes de la AFA (Federación Argentina de Futbol) iban cambiando según los gobiernos de turno, cada gobierno ponía al frente a un interventor, ni siquiera eran presidentes del organismo. En ese panorama, con torneos muy mal organizados, con una selección nacional sin el menor prestigio y sin la menor infraestructura, llega (César Luis) Menotti y crea la Selección Nacional de Argentina moderna.

¿Qué adversidades enfrentó César Luis Menotti durante su proceso?

La prensa lo atacaba muy duro. A unos dos meses antes del mundial pedían su renuncia y criticaban cada una de sus decisiones tácticas y organizativas. La otra contra que tuvo que afrontar fue que él era militante comunista, eso provocó dudas en el gobierno militar y su trabajo estuvo en peligro. Sin embargo, se logró mantener en el puesto, lo defendió el presidente de la AFA, el doctor Alfredo Francisco Cantilo, porque decía que lo único serio que había en todo el edificio de la AFA era la carpeta de Menotti, por su organización, estructura y  reglamentos de selecciones nacionales.

Otro de los mayores enigmas fue la renuncia de Jorge Carrascosa, que había sido el capitán del equipo. ¿Qué hay detrás de su decisión? ¿Por qué es catalogado tiempo después como héroe?

Jorge Carrascosa era el capitán de la selección y un muy buen marcador de punta izquierda, el técnico de la cancha durante todo el ciclo de Menotti, pero tenía inquietudes sociales, políticas y en diciembre del 77 renunció a la selección. Durante mucho tiempo se dijo que lo hizo por motivos políticos, pero no fue por motivos políticos, Carrascosa estaba cansado del ambiente dentro del futbol, a él lo silbaban antes de cada amistoso de Argentina; cuando daban las alineaciones, los periodistas decían que jugaba porque era amigo de Menotti. También Iba a tener que estar concentrado cuatro meses y su hija estaba por nacer, así que no quería perder ese tiempo. Durante muchos años sólo dio cinco o seis entrevistas y con una sola declaración se podía convertir en héroe, como el único resistente a la dictadura. En cambio, prefirió el silencio para no convertirse en el centro de atención y no perjudicar a sus ex compañeros. Pero sobre todo, para no mentir.

¿Sirvió este Mundial para forjar una identidad nacional a través del deporte?

El Mundial fue la primera gran explosión popular y fue entre tantas cosas el contacto masivo de la mujer en Argentina con el futbol, pero ya era parte de la identidad de los argentinos. Se suele menospreciar a este deporte y lo que demuestran estos eventos es su importancia para diferentes sociedades. Uno ve cómo se paraliza México con el triunfo ante Alemania o el 99.6 por ciento de los ratings que tuvo el partido de Argentina contra Islandia, o de los chicos uruguayos gritando el gol en el último minuto durante la primera jornada. Todo esto que provoca el futbol es muy difícil que otra cosa lo provoque.

¿Los Mundiales fomentan al nacionalismo?

Sí, el Mundial tiene eso. Y otra cosa que yo sostengo es que esa mezcla de fe con el nacionalismo no es inocente y es peligroso porque tiende a confundir, y que las cosas aleatorias pasen a ocupar un lugar principal. Son 11 señores jugando a la pelota y está bien que nos una y está bien que ponga a todos a alentar para el mismo lado, pero el riesgo es la unanimidad, las unanimidades nunca son buenas, y el nacionalismo desaforado nunca condujo a cosas demasiado altruistas por decirlo de una manera.

¿A qué se debió el acercamiento de la mujer al futbol? ¿Cómo ocurrió?

Todos los medios argentinos hablaban sobre las viudas de junio, de que las mujeres se iban a aburrir, que iban a ser unas viudas, que nadie las iba a llevar a la fuente, pero sucedió todo lo contrario. En las canchas, el 40 y 50 por ciento del público era femenino, las mujeres se entusiasmaron absolutamente, los jugadores pasaron a ser sex symbols, veían las transmisiones con un interés absoluto, pero después del mundial no se sostuvo, ese interés se fue difuminando hasta que en los años 90 con el auge de la televisión, la mujer ingresó al mundo del futbol. En Argentina por años y décadas, el futbol fue un espectáculo exclusivamente masculino.

¿Cuál fue el saldo político que dejó el mundial y el título obtenido por Argentina?

Ese saldo se dividía en dos partes: en su imagen exterior el saldo fue muy negativo, todo el mundo se enteró de las violaciones a los derechos humanos y la imagen del gobierno quedó definitivamente afectada. Respecto a la política interna sí tuvo ese clima de euforia propositiva para ellos, mejoró la imagen de la junta militar y sobre todo del presidente Videla, aunque duró poco. Otra cosa que provocó fue la futbolización de los militares: intentaron reproducir el mismo fenómeno en momentos de caos y nunca lo pudieron replicar, porque lo que genera la euforia de un Mundial es imposible de repetir artificialmente. El saldo no fue tan positivo para ellos como creyeron.

¿Cómo y por qué cambió la imagen de los jugadores campeones de aquel Mundial?

Los jugadores sintieron que tocaron el cielo con las manos, era su máximo logro en un país que siempre se creyó el mejor del mundo y había estado muy lejos de serlo. Por primera vez Argentina quedaba campeón del mundo y al año siguiente llegó Maradona, fueron años pletóricos. En el 83 con el nacimiento de la democracia se produjo un cambio, la gente se enteró o asumió las cosas que habían pasado en esos seis años de dictadura y hubo un cambio de imagen. Después, con el título en México 86, ese cambio se profundizó porque al tener otro tipo de mundial en la mano para mostrar al mundo, se puso en duda el anterior, y los grupos de Derechos Humanos trabajaron para que ese Mundial quedara muy emparentado con la dictadura, lo convirtieron en un repaso de memoria. Entonces los jugadores vieron que la sociedad los rechazaba. Lo vivieron con mucho dolor. Ahora al cumplirse 40 años, eso está cambiando y están recibiendo mayor reconocimiento, cuando durante tres décadas habían quedado en el olvido.

Borges es un personaje presente. ¿Cuál fue el rol que tuvo en esta historia el escritor argentino?

Borges nunca simpatizó con el futbol, siempre decía que era un deporte de bárbaros. Antes de su ceguera sólo había visto un partido en su vida. Sin embargo, la postura de Borges fue muy valiosa, porque fue la única voz pública que criticó al Mundial. La junta argentina no era un régimen fascista, era un régimen absolutamente autoritario, represivo, pero no fascista, no hacía demasiado uso de la propaganda, pero durante la competencia tuvo el consenso absoluto, unanimismo. Borges, el día del primer partido de argentina, simultáneamente, dio una conferencia sobre la inmortalidad y a lado le pusieron un televisor en blanco y negro con el partido de Argentina contra Hungría, sin volumen. Y una de las señoras presentes en la conferencia, a los 10 o 15 minutos, pidió que se retirara el televisor. Existen las fotos donde se ve a dos hombres de seguridad retirando el televisor.

 

Miguel Lapuente y Gerardo Villarreal